Las letras fieras de José Martí

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Por Isis Sánchez Galano
marti
“En tus versos crecí con alma pura;
De niño te adoré como un padre.
A tu vigencia eterna mi corazón se abre,
Con tu ejemplo de amor y de bravura (…)”.
Antonio Guerrero
Enero llega siempre con la misma imagen: el político visionario, el revolucionario que habló para ayer y para hoy, el patriota de siempre. Y así, año tras año, sin vergüenza ni sonrojo, lo cultivamos con intensidad: fundó el Partido Revolucionario Cubano, luchó por la independencia de Cuba, denunció al gigante de las siete leguas y murió en Dos Ríos.
Lo cierto es que sin darnos cuenta eclipsamos la variedad de géneros y el peculiar estilo de este hombre, que vertió su pensamiento en palabras, con tal energía, persuasión, dominio de la lengua y tan hondos conocimientos de la expresión, que forma y contenido se fundieron de modo natural en perfecta armonía.
Sus escritos marcan a cada ser que estudia su obra. Gran parte de nuestra cultura y forma de actuar, la debemos a su estudio profundo y a su sed de enseñanza. Por ello, de vez en cuando, deberíamos observar detenidamente su ideario, para aquilatar y enaltecer mejor al héroe.
Palabras del alma
José Martí avivó un genio individual para desarrollar diversos talentos en la mayoría de los oficios intelectuales; más que escritor de géneros literarios definidos, fue orador, editor, director de periódicos y revistas, cronista, biógrafo, crítico de literatura, música, pintura, teatro, economía y ciencias, sociólogo, lingüista, pedagogo, diplomático, historiador.
La nómina de temas, autores, géneros y artistas que motivaron su pluma es asombrosa. De ellas se nombra con más frecuencia su obra poética, quizás por los hermosos y conocidos versos que ilustraron su apasionado corazón, su alegría, su dolor y lo más importante, su amor incondicional a la patria.
Ismaelillo (1882), Versos Libres (1891), Versos Sencillos (1891), los que forman parte de La Edad de Oro (1889) y su poema dramático Abdala (1868). Poesía que no era solamente la rima mecánica, sino la inspiración rebosada de vida y amor: “Mis versos van revueltos y encendidos/ como mi corazón; bien es que corra/ manso el arroyo que en el fácil llano/ entre céspedes fresco se desliza (…)”.
Durante su primera deportación a España (1872-1874), aborda un teatro de ideas y conflictos morales íntimos, con su drama en prosa Adúltera. En México lo inspira una romántica ninfa, la linda actriz mexicana Concha Padilla, en cuyos labios pone el personaje femenino de Amor con amor se paga, acto que se estrenó el 19 de diciembre de 1875 en el Teatro Principal de esa ciudad.
A petición de una amiga, Adelaida Baralt, Martí escribió su única novela, Amistad funesta, publicada con el seudónimo de Adelaida Ral en varias entregas de El Latino Americano (New York, 1875).
Con tan poco gusto por el género y obligado a cumplir los requerimientos convencionales de la novela “rosa”, el Apóstol realizó, sencillamente, una obra maestra, poblada sin embargo, de equívocos posibles para la futura valoración crítica.
La dimensión cultural de José Martí le facilitó un despertar en el quehacer crítico de las diferentes manifestaciones culturales. Un ejemplo memorable es su enjuiciamiento de Heredia, el cantor del Niágara en el año 1888; en este artículo descubre lo herédico: “(…) ese lenguaje que centellea como la bóveda celeste, ese período que se desata como una capa de batalla y se pliega como un manto real, eso es lo herédico”.
Todo lo dicho anteriormente pertenece por derecho propio a una ejecutoria periodística que de 1881 a 1892 no tuvo comparación en las letras hispanoamericanas. Unido al más apasionante de sus discursos y el más íntimo de sus versos, diarios y cartas, el periodismo dio vuelo al pensamiento martiano: periodismo convertido por él en observación, consejo… visión.
Trabajó en diversos periódicos: la Revista Venezolana (1881), El Partido Liberal de México (1882), La Opinión Nacional de Caracas (1881) y La República de Honduras (1886).
El poeta, narrador, crítico literario y ensayista cubano CintioVitier, el más importante estudioso de la obra del Héroe Nacional expuso: “Se trocó el Periodismo, bajo su pluma, en método de conocimiento de lo real y lo posible. Hizo cátedra de la noticia; laboratorio del suceso; de lo efímero, poema; extrajo de lo sucesivo, leyes; expuso con olor a tinta fresca y para siempre su galería de retratos ejemplares”.
Su legado yace en su cuantiosa correspondencia, en su oratoria. Todo ello revela su capacidad para convencer, para persuadir, para unir.
Estilo de oro
Nuestro Apóstol no sería el gran artista que es hoy, si no hubiese podido dar sello personal a cuanto escribió. Su obra tiene un estilo propio, inconfundible, una manera típica de expresar sus ideas tanto en la lengua oral como escrita.
Cuando se lee una frase suya, una idea, una página, el lector reconoce la presencia del Maestro. Él llegó a forjarse una manera de escribir que ha dado quehacer a sus lectores; al respecto aclaró: “la sinuosidad de mi estilo, es inevitable por la armazón en que me ocurre el pensamiento”.
La diversidad se manifiesta primero, por su vasta cultura que le permitió establecer profusas relaciones intertextuales, y segundo, por la complejidad de su escritura. Compuso de manera peculiar el período oracional donde son frecuentes las extensas oraciones psicológicas y el uso, muy marcado, del hipérbaton.
Martí integró los factores: léxico, semántico, sintáctico y estilístico en el uso de la lengua española, en correspondencia con sus presupuestos estéticos y éticos.
Esta es la pujanza redentora, de ahí que en el alma de todo cubano que se precie de serlo, halle refugio hoy, ese tributo y homenaje perpetuo a un hombre que fuera de todos los tiempos; de Cuba y el mundo: José Martí.
Tomado de www.ahora.cu