Trovador de sangre y alma

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Creador de numerosos proyectos artístico-socioculturales, como la peña A esta hora, espeleólogo ocasional y músico apasionado, Raúl Prieto, artista holguinero, trabaja todavía arduamente para que la trova siga transformando el pensamiento cotidiano en obra de arte.
Abrió la reja y recordé su edad. Tiene 53 años… 53 años y una argolla en la oreja izquierda. Las manos, expresivas, más que el rostro o las cejas. ¿Sus dedos? Sus dedos cantan las canciones de una generación atomizada entre el poema y el Periodo Especial.
Pasamos al interior de su casa. Sobre el librero, una reproducción de Cosme en la Boscomanía y un cemí, referencias místicas de sí mismo. Es que Raúl Prieto busca la manera de conjugar compositor, cantante y músico, como sentencia Frank Delgado. Su máxima es traducir la sociedad y perfeccionar su trabajo de autor para quedar bien consigo mismo, me dije.

Me invita a tomar asiento y sus manos continúan narrando días añejos, aquellos cuando eran jóvenes y escuchaban música prohibida; de cómo se enamoraron de la guitarra y fueron inseparables hasta en los más diversos escenarios.

Raúl se desempeñó diez años en el Polo Turístico holguinero, etapa “compleja porque al extranjero se le trataba de dar su propia música; de lo contrario, se le mostraba lo más tradicional de la música cubana. El repertorio de la playa giraba en torno a “Yolanda”, “La paloma” y “La guantanamera”. Llega el momento en que te envicias haciendo esto y descuidas la obra. Mas la transculturación de esos años, la utilicé para crear”, comenta.

¿En qué medida tiene su música la esencia de lo cubano?

-La realidad cubana de todos los tiempos es una fuente de inspiración permanente. Este país es rico en ritmos, culturas y estilos. Mi música tiene son, sin declarar, pero sí fusionado guaguancó, boleros… Algunas personas creen que si es bolero no es trova. Error. La trova puede ser cualquier género musical combinado con otros elementos, como poesía y la utilización de la guitarra, que aportan ese matiz trovadoresco.
Su libro Todos los silencios dice de su quehacer poético. ¿Cómo conjuga poesía y música?
-No concibo trova sin poesía. Aunque la canción no sea necesariamente un poema, tiene que estar influido por este. Bellido, un amigo de la universidad, decía: “Puede no estar acabado el poema, puede no ser un poema, pero lo imprescindible es la poesía.

“Durante mucho tiempo la trova fue mirada como música política, pero es mucho más. La canción trovadoresca debe tener elementos poéticos. Expresaba Martí que el verso, por donde quiera que se quiebre, ha de dar luz.

Raúl Prieto junior ha heredado el talento de su padre. ¿Cómo se siente legar un hijo a la trova?

-Genial. Raulito empezó en la música tarde porque no viene por los escalones tradicionales: Escuela Vocacional de Arte, Conservatorio… Él es un trovador innato. No se decidía cuando era más joven; la Mamá me decía que yo no me dedicaba a enseñarlo. Mientras no tenga la pasión y la guitarra no sea algo indisoluble en su vida, no hago nada con enseñarlo, le explicaba.
En efecto, hubo un momento cuando se interesó y empezamos a trabajar juntos. Después estuvo desempeñándose dentro de mi agrupación. Tocó percusión menor, bajo, hizo coros; ahora mismo tiene un repertorio consolidado y es director del grupo. Acabo de ubicarlo para dedicarme por completo al trabajo de autor. Tener una persona confiable y talentosa me crea una comodidad en el mejor sentido.

¿Hasta qué punto la agrupación contribuye al desarrollo de artistas no graduados en la academia?

-Raúl Prieto y su grupo es una academia para los jóvenes músicos autodidactas y para mí también. Haber intercambiado con generaciones provenientes de diferentes índoles agranda el panorama creativo. Ellos manifiestan que es una experiencia en vivo, no se estudia. No es lo mismo tocar una obra clásica, la cual debes aprender para graduarte, que la música de los trovadores, llena de cambios de compases y de géneros, inclusive dentro de una misma canción. Los músicos que han formado parte de la agrupación coinciden en que ha sido una escuela.

– ¿En qué estado se encuentra la trova actual?

-Si te pones a analizar a los músicos fundadores de la Nueva Trova y los que la integramos luego, ninguno se parece al otro. Muchas veces el movimiento oscila entre la moda y lo que realmente se quiere decir. Dentro de esa cantidad de trovadores noveles, un grupo ha consolidado su modo de decir. Es el caso de Tony Ávila, que le dio por la guaracha y la música de doble sentido, y lo hace de modo muy original.
Sin embargo, la trova joven debe seguir profundizando en buscar su estilo, y decir sin preocuparse de los modismos ni las tendencias. El trovador siempre se ha caracterizado por tener un discurso propio. Hay mucha preferencia por lo rítmico; encuentran un estribillo pegajoso, el público se pone eufórico, la canción dura siete minutos, de los cuales solo uno era de contenido y los otros seis son de complacencia. Nuestra misión es transformar el pensamiento cotidiano en obra de arte.
¿Ha influido el “fatalismo geográfico” en su carrera?

-Depende de las perspectivas que tengas. Si quieres ser famoso, indiscutiblemente en una provincia del interior no lo vas a ser. Desde ese punto de vista interviene el fatalismo geográfico. Si deseas quedar bien contigo mismo, decir tu obra dondequiera que estés y convertirte en un traductor de la sociedad, no determina la ubicación que tengas en el mapa.
En lo personal nunca se me ha ocurrido irme para La Habana. En el fondo soy una persona muy tímida, no trabajo para grandes multitudes. Decía Ingeniero en su libro El hombre mediocre que la fama es lo más sencillo del mundo: en un teatro una persona se para, comienza a aplaudir y el espectador por inercia aplaude, entonces ya eres famoso. Prefiero una persona que sienta mi música y no cien que reciten mecánicamente los coros.
¿Otros proyectos…?

-En agosto pasado fundamos la Feria de los Trovadores con la idea de unirnos una vez más, sin importar la generación a la cual pertenezcan o el estilo que defiendan. Este proyecto pretende realizar un grupo de acciones, génesis de mi sueño más imperecedero: una escuela de cantautores.
Queremos impartir conferencias, talleres de armonía aplicada a la guitarra, de poesía y literatura. Contamos para ello con el auspicio de la Dirección Provincial de Cultura y el apoyo de la Uneac. Pretendemos invitar a jóvenes trovadores empíricos. Ahí vamos a lanzar la segunda edición del concurso Para una imaginaria María del Carmen (tema de Noel Nicola). Ya hicimos una primera edición en el espacio Tocando fondo, donde descubrimos al joven Manuel Leandro.
Ahora queremos estrenar la segunda edición desde la Feria de los Trovadores para gestionarles a los ganadores el ingreso al movimiento profesional. Constituye una cantera de protección al género. Ojalá esto pudiera concretarse y hacerlo de manera pedagógica como una escuela de cantautores.
Con dos discos en su quehacer y un tercero revoloteándole en el alma, Raúl Prieto trabaja intensamente, pues sabe que la misión de un trovador va más allá de hacer la moda: necesita una labor constante y el esfuerzo colectivo. En él se respira una fe inmensa por toda esta artimaña de la esperanza, lo creativo y lo místico de la música. Pero, sin dudas, el cantautor solo tiene una realidad palpable: la trova.

Por Dénise Montero Ramírez

Tomado de www.ahora.cu