Exposición “75 años después”, tributo al poeta que nunca muere

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En ocasión de la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana, ocurrida el pasado octubre, el público holguinero esperó la inauguración de la Expo “75 años después”, tributo al poeta español Miguel Hernández.

Lo que, por motivos de fuerzas mayores, se limitaría únicamente a celebrar a la realización del panel “Vientos que me llevan”, realizado en el Centro Ibérico, abierto a todo cuanto refiere al legado de esa región y sus descendientes. En esta ocasión, la presencia de los poetas holguineros Ronel González, Jorge Luis Serrano, Manuel García Verdecia.

De ahí que la concreción del hecho artístico, este noviembre, en el amplio salón del Centro de Arte, más que todo, habla muy bien del compromiso del promotor y curador español Diego Casimiro junto a la Casa de Iberoamérica, por ofrecer a los espectadores de la Ciudad de los Parques esta conmemorativa muestra.

Sin importar que el evento motivador haya clausurado su más reciente edición, Holguín abrió gustosa sus recintos al “poeta que escribe contra el tiempo del miedo y el silencio.” Miguel Hernández ha cobrado igual relevancia por su condición de poeta y dramaturgo distinguido de la literatura hispana en el siglo xx.

Recordar al hijo predilecto de Alicante, convoca a volver a su infancia dedicada a la crianza caprina, cuando se convirtió en un asiduo a la literatura que le llevaría de la mano de los grandes autores del Siglo de Oro español — Cervantes, Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega— y, con ella, a descubrir su principal fuente de educación.

Su viaje por el mundo de las letras inició con su primer y único galardón otorgado a la corta edad de 20 años con el poema Canto a Valencia, lo que devendría en la consolidación de una carrera literaria que le granjearía cierta reputación al publicar en varias revistas literarias de renombre como La Gaceta Literaria, Estampa y la Revista de Occidente. Considerado miembro tardío de la llamada Generación del 27,  publicó  su primer libro Perito en lunas en 1939.  Cual signo de una obra en ascenso, logró ser secretario y redactor de la enciclopedia Los toros bajo el patrocinio de su director José María de Cossío.

Diestro con el verbo, de imaginación ávida, tanto el amor, la amistad como la paternidad le propinaron el influjo para sus creaciones más relevantes: Elegía, una exaltación al entrañable amigo y ensayista Ramón Sijes; los sonetos de El rayo que no cesa, inspirados en la pasional relación con la pintora Maruja Mallo o el Cancionero y romancero de ausencias, donde recupera la esperanza ante el desastre bélico, y las famosas Nanas de la cebolla, que concibiera en honor a sus hijos, a la inocencia.

“Carne de yugo he nacido, más humillado que bello”. Foto: Carlos Rafael

De “75 años después” quedan en la memoria no solo las obsesiones de vida del poeta. Hay figuraciones múltiples: el nacimiento, la cárcel, las cabras, la higuera, las palomas que recrean la libertad en su vuelo. Se nutre, además, la muestra pictórica con fragmentos de su poética, que rememora sus emociones y pasajes de vida…

A juventud aciaga, pero fructífera, le sobrevendrían los años de la Guerra civil y, posteriormente, el cruel encarcelamiento donde su obra ganó madurez. En su accionar militante figura su participación en el II Congreso de Escritores Antifascistas años más tarde, al ser activo militante del Partido Comunista de España. Se haya plasmado en la exposición el espíritu de su poética como franco compromiso con los desheredados. Lo constatamos en Pastor de la muerte y El hombre acecha — escritos en ocasión de su visita a la URSS— cuya edición prácticamente completa quedaría destruida por orden del régimen franquista.

Lo que hoy se exhibe ha sido producto de una ardua investigación. Un empeño curatorial que remite a la simbología “hernandiana”, impulsado por el Área Cultural Diego Casimiro. Del huerto a la prisión, del pastor al poeta, del toro a la paloma que colmaron la existencia de un luchador incansable. El proyecto sigue una línea sólida: experimentar con técnicas y estilos diferentes. Toda una experiencia que requirió transitar por las etapas creativas del inspirador. “Han tenido que habitar en el poema desde la abstracción hasta el realismo, desde el cubismo hasta el impresionismo para convertirlo en un cuadro.”

Si la pensamos como homenaje, “75 años después” responde a ese deber señalado por Neruda, ahora cumplido no por cualquier colectivo artístico, sino por 30 artistas quienes —como el reverenciado poeta— comparten el amor por su obra. Ellos han aprendido a beber de la sabia “hernandiana”, indagando en el eco de sus creaciones. Rebelde e impasible a la desidia… “no tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando”. Y esa propia luz sigue iluminando, continúa calando hondo.

Con sus textos musicalizados, en la voz del trovador holguinero Orlando Silverio nos adentramos en su faceta donde la lírica se hace canción, una creación que no se iguala a otra de su tiempo, que marca su propia impronta. Creación que puede ser degustada con la misma exquisitez del vino ofrecido por el Club de Vinicultores Bayado en el encuentro suscito en el Centro de Arte de Holguín.

Queda asirnos a las palabras del Nobel de Literatura Pablo Neruda, quien fuera íntimo luchador y amigo de Hernández , cuya figura no debe ser transparentada. Y digo más: que sea, también en Cuba y en Holguín, merecidamente recordado a más de siete décadas de su paso a la inmortalidad.

“Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo!

 

 

Claudia Hernández Maden

Autor: Claudia Hernández Maden

Periodista del Centro de Comunicación Cultural "La Luz"