Eduardo Sosa: Una tonada de amor y trova

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Eduardo Sosa: “Yo sigo siendo un cubano de a pie, jaranero y trato de ser coherente ante todo”. Foto: Iván Soca

Da la impresión que Sosa tiene un carácter muy serio, inmutable, pero nada más alejado de la esencia del trovador. “Yo sigo siendo un cubano de a pie, jaranero y trato de ser coherente ante todo”, me explica.

El cantautor es un defensor de la trova a ultranza y de la cultura en general. Tiene a su cargo proyectos a los que me asegura le pone todas sus fuerzas como el Festival dedicado al género que tanto ama, en la tierra caliente y “Destrabando la Trova”, espacio holguinero de las Romerías de Mayo. Su empeño, como dice él, es que esa música “forme parte del conjunto de cosas que ayudan al mejoramiento humano y que haga soñar a las personas”.

Eduardo es un ejemplo -de los tantos que se logran encontrar en una isla tan musical como la nuestra- de artistas que “a oído” aprenden acordes en la guitarra y tiene una voz afinada por naturaleza. “Yo no tengo formación de la escuelas de arte – interviene-, aunque siempre estuve involucrado en ese mundo desde temprana edad.

Realmente soy Licenciado en Pedagogía. Luego de graduarme formé junto a mi amigo Ernesto el dúo Postrova, donde dejábamos de ser más tradicionales para introducirnos en sonidos más contemporáneos. Tuvimos de esa forma un impacto que a nosotros mismos nos sorprendió. Ahora, mirándolo desde la distancia, veo que era una cosa novedosa, tan novedosa y sólida – disculpa la falta de modestia- que en apenas cinco años tuvimos la oportunidad de firmar un contrato con la Emmy, una de las transnacionales más importantes de la música en el mundo”.

Como Postrova, Sosa entró a la música en el cine, específicamente en el filmeLas profecías de Amanda, en la Enciclopedia de la Música Cubana, compartió escenario con Ana Belén y otras estrellas españolas, giras con Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, aunque en solitario grabara con Silvio tiempo después. “Fueron cinco años muy veloces y de oportunidades”, asegura.

A tal impacto se impuso venir a La Habana, “porque en Santiago, en esos momentos finales de los 90, la máxima aspiración y deseo de un músico allá, por ponerte un ejemplo, era ser el guitarrista del grupo acompañante de Eliades Ochoa, pero yo quería más que eso”, resuelve decir.

A lo que muchos llaman fatalismo geográfico, el artista recuerda el momento de venir a la capital y su consecuente cadena de oportunidades y desatinos como “heridas de guerra que te hacen más fuerte”.

¿Cómo recuerdas tus inicios una vez decides partir hacia La Habana?

“Fue difícil, pero también tuvimos mucha ayuda. Recuerdo historias como salir a tocar en la Casa de la Música de Miramar como telonero de José Luis Cortés, “El Tosco”, con dos guitarras que ni tan siquiera tenían la calidad como las que tengo ahora y tocar diez canciones; porque el Tosco decía que ‘la gente tenía que escuchar ese trabajo tan bonito que estábamos haciendo’”.

Teníamos espacios para trabajar, pero sin familia en la capital que me pudiera acoger, así que dormía un día aquí y otro allá: Calzada y K, el cuerpo de guardia del Calixto García me conocieron. Salía del Gato Tuerto a las cuatro de la mañana e iba a casa de un amigo donde “hacía un tiempo”, me bañaba y volvía al diario; así hasta que pude vivir en una casa de visita en la que estuve ocho años para después tener mi propio lugar. Sin embargo no puedo decir que en cuanto a mi carrera me fuese mal”.

En algún momento expresaste que Sara González significó un antes y un después en tu vida artística. ¿Me cuentas la anécdota?

“Con Sara, ya habíamos compartido en otras ocasiones estando aun enPostrova, e hicimos migas rápidamente. Nuestro carácter era bastante parecido y sobre todo yo tuve el tacto de dejarme dominar- cuenta entre risas-. La anécdota con esta tremenda cantante se basa en una presentación que tuvimos en el Karl Marx, en nuestros comienzos por la capital. Aunque ya teníamos contrato con Emmy y actuado por España, entre otras cosas, no poseíamos contrato con empresas de La Habana porque no éramos de ‘aquí’”.

En ese acto en el teatro, antes de comenzar, nos encontrábamos haciendo la prueba de audio y empecé a cantar un poco. En un lado del escenario estaba Sara que enseguida cuando terminamos de ensayar casi se nos abalanza encima y nos dice emocionada: ‘¡Pero qué cosa tan bonita, que afinación! Díganme, en qué empresa están ustedes.’ ‘En ninguna’, le respondí. ‘Acuérdate que somos de Santiago y tendríamos que firmar por allá’. En ese preciso momento Sara ve a un funcionario del Centro Nacional de la Música Popular (CNMP) -empresa a la cual sigo perteneciendo- y le requirió que por qué un dúo como el nuestro aun no tuviera una contrata nacional. Eso sucedió en la tarde y ya a la mañana siguiente nos llamaban del CNMP para firmar, como una excepcionalidad”.

¿Crees entonces que contigo se repitió esa constante de que disqueras extranjeras encuentran en no pocas ocasiones, un talento musical cubano digno de atención, antes que las nacionales?

“Hay una cosa real, nuestro país en términos comerciales para la música puede hacer bastante poco ya sea por el Bloqueo u otras cuestiones. A veces a las propuestas desde aquí les falta alcance por esas razones que te explicaba, y creo que una cosa fundamental para todo aquel que quiera estar en el mundo del arte, es tener ambiciones.

En mi momento, era un tiempo en el que lo más escuchado era la timba, entonces, en esa disyuntiva de apoyar a lo que daba ganancias se olvidaba un poquito de prestarle atención o invertir en un producto artístico sólido. En medio de todo esto, al menos en nuestro caso, se apareció un representante de una discográfica extranjera y nos hizo una oferta convincente que no pudimos rechazar”.

Creo que al no estar conectados con todo ese sistema promocional que hay en el mundo, también a veces le ponemos frenos a las disqueras nuestras, en la espera a que llegue una oportunidad mejor. Pero conforme te digo esas cosas bonitas que pasaron con Emmy te cuento que cuando despidió de buenas a primeras cerca de 4 mil proyectos, nos quedamos afuera, sin previo aviso”.

Ahora mismo aquí hay una intención por tener cosas que culturalmente pueden ser más sólidas y valederas y protegerlas desde Cuba con contratos de exclusividad. Eso haría que en un futuro, estés mejor apoyado como artista ante cualquier oportunidad”.

¿Te dejaste seducir en algún momento por el pesimismo cuando las cosas no te resultaban?

Yo fui enamorándome cada vez más de la música. Nunca flaqueé ni pensé en que no me iba a dar resultados aun cuando el camino se tornaba duro. Yo comencé como todos, cantando a guitarra las canciones que podía tocar. Al no venir de escuelas de música, un muchacho me enseñaba un acorde, un amigo otro, y así. Los temas que interpretaba eran de los cantantes que estaban en boga en esa época, José José, Roberto Carlos.

¿Por qué la trova, Eduardo?

“Cuando comienzo a ir a los Festivales estudiantiles y de aficionados, desde los 12 años, empiezo a escuchar otro tipo de géneros fuera de lo tradicional. Tocaba en aquel momento con un grupo que hacía música tradicional, pero en el fondo sentía que quería hacer otra cosa”.

Recuerdo escaparme de la vocacional e ir directo a La Casa de la Trova en Santiago, bajando por la calle Heredia. Cuando llegaba me escondía detrás de una especia de mampara que todavía está allí, a escuchar a los trovadores. Desde ese, mi escondite, vi a Compay Segundo, Eliades Ochoa y a otros grandes. Aprendí entonces, escuchando, a hacer voces segundas y otros tecnicismos. Lo que he avanzado en la música, te lo digo con toda seguridad, ha sido por prestar mucha atención”.

Luego vino esa etapa tan insolente que uno tiene en la juventud de creer saberlo todo, en la que me enganché a solo cantar mis canciones. Llegaba a componer dos o tres temas al día, que por supuesto no eran canciones, sino una barbaridad”.

Con el tiempo vino también la fase de meterme con la nueva trova. Me prestaronQue levante la mano la guitarra, una entrevista a Silvio que después se convirtió en libro. Cuando empiezo a leerlo me dije, ‘caramba yo no entiendo muy bien esto’, pero leo que a Silvio le gusta en términos de poesía César Vallejo, entonces me acerqué también a la obra de este y creo que lo entendí menos. Sin embargo, me di cuenta que al tratar de entenderlos lo disfrutaba, y que existe una forma inexplicable de leer esa poesía que va conformándote un estado de ánimo que te llena el alma”.

Así me encontré un día cantando canciones de Silvio por los cafetales, porque quería aprender un poquito más de ese género. Entonces mi percepción sobre la música y la composición cambió totalmente”.

No hay dudas que te encuentras en un momento de madurez musical y logros. Ganaste un Premio Cubadisco 2017 en la categoría de mejor cd de trova con “Como si fueran mías”, lo que conlleva a una felicidad personal, sin embargo, ya me habías comentado que te consideras ambicioso artísticamente, entonces siempre habrá algo que te incomode o sientas que puedes hacer más…

“Sí, me siento inconforme con una cosa: el no ponerle más ahínco a la divulgación de mi trabajo. Creo que pudiera hacer más en ese sentido, aun cuando me he pasado un año entero trabajando, me llaman de todas partes y veo que la gente me recibe con cariño, no le doy la atención publicitaria que mi trabajo conlleva. No prestarle más atención a los distintos medios de difusión, sobre todo a la Radio, esa ha sido mi gran flaqueza”.

Cuando ya se tienen discos, el cariño de un público, reconocimientos… ¿qué podemos seguir esperando de Sosa?

Estoy trabajando muy fuerte – y en esto me está apoyando mucho el CNMP- en que exista un circuito de eventos de trova durante todo el año que arranque con los otros festivales que ya están establecidos como el Longina, por ejemplo, que empieza ahora en enero, pero que en los restantes meses se puedan integrar varios eventos, para que así haya trova siempre.

Lograr, sobre todas las cosas, que en La Habana exista de una vez y por todas, un festival de la trova. Creo que lo que ocurre en la capital, distinto al resto de las provincias, es que los trovadores aquí estamos un poco desunidos. La culpa es nuestra, no hay que echársela a nadie más porque las instituciones nos apoyan. Somos tantos y no hemos logrado decir vamos a organizarnos para hacer algo muy bonito con la trova en la capital. Pero tengo fe y puede que tengamos materializada muy pronto la idea.

Tomado de www.trabajadores.cu

Con información de Cubadebate