De un pájaro las dos alas

Publicado el Categorías Holguín, Música, Noticias

Así como a la Ciudad de los Parques, bendijo la lluvia la presentación nocturna del Grupo “Tumbayé”, integrantes de la Brigada Artística de Puerto Rico que por estos días visitaron el oriente cubano.

El Centro Cultural Plaza de la Marqueta acogió la veleda. Foto: AA

Para el cubano suena como una buena rumba, pero un poco más movida y a la vez contagiosa para los pies del bailador. En primera instancia provoca al oído, el resto es solo dejarse llevar.

Durante la noche de este 10 de julio el Centro Cultural “Plaza de la Marqueta” devino en escenario propicio para que las raíces africanas hicieran gala de su impacto en el Caribe: el tambor y la maraca, fusionados en una pieza, se encargaron de marcar el paso.

Muy alegres por estar durante estas dos semanas en Cuba, “patria hermana” a la que arribaron con motivo de la Fiesta del fuego, en la provincia de Santiago, expresaron sentirse los integrantes de esta brigada para el intercambio cultural que se presentaron en Holguín, provincia que “los recibió y ahora les despide”.

Versatilidad interpretativa evidencian los músicos puertorriqueños. Foto: AA

El que no lo conocía pues esta noche no tuvo que echarse a llorar antes de dormir, pues a través de una conferencia magistral, los integrantes del grupo fueron improvisando notas y a la vez explicando detalladamente cada elemento que compone esta tradición musical que cuenta con más de 30 ritmos diferentes: La Bomba puertorriqueña.

Este género musical y baile afro-puertorriqueño fue llevado a la Isla por los esclavos que llegaron de las Antillas francesas procedentes de la costa oeste de África. Se puede definir como un estilo libre, que no tiene reglas rígidas en cuanto a la rima y al verso, su contenido está enriquecido con situaciones netamente sociales, expresando mediante su lenguaje característico y pintoresco la cultura y las tradiciones del pueblo.

La bomba tiene más de veinte ritmos entre los que cuentan el sicá, el yubá y el holandés. Tradicionalmente van acompañados de un baile donde el percusionista intenta seguir los pasos improvisados del “bailador”. A ello se le suma la versatilidad interpretativa de los artistas, que posibilita lo mismo tocar un instrumento, que entonar una canción, y hasta protagonizar-conjuntamente con un invitado aleatorio del público-, un baile al frente del escenario.

El batey, escenario recurrente, donde se produce la descarga tradicional, evoca temas típicos de la herencia africana, es así que los embrujos y brebajes, u otros elementos que adornan los cánticos típicos de esta cultura tradicional centran parte de las letras.

Hay en su música ese sazón caribeño que nos distingue, ese toque contagioso que viene del sofocante calor y del agua del mar que baña nuestras costas. Antes de la despedida un tema dedicado a la mayor de las Antillas no podía faltar: “De Borinquén para Cuba”, y mientras las bailarinas con trajes típicos adornan el escenario con su desenfadados movimientos unos versos se dejan escuchar: “con cariño para Cuba bella”.

El intercambio entre ambas naciones hermanas se fortalece con cada visita. Foto: AA

Cantos-toques y bailes son en este género musical una triada perfecta, el cual se cataloga como más antiguo de esa nación, hermana en colores como su bandera, pero también en costumbres y tradiciones, tal como dijera el poema: “De un pájaro las dos alas”.

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