Con la décima a cuestas

Publicado el Categorías Cultura fuera de casa, Entrevistas, Holguín, Música, Noticias
Fotos: Adrián Aguilera
Si no hubiese sido por su predisposición genética, hoy Santiago de Cuba tendría un hijo en el lomerío de Realengo 18. O Matanzas, un técnico en maquinaria agrícola. O La Habana, un policía oriental más. Pero sabía que su destino era la música y salió a buscarlo. Emiliano Sardiñas, el décimo de 14 hijos, nació para “inventarla en el aire”, por esa capacidad de pensar muy rápido, manejar la palabra y jugar con los versos a una velocidad tremenda.
¿Cómo nace un improvisador?
“Los improvisadores son fruto de la naturaleza, obra del destino. Puede ser hereditario, porque a veces esa facultad proviene de un abuelo, un tío. En muchos casos no hay predisposición genética e interviene el factor natural: naciste con ese don”.
¿Cuándo descubriste que podías ser repentista?
“Bien pequeño. Vivía en un monte de Santiago de Cuba, en Realengo 18. Al barriecito mío le decían el Saíto Arriba, allá en Songo la Maya, buscando la frontera con Guantánamo. Oía las cuartetas tradicionales que sabían los viejos para tirarse pullas y empecé a tratar de arreglarlas.
“Entonces mi familia y yo nos mudamos a Matanzas. Cuando llegué a la secundaria básica un profesor me orientó. Me dijo que sería decimista improvisador. No obstante, estudié Técnico Medio en Maquinaria Agrícola, pero al mudarme para La Habana, eso quedó a un lado.
“Mi hermano vivía en un apartamento en la capital y recogió a toda la familia. Al principio decía que no tumbaran mi casa, porque regresaría al Realengo. Menos mal que no vine. Allí no estaban los medios ni las circunstancias favorables para desarrollar mi carrera.
“Cuando entré al servicio militar fue mi despegue. Me di cuenta de que había nacido para esto.
“A lo largo de estos años recibí cursos, talleres; aunque los poetas somos autodidactas por excelencia. Estudié mucho. Uno se acostumbra a la lectura, sobre todo, de los clásicos de la literatura española y cubana. El repentista debe tener una cultura general que le permita desarrollar cualquier tema, lo mismo en una conversación que en una controversia”.
¿Cómo llegaste al popular espacio televisivo de la música campesina Palmas y Cañas?
“Al terminar el Servicio Militar, ya conocía a muchos intérpretes del programa. Me presenté a una audición donde me evaluó Adolfo Alfonso. No aprobé, pero al año siguiente volví.
“Paralelamente, busqué trabajo como policía. El mismo día que me llegó la citación para presentarme a la estación, entró el telegrama para ir al Centro de la Música. La decisión no fue difícil.
Palmas y cañas ha sido la vía por la que durante años he estado conectado con las personas que siguen el género. En noviembre de 1989 comencé profesionalmente. Cumpliré 30 años de vida artística en 2019, tres décadas cogiendo botellas por toda Cuba, de trota mundo con la décima a cuesta, entrando a los hogares de la gente humilde de mi país que es una de las cosas que me hace más feliz y me enorgullece”.
¿Cómo valoras la salud del repentismo en Cuba?
“A nivel nacional se encuentra bien, pero en las provincias está frágil, porque hay menos espacios para su presentación y promoción. Tenemos el reconocimiento a nivel institucional, pero no la ayuda. No es lo mismo que te toquen el hombro y te digan: `¡qué lindo tu improvisas!´, a que te brinden apoyo para llevar a cabo un proyecto y las cosas fluyan mejor.
“Tengo un dolor en lo más hondo por la música campesina, por los improvisadores, los laudistas, los treseros que es la gente a quienes nunca le toca una gira nacional y le dan vida a la tradición en un pequeño espacio. Algunos tienen aspiraciones que no se les dan. Otros ni siquiera aspiran a trascender de ahí en lo adelante.
“Nosotros como género hemos sido marginados, olvidados y desatendidos durante muchos años. El Ministerio de Cultura, el Instituto de la Música, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños pudieras hacer muchas más cosas por todos los proyectos que hay en cada provincia que no tienen espacios ni apoyo.
“Para reforzar el género, un grupo de realizadores fundamos una cátedra experimental. En este momento tenemos más de mil niños que cantan tonadas, improvisan décimas, tocan tres y laúd a lo largo del país.
“Fuera de la Isla, los que cultivamos la música campesina, al menos desde la capital, tenemos una buena proyección internacional. Realizamos giras al exterior, impartimos talleres. Sin embargo, la única evidencia que tenemos son los recortes de periódico traídos de allá, porque en Cuba se desconoce esa labor”.
Sin embargo, en Holguín has tenido mucho éxito…
“Este es un arte popular, donde las personas tienen la posibilidad de interactuar con el artista y ver la obra surgir en ese momento. Además estoy en un momento muy dulce de mi carrera. Con mi nuevo trabajo como jurado en la Colmena TV, tengo un público más amplio en los niños y en la familia en general. La gente me espera siempre con admiración y cariño.
“En Holguín soy fundador de la Fiesta Campesina en la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. El evento lo comenzamos en Velasco, en 1999. Después vine varias veces a Rafael Freyre, luego me desaparecieron por un tiempo, hasta ahora que me vinieron a buscar de nuevo.
“Me encontraba en una gira por República Dominicana programada para un mes. Sin embargo, ajusté mi tiempo para cumplir con la agenda en 15 días y no perderme la Fiesta de la Cubanía ni la Iberoamericana. Me bajé del avión para la guagua.
“Aquí la he pasado riquísimo. Me presenté en la Casa Ibero el día 24 y el 25 en el Pasacalle. Fui por mi cuenta a la Casa de la Trova. Me subí a descargar con el grupo Cristal y cuando terminó, la gente empezó a pedirme y me quedé. Hice un show como de una hora solo.
“El día 27 fuimos a Fray Benito y fue una experiencia maravillosa. Este 29 en Gibara también fue espectacular”.
Descarga del repentista Emiliano Sardiñas en Casa de Iberoamérica. Foto: Adrián Aguilera
¿Cuándo regresas a Holguín?
“Bien pronto, como invitado del Festival del Son en Mayarí”.
Llevas más de 30 años en La Habana y aún preservas tus raíces campesinas, incluso en el acento…
“Soy santiaguero del monte y a mí no se me pega el habla´o de ningún lugar. A veces me dicen: `Oye, llegaste de Colombia y estás hablando colombiano´. No, -le digo- llegué y hablo oriental, el acento mío de la loma. Eso está en la persona. Alguna gente sale y quiere lucir diferente para que se den cuenta de que vienen de otro lugar. Para mí, la gran felicidad es saber que, donde quiera que las personas me vean, soy el mismo guajiro”.
¿Cómo piensas celebrar tus 30 años de vida artística?
“Quiero realizar una gira por cada provincia para llegar a las comunidades más apartadas, donde viven las personas a donde no llegan las grandes orquestas.
“También quisiera ir al hospital infantil William Soler, la escuela Solidaridad con Panamá, ir a los proyectos donde el trabajo humano es lo primero y donde hay personas profesionales y equipos de trabajo que consagran su vida a servirle a otras personas”.
Por Rosana Rivero Ricardo