Intento de poeta

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En una medida más o menos equidistante, la poesía aglutina a seguidores y detractores. Si muchos se han cautivado por ese sentimental género, otros le aborrecen con la misma intensidad, aunque puede que en un momento de su vida hayan disfrutado de algún que otro verso enamorado. Más allá de quienes prescinden de ella, hay quienes, como Reynaldo González, se lanzan a la aventura de escribir sonetos, inspirados por un acontecimiento fugaz o por una profunda pasión.

Reynaldo González Zamora ha transitado por una serie de oficios como trabajador bancario, brigadista, profesional de la comunicación, ensayista, editor o director de revistas. Foto: Archivo

Sobre su vinculación con la poesía, giro radical dentro de su obra, este reconocido periodista y ensayista cubano seis veces ganador del Premio Nacional de la Crítica Literaria nos habla.
Un oficio y toda una vida

Desde trabajador bancario, brigadista, profesional de la comunicación, hasta ensayista, editor o director de revistas, Reynaldo González Zamora ha transitado por una serie de oficios que lo moldearon hasta convertirse en la personalidad de la cultura cubana que es hoy. Galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 2003, de su obra desprenden textos esenciales para el estudio de la cultura cubana.

Con temprana edad fundó “Revolución y Cultura”, en momentos donde existía un vacío, una ausencia en el tratamiento de estos temas, al decir de González, “una revista que se interesara por la inmediatez y rindiera culto a aspectos que lo merecen, específicamente en la educación literaria de las nuevas generaciones, entre lo que se encuentra periodos enteros que no se mencionan en los programas de estudio o personajes que apenas se tratan y que fueron muy importantes en la evolución de la literatura”.

Dentro de su trayectoria como escritor pueden citarse Contradanzas y latigazos (1983), Lezama Lima el ingenuo culpable (1989) o El bello Habano (2005), algunos de los textos que le han propiciado alcanzar, entre otros galardones, la Distinción por la Cultura Nacional.

Profeta de la prosa en tierra del verso

 

Consagrado al ensayo y los textos periodísticos, el también Premio Nacional de Periodismo Cultural en 2007 muestra inclinación hacia la escritura en verso, acotando con modestia y sencillez que no puede ni persigue compararse con los grandes de este género en la Isla: “Yo nunca he escrito buena poesía, hago el intento, siempre he tratado de tener un sentido real de mi tiempo y contexto, y en un país como Cuba, que tiene tan extraordinarios poetas, presumir de este oficio sin serlo es una falta de respeto y una vergüenza”, señala Rodríguez Zamora.

Como lector empedernido de sonetos se considera alguien que la respeta y quiere, sin embargo, define en un hecho propiamente vergonzante el de convertirse en poeta: “La poesía, como todo referente a la literatura, tiene su margen e intimidad, no hay oficio de mayor seriedad que la literatura, el hecho de concebir la poesía en particular es de locos, de soledad, no la de ‘un pájaro grande multicolor’, de Pablo Milanés, sino una que no te deja escapar”.

A pesar de no considerarse seriamente poeta, nos llega de su autoría Envidia de Adriano (2003), libro donde incluye sonetos “al alcance de sus posibilidades”, atendiendo “a la manera clásica”, una suerte de “imitaciones” escritas en endecasílabos que parten de una historia de amor propia, auto-catalogada como clásica, por lo que es cantada en versos clásicos y sonetos medianos: “atrevimiento que la vida le permitió”, afirma González.

“Envidia de Adriano es un juego la novela de la escritora francesa Marguerite Yourcenar y los sonetos de amor extraordinarios de Quevedo, una imitación que quedó en eso. Mis vocaciones no van tanto a la poesía aun cuando todo lector de poesía se cree que puede escribirla, eso tiene ella, que enamora y hace ver espejismos, esa fue la aventura de este poemario, que por su título hace recordar al emperador, a esa novela extraordinaria que es Memorias de Adriano, y para exaltar al mismo tiempo la cultura española, el empleo de la palabra en la etapa de nuestros clásicos”, agrega esta prominente figura de nuestras letras, a quien también se le dedicara la Feria del Libro en 2010.

“Siempre que vengo a Holguín me siento parte del paisaje”. Foto: Archivo

Holguín: su querido…

 

Sobre la Ciudad de los Parques y los sentimientos que le generan la visita expresa: “siempre que vengo a Holguín me siento parte del paisaje, de los amigos, he andado muchas veces esta plaza, es una ciudad en la que me he perdido y me he encontrado, que también es una forma de conocerla. Estar rodeado de amigos, un grupo de personas con las cuales tengo intimidad extraordinaria y cariño enorme, me hace sentir como en la sala de mi casa”.