Rafael Freyre

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Cuenta una leyenda que a una hermosa joven se le oscurecía la mirada. Sus padres eran los mayores propietarios del lugar, hicieron una promesa a la virgen de Santa Lucía para que le devolviera la visión a la adolescente; mientras que su esclava
ungía hiervas y hojas que ponía a modo de fomento en los ojos de su ama, invocando en silencio a sus dioses africanos. La luz volvió y los ojos otra vez se iluminaron. En agradecimiento el poblado comenzó a llamarse Santa Lucía.