La fiebre de la Feria

Publicado el Categorías Artículos de opinión, Cultura fuera de casa, Holguín, Libro y Literatura

feria 7okok

“Había otra vez…” una Feria del Libro que llegó a Holguín un día 28 de marzo y, casi al anochecer, retomó por segunda ocasión como casa la Plaza de la Marqueta. Cuentan que la ciudad se llenó de magia, pues en los bolsillos debieron multiplicarse los panes y los pesos, sobre todo los pesos, para llevar algún buen amigo a casa.

La Feria se convirtió en toda una aventura. A esas alturas del mes, se quiere hallar “La Isla del tesoro” para batir los molinos de los precios como “El Quijote”. Hubo que hacer más peripecias que Tom Sawyer para “fugarse” del trabajo. (El fin justifica los medios cuando de alcanzar la novedad literaria se trata). Hay quien incluso viajó “De la tierra a la luna” para encontrar, entre tan pocos ejemplares, el libro que esperó por un año.

La fiesta de la lectura terminó el primero de abril y ha dejado a algunos holguineros con la sensación de llegar al “Paradiso” literario, mientras otros siguieron con “Los pasos perdidos” entre los puntos de venta.

A muchos asombró la poca afluencia de público, hecho que puede imputarse a la escasa presencia de novedades editoriales, la lejanía de la fecha habitual de cobro de salario o la ya corrosiva poca motivación por la lectura.

En la última jornada de la Feria, “Tesoro de Papel” dejó de ser una metáfora para denominar al Pabellón Infantil con sede en el Museo Provincial de Historia La Periquera. Los padres buscaban demasiado exaltados su “tesoro”, alias el libro “Había una vez”.

Cierto que en la edición pasada de la Feria, no llegó este codiciado cuaderno de cuentos clásicos compilados para Herminio Almendros. Sin embargo, 250 ejemplares son francamente insuficientes para una ciudad tan populosa como Holguín.

La distribución del texto parecía justa y equitativa: a libro por niño. Si no traías un infante no podrías adquirirlo. Ni aún así pudo evitarse que el paraíso de las colas breves y las cero “matasones” que caracterizaron estas jornadas, culminaran en escenas dantescas.

Garantizar tiradas más amplias de un libro tan demandado debe ser prioridad para lograr que de “Había una vez…” hayan otra vez y otra vez, suficientes ejemplares destinados al mejor y más sensible de los públicos.

Por suerte, los lectores infantiles fueron de los más beneficiados. Hubo hermosos libros, con lujosas impresiones y lujosos precios, no apto para todos los bolsillos de los “mapás”. No obstante, hubo propuestas alternativas, no menos atractivas.

Ediciones La Luz, sello se la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, propuso su Colección Espejo. Por una portada el cuaderno anuncia un cuento infantil de un escritor consagrado. Al reverso se convierte en otro libro que contiene una historia de un narrador joven. Además el libro tiene ilustraciones para colorear. Con esta propuesta llevas a casa un tres en uno por el módico precio de cinco pesos en moneda nacional.

Para los adultos, nuevamente la promoción de los espacios de presentaciones fue insuficiente. Casi no hay público en estos escenarios numerosos y diversos en Holguín. El auditorio se reduce a los propios escritores, editores, invitados a la feria y organizadores del evento.

Es una lástima, porque se pierde la oportunidad de crecer al leer y aprender en el Pabellón de Ciencias Sociales, o en los paneles del programa profesionales en la sede de Ediciones Holguín o en el espacio “El reino de este mundo” que se estrenó este año en la Casa de la Música, donde coincidieron prestigiosas personalidades que han obtenido premios nacionales de Literatura e Historia. En términos gastronómicos, seguimos cocinándonos en nuestra propia salsa.

Como periodista he escuchado sobre esta feria más “Confesiones” que las escritas por El Diablo Ilustrado. Demoras en el inicio de las actividades, la coincidencia en horario de los sucesos más prominentes y la pobre presencia de novedades editoriales están entre los hechos que más han empañado la Feria.

Desde 2016 la falta de insumos en la poligrafía para cumplir con los planes editoriales anuales ha retrasado la publicación de las novedades. No obstante, es pertinente reconocer la actitud del director provincial de Cultura en Holguín, Faustino Fonseca, quien adoptó diversas medidas en el territorio para atenuar dicha situación.

En los días de la Feria los teléfonos móviles, tablets y computadoras “se toman un diez”. Está de moda sentarse en el parque para conectarse con un libro y no con la Wifi.

A pesar de querer, invertir en libros es una cuestión tan difícil de resolver como el “Ser o no ser” de Hamlet. Pero la verdadera cuestión está en conseguir y mantener buenos hábitos de lectura ya sea con libros comprados en la Feria, prestados de amigos o bibliotecas, o en formato digital.
Comprar un ejemplar o una montaña de libros no marca la diferencia. Lo que vale es leerlos, para que no mueran tres pies bajo polvo cuando se acabe la fiebre de la feria. Solo así lograremos que esta fiesta literaria sea más que un suceso comercial, para mantenerse siempre como el evento cultural más importante de Cuba.

Por Rosana Rivero Ricardo

Tomado de www.ahora.cu