Yoel González: Coreógrafo hasta la Médula

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Foto: Torralbas
Yoel González. Foto: Torralbas

 

Al joven bailarín y coreógrafo Yoel González se le da la danza como un pez nada en el agua. Parece que lleva el bichito del baile en la “médula” de los huesos a juzgar por la belleza y limpieza de sus movimientos, la calidad de sus partituras coreográficas, la disciplina y el rigor de los intérpretes de su compañía y los múltiples premios que avalan su carrera. Sin embargo, lo de la danza fue para complacer un capricho materno.

“A mí nunca me ha gustado más la danza que la música. Todavía no me gusta más. Disfruto el bolero, el rap. Escribo canciones por día. Si hiciera tantas coreografías como hago música… imagínate.

“De la danza me atrapó la coreografía, pero como arma de guerra. Comencé de manera brutal, no con ganas, sino con deseos de enfrentarme a alguien. No me considero el mega-coreógrafo o el mega-músico. Solo creo que uno puede ser lo que uno se proponga y yo me propuse hacer mi campo de batalla en la coreografía.

“Tanto en la escuela de arte como en la compañía Danza Libre, de Guantánamo donde comencé, había muchos bailarines buenos. Esta era una agrupación de nivel que bailaba en el Ópera Royal de París. Entonces yo era el que no participaba en ninguno de los procesos. Estaba sentado separado de la escena, porque supuestamente no era bueno. Nunca hice papel principal. Mi competencia fue con Alfredo Velázquez, el director de la compañía.

“Él era un rebelde con cuarenta y pico de años. Imagina a otro rebelde como yo enfrentarse a él, con causa y con todo, pero fue difícil. Este enfrentamiento coreográfico me llevó a hacer Pintando espacios en blanco, una pieza por la cual siete años después obtuve el Grand Prix Vladimir Malakhov de Interpretación y el Premio en la misma categoría del Festival Danzan Dos.

“A partir de esa coreografía Alfredo empieza a poner la cosa más dura, porque había alguien dentro de la compañía que se le enfrentaba. Eso me hizo concebir otra pieza para enfrentar la competencia: Retrato de un bolero. Después de esa coreografía fue cuando Alfredo se sentó delante de la compañía y dijo públicamente que me cedía el trabajo coreográfico de Danza Libre. Seguí montando coreografías y participando en festivales de música a la misma vez”.

¿Cuándo decides fundar tu propia compañía?

“Cuando veo que Danza Libre ya no era lo que yo quería. George Céspedes me llama para comenzar un proyecto que se llama Los hijos del director en La Habana. Sin embargo, cuando llegué a la capital sentí que era un lugar improductivo, todo era encargos, no había tiempo para definir nada. Era demasiado rápida la vorágine de trabajo y una persona no tiene tiempo de pensar a esa velocidad.

“Regresé a Guantánamo para conquistar mi propio proyecto, pero con calma, para pensarlo bien. Médula empezó a crecer y cuando ganamos el primer Grand Prix Vladimir Malakhov permitió que otros jóvenes se interesaran por la compañía. Empecé yo solo y ahora, conmigo, somos 15”.

¿En qué momento se encuentra tu compañía?

“En el mejor, porque estoy cambiando la estética y la técnica de montar una pieza, pero manteniendo la dramaturgia. Ahora todo es más Neoclásico, más limpio, contando una historia, un drama. Estoy en los predios de la danza teatro pero mirado desde la técnica del ballet”.

Tus piezas son de un marcado dramatismo, ¿por qué?

Me gusta contar una historia, construir personajes, dramaturgias que partan de la realidad. Todo lo que cuento tiene que ver con algo que veo. Mis coreografías son una ficción bailada, pero basadas en la verdad del mundo real. Ahora existe mucha violencia hacia la mujer. Es una moda que el hombre se comporte como fuerte y la convierta a ella en débil. Ese conflicto es el que reflejo en piezas como De perros y De monos que presenté a la IV edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov”.

Foto: Carlos Rafael
Compañía Médula, de Guantánamo, interpreta De Perros, coreografía de Yoel González, en IV edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov. Foto: Carlos Rafael.

Has recibido varios premios en este certamen, ¿cuánto han influido en tu carrera?

Mucho. Antes hubo varios premios y conocimientos, pero este concurso pasa por el tamiz de la experiencia de un bailarín de talla internacional. El certamen está a otro nivel.

A propósito del concurso, para esta edición concebiste una pieza exclusiva para Vladimir Malakhov como premio extraordinario a tu labor coreográfica que te concediera la estrella del ballet mundial. ¿Fue complejo su concepción y montaje?

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La monté en cuatro días. Decidí olvidarme de las piruetas y enseñar al hombre. Por eso le pusimos El hombre detrás de la estrella. A él le gustó y le pareció bien la forma en que experimentamos. Fue muy cómodo, nada difícil, sino más espiritual, con dramaturgias claras.

“Cada momento de la coreografía, hablaba de una etapa de su vida. Tal vez no fue legible para todos , pero para él como intérprete estaba claro y eso fue lo que hizo que él público se levantara”.

“Ha sido una dicha grande saber que el príncipe del ballet mundial estrenó una coreografía de un guantanamero. Me siento mejor después de conocerle el alma. Tenemos que ser así: saber tocar las estrellas”.

Por Rosana Rivero Ricardo

Tomado de www.ahora.cu