Taller de Grabado, conocer la historia para preservar el legado

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Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López y Kevin Manuel Noya

Un amplio abordaje por la historia del grabado en la provincia –que en buena medida es la historia del Taller de Grabado– realizó el historiador del arte Ernesto Galbán en una conferencia en la Sala Electa Arenal del Centro Provincial de Arte como parte de Taller 50, evento dedicado a las cinco décadas de la fundación del mítico Taller de holguinero.

Creado el 12 de noviembre de 1969, bajo el empeño fundador de los artistas Nelson García, Julio Méndez, Jorge Hidalgo y Roger Salas, el Taller “ha sido un lugar donde ha trascurrido parte de la vida cultural del municipio, pues ha proyectado una importante labor dentro y fuera de la localidad a través de la práctica artística, la promoción y la colaboración en la docencia (…) Durante años el Taller ha sido para muchos, lugar imprescindible de reunión, de intercambio entre profesores y alumnos de la Escuela de Arte, así como sitio de confluencias de artistas y de promotores culturales”, escribe Galbán en las palabras del catálogo de la exposición Bajo presión, inaugurada en el Centro.

Galbán subraya la existencia de un antecedente concreto del grabado en Holguín: la pieza La bailarina, xilografía realizada por Rafael Meláneo Aguilera en los años 50 del pasado siglo, a partir de cuyo taco se realizó una obra que se exhibe en Bajo presión, así como Quijote, pieza de Jorge Hidalgo, el primer grabado realizado en el Taller y que ilustró la revista Jigüe, mito cultural que posibilitó la unión de la literatura y las artes visuales.

Aunque se conservan pocas piezas de la década del 70, destaca Galbán en sus palabras, la concreción de exposiciones en el decenio siguiente como Taller 84 y Taller 85, que mostraban la pujanza de las máquinas y los artistas holguineros, permitió un florecimiento del grabado en la provincia y que artistas de otras regiones del país vinieran a Holguín a trabajar en el Taller. “Este intercambio fue muy provechoso –añade en el catálogo–, pues los grabadores holguineros formados sobre la marcha tuvieron la oportunidad de incorporar técnicas que antes no conocían con profundidad y de esta forma también se evidenció que los estudiantes de la Escuela Profesional de Artes Plásticas formaban en aquel entonces una simbiosis interesante con los talleristas”.

Asimismo, Galbán destacó el auge de la colografía en años 90, “un hecho dentro del grabado holguinero y no podemos soslayar su existencia pues la misma fue encontrando importantes espacios, sumó a nuevos creadores así como despertó inquietudes”.

“La situación del Taller ya en el siglo XXI se ha tornado compleja y desventajosa, pues ha habido una especie de sostenida involución de las estrategias creativas que se daban en años anteriores y que ahora lleva a los artistas a replantearse otros modos y maneras para poder rescatar el espíritu y el ánimo de colectividad. Si se salvara el Taller como centro de creación gráfica, el mismo puede abrir un nuevo camino como natural reacción contra la situación de esterilidad en la que se ha visto inmerso en los últimos años”.

El espacio –y las intervenciones por parte de protagonistas y participantes– sirvió para recalcar la necesidad del rescate urgente y necesario “para la cultura cubana, no solo holguinera”, como aseguró Jorge Hidalgo, del Taller y su vínculo con la Academia El Alba.

Si el Taller fue punto de partida para el inicio de lo que Nelson García llamó “la gran cultura holguinera” y nunca ha muerto del todo, como evidencia la obra de los jóvenes artistas, entre ellos los estudiantes de El Alba, e insiste en recalcar el propio Nelson, su preservación natural como epicentro de la creación colectiva, como hervidero del arte, sería un hermoso homenaje a la ciudad en el 300 aniversario que celebraremos en 2020.

El arte de Nelson García en las páginas de Diéresis

Como parte de Taller 50 fue presentada además en la Uneac el número 29 de la revista de arte y literatura Diéresis, ilustrada con la obra del pintor y grabador Nelson García Miranda.

En sus palabras de presentación, la escritora y editora de Ediciones Holguín, Lourdes González Herrero calificó al Taller de Grabado como una “zona irradiante en el mapa ya histórico de las sucesivas fundaciones espontáneamente forjadas en la década del ochenta. Un sitio de labores creativas donde se mezclaron las artes plásticas, la trova, la literatura, y se dialogaba a cualquier hora sobre el acontecer universal de la cultura”.

Justamente Nelson, nacido en Holguín en 1947, fue artífice de la fundación del Taller en 1969. Diéresis rememora el Taller, pues “nuestra Casa Editora –sostiene Lourdes– se benefició plenamente con los grabados que surgían de esas piedras litográficas, ya que pasaron a anunciar nuestros libros desde sus cubiertas, utilizando a menudo gamas de colores que en esos años significaron un alcance mayor para nuestras letras”.

Las obras de Nelson –“Ángeles en el tejado” y “Mascotas”, en la portada y contraportada, respectivamente, además de otras piezas en el interior– acompañan los textos de Diéresis. Nelson, quien reside en Estados Unidos desde 1999, es graduado de la Escuela Nacional de Instructores de Arte, La Habana, en 1965; y durante años se desempeñó como profesor de grabado de la Escuela Profesional de Arte de Holguín. Ha realizado múltiples exposiciones colectivas y personales en Cuba y el extranjero, recibiendo premios y una crítica favorable. “Lo frondoso de una naturaleza tan seductora en sus formas como tan cautivante en sus colores, deslinda un diálogo de policromías que se erige cual perspectiva extrema de la naturaleza del trópico y sus más recónditos parajes; allí la avidez y el capricho de las vegetaciones podían encontrarse con el aliento y la exacerbación de los sentidos, en una dilatación que bien podría refrendarse con el mismísimo Alejo Carpentier en Los pasos perdidos”, escribe Eugenio Marrón en “Nelson García en los fulgores de su obra”, texto con que inicia la revista.

El número 29 de Diéresis (en su nueva época) contiene un acercamiento a la obra del recientemente fallecido poeta, ensayista y profesor Roberto Fernández Retamar, por el historiador y ensayista Félix Julio Alfonso López, texto que sirviera de prólogo a la edición holguinera del necesario libro de Fernández Retamar Caliban y otros ensayos, de 2016; poesía de la holguinera Dorca Ramírez y el importante escritor chileno Jorge Teillier, miembro de la llamada generación literaria de 1950 y fallecido en Viña del Mar, en 1996; y una entrevista de Lourdes González al dramaturgo y narrador holguinero José Luis García a propósito de su novela en proceso editorial “Ambiente de saxofón”, que obtuviera el Premio de la Ciudad este año y de la cual se reproduce un fragmento.

Incluye además el ensayo “La literatura y sus fantasmas más cercanos”, del Premio Cervantes nicaragüense Sergio Ramírez; un Dossier dedicado a los 20 años de Papeles de un naufragio, de Lourdes González, con textos de Mireya Piñeiro, Zaida Capote, Arístides Vega Chapú, Eugenio Marrón, Enrique Pineda Barnet, Atilio Caballero, Moisés Mayán, Kenia Leyva, entre otros; y la acostumbrada sección de crítica y reseñas literarias.

“Es fácil reconocer las obras que perduran, pero este casi es aún más intenso, ya que como todos sabemos, el imprescindible Taller de Grabado de Holguín ha quedado constreñido a nuestro amparo imaginativo y experiencial. Una obra fundada que necesita con urgencia ser rescatada y devuelta a su fulgor primero. De modo que esta celebración conduce al pasado y al futuro, doble vía para entender lo mucho que debemos a su desarrollo y lo mucho que necesitamos volver a escuchar el sonido de las máquinas y las conversaciones apoyadas en las curiosidades intelectuales. Y, claro, tocar con nuestras manos las piezas en las que nuestros creadores trazarán símbolos y signos de este tiempo”, añade Lourdes en la presentación de Diéresis en la Uneac holguinera, a la que asistió, entre otros, Rachel García Heredia, directora provincial de Cultura, momento propicio, además, para la remembranza por los protagonistas de los años de esplendor del Taller, como Nelson García y Julio Méndez, presidente de la Uneac.