Antonio López, celador de Birán

Publicado el Categorías Cultura fuera de casa
Antonio López. Foto: Lisandra Cardoso (Archivo)

Antonio López es uno de esos hombres que tiene la dicha de ser profeta en su tierra y no solo por haber nacido en Birán, sino por el profundo amor y arraigo que lo unen a ese sitio, como uno de los más fieles celadores del legado de la familia Castro Ruz.

La pasión que imprime en cada uno de sus relatos y anécdotas, al decir de muchos complementan la magia del lugar que rodeado de cedros invita al reencuentro con Fidel desde cada uno de sus rincones.

Para López dedicado desde hace unas tres décadas al cuidado de la otrora finca Manaca, donde el español Don Ángel Castro Argiz formara junto a la pinareña Lina Ruz una familia compuesta por siete hijos, la visita a Birán resulta esencial para comprender la grandeza del Comandante.

Fueron tres los momentos de su vida en los que tuvo la dicha de intercambiar con el invicto Comandante y que rememoró con ojos enrojecidos en entrevista exclusiva a la Agencia Cubana de Noticias.

La primera vez que estuve cerca de Fidel fue en el año 1965, relató, era un adolescente de unos 15 años de edad y aunque nací en Birán mi familia por ese tiempo había decidido asentarse en una comunidad rural cercana al municipio santiaguero de Segundo Frente.

Señaló que en ese lugar su padre se desempeñaba como administrador de la tienda del pueblo, mientras que él tenía por costumbre llevarle hasta allí el desayuno, rutina que inesperadamente pasó a ser leyenda en su memoria cuando en la llamada también bodega, irrumpió el líder de la Revolución Cubana.

Fidel estaba realizando un recorrido por aquellos lugares cuyo clima era propicio para la siembra durante todo el año de frutas y vegetales, rememora el historiador, quien nunca olvidó que desde que el Comandante entró al local y vio a su padre, exclamó “Yo a ti te conozco, tú eres Ñico López de allá de mi barrio”.

Aunque en esa ocasión lo único que tuve de él fue una caricia en la cabeza y su interés por saber si continuaba estudiando, el encuentro me permitió apreciar al Fidel amigo, bromista y extraordinario ser humano.

Tres décadas más tarde, específicamente el 15 de agosto de 1996 lo recibió junto al destacado escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez entonces como historiador, gracias a esa gran obra educativa que le permitía al hijo del campesino alcanzar estudios universitarios.

Mientras que el tercer encuentro, recuerda López, se produjo en septiembre del 2003, en la que sería la última visita del Comandante a su tierra natal, ocasión en la que tomó una instantánea sentado en el pupitre en el que aprendió sus primeras letras cuando aún no había cumplido su primer lustro de vida.

Siempre pensamos que Fidel era eterno, el pueblo de Cuba y la humanidad entera nunca se preparó para su partida física es por ello que hoy más que nunca estamos convidados a asumir como filosofía de vida la sentencia “Yo soy Fidel”, la cual nacida desde el dolor nos impulsa a ser dignos continuadores de su legado, enfatizó.

Redactado por Claudia Patricia Domínguez del Río (ACN)

Tomado de www.radioangulo.cu