La torre de marfil de Michael Johnson en la Uneac holguinera

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Por Erian Peña Pupo

Expuesta en la Uneac de Holguín, la muestra fotográfica La Torre de Marfil, de Michael Johnson (1988) nos ofrece una “personal reflexión sobre el cuerpo humano y su relación con la danza, una especie de puesta en escena que no remite al cerrado universo del ballet, un espacio donde la luz, el movimiento y la música constituyen las coordenadas a partir de las cuales los bailarines hacen posible la magia fugaz de la representación”, asegura el crítico de arte Martín Garrido Gómez.

Muestra fotográfica La Torre de Marfil. Fotos: Kevin Manuel

Cuerpos de jóvenes bailarines –pertenecientes a Acosta Danza y en su mayoría al Ballet Nacional de Cuba– componen las piezas “de gran formato e impecable factura”que integran el fragmento de este ensayo fotográfico,con curaduría, museografía y dirección de Julio Méndez Rivero.Cuerpos –perfectos, formados por los ejercicios de la danza– en contraste con el fondo en negro de las fotos.Y lo que particulariza la muestra: cuerpos desnudos como si Perséfone los despejara de todas posibles vestimentas y los remitiera a las esencias mismas de una danza seductora y sutil.

 

Hay erotismo en las obras de La Torre de Marfil convocado por las líneas y los contornos de los propios cuerpos de estos bailarines que han accedido a posar desinhibidos para Michael Johnson: Javier Rojas (Egida), Daniela Gómez (Torre de Marfil), Diana Alonso (Invierno y Espejos, junto a Reyner Tapanes), Rafael Kenedit (Cronos, Capricornio y Universo, junto a Adaris Linares), Carlos Revé y Cinthya Villalonga (Encuentros), Adrián Sánchez (Duende) y Raúl Abreu y Cinthya Villalonga (Sin movimiento); pero no es un erotismo cualquiera, sino que parte, per se, de la esencia misma del ballet.

Dos referentes –imposibles de obviar en este caso– sobrevuelan estas obras delante del ojo acucioso del espectador: ciertas fotografías, invadidas por la mirada clásica y lírica, del estadounidense Robert Mapplethorpe, y las obras del cubano Gabriel Dávalos, donde los cuerpos de las bailarinas del BNC –desnudos también– se integran a paisajes exteriores, urbanos en su mayoría.

“El resultado final es, siempre, de una belleza distinta a la belleza que se encuentra en la naturaleza, porque es una belleza quintaesenciada, culta, depurada y, en resumen, intelectual. Tal vez sea por estas razones que el fotógrafo opta por colocar a sus modelos en un espacio neutro, distinto al del escenario decorado para la presentación, porque de este modo la atención del espectador se concentra en el cuerpo que posa para la cámara, modelado por la luz, revelador de una belleza singular, escultórica, que para algunos podrá tener resonancias eróticas pero que, a la larga, es como el arte al que remite, sensible, sí, pero cerebral y lógico”, añade Martín Garrido.

La torre de Marfil fue inaugurada en la habanera Fábrica de Arte, con sponsor de la Real Embajada de Noruega en Cuba. Posteriormente la muestra se expuso en la Casa Estudiantil de la Federación Estudiantil Universitaria (Feu) de la Universidad de La Habana y fue incluida como parte del programa del XXVI Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso. Ahora Michael Johnson –además de fotógrafo, poeta– prepara una novela lírica a partir de poemas suyos y fotografías con bailarines del Ballet Nacional de Cuba, que tendrá el mismo título que este ensayo fotográfico.

Sus fotos han ilustrado importantes programas de la televisión cubana, como De la gran escena, y publicaciones de la UNEAC, entre ellas Eróticos, Más eróticas, Más eróticos y Cuentos eróticos.Una de sus obras integra la colección del Museo Nacional de la Danza, único de su tipo en América. Está expuesta también en el Teatro Solís y documentada por el Centro de Investigación y Difusión de las Artes Escénicas CIDDAE, que compone el registro Memoria del mundo de la Unesco.

La torre de Marfil, expuesta en la sala Fausto Cristo de la Uneac holguinera y organizada en conjunto con el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) en la provincia, nos acerca a la sutileza del cuerpo en la danza –o de la danza en el cuerpo– mediante la obra fotográfica de Michael Johnson.