José Francisco manda en la Banda

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Por Rosana Rivero Ricardo

Hoy han salido, en plena tarde, un reguero de “soles” y mi bemol y fa sostenido. La afinación de los instrumentos de una banda es casi de locos. Entonces llegas tú, subes al podio y todo es silencio. A una señal empieza la música. Como mecanismo de reloj suizo se acoplan los instrumentos.

Foto: Wilker López

Cuando te veo dirigiendo la Banda de Conciertos de la Escuela Elemental de Arte Raúl Gómez García, tres cosas vienen a mi mente. A ti, José Francisco Obregón Pérez, no te gusta estar sujeto a un cuadrito. Sé que estabas loco por saltar de aquel podio y moverte y dirigirte a los muchachos. Ese es tu sello. Si intervienen los saxofones, por ejemplo, te gusta acercarte a ellos, vivir junto a los alumnos lo que hacen.

Hoy tampoco llevas batuta. Manos y brazos te bastan para marcar compases, intensidad de la música, entrada de instrumentos… Mejor así, porque mientras suena el “Bonito y sabroso”, del Beny, recuerdo el cuento de la varita. Tu maestro, Norman Milanés, te prestó una que costó 25 dólares. Increíble precio para ser un palito. Estabas montando “Romeo y Julieta”. La cosa no salía y en un arranque de impotencia -rá- rompiste la varita. Por eso, prefieres ni usarlas.

Con la banda de la escuela te has sentido realizado como director, carrera que iniciaste cuando trabajabas en la Banda del Estado Mayor General de La Habana. Allí entraste en 1970, recién graduado de la Escuela Nacional de Arte, en percusión. De tu especialidad, la batería fue tu instrumento favorito, contagiado por la fiebre de Los Beatles y Los Rolling Stones.

Pero llegaron un día preguntando quién quería evaluarse para director de banda. Te presentaste y obtuviste primer nivel, como oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Hiciste ceremonias en El Laguito y en el Palacio de la Convenciones, donde estaba Fidel, y todo con el grado de Teniente, cuando los directores eran Mayor o Teniente Coronel.

Él amor te hizo volver a Holguín. En 1982 te incorporaste a la Banda Provincial de Conciertos, donde permaneciste como un músico más, sin revelar tu afición por la dirección.

Cuando llegaste a la docencia en la Escuela de Arte en 1994, redescubriste el encanto de dirigir. Acomodaste los arreglos, entusiasmaste a los muchachos y renaciste como director. Desde hace 25 años permaneces ahí, asumiendo no pocos retos, como la renovación constante de los jóvenes músicos, pues cada año se marchan entre nueve y 10 alumnos, como proceso lógico de su continuidad de estudios al nivel medio.

Fotos: Wilker López

Tienes 45 minutos, dos días a la semana, para los ensayos. En ese tiempo debes afinar a los más de 40 muchachos y montar dos o tres obras, algunas difíciles, como “Preciosa”, del boricua Rafael Hernández que ahora escucho. Todo es rapidísimo en clases, pero ellos te responden. El alumno que asumió la voz de Marc Anthony con la trompeta, tiene un domino increíble del difícil instrumento para sus 14 años.

Solo tú sabes del sacrificio de esta obra. El secreto es trabajar y dedicarle tiempo al arreglo, adaptación o escrituras de obras, para armar un repertorio con el cual los estudiantes se sientan entusiasmados. La recompensa es apreciar cómo crece el talento de los alumnos que han pasado por la Banda, que han sido muchos y muy talentosos.

Pero ahora, cuando cumples 45 de vida artística, tu labor merece otro agasajo, José Francisco. A ti está dedicado el IV Encuentro Territorial de Bandas de Conciertos. Por eso, cuando te veo hoy, 21 de noviembre, sobre el podio del cual quieres saltar, dirigiendo sin varita a medio centenar de niños en la apertura del evento, el pecho se me hincha de sano orgullo.