Jairo Cruz y Codanza: ¿De qué estamos exentos?

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Por Erian Peña Pupo

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Jairo Cruz González llegó a la holguinera Compañía de Danza Contemporánea Codanza en 2004, recién egresado de nivel medio de danza en Santiago de Cuba. “Una semana después ya estaba aquí, trabajando en Codanza con Maricel Godoy”, recuerda. Ahora regresa, desde México, donde vive hace once años, para montar su coreografía Exe (Exento).

De la llegada a Codanza hasta su trabajo en Exe sucedieron varias cosas en la vida de Jairo Cruz. Su llegada a la compañía –con un elenco predominantemente masculino– coincidió con una especie de reavivamiento: Hombres de blanco y negro, de la propia Maricel, fue estrenada en abril de 204 en el IX Encuentro Internacional de Danza en Paisajes Urbanos, en la Habana Vieja, y obtuvo el Premio de Coreografía en ese evento. Esta fue su primera obra en Codanza, le seguirían corografías emblemáticas en la trayectoria del colectivo: Espacio gnóstico americano (Esteban Peña Villagrán, 2004); La carrera del siglo (Maricel, 2005); Imagen en el lente (Gilberto Cruz, 2005); Las formas del fuego (Maricel, 2006); Memoria fragmentada (Aldo Siles, 2006), que le diera el Premio de la Ciudad de Holguín en Interpretación Masculina a Jairo ese año; y Yényere Gumá, buena noche (Maricel, 2008), con el Premio de Interpretación Masculina nuevamente para Jairo, que repetiría al año siguiente con Superficie insular (Aldo Siles).

“En Codanza me evalué como primer bailarín, y decidí comenzar a trabajar en México por la invitación de una compañía en 2009. Desde entonces hasta ahora han sido once años”.

En México, Jairo –nacido en 1985 en Nicaragua, Banes– trabajó con varias compañías, con coreógrafos mexicanos y extranjeros, y recién concluyó un contrato con el Centro de Producción de Danza Contemporánea, en la capital azteca. “Hice coreografía en la escuela, pero los años en Codanza fueron más bien para crecer como intérprete, pues me interesaba mucho aprender de sus excelentes bailarines (Vianki González, Wilber Pérez, Gilberto Pérez). Aunque seguía la inquietud de crear obras, lo que desarrollé en México”.

“Coreografiar para Codanza es un deseo que viene desde la nostalgia. Ya había impartido un curso aquí, cuando era otro elenco, y había planeado con Maricel montar algo. La Covid-19 vino a retardar todos los proyectos. En México, junto con Paulina del Carmen, mi novia, trabajé en el proceso de montaje de la pieza. Regresé a finales de año a Holguín por cuestiones familiares y el universo conspiró un poco para quedarme más y trabajar con la compañía que me forjó, que me vio nacer como profesional”, cuenta.

Exe lleva a escena a 16 bailarines de Codanza y piensa estrenarse en Holguín cuando las condiciones epidemiológicas lo permitan. “Exe es exento, pero en inglés es la abreviatura de ejecutar. La obra va sobre lo que estamos exentos de ejecutar: de qué estamos exentos en la vida, si estamos exentos de una enfermedad, de atender a las reglas de un sistema social o no, de eso se trata un poco… Les hablé a los bailarines un poco de mi etapa de emigración, que pasado un tiempo a lo mejor hubiese hecho lo mismo pero de una forma diferente que en ese momento no fui capaz. Uno piensa que estar exento de algo te va a llevar a otra cosa, luego de vas dando cuenta de lo que sucede y que las acciones tienen consecuencias, y es justo eso lo que quiero ver y plasmar en esta pieza. Qué puede suceder si tomamos la decisión de estar libres de algo, alguna regla quizá o de algo con lo que no queremos cargar pero llevamos ahí con nosotros. Más que nada sentimientos o cuestiones humanas que es lo que me llama la atención”.

“Busco que las personas decidan estar exentos de algo. Quiero provocar en los bailarines que ellos digan de que han querido estar libres y que esa provocación les haga llevar una interpretación al escenario que el público se identifique con ella”, añade.

Para Jairo, Codanza es una institución de la danza contemporánea en Cuba: “La compañía está en una etapa de ansiedad y de necesidad artística en los intérpretes. Aquí hay artistas bastante maduros, pero hay etapas en las que el artista quiere y cree que toda la información que pueda tener y sacar de tu cuerpo va a ser mejor para su crecimiento, cuando a veces ninguna de esa información en realidad la procesas. Creo que esa etapa está sucediendo con los bailarines de Codanza, pero no es mala, para nada, eso es el previo a madurar una compañía. Cuando llegué yo estaba igual, quería aprender, bailar, pero tienes que ir moldeando lo que vas aprendiendo. Para un coreógrafo como yo eso quiere decir que tienes toda la materia prima disponible para trabajar con ella. Ellos necesitan de información, de trabajo, presentarse, estar frente al público. Seguimos haciendo, ahora desde Codanza, arte de la forma que sea posible”.