cmyk: recorrido de La Luz a través del diseño gráfico

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Cartel de la exposición “cmyk recorrido de la luz” (cortesía de Frank A. Cuesta)

El diseño editorial como rama del diseño gráfico y, además, como expresión que conjuga en un mismo corpus el trabajo de varios creadores, en función del libro como objeto artístico, resulta motivo principal, y al mismo tiempo búsqueda, atalaya, de la exposición “cmyk recorrido de la luz”, del joven diseñador Frank Alejandro Cuesta (Gibara, 1992) que se exhibe en la sede de Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín.

Frank Alejandro parte en su exposición de una premisa necesaria pero no siempre comprendida en el ámbito editorial cubano: defender el diseño gráfico, específicamente el diseño del libro, como obra de arte, una obra de arte colectiva en la que intervienen, además del diseñador: fotógrafos, dibujantes, artistas visuales… en función del libro, no solo su cubierta (portada, contraportada y lomo) sino, además, sus interiores y toda la hechura final del título.

Para “cmyk recorrido de la luz”, con curaduría del poeta Luis Yuseff, editor principal de La Luz, el joven artista escogió una muestra aproximada de 20 títulos, entre los más de 70 que ha diseñado para el sello editorial, además de varias campañas de promoción de la lectura, entre ellas “Leer seduce”, por la que mereció, de manera compartida, el Premio de la Ciudad de Holguín 2016 en Comunicación Promocional. Un promedio de 20 títulos, de los más variados géneros y autores, donde Frank Alejandro explora las disímiles posibilidades que le ofrece el diseño editorial a sus intereses artísticos, componen la muestra con cuyo proyecto mereció la Beca “El Reino de este Mundo” de la AHS en 2017.

Al decir del periodista y escritor Eugenio Marrón, en las palabras del catálogo de la exposición: “Con el perfil de Ediciones La Luz, el siglo XXI y el libro cubano entran en relación muy fecundante para un entorno tan versátil como sugestivo en el diseño de hoy: cautivar al lector, pero también ofrecerle una variante en la que agudeza y aplicación se entrelazan en un sitio permanente que engalana el entorno, desde los anaqueles de una librería hasta el rincón donde alguien se adentra en sus páginas en pos de salvación y amparo. Que un joven artista del diseño alcance ya lo que en esta exposición se reúne, muestra de un tiempo relativamente corto, pero generosamente intenso, es fortuna a la hora del libro”.

Inauguración de la exposición “cmyk recorrido de la luz”, del joven diseñador Frank Alejandro Cuesta (foto Carlos Rafael)

Así, por ejemplo, encontramos cierta fascinación en el joven diseñador, propia de sus búsquedas y tanteos creativos, por el uso del blanco en la cubierta, cuestión no siempre explotada en el campo editorial cubano que tuvo, al menos en el diseño, su época dorada en la década del 70 del siglo pasado, con exponentes de renombre como Raúl Martínez y Tony Évora.

En la muestra, el diseño de los siguientes libros evidencia esta peculiaridad en busca de cierta armonía cromática, sin dudas lograda, donde el blanco centra la atención visual en el resto de los elementos (tipografía, obras de arte utilizadas) que componen el diseño: Confesiones eróticas y otros hechizos, poemas de Daína Chaviano, con ilustración, traslúcida y seductora por demás, del reconocido artista Ernesto García Peña; Anatomía de una isla. Jóvenes ensayistas cubanos, con una fotografía tomada a la instalación “Extratexto”, de Jorge Wellesley; Caballos de vapor, de la narradora española Marina Perezagua, con una sugestiva fotografía de Yauri Ginarte Aliaga; 20 cuentos de humor & Otto autor desesperado. Antología del Premio Aquelarre de Cuento, con ilustraciones del caricaturista y humorista Onelio Escalona; La cantidad rosada, poemario de Roberto Fournier, con una obra de Pedro Manuel Herrera, y Pent–house en el infierno, poemas de Maikel J. Velázquez, con una fotografía del joven Lino Valcárcel.

En estos libros –tomando como excusa el trabajo con el blanco en sus portadas– encontramos, además, el uso de los otros elementos visuales que caracterizan el diseño gráfico de Frank Alejandro, parte de la identidad visual de Ediciones La Luz: las fotografías, los dibujos, las instalaciones, las obras de arte… en diálogo harto provechoso y necesario con el libro y su contenido.

Inauguración de la exposición “cmyk recorrido de la luz”, del joven diseñador Frank Alejandro Cuesta (foto Carlos Rafael)

Dialogan con fotografías (de distintas maneras y en función de las posibilidades y objetivos del diseño de cada libro) títulos como los mencionados Caballos de vapor y Pent–house en el infierno. En Unplugged, de Rubén Rodríguez, una provocadora foto de Danny Baldwin resulta demasiado atractiva como para pasar por alto un libro así, después de recibir su impacto visual. Lo mismo sucede con Purple Traffic, traducción de Emily Dickinson, cuya portada, sobria y sencilla, como la obra de la poeta estadounidense, posee la misma serenidad y belleza que la fotografía del inconfundible artista Robert Mapplethorpe. Además, Asimetría, poemario de Antonio Herrada, con una pieza de Lino Valcárcel; Como un cirio dulcemente encendido y Una señal menuda sobre el pecho del astro, respectivos libros con la poesía completa y los ensayos de Gastón Baquero, donde la foto, trabajada en cada caso, es de la autoría del propio diseñador; Compraremos la ciudad, poemario de Allen Ginsberg, con fotografía de Norge Luis Labrada; Grunge, cuentos de Alejandro Rama, con obra de Anelí Pupo; Los basureros, pieza teatral de Yerandy Fleites, con una sugestiva fotografía, a toda cubierta, de Yamil Domínguez; y Otras lecturas del cuerpo, poemas de Maylán Álvarez, donde encontramos, también a toda cubierta, la original pieza, como la cosmología de la artista, “No soy yo, es mi cuerpo el que recuerda”, perteneciente a la serie “Con el empeine al revés” (2003–2006) de Cirenaica Moreira. Otra pieza de Cirenaica, esta vez una fotografía de Ahmel Echevarría al performance “Estas flores malsanas” (2015), es motivo del diseño de Medea maelstrom, obra teatral de Roberto Viña. A su vez, en diálogo provechoso con el libro, Frank Alejandro utiliza la fotografía a unos vasos griegos, en técnica del rojo sobre negro, hermosos y, al mismo tiempo, narrativos, en el poemario Invención de Alejandría, de David López Ximeno.

Frank Alejandro Cuesta durante la inauguración de la exposición “cmyk recorrido de la luz” (foto Carlos Rafael)

En otros libros, Frank Alejandro utiliza obras de diferentes exponentes de las artes plásticas, como en La enfermedad del bronce, libro de poemas de Irela Casañas, ilustrado con una pieza de Glenda León, y el mencionado Confesiones eróticas y otros hechizos, con una pieza de Ernesto García Peña. Otros ilustradores han creado obras específicas para libros, ya sea sus cubiertas o interiores, o ambas, entre ellos: Onelio Escalona, en 20 cuentos de humor y Otto autor desesperado; Albertho Díaz de León, para la antología infantil Dice el musgo que brota; Alexeis Alfonso en El rumbo de las mareas, libro–álbum de la chilena Maga Villalón, y Luis Miguel García Mari, para la antología de poemas Vientos alisios. Mientras que en El libro de los abrazos, el joven diseñador dio riendas sueltas, metafóricamente, a las posibilidades creativas sugeridas por el texto del uruguayo Eduardo Galeano.

Si bien “cmyk recorrido de la luz” es solo un muestrario –profuso visualmente, interesante y bien logrado, por demás– de la obra de este talentoso diseñador y del trabajo de Ediciones La Luz en unos pocos años, la amplitud de sus miradas, la utilización de diversos recursos gráficos y los objetivos propuestos en función del libro como objeto artístico, la inscriben, desde ya, como parte indeleble del diseño gráfico cubano de todos los tiempos.