LAS BANDAS DE MÚSICA: UN VEHÍCULO DE CULTURA EN EL SIGLO XXI

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Desde tiempos pretéritos, la cultura de distintos pueblos ha tenido como paisaje sonoro el sonido de una banda de música. Estos conjuntos instrumentales tienen su origen, por una parte, en los toques militares, tanto para la estrategia de los ejércitos como para las ceremonias. Pero por otro lado, la evolución de los instrumentos de viento y percusión con movimientos propició una nueva visión de estas formaciones.

Desde tiempos pretéritos, la cultura de distintos pueblos ha tenido como paisaje sonoro el sonido de una banda de música. Foto del autor

El auge de las bandas de conciertos en distintas regiones del mundo permitió la creación de adaptaciones para estas de grandes obras sinfónicas, lo cual trajo una gran difusión de la cultura musical en núcleos de población, los cuales no hubiesen tenido acceso a tal deleite en otras formaciones instrumentales. En muchos pueblos se conocieron las melodías de oberturas, sinfonías, óperas o zarzuelas gracias a las bandas, más que por sus originales de orquestas sinfónicas o de cámara, por lo que muchos la reconocen como  las sinfónicas de los parques.

Nuestro país se destaca por una gran tradición bandística en formaciones escolares y también por contar con un buen número de bandas profesionales, civiles y militares. Sin embargo, la cultura actual sigue sin considerar el trabajo de estas entidades. Adentrados en este nuevo siglo, en el cual aparecen nuevas tendencias en la evolución bandística, nos encontramos con la necesidad de salvaguardar las particularidades locales y tradicionales de nuestras bandas, darles un nuevo empuje que pueda adherirse a los movimientos bandísticos que desde cualquier parte del mundo (Estados Unidos, Europa, Japón,  o América Latina) nos invitan a una globalización de su arte. Cuando hoy en día podemos escuchar bandas en salas de conciertos, teatros y espectáculos multimedia, conviene pensar en sus grandes posibilidades y capacidad de difusión de altos valores estéticos.

También convendría readecuar las plantillas ante la internacionalización de la composición para banda. Este planteamiento de renovación hacia una orquesta de vientos podría tener como base: 1 Flautín, 2 Flautas, 2 Oboes, 1 Corno Inglés, 2 Fagotes, 1 Requinto, 14Clarinetes (uno de ellos Cl. Alto), 1 Clarinete Bajo, 2 Saxos Altos, 2 Saxos Tenores, 1 Saxo Barítono, 5 Trompas, 3 Trompetas, 2 Fliscornos, 3 Trombones, 1 Trombón Bajo, 2 Bombardinos, 3 Tubas, 1 o 2 Contrabajos, 1 Timpanista y 4 Percusionistas.

A esta plantilla cabría la posibilidad, según exigencias del repertorio, de añadirle ocasionalmente otros instrumentos que demandara la partitura. Así se podría diversificar su timbre, dar mayor libertad a los compositores y ofrecer al público nuevas formas de ver una banda de música. Tenemos el repertorio, los músicos; tenemos los compositores para ello y las salas, tan solo nos falta un apoyo firme, serio, responsable y con criterio que sepa aprovechar nuestra gran fortuna, esa magnífica tradición bandística de nuestro país y de Iberoamérica para potenciarla y disfrutarla. La cultura de nuestros días se vería enriquecida con nuevas vías de comunicación y goce.

Nuestro país se destaca por una gran tradición bandística en formaciones escolares y también por contar con un buen número de bandas profesionales, civiles y militares. Foto del autor

Debemos buscar los medios necesarios para dar a las músicas de bandas el rango que les pertenece. Al igual que las orquestas sinfónicas, ellas pueden traducir las inspiraciones del compositor y ser dignas de su atención. Es curioso observar cómo, hace más de un siglo, ya, se reclamaba dignidad para las bandas. Cabría reflexionar sobre ese detalle con nuestra situación actual y, sobre todo, con las oportunidades que estamos perdiendo de disfrutar de estas entidades artísticas; con ellas podemos contribuir de manera notoria y diversificada a la cultura contemporánea.

Por Humberto Pino Hernández, Director Titular de la Banda Provincial de Conciertos de Holguín.