“Sin cultura no hay libertad posible”

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Por Rubén Rodríguez González

El pintor Julio Méndez preside la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Holguín. Foto: Carlos Rafael
 A pocos días de realizada la Asamblea de Balance de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Holguín, donde se discutieron temas sobre la cultura cubana y política cultural y se eligió la nueva dirección del gremio, el presidente reelecto, el artista de la plástica Julio Méndez Rivero conversa con ¡ahora! Digital.
Con una obra atendible dentro de las artes plásticas holguineras y un apretado currículo como dirigente cultural, donde figuran la creación de la Semana de la Cultura holguinera y la fundación de los Premios de la Ciudad de Holguín, el también diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, se considera básicamente “un agradecido”.
Sobre el período precedente, Méndez resume la labor de la Uneac hacia tres direcciones fundamentales: la atención sistemática y activa a la membresía, el sostenimiento o perfeccionamiento de los espacios fijos con mayor influencia en el público; y el desarrollo del trabajo comunitario para incidir en la vida sociocultural de la comunidad, a partir de las estrategias de desarrollo local, coordinación de actividades y proyectos con el sistema del Poder Popular y enfoque cultural.
“Formamos parte del sistema de instituciones de la Cultura. Actualmente, contamos con 22 espacios fijos mensuales, como el Café Literario que ya exhibe 15 años de creado.
Tenemos muchos logros por las diferentes filiales; como en el sistema editorial, con la publicación de la obra literaria de nuestros afiliados y la obtención por ellos de numerosos premios, aunque no hemos logrado que Cosme Proenza o Delfín Pratts alcancen los premios nacionales de sus respectivas manifestaciones; este año, no obstante, tuvimos la alegría de que José Abreu lograra el Premio nacional de Historia.
“Mantenemos buenas relaciones con el Fondo de Bienes Culturales, de modo que para las ambientaciones u obras por encargo estén priorizados los artistas de la Uneac.
También son buenas nuestras relaciones con los medios de difusión, cuya mayor dificultad sigue siendo la falta de una crítica de arte sistemática, necesaria porque favorece el desarrollo de las manifestaciones artísticas”.
Has resaltado la necesidad de vincular más a la Uneac con la enseñanza artística…
—A la enseñanza artística se vinculan más de 30 miembros de la Uneac. ¿Qué haces con un hermoso teatro si no apoyas la enseñanza artística, donde está la cantera, el relevo? La enseñanza artística es costosa, como lo son un pincel, una zapatilla o un tubo de óleo. Pero ahí están sus logros, como los obtenidos por las escuelas de música, la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual o la filial de canto del Instituto Superior de Arte.
¿Cómo se inserta la Uneac en el complejo campo de la política cultural en esta circunstancia nacional y su contexto internacional?
—Esto es, precisamente, lo que el compañero Víctor Gaute, miembro del secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, nos pedía en la Asamblea: en medio de la compleja circunstancia actual, la vanguardia artística debe tener un papel más activo.
La Uneac tiene el deber de insertarse en todo ese sistema, estar presente en las redes sociales, hacer patente la obra revolucionaria y mostrar su arte comprometido.
La vanguardia artística tiene que ayudar en la defensa de la Revolución. Se trata de un momento más complejo todavía que los anteriores, donde se recrudece el bloqueo, América Latina ha cambiado con un giro a la derecha y todo esto nos afecta.
Por otra parte, las redes sociales están globalizando una cultura de la banalidad y el sensacionalismo; a esto se deben enfrentar nuestros creadores, principalmente la vanguardia artística que nuclea la Unión de escritores y artistas.
Tenemos un compromiso con nuestra vanguardia y asumimos el pensamiento profundo, analítico, de cómo se puede cumplir mejor la política cultural del país.
Por las circunstancias particulares, el IX Congreso de la Uneac se perfila como histórico…
—El IX Congreso se convocó el 13 de agosto y se va a realizar del 28 al 30 de julio, las mismas fechas de cuando Fidel pronunció sus Palabras a los intelectuales. Se realizará en un contexto complejo y se prevé la realización de cambios en los estatutos, para un mejor funcionamiento de la organización.
El Congreso se realizará en una situación bastante compleja; sin embargo los miembros de la Uneac jamás estarán desamparados y habrá para ellos ayuda institucional. En el Congreso se reafirmará el compromiso de la vanguardia artística cubana.
Nuestros estatutos se encuentran en consonancia con la política cultural del país y la democracia socialista. Los miembros de la Uneac tienen que demostrar que son la vanguardia artística, porque la organización les ofrece amparo y facilidades para la realización de una obra creadora.
Entre tus haberes figura el Proyecto Plaza de la Marqueta, cuyo corazón era el Taller de Grabado que dirigías…
—La idea era salvar la Plaza de la Marqueta con un proyecto como la sala de conciertos, en el que se involucró el propio Fidel, que incluso estuvo allí. Como parte de ese esfuerzo se rescató el Taller de Grabado, se buscó un lugar para sacar a las empresas ubicadas en ese espacio y la Plaza se convirtió en un gran mercado de arte, fino, con locales como la Casa Marco o la tienda Mona Lisa, donde iba a estar también la Galería de Cosme Proenza. Yo le “saqué el pie” para dedicarle tiempo a la Uneac, porque me roba mucho tiempo. Hay que atender a todo el mundo.
Entre los temas debatidos en la Asamblea estuvo la relación Cultura-turismo, ¿qué opina al respecto la dirección de la Uneac?
—Como en todos los temas, tiene que haber un diálogo. Aunque se tiende a culpar a las instituciones turísticas, debemos decir que Cultura también ha cometido errores, ha perdido espacios y se ha acomodado.
Existen convenios que se tienen que cumplir y también una comisión que preside la Dirección Provincial de Cultura. Hay que buscar soluciones sin fajarnos.
Méndez fue reelecto como presidente y sigue apostando por la Unión de Escritores y Artistas, incluso en detrimento de su propia obra artística, ¿por qué?
—Soy un agradecido. Yo me fui de un central azucarero a estudiar en la escuela de arte del hotel Comodoro. Todavía no conocía las Palabras a los intelectuales; al cabo del tiempo las conseguí y, al leerlas, me di cuenta de que yo soy un fruto de esas palabras, donde se hablaba de los instructores de arte. Mi obra artística está ‘pasmá’, pero me estoy sacrificando.
Dirigir la Uneac me roba mucho tiempo, pero es lo que me tocó y no me disgusta hacerlo, porque es un medio donde existen buenas personas.
Ahora hay que corregir el tiro de todos los errores que ha cometido la Uneac y la semana próxima nos reuniremos con los líderes de las filiales con ese objetivo. También yo he cometido errores, pero nunca le he hecho daño a nadie ni le he tirado un cubo de agua fría a un creador. Yo dialogo o le convenzo, pero nunca devalúo un proyecto porque sé lo que eso significa.
El 34 por ciento de nuestro presupuesto se dedica a sus miembros, por concepto de colaboración, pagos y becas, aunque tenemos que involucrar a más miembros de la organización. Es nuestro deber y función mejorar la vida de nuestros miembros y ayudarles al máximo.
Uneac significa unión, aunque haya discrepancias fuertes; el día que no exista desaparece la organización. Debemos insertarnos en todo el sistema de instituciones de la Cultura, porque somos la vanguardia.
En medio de un proceso complejo, y del bloqueo tan feroz que afecta profundamente la economía cubana, la Cultura tiene que sobrevivir y ganar preponderancia porque, como dijera Fidel, sin ella no hay libertad posible.
Tomado de www.ahora.cu