Compartido en línea

Publicado el Categorías AHS, Artes Visuales, Artículos de opinión, De nuestra cultura, Galerias, Holguín, Instituciones, Noticias, Verano 2020

Por Erian Peña Pupo

Desde Marshall McLuhan acá vivimos “conectados” a una“aldea global” mutable y expansiva, un espacio que sobrepasa sus límites en las posibilidades de Internet y la realidad virtual. Aquí, según Derrick de Kerckhove, el lenguaje digital posibilita una sociedad interconectada con un gran impacto en la industria cultural y artística. Y en este punto, las exposiciones virtuales permiten dar un paseo “en línea” por el arte empleando un teléfono móvil o una computadora, sin acudir a espacios físicos y desde cualquier sitio con conexión a las redes.

Esta es una plataforma interactiva, visualmente dinámica, construida enteramente con el lenguaje y los herramientas narrativas de la web: hipertexto, contenido multimedia, recorridos multidireccionales, uso de contenidos digitales de entornos sociales, participación de los usuarios en la elaboración de comentarios, conexión con otros espacios virtuales para la expansión de las informaciones… Por otra parte, la potencialidad gráfica y visual y la naturaleza multimedial del espacio digital, constituyen un campo inigualable para la exploración de experiencias basadas en una nueva sensorialidad activa del espacio-espectador-participante. Lo que nos permite el medio digital –a diferencia del contexto físico– es la “interconexión infinita”, la apertura múltiple a otros contextos, el reaprovechamiento de los contenidos culturales ya presentes en la red para enriquecer los propios, expandirlos, revisarlos, reubicarlos o repensarlos. Nos encontramos así con un conocimiento distribuido y disgregado que discurre por una diversidad de entornos de socialización y de re-apropiacion (Facebook, Twitter, YouTube, Instagram, Telegram, Google).

En el escenario actual, donde la Covid-19 ha obligado al cierre de galerías y museos, crece el “traslado” de los escenarios físicos a los espacios virtuales, no como alternativa sino como realidad objetiva. Gracias al mundo virtual (Google Arts & Culture), las más reconocidas pinacotecas han mantenido sus salas abiertas al público: desde el MoMa (Sophie Taeuber-Arp), el Reina Sofía (fotografías realizadas durante la Guerra Civil Española), la Uffizi Gallery (Piero Di Cosimo), el Dolores Olmedo (Frida Kahlo) y The National Gallery, de Londres (Monet), hasta los museos, espacios galéricos y páginas personales cubanas y en también holguineras.

Pero las exposiciones virtuales no son reproducciones digitales de los espacios expositivos analógicos, y no pueden pensarse en términos de distribución en el espacio de objetos físicos que se recorren secuencialmente según un itinerario espacial a través del cual se construye un discurso. Por el contrario, una exposición digital constituye un proceso de interacción basado en la conexión multisecuencial de ítems de información (visuales, textuales, sonoros) en un entorno de intensa potencialidad gráfica y visual que, lejos de presentarse como sustituto de la interacción natural entre el sujeto y el objeto, es susceptible de propiciar nuevas experiencias basadas en las propias posibilidades de lo digital.
En este espacio “abierto y expandido” que es la virtualidad, que genera nuevos “pactos de lectura y consumo”, y sabiendoque la “imagen” no es sino un “sucedáneo” de la obra, la condición digital difunde en múltiples direcciones el discurso de la exposición y nos hace partícipes “en línea” de unaatractiva muestra de jóvenes creadores holguineros miembros de la AHS y en su mayoría salidos de las aulas de la Academia de Artes Plásticas El Alba, noveles artistas que actualmente –lo sigo afirmando, como escribí en otra ocasión– integran parte de lo más interesante y sugerente de lo que podríamos llamar la vanguardia visual en Holguín. A ellos, a sus obras, tenemos que seguirlos no solo en las galerías, sino también “en línea”.

En Manzanillo, julio 10 y 2020