Tributo al Rey del doble sentido

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Por  Mavel Ponce de León

Tributo al Rey del doble sentido
Tributo al Rey del doble sentido. Foto: Carlos Parra

El pueblo más simpático de Cuba celebró los 108 años del natalicio del Juglar Mayor,  el Rey del doble sentido, Faustino Oramas trovador, cantante de sones y guarachas, “El Guayabero.”

La agrupación Los Guayaberos frente al Museo La Periquera, jóvenes repentistas, y la música electroacústica fusionaron textos y música de Faustino en un concierto moderno con la raíz del son oriental y el tres del autor de Marieta.

Foto: Kevin Manuel Noya

La picaresca del Oramas trasciende hasta este siglo. El humorista Fito a su estilo, presentó imágenes de la vida cotidiana de los holguineros en una interacción con el público.

Foto: Kevin Manuel Noya

Vocal en Serio, con un son para el Guayabero en una interpretación a la altura de un   trovador sonero símbolo de la cultura cubana.

Un cuadro coreográfico por estudiantes de la Escuela Vocacional de Arte de Holguín con un colorido y folclórico diseño como ambiente de la presentación disfrutada por los seguidores del Juglar.

Irma Oramas, cantante, sobrina de Faustino, expresó a este sitio que para ella “ fue un padre, y me pongo triste en estos días, le extraño. Pero he visto como el pueblo le recuerda cantando y bailando, eso es muy lindo.”

“Es mi músico, mi trovador de siempre. Y le escucho siempre,” expresó María López, seguidora de Faustino.

De joven Oramas se vio obligado a aprender música en forma totalmente autodidacta. Aunque su primer trabajo fue en una imprenta, muy pronto el encanto de la música le reclamó.

Inició a los 15 años de edad con el sexteto La Tropical como cantante y tocando las maracas, donde supo recoger lo mejor de la tradición criolla, dotarla de rítmicos compases y agregarle pícaras improvisaciones.

De aquellos lejanos tiempos viene su más conocida composición de 1938, y de ahí incluso su apodo de El Guayabero; le encantaba contar la anécdota: «Me dicen así gracias a una trigueña. O más bien a un marido celoso de un lugarcito de Oriente llamado Guayabero, adonde fui a cantar para ganarme la vida y por poco encuentro la muerte. Ella fue atenta conmigo y la gente del bar le fue con el chisme al marido, un guardia bruto de aquellos de antes. Bueno, para qué contar. Salí echando con los músicos y en el camino salió la canción», que dice en su estribillo «En Guayabero, mamá, me quieren dar! / ¡En Guayabero, mamá, me quieren dar!».