Elogio de Manzanillo, ecos de la 46 Jornada Navarro Luna

Publicado el Categorías Cultura fuera de casa, Desde el Oriente, Literatura

Manzanillo es ciudad querible. Y por fortuna, los primeros que la hacen querible son sus gentes, que se enorgullecen de ella y que la quieren. El humilde poeta forastero, aunque no viene a ella por vez primera, siente una pueril fascinación como de estreno, un amor a prima vista, por su diseño vial, hecho como para que el caminante no se pierda nunca por sus calles, y una inclinación como de pariente cercano por los lugareños.

El poeta manzanillero Alejandro Ponce, amante de sus raíces y reconocido en el panorama literario nacional, me lleva, como el hermano que es, a andar por las vías colindantes con la emblemática glorieta central, y me habla con pasión genuina de las glorias pasadas y presentes de la urbe. Pareciera que conoce casa a casa, rincón por rincón. Y me dice: “Cuando me preguntan, yo digo que soy de Manzanillo, Cuba”.

Así, caminando con él, se me antoja que protagonizo y reverencio a un tiempo una de las décimas de Manuel Navarro Luna impresas en la contraportada del programa que me acaban de entregar los anfitriones:

Soñar en andar. Soñar

puede cualquier peregrino.

Pero hay que tener camino

para poder caminar.

Más que los pies para andar

y los ojos para ver,

lo que hace falta tener

es camino, duro o blando,

para poder ir cantando

hacia el nuevo amanecer.

La jornada

Me gustó esta edición 46 de la Jornada Manuel Navarro Luna por la atmósfera fraternal que reinó todo el tiempo entre escribas invitados y del patio, en contacto siempre con la población, y por el programa interdisciplinario bien concebido y llevado a vías de hecho por el Centro de Promoción de la Cultura Literaria que lleva el nombre del emblemático bardo calificado como el Poeta de la Revolución. La institución celebró así el cuarto de siglo de su fundación y los quince de la local Editorial Orto. El equipo del Centro, que dirige el poeta Ángel Larramendi, no solo me pareció capaz, sino además talentoso a nivel individual de cada uno de sus miembros. Y da gusto apreciar eso en una institución cultural de este tipo.

Evento teórico. Foto: La Demajagua

Consecuentes con la indivisibilidad entre los afanes creativos y la vocación de lucha por la justicia social, presente en nuestra cultura desde sus orígenes, y consecuentes con la significación de Manzanillo en esas páginas iniciáticas y las que le siguieron hasta hoy, los anfitriones nos permitieron vivir, entre los momentos más emotivos, la visita al complejo Demajagua, en el sitio sagrado donde Carlos Manuel de Céspedes protagonizó aquel episodio fundacional del 10 de octubre de 1868, del cual estamos celebrando en toda Cuba su aniversario 150. Versos allí se leyeron, con natural estremecimiento, al cual contribuyeron las palabras del historiador Delio Orozco González, cuya participación agradecimos en estos cuatro días.

En esa misma línea de tributos ineludibles, estuvo el homenaje al mecenas de la cultura manzanillera Juan Francisco Sariol, en los aniversarios 130 y 50 de su natalicio y muerte, en la que fuera imprenta El Arte, de su propiedad; la peregrinación y ofrenda floral a la tumba de Manuel Navarro Luna —aunque en su caso, desde luego, la reverencia fue toda la Jornada—; y también, por qué no, la íntima dedicatoria del espacio El autor y su obra, en el Museo Municipal, al poeta Felipe Gaspar Calafell, de larga y rica trayectoria literaria y actualmente aquejado de severos problemas de salud.

Yo, por mi parte, con la ayuda y compañía de los anfitriones, quise cumplir la deuda personal de rendir tributo al líder azucarero Jesús Menéndez, en el andén ferroviario de la ciudad, lugar en que fue asesinado el 22 de enero de 1948, hace ahora 70 años.

Presentaciones y ventas de libros, lecturas y declamaciones de obras en versos, conferencias, paneles, conversatorios, intercambios de escritores con estudiantes, trabajadores y población en general, configuraron la felizmente apretada agenda, de la que participaron poetas de disímiles puntos del país, en abrazo con los numerosos autores reconocidos con que cuenta la ciudad y toda esta provincia, y entre los cuales no me perdonaría dejar de mencionar a Luis Carlos Suárez y Lucía Muñoz, a Juventina Soler y a Andrés Conde, y que me perdonen entonces los demás por no hacer más extensa, como debiera, la relatoría.

 

Marlene Moreno, especialista del Centro Navarro Luna, es una prometedora poetisa, al igual que otros integrantes de ese equipo de trabajo. Foto: La Demajagua

Entre los creadores venidos de otras regiones, me resultaron significativos, por los desempeños que asumen en sus respectivos territorios, Yoandra Santana, líder natural de la Cruzada literaria de la AHS en Camagüey; Kiuder Yero, que despliega importantes roles en las Romerías de Mayo, en Holguín; y Sinecio Verdecia, de la Casa de la Poesía de la Oficina del Historiador de La Habana, para mí una de las voces más interesantes de la poesía oral afrodescendiente en la actualidad nacional. Pero más allá de la mención nominal, por supuesto, fue el clima fraterno que se generalizó, y del cual dio fe, quizá mejor que nadie, el poeta Diusmel Machado, Premio Iberoamericano Cucalambé 2010, en el sentido comentario que escribió en una de las informaciones publicadas sobre el evento en Trabajadores:

“Asistí nuevamente a la Jornada dedicada a Navarro Luna, y regreso a Guáimaro satisfecho y agradecido. Fue un honor y un gozo insustituible, confraternizar con el grupo de poetas invitados (los manzanilleros, hijos nobles de su tierra y de su lírica, junto a poetas cubanos como Carlos Esquivel, Pedro Péglez, Herbert Toranzo, Rigoberto “Coco” Entenza… y varios amigos más), y respirar el aire bendecido del mar, y acudir otra vez al altar de La Demajagua… Refrendar el honor que merece un poeta, y con él toda la poesía; compartir mis propios versos y juntarlos con los de todos, y especialmente entre los jóvenes estudiantes manzanilleros: horas inolvidables. Así pues, deber cumplido, amigos. Gracias otra vez al Centro Navarro Luna, a los organizadores y a las autoridades que gestionan y defienden estos días de patria”.

Resultados del concurso

La edición correspondiente del Premio de Poesía Manuel Navarro Luna lo mereció el poeta holguinero Moisés Mayán con su libro inédito Años de plomo, una obra que plasma “un mapa de confluencia simbólica, de un alto nivel de referencialidad histórica, empleando de modo acertado y atractivo el recurso de la prosa poética”, según expresa el acta del jurado presidido por Carlos Esquivel e integrado por Alejandro Ponce (ganadores de este lauro en años anteriores) y quien escribe estas líneas.

Moisés Mayán, reconocido poeta holguinero que mereció el Premio Manuel Navarro Luna. Foto: La Demajagua

Se otorgaron cuatro menciones, a los poemarios Como quien busca una isla, de Julio César Pérez Verdecia, del municipio granmense de Pilón; Voy a parir un país, de la manzanillera Roselia López Saborit —conocida en anteriores certámenes por su obra en décimas que sorprendió aquí con un conjunto en versos libres—; Tránsito a la nada, decimario de la tunera Niurbis Soler Gómez; y Un haz de tiempo y regreso, de Mariela Barrera Ramírez, autora de la ciudad anfitriona del evento.

El teatro Miguel Benavides fue la sede de la premiación, con la cual se clausuró la jornada, y durante la agenda prevista para la ceremonia leyeron textos anteriores laureados de este certamen y ofrecieron muestras de sus desempeños cancionísticos el trovador Axel Milanés y la cantante Yudria del Castillo.

Por Pedro Péglez

Tomado de www.trabajadores.cu

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