Fernando Cabrejas: Cacique de la Trova en Holguín

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Fernando Cabreja. Foto: cortesía del entrevistado
Fernando Cabreja no entiende de negras ni de blancas. Tampoco de cuánto tiempo “dura” una redonda, fusa o corchea. Cabrejas no sabe leer música. Ni escribir música. Ni solfear. En sus palabras: “no sé absolutamente nada”. O sí. Dice que la canción es ese matrimonio perfecto, orgánico, coherente entre el texto literario y la melodía. Y él ha “casado” a unos cuantos. Tal vez por eso y sus años de experiencia, lo apodaron en Holguín El Cacique de la Trova.
Pero antes de ser así, “un testarudo, un tipo torpe, algo bohemio, medio loco, que siempre está fuera de foco”, fue un niño que nació en el Reparto Sueño, cerca de la posta 3 del Cuartel Moncada, dos días después de la desaparición física de Camilo Cienfuegos. En su pueblito de Sagua de Tánamo, no había donde inscribirlo. Su madre se fue a la Ciudad Heroica, donde heredó ese espíritu rebelde que, “picando los 60”, aún mantiene.
En Sagua pasó su infancia rodeada de arroyos, vacas, caballos, chivos, gallinas y también de música:
“En la etapa de la secundaria, doy mis primeros pasos en la música, todo empíricamente. Miraba al Trío Cristal, muy importante en aquella época en Sagua.
También iba a casa de un músico muy virtuoso en la guitarra que me enseñó algunos acordes. Me escapaba de la escuela para aprender, porque sí tenía esa vocación inculcada por mi padre, Enrique Cabrejas. Con él aprendí a apreciar la trova tradicional.
“Me nutrí de todo. Me interesaba mucho Víctor Jara, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Carlos Puebla, Violeta Parra. Cantaba también cosas de Camilo Sexto, Charles Aznabur, Diango, del Trío los Panchos. Todo ese gran ajiaco se queda en el subconsciente y después salen las canciones. Por eso, soy un trovador un poco ecléctico.
“Empecé a componer cuando entré a la carrera de Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Había un gran movimiento de artistas aficionados y me encontré con un músico costarricense, Fidel Gamboa, que vino a estudiar al Instituto Superior de Arte, y con él avancé mucho en la guitarra”
¿Qué pasó cuándo te graduaste de la Universidad?
“Decidí regresar, porque mis padres estaban un poco viejos. Eso fue como en el 85. Hice un adiestramiento de seis meses en el Museo de Sagua de Tánamo. Después me reencontré con Edelis Loyola, mi esposa, quien propició que fuera a trabajar a la emisora de Moa, La Voz del Níquel.
Cabreja junto a su esposa, la trovadora Edelis Loyola y el tenor Yuri Hernández
“Entré como asesor. Revisaba como 20 programas. Era un trovero radialista, una arista que pocos conocen. Como historiador del arte no ejercí realmente, aunque impartí clases de Estética e Historia del Cine Cubano, hace como ocho años en la llamada municipalización, un proyecto de Fidel.
“Toda una vida he trabajado en la radio, desde el ´86. Incluso pertenezco a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba por la sección de Cine, Radio y Televisión. En la radio obtuve muchos premios con programas culturales, documentales, reportajes, porque fui hasta jefe del departamento informativo por dos años. Siempre estaré agradecido a la emisora. Gracias a eso sostuve a mi familia.
“Ahora hago un programa más sencillo en Radio Angulo, aunque no menos importante. Se llama ‘Una canción Necesaria’. Es un espacio musical donde defiendo y promuevo la canción de autor. También hablo de la trova tradicional cubana y los jóvenes valores de la trova en Cuba. Lamentablemente se transmite en un pésimo horario, de 6 a 7 de la mañana los domingos.
“He sido de todo un poco, menos electricista y constructor, porque soy pésimo en eso. No sé poner una bombilla, pero criando muchachos y buscando comida, haciendo canciones y trabajando en la radio, ahí me ha ido bien”.
¿Te consideras un músico poco conocido?
“La mayoría de los trovadores de Cuba saben quién yo soy. No sé si me han escuchado o si me han visto actuar en un lugar X. Quizás me ayudó mucho el Encuentro Nacional de Trovadores, “Trova Viva”,que fundé en el año 2000 como gestor cultural. Estuve al frente de él hasta el 2008, cuando me mudé para la ciudad de Holguín. Por allí pasaron Frank Delgado, Gerardo Alfonso, Ray Fernández, Augusto Blanca…
“A cualquier trovador del país, lo mismo si tiene 25 años que 60, pregúntale por mí. Sabrá quién soy. Que conozca mi obra, tal vez no. Quizás ha oído una canción, pero hasta ahí. Una cosa es el reconocimiento y otra la fama. La fama es muy volátil, más que la moda. Nunca he estado a la moda, ni pienso lo estaré. A mí lo que me gusta son los modos”.
¿Qué te atrajo a la ciudad de Holguín?
“Mi hija estudiaba en el Conservatorio de Música y nos decía que teníamos que mudarnos para Holguín para visibilizar mejor nuestro trabajo. Pero el que está en Holguín quiere mudarse para La Habana y el que está en La Habana quiere mudarse para París. Eso no falla. No obstante, en Holguín me siento a gusto y no pienso que me vaya a mudar”.
¿Qué trajiste en la maleta cuando te mudaste de Moa a Holguín?
“La peña Alta Marea que fundé el 4 de octubre de 1998 en Moa, donde cantaba mis canciones y un poeta invitado leía sus textos. La casa de la Trova acogió el proyecto que se mantuvo con esa idea original hasta 2012. Por allí pasaron los poetas Lina de Feria, José Luis Moreno del Toro, Fernando García Blanco, Teresa Melo, Delfín Prats, Ronel González, José Luis Serrano, Lourdes González.
“Era un espacio único, un oasis. Después la Casa de la Trova se contaminó con un público raro. La gente iba más bien a tomar cerveza. Había un cover de 10 pesos en moneda nacional que mis seguidores, en su mayoría estudiantes universitarios o de la Academia de Artes Plásticas, no podían pagar siempre. Muchos factores incidieron en que la peña no sea lo que fue cuando llegué de Moa, pero se mantiene todos los jueves.
“Ahora trabajo también los viernes a partir de las 6 y 30 en El Chorrito, el Álbum Café de la EGREM. La Peña de los Socios se llama el espacio. También me involucré en La Feria de los Trovadores,  un proyecto de Raúl Prieto, donde trabajamos todos los cantautores de la ciudad, los últimos jueves de cada mes, en El Callejón de los Milagros”.
Cabreja en la Plaza de la Marqueta
¿Tienes algún secreto para componer?
“No hay recetas. Las canciones me sorprenden. No las puedo forzar. Si lo intento, no salen. Llegan cuando menos te lo esperas, en los lugares más insospechados, caminando por una calle con jabas de viandas, y tengo que dejar los paquetes ahí, para escribir. Antes siempre andaba con un lapicero y tarareaba melodías como una hora hasta llegar a la casa. Ahora con el celular es diferente”.
Si eres músico de oído, ¿cómo escribes la música de tus canciones?
No la escribo, la memorizo. O en una hoja pongo: ‘Yo pudiera hacer canciones facilistas’ y añado ‘RE mayor’, que es donde empieza ese tema. De ahí memorizo, aunque he perdido como 30 canciones, porque cuando las hice no las pude grabar.
En 2019 cumples 60 años y cuarenta de vida artística, ¿cómo planeas celebrarlos?
“La primera acción es el concierto ‘Fuera de foco’ que realizaré en el Teatro Eddy Suñol el próximo 3 de noviembre a las nueve de la noche. No es lo mismo una peña que es más fraternal que en el teatro, pero tampoco pienso ir tieso. Cantaré unas 17 canciones que han marcado mi carrera como ‘Fuera de foco’, ‘Volviste a mí’, ‘Muchacha en la ciudad’, ‘Marcha de la vida esdrújula’. Tendré algunos invitados como el grupo de Raúl Prieto que me acompañará en 6 temas con arreglos de mi hija Edelita, Nolberto Leyva, Samuel Leyva y otras sorpresas.
“Pronto debe salir mi cancionero ‘Como una luna en pie’, por Ediciones la Luz y pienso grabar también mi primer disco en los Estudios Siboney de la EGREM en Santiago de Cuba. Se llamará ‘Cuando todo coincida’. Tuve que seleccionar con pinzas 15 temas de mis 120 canciones que reflejen a Cabrejas en diferentes etapas de su vida, una persona con preocupaciones éticas, filosóficas, sociológicas, rebelde, pero al mismo tiempo tierno amatorio, que quiere a la familia”.
Con Silvio Rodríguez
Con Pablo Milanés
Con el boricua Andy Montañez
Junto a la cantautora Liuba María Hevia
Con el trovador Eduardo Sosa

Por Rosana Rivero Ricardo

Tomado de www.ahora.cu/es