Holguín, eterna fiesta del títere

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Por Erian Peña Pupo

Foto Carlos Rafael

Holguín es una de las capitales artísticas en Cuba, y también, en determinado momento del año, casi siempre a finales de mayo e inicios de junio, la capital del títere cubano, pues es anfitriona de la Fiesta del Títere, evento que nació desde el Teatro Guiñol de Holguín y es organizado por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y la Uneac.

La Fiesta surgió, por iniciativa del director Miguel Santiesteban, fallecido en 2012, con el objetivo de llevar a las comunidades rurales holguineras el arte titiritero en su expresión original, en contacto directo con los espectadores. Así visitaban varias comunidades rurales del municipio cabecera y otros cercanos, llevando a los niños, por primera vez, el arte de la manipulación del títere y sus misterios en una fiesta del espíritu.

Como es tradición, la Fiesta inicia con un desfile inaugural que marca el punto de partida de una jornada festiva para los niños y los amantes del teatro en sentido general.

En ella se han presentado reconocidos grupos teatrales invitados y holguineros: Andante, Océano, Teatro sobre el camino, Guiñol Nacional, Grupo Ríos, Alas, Palabras al viento, Neón Teatro, Títeres Eclipse, Tocororo, y los anfitriones del Guiñol de Holguín, quienes han estrenado varias de sus más importantes obras en días de la Fiesta. Además, el evento ha posibilitado intercambios, exposiciones, conversatorios y talleres.

Compartimos dos momentos de ediciones pasadas, con el objetivo de recordar este importante espacio del desarrollo teatral no solo en la provincia, que es la Fiesta del Títere.

Ay Margarita…

En los corredores del Eddy Suñol, el grupo Teatro Andante, de Bayamo, Granma, presentó la obra Ay Margarita. Los niños fueron llegando, las personas rodearon a los actores de Andante con su “fábula para ser contada y cantada musicalmente”, interpretada por los jóvenes actores Dailín Anaya, Roque Figueredo y Julianner Suárez Vázquez; este último Premio Caricato de Teatro Infantil 2014, en la categoría masculina, además del Premio de actuación Adolfo Llauradó que otorga la Uneac. La dirección artística y general del espectáculo fue del reconocido director Juan González Fiffe.

Ay Margarita –o La loca aventura e increíble historia del caballero que conquistó su luz, nos dicen los actores– es una obra compleja desde la propia articulación del texto, el trabajo actoral, el cambiante vestuario y la utilización, además, de instrumentos musicales (guitarra, percusión y trompeta) y la tonada campesina en su confección. Es una excelente pieza, propia del trabajo que caracteriza Andante y de la impronta de su línea estética en el teatro contemporáneo cubano. Así vemos diferentes personajes que conforman la campiña insular: una vaca, una lechuza, un cerdo, una cotorra, un gato, los cucarachones… y un cocuyo, protagonista de esta fábula de Andante: un cocuyo que, al llegar la electricidad al campo, perdió su luz natural, su identidad, pero no su esencia… Con el trasfondo de una historia de amor, Ay Margarita nos cuenta sobre la defensa de la identidad y el rescate de valores cubanos desde una trama divertida que, además, hace partícipe todo el tiempo al público infantil desde un “arte vivo” en constante evolución y crecimiento. Y realiza, además, guiños con su lenguaje a los adultos, al tratar sutilmente temas como la disponibilidad laboral, las relaciones políticas…

Quico Quirico: Armando Morales y el Guiñol Nacional

Varios niños esperan, ansiosos, el inicio de la función. Son niños de escuelas cercanas, traídos por sus profesoras… “Cuidaíto, compay gallo, cuidaíto”, en voz del inmortal Ñico Saquito, se esparce por el portal de la biblioteca provincial “Alex Urquiola”, a manera de necesario preámbulo para la obra “Quico Quirico”, del Teatro Guiñol Nacional.

“Quico Quirico” –basado en un texto de la escritora Dora Alonso– es una obra necesariamente minimalista desde su propia concreción y puesta en escena por el Guiñol Nacional, bajo la dirección del maestro Armando Morales. Una obra inteligente y compleja que pone en evidencia el talento actoral y aprovecha, además, la utilización de los espacios públicos y la interacción constante con los niños, desde del legado del Guiñol Nacional, fundado el 14 de marzo de 1963 por los hermanos Camejo, Pepe Carril, y el propio Morales…

La puesta es un llamado a la no violencia y a la defensa de los valores humanos desde una fábula ambientada en la campiña cubana: la historia de Quico Quirico (Fernando Gallardo), un gallito que quiere ser famoso, salir en los periódicos y ganar dinero, y que es convencido por el cerdo Goyo gorrón (Roberto Carmenate) de participar en las sanguinarias peleas de gallo para enriquecerse… “Entre cafés y cocimientos de jazmín de cinco hojas, se clamará en contra de los aprovechadores y de los malos caminos que pueden tomar los ingenuos que solo piensan en la fama y el dinero. Los nombres rimbombantes de los personajes y los arranques criollos de los parlamentos, dan fe del encanto cubano que logra Dora al escribir para los pequeños”, escribe Rubén Darío Salazar en su libro Un retablo en el Monte.

Son partícipes en la historia, además, los personajes Pomponia (Grethel Socarrás), gallina madre de Quico; la vaca Floralia (Beatriz Soto), y el búho Don Floro, por el propio Armando Morales, de quien, además, es el diseño escénico, el vestuario y la creación de las figuras de la puesta…

“Esta obra denuncia el deporte rentado. En cuanto al formato utilizamos el títere de guante, pero donde el actor debe, de cierta manera, neutralizarse, pues el personaje no es el actor, es la figura animada. Es muy fácil ocultar al titiritero detrás de un biombo o un retablo, pero aquí no, aquí tiene que verse cómo, de pronto, la intérprete que hace la gallina Pomponia suelta el muñeco y, por supuesto, el muñeco se queda sin vida…”, explica Morales.

“Para mí el teatro no es lo que cuento, sino cómo lo cuento… cómo rescatar las leyes de la titeralidad, lo que puede hacer el títere que no lo puede hacer el actor… Este es un público que no necesita de telones negros, sino volver a ciertos orígenes del teatro popular y esto es para cualquier actor un suceso de primera importancia. El teatro de calle es fundamental, es volver a los orígenes…”, añade finalmente Armando Morales, Premio Nacional de Teatro y una de las figuras imprescindibles del teatro cubano y del arte titiritero mundial, lamentablemente fallecido cuando aún podía enseñarnos mucho.