Komotú nos reúne y nos hace reír

Publicado el Categorías Artes Escénicas, Holguín, Humor, Noticias

Por Erian Peña Pupo

Grupo Komotú. Foto: Ernesto Herrera Pelegrino

Komotú reafirmó en el Teatro Suñol que es uno de los mejores grupos humorísticos cubanos. Viven todavía en la ciudad de Guantánamo –donde surgieron en septiembre de 1994– y desde allí han hecho una obra que trasciende todo determinismo geográfico, pues buscan coordenadas humorísticas comunes para explotar y abordar la realidad nacional.

Así lo comprobamos quienes asistimos a su propuesta en esta V edición del Festival Satiricón. Si bien es cierto que el pasado año la obra El muro, merecedora de los principales premios de su tipo en el país, estuvo mejor estructurada conceptual y dramatúrgicamente, siendo uno de los momentos más recordados en esa edición del Satiricón, la nueva propuesta de Komotú sienta sus bases en uno de los principales y peores rezagos de la burocracia: las reuniones y en su efecto, el “reunionismo” en todos los sentidos.

Grupo Komotú. Foto: Ernesto Herrera Pelegrino

¿Quién no ha sufrido o incluso protagonizado una reunión? Eso parecen decirnos los actores de Komotú: Miguel Moreno Rodríguez, Alexis Ayala Wilson, Yasnai Ricardo Pérez y la más joven en el grupo, Anachelis Matos Toirac, a través de los diferentes sketchs que articulan la propuesta humorística.

Repasemos algunos de estos sketchs en que utilizan la ironía, el chiste conceptual, la parodia y el absurdo: Ñico es un jefe de mantenimiento que repara un buró para efectuar una reunión, mientras la actriz Lucía Bustamante –el momento cultural no puede faltar en ninguna reunión que se respete– recita uno de sus poemas con un elevado tono épico. En lo que resulta ser una parodia a ciertos seriales policiacos cubanos, presenciamos el interrogatorio a Armando del Toro por la desaparición de la vaca Dionisia y la existencia de “picadillo enriquecido” en su menguado refrigerador. En otro sketch somos partícipes de la espera en un hospital de dos hijas –totalmente diferentes e hilarantes por esto mismo, por la concepción de sus personajes, una de ellas incluso perdió las expectativas cuando niña– mientras el padre, un viejo burócrata amante de las reuniones y los diplomas, es operado de demagogia. En otro, una profesora –excelente la caracterización de la misma, no solo por caricaturesca sino por cercana– organiza una de las típicas reuniones de padres para recordarles a aquellos la importancia de organizarse en vistas del día del educador y no repetir así los regalos y claro, mejorar la calidad y el valor de estos. Finalmente nos encontramos en una atípica reunión de ladrones y del robo de un botín entre ellos mismos, reafirmando la calidad de los actores de Komotú: un excelente, extrovertido y conocido Miguel Moreno que lidera la puesta; un Alexis Ayala, conocido también por su Maestro Angelito en Un fraude celestial, al que solo de mirar nos produce carcajadas, y las muy coherentes e hilarantes Yasnai Ricardo y Anachelis Matos.

Foto: Ernesto Herrera Pelegrino

Para Komotú nada escapa a su mirada crítica: los problemas sociales, políticos, culturales… son llevados a escena con una inteligencia y sutileza que en ocasiones resulta rara avis en los terrenos del humorismo cubano, evadiendo las alusiones directas pero empleando, al mismo tiempo, con naturalidad y aire fresco, los sucesos más emblemáticos y comunes del acontecer diario del cubano. Si fuera a sugerir algo, que no empaña para nada la puesta en sí, su acertada dramaturgia y la concepción del espectáculo, fuera el cuidado en cierto moralismo didáctico que en ocasiones se asoma en algunos de los sketchs y nos reafirman que esto no es necesario, que el buen chiste basta de por sí para hacernos pensar y al mismo tiempo reírnos de las situaciones reales o no de la vida.

Foto: Ernesto Herrera Pelegrino

Sabemos que su principal divisa, mantenida por varios años, casi 24 para ser exactos, es lograr con un humor agudo y reflexivo que el público disfrute de un espectáculo que lo haga divertir y pensar al mismo tiempo. Komotú lo ha logrado con creces: las salas llenas y los aplausos apabullantes en el Teatro Suñol confirman su ganada jerarquía en el humor insular.