Edelis Loyola: músico por obligación

Publicado el Categorías Casa de Iberoamérica, Entrevistas, Holguín, Instituciones, Música, Noticias, Personalidades, Uneac

Una entre pocos es Edelis Loyola: madre de profesión y músico por “obligación”. Solo el tiempo puede encargarse de ponerla en el lugar que merece, pero por ahora, es la adolescente que enfrentó con su corta edad guiar los pasos de una familia compuesta por dos hijos y su esposo, al tiempo que realizaba un sueño deslumbrado por  las circunstancias.

Una entre pocos es Edelis Loyola: madre de profesión y músico por “obligación”. Foto: Cortesía de la entrevistada

Todavía entre el revolico de los pequeños y con unas gotas de sudor haciendo de las suyas por el sofocante calor del mediodía se apresta a regalarnos unas palabras, luego del intenso espectáculo recién concluido. Entre una que otra interrupción por el beso o abrazo de despedida que le dejan “sus niños” conocemos sobre sus desandares por las artes y proyectos mediatos de la talentosa artista moense, que camina actualmente por las calles de Holguín como una holguinera más, pero orgullosa de sus inicios allá por la tierras coloradas del Este.

Músico por obligación

La música infantil me eligió primero, antes que yo a ella. Fui una madre muy joven, en la adolescencia, y eso me propició crear ese amor a los niños desde edades tempranas. A mis hijos les cantaba muchas canciones desde pequeñitos y llegó el momento en que se las sabían todas, ante su reclamo tuve que reinventar mi repertorio: primero les hacía pequeñas historias y luego me percaté de que a esas mismas les podía poner música. Siempre me gustó mucho la guitarra y me inmiscuí en este mundo inspirada por la figura de mi papá, que era trovador. Mis hijos me obligaron a hacer canciones para los niños.

Un trayecto necesario

A Holguín llegué desde Moa. Mi primer espacio fue en la Casa de la Trova, “Dibujando la melodía”, que cuenta con trece años de fundado, pero en ese periodo estuve fuera de Cuba siete años y cuando regresé fue algo muy duro porque mi público habitual había crecido y tuve que volver a hacerme de otro público.

Me considero una mujer luchadora, amante de lo que hago y por ello comencé a tocar puertas , buscar opciones, me reinventé la peña, porque en sus principios no contaba con actores, ni tampoco trabajaba conmigo en la flauta mi hija Edelita, que también me ayuda con los arreglos musicales. Empecé sola y ahora ofrecemos un espectáculo muy variado que incluye literatura, actuación, música, pero donde los niños son entes activos, pues participa dentro de las piezas y son protagonistas, a la vez que espectadores, gracias al taller que imparto dentro del mismo espacio.

Todo este trabajo me ha creado un nuevo público asiduo que disfruta conmigo cada mañana a la vez que aprende jugando, una de tantas opciones que hay en la Ciudad para los más pequeños.

Actualmente, además de este en la Casa de la Trova “El Guayabero”, ¿cuáles son los espacios que completan su agenda?

Me presento en el Centro Cultural Lalita Curbelo, todos los viernes a las dos de la tarde, para un público dirigido de las diferentes escuelas, seminternados, círculos infantiles… se llama “El patio de las mariposas azules”; además cuento con otro en la Casa de Iberoamérica, donde realizo un recorrido por toda la cultura de los países de habla hispana, e intentamos que sea una plataforma multicultural para el disfrute de los pequeños, donde hay baile flamenco, mitos y leyendas afrocubanas, tradiciones y refranes, bajo el nombre de “La casa de abuela”, es justamente eso, toda la enseñanza, la riqueza que nos aportan los abuelos.

Viene a completarlo este de la Casa de la Trova, todos los sábados, que lo trasladamos de la Plaza de la Marqueta hacia acá por motivos de espacio y ahora este se nos está quedando pequeño, pero tendremos que reinventarnos para ofrecer un buen servicio, a la altura de las expectativas de este público hermoso.

“Fui una madre muy joven, en la adolescencia, y eso me propició crear ese amor a los niños desde edades tempranas”. Foto: Cortesía de la entrevistada

A pesar de la elevada aceptación con que cuentan tus presentaciones, un aspecto llama la atención durante tu trayectoria, y es que nunca has grabado ningún disco ¿del total de sus composiciones, existe algún proyecto discográfico donde se concreten?

Soy un poco vaga para componer, incluso creo las canciones en mi mente y luego me siento con la guitarra para terminar de concebirla, pero tengo alrededor de cien temas escritos. Todavía no he podido grabar ningún disco porque sabes que vivir en una provincia es complicado, pero hay sorpresas para el año que viene, de las que no voy a adelantar nada para ver si se dan. Puedo adelantar que Ediciones La Luz va imprimirá un libro para dibujar donde se incluye un texto de una de mis canciones.

Mi trabajo no se detiene, hago canciones todos los días, incluso ahora trabajo en un grupo de canciones para la enseñanza, porque tengo niños acá con trastornos en el lenguaje y, a petición de sus padres, estoy componiendo un conjunto de juegos rítmicos para ese tipo de niños que sufren de esta enfermedad o discapacidad, con temas que incluyen la pronunciación del “La, le, li”, “Tra, tre, tri”, palabras o sílabas que les cuesta trabajo pronunciar, canciones para la enseñanza, le digo yo.

El año que viene debe salir el disco que tengo comprometido con la EGREM y hay otras sorpresas con el Instituto Cubano de la Música. Proyectos que están ahí y espero con mucha fe concretar.

Leonardo Peña Hernández, Leo, o “Larguirucho”, es un joven actor que se incluye en este intento por educar a los infantes al tiempo que se divierten, cuéntanos sobre tu breve experiencia de trabajar con Edelis

A Edelis la conocí por referencias laborales del guiñol y otros grupos de teatro. Mi trabajo con ella es apoyar el espectáculo, la improvisación, aumentar la curva de interés en cuanto a la interacción con el público y los invitados a través de la magia, los juegos, los malabares. En un espacio como este vale mucho la improvisación y la interacción con el artista. He aprendido mucho más a cantar, tocar la clave, memorizar las canciones. Es muy reconfortante cuando los niños aprecian tu trabajo, te llaman por tu nombre, o solo por el apodo del payaso-“Larguirucho”-, e incluso te reconocen sin maquillaje. En ocasiones cuando se trabaja el teatro de títeres, que es mi mayor experiencia, es anónimo el intercambio, pero en este caso te agasaja toda la familia, y, al tiempo que aprendo con Edelis, también les enseño a los niños.

Y de tal rama, tal astilla: Edelis Cabreja Loyola, “Edelita”, resume el intercambio escenográfico y filial con su madre, que le ha llevado hasta convertirse en su mano derecha durante cada presentación, e incluso fuera de ellas:

Este trabajo empezó en serio hace dos años, pero desde que nací participaba de las actividades que hacía mi mamá para los niños allá en Moa. En estos espacios no solo se escucha música, sino que los niños realizan otras actividades propicias para aprender y divertirse. Ella siempre ha tenido esa visión de los infantes hacia el conocimiento de la cultura y las artes en general. Tenía 5 años y ahora cumplí 33, o sea que es largo el tiempo en el que ha cultivado este empeño gracias al apoyo que le hemos brindado como familia.

“Mi trabajo no se detiene, hago canciones todos los días”. Foto: Cortesía de la entrevistada

Criada en este ambiente me incliné por la música, estudié flauta y le he podido ayudar más en cuanto a las cuestiones técnicas porque mi mamá es autodidacta, tiene un talento natural inexplicable. No solo como hija, sino como profesional de la música que soy, es muy divertido trabajar con ella porque en el escenario le señalo algún que otro detalle técnico y ella enseguida asimila mi sugerencia, pero todo en plan jocoso, porque son cuestiones que conozco pero ella no: como artista lo que le interesa es cantar, sea como sea.