Humor: juego con la inteligencia

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Eider Pérez. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

Eider Luis Pérez no era de esos niños que hacen bromas en todo momento. Todavía no se considera “un tipo gracioso”, aunque se ha consagrado a escribir, dirigir y actuar en los espectáculos de Etcétera, agrupación que fundara en 2005 con amigos de la Universidad de Oriente –donde se graduó de Historia- y que en la actualidad integra junto a los actores Venecia Feria y Yasser Velázquez.

En el territorio del humor, primero fue un espectador cualquiera. Recuerda de su natal Guantánamo las actuaciones del colectivo Komotú y los shows de Sabadazo, en la televisión nacional. Durante el servicio militar en La Habana, cuando alternaba las visitas a los teatros con la lectura abundante, comenzó a intuir cuál sería su camino expresivo. Desde entonces mantiene, a fuerza de estudio y creatividad, una carrera difícil y constante por desmarcarse de los prejuicios que acechan a su profesión.

No le ha ido mal. Tiene varios textos publicados en antologías, además del libro Sobras escogidas y Etcétera (Ediciones La Luz, Holguín). Fue director artístico de Las majas del Bergantín y Casting en cuatro, “dos de los espectáculos más novedosos en los últimos tiempos”, según el Centro Promotor del Humor. También es de los integrantes más jóvenes de esta entidad, y junto con Etcétera ha obtenido numerosos premios en el Festival Nacional del Humor Aquelarre. A inicios de este mes de julio se celebró la más reciente edición del mencionado evento, donde estrenaron Manicomio, “una historia que transcurre dentro de una institución psiquiátrica y en la que se confunden el delirio y la realidad de sus personajes”, dijo a BOHEMIA.

Grupo Etcétera. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

Considera, además, que no es suficiente ser simpático o bromear sobre la realidad del país para llamarse humorista: “Los cubanos tenemos una manera singular de expresar lo que pensamos y sentimos. Nuestro mecanismo de protección ha sido durante mucho tiempo la broma, el choteo. Sin embargo, el artista debe lograr una comunicación con los públicos distinta, hay que elaborar las propuestas, no basta con repetir lo cotidiano. El humor es un juego con la inteligencia.

“En ocasiones sucede que las personas van a buscar en nosotros tratamientos a temas sociales que corresponden a otros ámbitos, como los medios de comunicación. Quieren mucha crítica, cuando el humor en sí mismo no tiene por qué aludir con mordacidad a nuestro contexto todo el tiempo. Sí hemos llamado la atención en la escena sobre un comportamiento inadecuado, pero más que decirlo lo sugerimos” añadió.

¿Qué distingue las propuestas de su grupo?

Hemos tratado de no circunscribirnos solo a cuestiones coyunturales, procuramos que nuestros temas superen el límite de la inmediatez. Además, recurrimos a códigos más teatrales, aunque el humor tiene cierto nivel de autonomía en cuanto a la puesta en escena, con respecto a otras expresiones de las artes escénicas.

¿Cuándo sabe que han ofrecido un buen espectáculo?

Cuando logramos que el público no se pare del asiento. Hoy existen muchas opciones, sobre todo audiovisuales, Internet, las cuales hacen que la gente no vaya al teatro como en otro momento. Pero el nuestro sigue siendo un género preferido, y el cubano es ávido y conocedor. Hay que tener en cuenta también que los espectadores son muy heterogéneos. El chiste más inteligente es el que logra llegar a más personas, jugar con las distintas interpretaciones. Tratamos de no ofender ni agredir.

¿A qué se refiere al decir que quisiera vivir de escribir?

Entre lo mejor que debe pagarse están los guiones, es el origen de la creación escénica, pero no sucede así. Quizás por eso no abundan en Cuba los escritores de humor, más allá de quienes crean para su propio grupo. También el profesional debe tener, además sensibilidad y un sentido de lo cómico muy agudo, una preparación constante, en función de dominar muchos referentes culturales.

¿Cómo ve el humor en la radio y la televisión?

Hay muy poca presencia en ambos, y esta situación no ofrece una idea clara de lo que es el humor hoy en Cuba. Los creadores tenemos que buscar una vía para llegar a esos medios, pues ese acceso no depende del Centro Promotor. La televisión precisa, además de más programas de comedia, que estos tengan variedad, no estén en el mismo tono ni utilicen similares recursos. Es lamentable que se pierda un clásico radial como Alegrías de sobremesa, el cual estuvo 40 años en el aire, con un episodio nuevo cada día. A ese programa deberían darle una atención diferente, porque es patrimonio. Luego de la muerte reciente de su creador y guionista, Alberto Luberta, podrían incentivar de diferentes formas a otros guionistas, para que se acerquen y creen un equipo capaz de garantizar su continuidad.

“También escasea la crítica sobre el humor. Las que aparecen en algunos medios son ambiguas y generalizan tomando como referencia las malas propuestas de algunos; sin embargo, el Centro ha hecho un trabajo muy sólido en el sentido de depurar su catálogo”.

Al entrevistado le consta que la televisión no está cerrada a cal y canto para nuevas propuestas. Este verano el Canal Habana -televisora de la capital que al mismo tiempo llega a otras zonas del país mediante la señal digital- estrena un programa escrito por Eider Pérez, con el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz. Sobre esta experiencia comenta: “Son nueve capítulos que me exigieron escribir con rapidez los guiones, en apenas un mes, fue un proceso extenuante. Se llama Canal Etcétera, se emite los jueves y sábados, y con él parodiamos la televisión chatarra y otras banalidades”.

Grupo Etcétera. Fotos YASSET LLERENA y cortesía del entrevistado

El joven, quien también promueve noveles talentos mediante la organización del Festival Satiricón (Holguín), cree que la comedia escénica en Cuba está en un buen momento, gracias a la gestión del Centro Promotor del Humor: “Las calidades fluctúan, vemos niveles de jerarquía en cuanto a los creadores, pero hay mucha variedad y los públicos pueden elegir”, afirmó.

Además de realizar el Aquelarre, desde el Centro se lucha para incluir entre las prioridades de los teatros del país a los conjuntos más rigurosos de su catálogo, mediante un sistema de eventos. Es que, de acuerdo con Eider, todavía existe en el panorama de las artes escénicas cierta subvaloración sobre trabajos como el suyo. “Nuestro humor se ha convertido en una tradición de la cultura cubana. Hay que ganar en su apreciación y defenderlo con el mismo entusiasmo con que los humoristas tratamos de elevar su calidad”, concluyó.

Por Raúl Enrique Medina Orama (Tomado de Bohemia)

Entrevista tomada de www.ahs.cu