Cobiellas, artista del tiempo

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Argelio Cobiellas Cadenas tiene 81 años y asegura temerle a la pérdida de la memoria histórica. No a la pérdida en sí, sino a la lenta progresión que correo el pensamiento y la existencia. “No se puede dejar que la historia se volatilice, antes hay que ponerla en blanco y negro”, dice mientras se aglomeran en su mente muchos de los acontecimientos relacionados al acontecer cultural holguinero de los que ha sido protagonista y partícipe en las últimas décadas.

Argelio Cobiellas. Foto: Ernesto Herrera Peregrino

Es un hombre pequeño, canoso y medianamente robusto al que uno difícilmente puede imaginarse sobre andamios y piezas de concreto o mármol. Menos ahora que el caminar se le hace más difícil. Más bien lo imaginas sentado frente al caballete, rodeado de pinceles y alumnos. Pero sabemos que buena parte de la vida de Argelio Cobiellas (21 de diciembre de 1936) ha estado relacionada a la escultura monumentaria y además, a la pintura. Tiene sobre el rostro blanquísimo un semblante de patriarca cansado y luminoso: sí, el rostro le ilumina como a un sabio sencillo, pero al mismo tiempo como a un niño curioso.

Como estos días han sido de recuento y homenajes, Cobiellas ha contado mucho de su vida y obra de más de 60 años dedicados a las artes visuales y 30 a la pedagogía. Por eso, para evitar la pérdida de esa memoria que tanto preocupa al maestro, la Escuela Profesional de Artes Plásticas El Alba realizó un homenaje que resultó, además, una especie de conversatorio e intercambio con el reconocido artista, a quien se le dedica la XXXVI edición de la Semana de la Cultura holguinera, junto al promotor cultural Jesús Téllez Carrasedo.

Gilberto González Seik, moderador del espacio. Foto: Ernesto Herrera Peregrino

El escritor Gilberto González Seik, moderador del espacio, introdujo aspectos relacionados al amplio currículo de Cobiellas para un público formado mayormente por estudiantes y profesores del Alba. La música, en esta ocasión, vino de la mano del dúo integrado por Marilyn Aldana y Cheche Gutiérrez.

Cobiellas inició sus andanzas en el mundo de la escultura y las artes plásticas de la mano de su padre, Argelio Cobiellas Cables, en la década del 40 del pasado siglo. En 1948 varios creadores holguineros fundaron una escuela de Artes y Oficios con vida efímera, donde estudió Cobiellas e impartieron clases, entre otros, Mauro Avilés y Elio Pérez Nogales. Antes, nos dice el autor del Monumento a José Martí y el Escudo ubicado en la sede del Gobierno Provincial, en Holguín la escultura monumental apenas existía. Aquellas piezas que ambientaban espacios públicos habían sido encargadas a inicios de siglo a escultores europeos, aunque una notable excepción podría ser el holguinero José Santí: varias de sus obras se encontraban entonces –y aun hoy siguen perpetuando la memoria– ubicadas en plazas de la ciudad. “A los 12 años abandoné la escuela pública y mi padre me incorporó al taller como ayudante personal. Lejos de un castigo constituyó un premio, pues aprendí a hacer rótulos, retratos, pintura decorativa y comercial, afiches, serigrafía, escenografía, vallas, construcción de carrozas o atrezo en general”, comentó Cobiellas en entrevista a Roberto Ráez publicada en la revista Ámbito.

Foto: Ernesto Herrera Peregrino

Luego del triunfo revolucionario de enero de 1959, el accionar cultural en Holguín comenzó a cambiar considerablemente. El actor Raúl Pomares llegó a la ciudad para consolidar el movimiento artístico, creando así el Grupo Literario y la Asociación de Pintores de Holguín. “Estas instituciones nos complementaron como creadores en el plano teórico–conceptual: nos reuníamos en las noches para discutir sobre el oficio e impartir conferencias. Intercambiábamos conocimientos y con los trabajos que hacíamos se cubrían los gastos y el mantenimiento de la Asociación”, asegura Cobiellas y añade, además, que entonces participó en un concurso de cuentos organizado por Silvio Grave de Peralta, director del Departamento de Cultura en aquel momento, y para su sorpresa, luego de las lecturas de las obras en el antiguo Teatro Infante, le anunciaron que había ganado el primer y cuarto lugar con los dos cuentos que envió al concurso.

Luego la Asociación de Pintores se fusionó con la Escuela Municipal de Bellas Arte “Pepa Castañeda”, en 1962, para crear la Escuela Taller de Artes Plásticas “Juan José Fornet Piña”. En ella se formó buena parte de la vanguardia artística holguinera y Cobiellas fue primero alumno y después, en 1968, director del centro.

“Existen dos pilares de la escultura monumentaria en la provincia: la mexicana Electa Arenal y el historiador holguinero Irán Pérez Concepción, promotor de este tipo de escultura en la ciudad”, aseguró en el conversatorio uno de los exponentes más genuinos de la escultura monumental en Cuba. Recuerda que trabajó y aprendió mucho con “la mexicana”, discípula y sobrina del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, en varios monumentos y obras públicas, como el mural del Hospital de Puerto Padre, el monumento a las Pascuas Sangrientas y los bajo relieves del policlínico de Velasco, el Círculo Infantil de Puerto Padre y el policlínico Mario Pozo, entre otros. Electa fallecería en 1969 tras sufrir un accidente mientras pintaba en el Polyforum Cultural Siqueiros en Ciudad México. “Con ella aprendí a valorar la obra de arte como algo más que un producto artesanal”, añade. Cobiellas mencionó, además, la obra de Lauro Hechavarría, presente en el conversatorio, y Caridad Ramos Mosquera, importantes exponentes de este tipo de manifestación en una región donde “la escultura monumentaria es un plato fuerte”.

Argelio Cobiellas, miembro además de la Uneac, recordó los orígenes de la Escuela Profesional de Artes Plásticas El Alba, institución docente a la que estuvo ligado en sus inicios, y la Escuela Vocacional de Arte Raúl Gómez García, de la cual fue su primer director y donde trabajó como profesor hasta su jubilación. Además, rememoró la creación del Monumento al Che en la intersección de las holguineras avenidas de los Internacionalistas y los Libertadores. Construido en 1988, por lo que este año arriba a su treinta aniversario, el Monumento está conformado por un tríptico de monolitos de hormigón armado: dos de ellos reflejan la silueta del Che en bajo y sobrerelieve, mientras el tercero, al centro, contiene, además, un relieve en bronce de la figura del Guerrillero Heroico vestido de campaña. En la confección del Monumento, que da sensación de movimiento, como si el Che caminara hacia el futuro, añade, participaron, además de Cobiellas, Caridad Ramos, Argelio Cobiellas Rodríguez, hijo, y el ingeniero Oniel Sánchez.

Cuando en 1989, el equipo liderado por el investigador y arqueólogo José Manuel Guarch Delmonte descubrió el asentamiento aborigen situado en Chorro de Maíta, Banes, le solicitaron a Argelio Cobiellas el diseño de la Aldea Taína. El complejo escultórico que acompaña al cementerio aborigen fue inaugurado en agosto de 1999: “Al principio eran 38 esculturas, pero luego la cifra ascendió a 40. Pretendíamos hacerlas en barro y, de hecho, hicimos una parte considerable de ellas en ese material; pero luego las transformamos con cemento policromado. La Aldea Taína es mi obra más importante, aunque fue la que más vicisitudes me dio”, añadió Cobiellas, quien ha merecido, entre otros, el Aldabón de la Ciudad, el Escudo de la Provincia, el Angelote, el Premio Electa Arenal, las medallas Raúl Gómez García, Octubre Rojo, Che Guevara, 28 de Septiembre y 150 Aniversario de Máximo Gómez.

Argelio Cobiellas es autor, además, de las esculturas a tamaño natural emplazadas en 2000 en el Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, el Sendero Ecológico del Hotel Río de Mares, y como coautor, del monumento a Camilo Cienfuegos en Gibara y el de José Miró Argenter en el poligráfico de Holguín.

Por Erian Peña Pupo

Fotos Ernesto Herrera Peregrino