Martí, huellas holguineras de su devenir en la historia

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Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Internet

A lo largo del tiempo y por causas del azar o el destino, varios objetos relacionados con distintas facetas de la vida del Héroe Nacional cubano José Martí (1853-1895), encontraron lugar en la ciudad de Holguín, y hoy se conservan como huellas tangibles de su devenir en la historia patria.

Después de la vida y la obra misma de Martí, casi ningún suceso se concibe prodigioso, apuntó el escritor y ensayista Cintio Vitier en el prólogo del libro “Martí a flor de labios”; sin embargo aún resulta curioso y extraordinario que lleguen a nuestros días vestigios palpables del paso del Apóstol por la vida, peregrino a su vez como las huellas de su “Diario de campaña”.

Uno de los objetos que orgullosamente exhibe la Casa Natal de Calixto García resulta la bandera cubana, de costuras manuales de mediano tamaño, que Martí regalara a Rosa Torres, hija del general holguinero Mariano Torres, en 1893, por su participación en un acto patriótico en Kingston, Jamaica, mientras la familia sufría el exilio del padre en esta isla del Caribe.

Consta en los documentos museables que la muchacha guardó la insignia nacional hasta los últimos tiempos de su vejez, cuando la regaló a la holguinera Carmen Mayo Zaldívar, quien la cuidó con celo y orgullo, hasta que en 2003 la donó a este Museo.

La existencia de esta pieza, que también abrazó los restos de un joven revolucionario caído durante la dictadura de Batista, se conoció a través de una exhausta investigación realizada por las historiadoras holguineras María Julia Guerra y Ángela Peña Obregón.

Por otra parte, en La Periquera se reafirma una vez más la amistad y las continuas visitas de José Martí a la casa de los Torres en Jamaica mientras preparaba las acciones para la Guerra del 95, al exponer una pequeña mesa donde firmó documentos relacionados con la gesta en una de sus estadías en 1984.

También se conserva en este lugar el velo utilizado para cubrir el rostro del Héroe Nacional desde el Cementerio de Remanganagua hasta su inhumación en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba; justo al lado de esta pieza se encuentra un libro de firmas donde los veteranos que entregaron el pequeño pedazo de tela blanca, dan fe de la veracidad del manto que acompaño a Martí hasta su sepulcro final.

Salvaguardar estos objetos es cuidar el alma de la nación, conservarla intacta para revelarla a las generaciones futuras como patrimonio tangible de una historia donde Martí es faro y guía.

Como dice Cintio en uno de sus textos: “Nosotros concurrimos a desparecer, pero Martí, no. Mientras haya cubanos Martí va a existir”.