Caricare en clave de 25

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Por Erian Peña Pupo

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Si 20 años no es nada, 25 tampoco, parecen decirnos los “muchachos” de Caricare con el mismo ímpetu con que se lanzaron en vuelo kamikaze a la escena hace ya esa cantidad de años. Sí, en vuelo suicida, porque para hacer humor en Cuba –donde es cosa tan seria y al mismo tiempo tan cotidiana, y donde el humorista sufre y goza con los mismos problemas y alegrías de todos– hay que tener literalmente las pilas puestas y recargables. Y porque el humorista en Cuba es una especie de gurú, un líder de opinión.

En ese cuarto de siglo, además de sumar años al calendario, han engordado un poco, y aplatanado en Holguín, pero también han crecido como profesionales del humor, recibido numerosos premios por su trabajo y hasta algún que otra gira a pueblos hermanos; porque si de algo están seguros Mireya Abreu y Onelio Escalona es que el humor, además de hacernos reír a quijada suelta y olvidar las penas, nos hace mejores personas.

Para ello apuestan por la sátira social y la parodia, apoyándose en lo mejor de la tradición humorística nacional, de la que beben constantemente, y también de la foránea. Su humor subvierte los clichés del género y se encamina hacia un manejo más inteligente de códigos universales, que el espectador enterado puede comprender con soltura. Y quien no los domine, aun así se divierte con las peripecias de Mireyita y Onelio.

Sus presentaciones en el pasado VII Festival de Humor para Jóvenes Satiricón demuestran que Caricare sigue tan losado e innovador como en los primeros años de fundado. Y lo más importante, el grupo tiene un público que los sigue y agradece sus funciones. No se han cansado, la cotidianidad no los venció, pues Caricare se ha aprovechado de ella –aunque sea difícil hacerlo– para crear nuevos monólogos y sketch.

En espectáculo Chirrín Chirrán, dedicado al actor William Delgado, nos hacen partícipes de un encuentro entre una chimenea y una cigüeña que desean realizar una cooperativa no agropecuaria, lo que les permite trabajar la sátira social; los funerales y las costumbres y peculiaridades de su práctica en Cuba; el ventrílocuo Alexis y su muñeco Mogollón, texto que Eduardo del Llano escribió para el grupo Nos y otros y que Caricare llevó a escena recientemente; una canción protagonizada por peculiares pingüinos; la relación entre un martillo y una puntilla o la despedida de duelo de un “jefe integral”, el entrañable Lalo… En la noche estuvieron acompañados también por el ingenioso ventrílocuo Narciso, “el mejor malabarista del mundo”, y sus peculiares muñecos, presencia que se agradece pues amplía el diapasón de posibilidades del humor.

¡Ánimo y salud Caricare!, como diría Onelio Escalona.  ¡Qué venga otros 25 y muchos más!