La historia más famosa del mundo

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Por Abelardo Leyva Cordero

Le oí siempre decir a un amigo: “Lo importante es tener una buena historia y saberla contar”. Principios que se cumplen dichosamente en la novela para niños y jóvenes que escribiera Rubén Rodríguez con el título La retataranieta del vikingo, publicada por el sello editorial Oriente en 2018; y que mereció al año siguiente el premio al libro más leído en el país que que otorga el Instituto Cubano del Libro cada año a los diez títulos más vendidos en la red de librerías cubanas o de mayor circulación comercial en el territorio nacional.

Rubén Rodríguez. Foto: Carlos Rafael

Rubén Rodríguez vuelve a la carga con su cuarta entrega de una saga que comenzó con El Garrancho de Garabulla, a las que le sucedieron Paca Chacón y la educación moderna, y Los niños más insoportables del mundo.

Sin renunciar a sus ya clásicos personajes como Érika, Mami Maritza, Ernesto, el escritor del campo, la abuela Delia y muchos otros…, en esta ocasión el ambiente tranquilo del campo es interrumpido por una nave vikinga, surgen nuevos personajes venidos de otras tierras e, incluso, de otros planetas, no falta la dosis de fantasía y, lo que se vuelve el eje central de la historia, el juicio a celebrar por la custodia de Érika, convierten la novela en una propuesta superior a las anteriores.

Si debo destacar algo en mi comentario es la existencia de un antecedente en la vida de Mami Maritza que sirve de pretexto para esta nueva historia. Y es la aventura que vivió en su juventud con un hombre venido de otras tierras, de cuyo amor naciera precisamente Érika.

Del señor no se sabía nada hasta el momento en que se le ocurre aparecer pilotando un barco vikingo que arribará a un lago del poblado de Garabulla para sorpresa del pueblo, acompañado por cuarenta hijos y con el propósito de rescatar a su única hija del peligro que supone estar al cuidado de una madre irresponsable.

Se establece de inmediato una disputa entre los padres por la custodia permanente de la niña, lo que lleva a la celebración de un juicio que se hace llamar “El juicio más famoso del mundo”; donde aparece una mujer famosa por sus victorias en el campo de la legalidad, y nuevamente Ernesto debe salir en defensa de su querida esposa, hijastra y toda su familia que la completan los mellizos Nita y Nito, explotando de nuevo sus aptitudes de abogacía.

Hábilmente el autor usa las historias pasadas en el desarrollo de la nueva, pues es la abogada que defiende los intereses de Erik el vikingo quien cita dichas obras para demostrar una posible incapacidad de Mami Maritza para educar a Érika correctamente. Citando, a conveniencia, fragmentos donde se evidencia actitudes irresponsables en su conducta. A lo que Ernesto debe responder sagazmente, consultando de nuevo sus propios libros pero ahora sin descuidar el contexto de las propias citas que manipulara la más famosa abogada penalista de todos los tiempos, Nereida Moriarty.

Esta escandalosa mujer se disfraza para salir en público cada vez que secciona el juicio, seguida de su fiel empleado Lorenzo Lorenzo, que como un perro fiel hace todo lo que le ordenen. Por este orden Nereida luce sus disfraces, sin dejar de sufrir terribles consecuencias por ello; elije una máscara funeraria del faraón Tutankamón, para el primer día del juicio; en su segunda aparición, una escafandra espacial cubre todo su cuerpo; en la siguiente jornada luce en su cabeza una careta antigás, con un traje, guantes y botas; en otra ocasión se hace pasar por una geisha mientras Lorezo se disfraza de ninja; también escoge atuendo y capirote rojo de diablito de carnaval, lo que provoca una gran risotada en los asistentes.

Todo esto sucede en la segunda mitad del libro, cuando las bases han sido creadas después de que Érika se peleara con Mami Maritza por ocultarle que tenía un padre y no era hija del amor como siempre le hicieron creer, y por ello corriera hasta la cubierta del barco vikingo y decidiera permanecer al abrigo de su nuevo papá, y en compañía de sus también nuevos cuarenta hermanitos.

Sería sabio detenernos en la descripción de los nuevos protagonistas, Erik el vikingo, padre de Érika, y sus cuarenta hijos llamados todos Erik. A su arribo al pueblo de Garabulla son precisamente la maestra Esperanza y sus cuatro alumnos quienes se encargan de recibirlos, con mucho miedo por creer que la posa está embrujada y tener delante de sus narices un barco enorme que luce en su proa la escultura en madera de un dragón.

Pero este ambiente empeora cuando se escucha una aterradora carcajada proveniente de la nave que emite el nuevo padre de Érika. Un padre con brazos peludos, bien grande y que usa un casco con cuernos en su cabeza, lo que se puede apreciar también por las coloridas ilustraciones del libro a cargo de Ángel Velazco; y para acentuar más su peculiar personalidad, cuando habla arrastra la r como un niño o un extranjero que su lengua materna no es el castellano.

Una vez que el hombre y los cuarenta muchachos salen a cubierta, todos quedan sorprendidos al descubrir el enorme parecido que hay entre la pandilla y Érika; comenzando por los hermosos ojos azules de la niña y las trenzas rubias que son idénticas al cabello del vikingo. Antes que Erik confiese el propósito de su viaje, ya todos lo imaginan: “Ando en busca de mi hija…”

Si bien la historia lleva un modelo ortodoxo; me refiero a la conocida historia donde un padre aparece de la nada y sorprende a la hija, luego se disputa con la madre el derecho a la patria potestad del vástago, y el final ya podemos imaginarlo; sí hay notables valores literarios en el desarrollo de la obra que la distinguen como una de relevancia en el ámbito literario de la isla.

El humor, cualidad primordial en estas obras y en los lectores cubanos, está muy manifiesto a lo largo del libro, mezclado con una considerable dosis de fantasía; otro valioso componente que Rubén explota cuando nos habla de las muñecas Cindy Rosa e Iris del campo, que no se cansan de opinar sobre todo asunto; a ellas se suman ahora cuarenta nuevas muñecas que viajan en el barco vikingo. Pero estas por ser más refinadas nunca logran ganar la confianza de la niña ni la amistad de las dos primeras.

En la celebración del juicio se menciona a una familia extraterrestre que sigue los acontecimientos por la Internet, y tampoco dejan de juzgar el caso y hasta compararlo con sus propias vidas. La intención de mezclar la fantasía con la realidad, y en ambos mundos tener presente el humor, logrando coherencia y sobre todo verosimilitud, es una meta alcanzada por el autor que todo lector agradece.

Por momentos parece que el humor se vuelve exagerado cuando declara cosas como: “Estoy muy nerviosa, no sé qué pasará, musitó Cindy Rosa. ¡Hoy se rompe el corojo!, aseguró Iris con aire de mambisa, y hasta revoloteó su pequeño sable, ante el azoro de las vanidosas muñecas nuevas”. “El guanajo galante había descendido del palo mayor y arrastraba el ala alrededor de la archifamosa abogada, ejecutando su conocido cortejo”. “Quien conoce a la suegra del escritor Ernesto, sabe de su buen corazón, aunque sea la vieja más distraída del universo. […] Es porque no conocen a Kczhizz…, chirrió el extraterrestre […]”. Pero al final se asimila, porque es este precisamente el espíritu de la obra, que le confiere identidad, por esa cadencia natural con que avanza y ocurren los hechos, siempre de forma entretenida, con ingenio para que el lector jamás se aburra y sí se desternille de la risa.

La imaginación del autor es manifiesta cuando crea su propio entorno para desarrollar su historia, la celebración del más famoso juicio del mundo, el cual se celebra sobre la cubierta del barco, entre los aparatos del parque de diversiones que Erik erige para sus cuarenta hijos. La propia abogada Moriarty se encarga de describir tan ameno ambiente: “Señor Juez de la estrella voladora, señores del jurado en la montaña rusa, expertos de los carros locos, triste abogado defensor del columpio; vecinos de Garabulla… ¡¡¡¡Apreciada Prensa internacional!!!!”

Asimismo quiero señalar la caracterización precisa que se hace de cada personaje, logrando con esto que la obra cobre fuerza, llegue a conmover el corazón del lector y al mismo tiempo equilibre una obra llena de humor pero también con matices muy humanos en los personajes, los cuales pueden reír y a la vez llorar según la circunstancia.

Conviene citar un fragmento del capítulo que el autor llama “La conversación terriblemente seria”, cuando madre e hija buscan una reconciliación. “No llores, mi niña; no llores más- le dijo enjugándole las lágrimas y acunándola en su pecho. No llores tú, mamita. Yo lloro porque tú lloras…, contestó Érika, intentando hacerse la fuerte. Está bueno ya, que nos parecemos a tu abuela Delia- se sobrepuso la mamá y secó las lágrimas de ambas con su pañuelo de cabeza-. Ahora te contaré cómo conocí a tu papá. […] ¿Compañera Mami Maritza, juras decir toda la verdad en nombre de la verdad verdadera? Lo juro por lo que más amo en el mundo: por ti y tus hermanitos. Érika supo que su mamá no mentiría. Es más, desde ese instante tuvo la certeza de que Mami Maritza no volvería a ocultarle nada, por duro que fuera”.

Hago esta observación dirigida a ese bello libro de Dora Alonso titulado El cochero azul, con el ánimo de destacar la fantasía que desborda las páginas del clásico de la literatura cubana, esa fantasía que permite a un perro hablar como una persona, que estas y el animal se comuniquen sin barreras en un marco de confianza, fidelidad y amor; donde cualquier cosa puede ocurrir y todo es creíble, conmovedor y también lleno de gracia; esa mezcla capaz de crear una deliciosa historia, como sucede, en buen grado, con La retataranieta del vikingo, del talentoso escritor Rubén Rodríguez.

“Este hombrecito, por su extraño comportamiento, será un buen sujeto de experimentación para nuestros científicos, chirrió el capitán. El aterrorizado Lorenzo Lorenzo no se atrevía a decir ni pío”.

“El inminente encuentro entre dos humanidades fue aplazado, al determinar los extraterrestres que los de la Tierra no estaban preparados aún. La nave ascendió al espacio a tanta velocidad que fue confundida con un destello de luz; además, los vecinos de Garabulla se hallaban ocupadísimos despidiendo a los vikingos. Como siempre ocurre en esa región, lo hicieron con una gran fiesta”.