Hasta Antilla: una ola de solidaridad

Publicado el Categorías Antilla, Fiesta de la Cultura Iberoamericana 2018, Noticias

La caravana era pequeña, pero exacta. Suficiente para desafiar los baches del camino, el polvo, las lomas, suficiente para tomarse un café y salir, mochila al hombro, con el arte en un bolsillo.  Antilla fue el destino, un lugar pequeño, que a simple vista, parece detenido en el tiempo. Pero no, no es así.  Antilla es más que una bahía fotográfica y una línea de tren, se crece con su hospitalidad, se abre al turismo, se alienta ella misma.

Proyecto infantil holguinero Rompe Tacones. Foto: Adrián Aguilera

Diez años cumplen las Brigadas Internacionales de Solidaridad, un proyecto creado para llevar el arte hasta los sitios más intrincados de nuestro territorio, afectados, mayormente, por huracanes de gran intensidad. Eso, el pueblo lo agradece, lo celebra. Para los antillanos, llegar hasta allí fue un gran premio.

Foto: Adrián Aguilera

La cultura es más grande que un apagón, lo que impidió a algunos artistas no pudieran regalar su obra, dejar el aliento en los escenarios, como el grupo musical Tierra Firme y la compañía habanera Asiart Dance, sin embargo,  con luz propia y bien natural, brilló la agrupación folclórica chilena Raipillan y el proyecto infantil holguinero Rompe Tacones.

La Casa de la Cultura de este municipio fue el escenario de bienvenida por parte de varios directivos del partido, el gobierno y del propio director de la institución. La brigada se dispersaba. Pero allí, más tarde, disfrutamos de un gran espectáculo. Raipillan hacía de “las suyas”, seducía con sus vestuarios, sus bailes típicos, movía sus raíces. Hay que detenerse y verlos,  hay que gozar con ellos.

Fabiola Sardinas, su directora, revela que esta es una agrupación que acoge a más de 300 niños,  jóvenes y adultos, pretendiéndole una educación artística, en la danza, en el folclor, en la música. Es una compañía integral.

 

Le pregunto qué piensa de Cuba y responde, sin titubeos: “Me parece hermoso, son un ejemplo de  solidaridad, demasiado cariñosos, no era lo que esperaba, nos encontramos con otra realidad. La verdad es que estoy admirada de la organización, del amor, de la acogida, de la belleza, de la limpieza, de cómo se están levantando con su esfuerzo, cómo sobreviven y cómo son tan resistentes”.

La obra de Raipillan está muy arraigada a las raíces de Chile, a la religión, eso es palpable: “Tratamos siempre de preservar nuestras raíces, porque todo va cambiando y evolucionando y eso hay que agregarle un  poquito de fantasía e innovar, pero sin salirnos de nuestro contexto”, cuenta Fabiola.

Si algo destaca del grupo es sin duda la diversidad y la elegancia de sus vestuarios, que provocan, trasladan, invocan. “Lo confeccionamos nosotros mismos. Hacemos un trabajo psicosocial y para eso tenemos un departamento o taller de confecciones donde bordamos, pegamos, cosemos…”

Raipillan proviene de una de las lenguas mapuches. Rai significa flor y Pillan espíritu. “Vivimos en una población bastante estigmatizada y creemos que con nuestras danzas entregamos flores, que son bellas, son de colores, pero para eso hay tener mucho espíritu, estos chiquillos lo tienen”. Es evidente, los bailarines disfrutan la escena sin medidas.

El día 30, la agrupación chilena clausurará las actividades de la XXIV edición de la Fiesta y es algo que usted no puede perderse. Siente Fabiola muchas ansias por ese concierto-espectáculo: “No nos importa el calor, no nos importa que se corte la luz, los chiquillos estarán siempre ahí con su esfuerzo,  les corre el agua de su cuerpo pero están felices, haciendo lo que somos: folclor de Chile”. De Cuba se lleva muchas ideas, y confiesa que volvería cien veces más.

El público los aplaude. Repican los tacones, vibra el viejo escenario. Los músicos cantan desde la pasión, desde la pureza de un pueblo que ha marcado una historia. Antilla queda atrás. Las curvas de la carretera,  los viejos bohíos, las pañoletas,  un par de lomas que se cruzan entre las nubes, la risa de los niños, la gente que dice adiós. Eso es suficiente para volver y sentir la fuerza del arte y de la solidaridad.

Por Jorge Suñol Robles