Los granitos de arena del “Profe Lauro”

Publicado el Categorías Artes Visuales, Entrevistas, Holguín, Noticias, Personalidades

“Enseñar no me cuesta nada. Uno acumula tantos conocimientos que la mejor manera de preservarlos es transmitirlos para que al arte siga floreciendo”

Lo primero que le viene a la mente lo convierte en arte, así se autodefine el artista plástico Lauro Hechavarría Osorio, a quien la pedagogía atrapó hace varios años, quien se jacta de no encasillarse en un estilo determinado de trabajar y deja en manos de los críticos esa tarea mientras lo mismo hace pintura abstracta que figurativa, u otra.

A Lauro la pedagogía lo atrapó hace varios años. Foto del autor
A Lauro la pedagogía lo atrapó hace varios años. Foto del autor

Sobre su arista como maestro de generaciones, Baibrama conversó con Lauro para conocer qué al pedagogo que se esconde detrás de la obra del artistas.

Casi 50 años entre estas paredes

A esta escuela-la Academia Provincial de Artes Plásticas “El Alba”-, llegué cuando tenía 16 años, y ya tengo 75. He realizado mi vida entera entre estas paredes, salvo el tiempo de Servicio Militar y el de la guerra en Angola, lo demás ha sido aquí.

Soy pedagogo desde 1971, aunque estoy graduado desde el 65, cuando fui el primer escultor graduado de esta escuela, y por ende, de la provincia. Tras mi regreso de la Escuela Nacional de Arte en el 71, comencé a trabajar aquí como pedagogo, realizando otras actividades a la par en diversos escenarios dado mi amplio perfil. Próximamente cumpliré medio siglo en la enseñanza artística, y cincuenta y tantos como profesional de este ámbito.

He sido profesor de Dibujo, Diseño, Teoría de la representación, en todos los años de enseñanza.

Distinguido por la cultura cubana como pedagogo

La Distinción fue una sorpresa: tengo como paradigma la frase de Villena “servir desde el ojo del silencio”, así he hecho un grupo de cosas que me han reconocido de un modo u otro, lo que a la vez me ha estimulado para perfeccionar mi trabajo.

Yo soy un hijo de la Revolución, de Fidel, uno de sus agradecidísismos. En 1959 yo solo tenía 4to grado y gracias a las posibilidades de este proyecto pude convertirme en artista, eso siempre se lo he inculcado a mis hijos.

Todo ha sido una gran aventura de creación en la que me han reconocido por mi obra, pero como persona siempre trato de enseñar respetando las opiniones ajenas. No soy un artista enclaustrado en su tiempo, trato de mantenerme al día en cuanto a lo pedagógico y artístico, porque estos niños a los que enseño son como granitos de arena que uno va sedimentando hasta que logra convertirse en artista.

Cuento con la dicha de haber formado varias generaciones de talentos que hoy se encuentran en otros países, así como algunos que continúan aquí, pero todos ellos empezaron como el granito de arena del “profe Lauro”. 

Me alegra  ser educador, y lo seré mientras tenga fuerzas: estoy jubilado hace 12 años y luego de los seis meses que demoré en reinsertame, dije: “¡Ahora si no me voy!”.

«Enseñar no me cuesta nada. Uno acumula tantos conocimientos que la mejor manera de preservarlos es transmitirlos para que al arte siga floreciendo». Foto del autor

Dos profesiones: ¿una preferencia?

No tengo preferencia por ninguna, las llevo a la par. Cuando trabajo con los muchachos en las clases, ellos hacen sus piezas mientras yo realizo la mía y esto ayuda mucho, porque el alumno se siente más estimulado cuando el profesor crea junto a él y, a la vez, aprendemos juntos. Con los años me he sorprendido mucho por los talentos que han pasado por el taller, alumnos que se te van de las manos, te revolucionan desde el punto de vista conceptual, ese entusiasmo y creatividad no se debe frenar, sino enrumbarla hacia el éxito, potenciarlo.

Pero lo más que deben aprender los alumnos del educador del arte es a no copiar el estilo del segundo, sino que a partir de su universo propio, los educandos se proyecten como artistas, como individuos únicos e irrepetibles.

Toda una vida para los otros

Yo he trabajado en todos los niveles de enseñanza de esta escuela, pero siempre me ha gustado más el primero, porque los coges como una arcilla limpia, nueva, y los vas formando a través de tu criterio artístico. Pero no he tenido momentos difíciles como educador, más de los que tuve cuando de niño, que me cerraban las puertas de los talleres de diseño en mi cara, o que me botaban de las exposiciones por uno u otro motivo infantil.

Siempre he estado dispuesto a ayudar a todo aquel iniciado en este mundo con lo que necesite: enseñar no me cuesta nada y uno acumula tantos conocimientos que la mejor manera de preservarlos es transmitirlos para que al arte siga floreciendo.