Amor por el arte

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Por Bernardo Cabrera

Siempre que escucho la palabra arte pienso en ella. Me la imagino dirigiendo a artistas plásticos y promotores, creando libros de papiro o dialogando con pensadores de Iberoamérica; la imagino conduciendo programas culturales, gestando un nuevo proyecto o conversando con amigos en algún café de la ciudad.

Siempre está rodeada de arte, quizás porque esa fue la carrera que estudió o porque algunas personas, mucho antes de forjar su destino, ya llevan tatuada en el alma su aptitud. Por eso y porque es de las imprescindibles (para mí) en la historia de las Romerías holguineras no dudé dos veces en contactar a Tatiana Zúñiga Góngora.

Tatiana Zúñiga. Fotos: José Rodríguez Martínez

“Tras graduarme de Historia del Arte realicé mi servicio social en el Centro de Artes Plásticas, de la provincia de Holguín, y al año y tanto empecé a dirigir la institución, en la cual no existían muchos recursos materiales, pero sí un equipo de trabajo inteligente e inquieto. El Gabinete Caligari quedaba justo encima del Centro de Arte y las discusiones con Alexis Triana fueron extensas por el uso y abuso del espacio y por apropiarse de la terraza. Al final terminé involucrándome en las Romerías. Era inevitable, todo ocurría encima de nuestras cabezas”.

Evento de artes visuales Babel

“En 1995 el historiador y crítico de arte Ramón Legón Pino creó el proyecto Babel y al año siguiente nos ofrecimos para acompañarlo en esa segunda edición que terminó siendo todas las que vinieron después, hasta hoy. Ese y otros proyectos relacionados fueron nuestra oportunidad de resistir estoicamente la profunda crisis económica y no dejar que aquellos años de nuestras vidas transcurrieran en la parálisis y la apatía.

“Nos sobrepusimos con ilusiones, convicciones y conceptos sobre el arte, la creación, la cultura y el país en que vivíamos, estructurando sobre la marcha métodos revolucionarios y atrevidos, por no decir un poco locos. Reconstruimos una ciudad y un país en nuestro imaginario, a partir de un discurso cultural peleador, polémico, antropológico, transversal, digno, profundo, con mucha sustancia y poca pose”.

Espacio de superación

“Estoy segura de que crecí profesional y personalmente al vivir y organizar un festival de esta magnitud, que en cada edición había que luchar para que sobreviviera un año más y que, al mismo tiempo, crecía sin darnos cuenta.

Babel 1995. Inauguración de la exposición del artista plástico holguinero Jorge Hidalgo Pimentel en La Casa de Iberoamérica.

“Aprendimos sobre los modos más renovadores y experimentales de hacer arte. Investigamos para llevar lo que considerábamos debía ser legitimado de acuerdo al diseño de nuestro evento y abordamos a maestros e intelectuales con obras consolidadas a validar artísticamente las Romerías.

“En ese tiempo logramos un mapa cultural de la Isla que no se había logrado en ningún otro evento. Buscábamos por todo el país las obras y los jóvenes artistas más prometedores en cada manifestación. Les poníamos voz y rostro desde San Antonio hasta Maisí. Todo eso nos enriqueció y al mismo tiempo fue el marketing más grande y efectivo que pudimos hacer del festival por toda Cuba en tiempos donde no había teléfonos móviles ni internet”.

Agradecimientos

“El acompañamiento de las autoridades políticas y gubernamentales en Holguín fue determinante. Confiaron en los jóvenes y pusieron a disposición de las Romerías a todos los organismos y empresas del Estado e hicieron un compromiso serio de jamás dejarnos desprotegidos”.

¿Romerías de Holguín?

“Las Romerías además de formar parte de la identidad cultural de la ciudad y de los holguineros, forjaron y legaron una manera de hacer cultura a nivel nacional, una estrategia de participación de todos y con el aporte de todos para difundir nuestros valores.

“Creo que el mayor reto ahora es parecerse a su tiempo. Confío en que los que hoy tienen el compromiso de preservar el festival van a mantener su espíritu. Fíjate que digo compromiso y no responsabilidad porque las Romerías no se pueden ver como una obligación, como algo impuesto. Hay que vivirlas, sufrirlas y sobre todo saber qué quieres decir con ellas, cuál es la batalla que quieres ganar desde la cultura. Hay que verlas como una plataforma para fundar y no como algo estático porque alguien la cogió hecha. Muchas de las fórmulas que empleamos hace unos años actualmente no funcionan.

Añoranza…

No miro hacia atrás con la nostalgia de algo perdido. Miro con la sorpresa de ver y descubrir cosas que no sé cómo pudimos hacer en aquellas condiciones en las que como dice un amigo romero muy querido: “comíamos cultura”. Veo los rostros de tantos y tantos que estarán para siempre en el ADN del evento y eso me enorgullece. Los que un día lo hicimos, al menos yo, quiero llegar cada año con la sorpresa de descubrir que es mucho mejor que como lo soñé y para eso hay que seguir trabajando con pasión y amor por el arte.