La Periquera, 45 años resguardando, como museo, la historia de Holguín

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Por Erian Peña Pupo

Fotos tomadas de Internet 
Hace 45 años, el 25 de julio de 1976, La Periquera, edificación neoclásica ligada a la historia de Holguín, fue constituida como Museo Provincial. Ubicada en la actual calle Frexes no. 190, frente al parque Calixto García, entre las paralelas Libertad y Maceo, es símbolo de la ciudad. 

La famosa construcción –levantada en la segunda mitad del siglo XIX, fue sede del gobierno provincial, Casa Consistorial, durante 106 años, entre 1878 y 1984– ha sido testigo silencioso de la ciudad, su paso en el tiempo, sus avances, cambios… En las viejas fotos en sepia, con calles de tierra y campesinos a caballo frente a la plaza, está presente La Periquera. Desde sus balcones observó crecer la urbe desde la vieja Plaza de Armas, también llamada Plaza de Isabel II, levantarse las principales edificaciones y erguirse, justo frente a sí, al cine-teatro Wenceslao Infante, hoy Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, muestra del mejor art decó cubano. 

En su patio interior morisco transcurrió la primera función de cine en la ciudad, el 25 de noviembre de 1895. Desde esos mismos balcones habló al pueblo cubano, por primera vez, luego de llegar por Gibara proveniente de Nueva York, el primer presidente de la Cuba republicana, Tomás Estrada Palma. Mientras que el 20 de mayo de 1902, como parte de la ceremonia de constitución de la alcaldía holguinera, se desplegó desde su balcón central la bandera cubana. Más de medio siglo después habló desde allí a los holguineros el Comandante Fidel Castro, en los primeros días de 1959… Y además, cada año se inauguran, desde esos mismos balcones, las Romerías de Mayo, Festival Mundial de las Juventudes Artísticas. 

La Periquera, declarada Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978, muestra en sus salas la historia holguinera desde las culturas precolombinas (con importantes asentamientos en la zona) hasta los momentos actuales; además piezas decorativas, armas, documentos, numismática, filatelia, objetos curiosos, victrolas, relojes, y obras de arte de pintores y artistas de prestigio internacional, como el holguinero Cosme Proenza. Entre ellas, obras de singular significación como el Hacha de Holguín, objeto aborigen de uso ceremonial que se ha convertido en el símbolo de la provincia; la mortaja que cubrió el rostro del cadáver de José Martí en uno de sus múltiples entierros; el Aldabón original de la construcción, obra que se entrega a personalidades cubanas y extranjeras que han cooperado en el desarrollo cultural, científico o económico de la localidad, entre otras piezas. 

La historia de La Periquera se vincula a un terreno perteneciente a Pepa Cardet, utilizado como valla de gallos, actividad de gran popularidad en aquellos tiempos. Luego fue vendido al español Francisco Rondán para la construcción de un verdadero palacete, una casa diferente a todas las de la época en una ciudad modesta arquitectónicamente, si la comparamos con sus vecinas Santiago de Cuba y Camagüey. Bajo este propósito, Rondán, uno de los terratenientes de mayor poder adquisitivo en el territorio y dueño de varias fincas ganaderas e ingenios, inició la obra alrededor de 1860, la cual se extendió unos ocho años, según investigaciones de José Agustín García Castañeda, historiador e investigador holguinero. Con el estallido de la Guerra de Independencia en 1868, el inmueble comenzó a ser usado como fortaleza militar por el gobierno peninsular, mientras que algunas de las familias más influyentes del pueblo encontraron refugio allí. En los días sucesivos al estallido bélico, se produjo un ataque mambí bajo las órdenes del General Julio Grave de Peralta, del 29 al 30 de octubre de 1868. Era la Casa Rondán, como era llamada, el único punto que faltaba por tomar en la ciudad y comenzó a ser atacada por los insurrectos desde la Plaza de Armas. 

A la edificación habían sido llevados también todos los prisioneros, entre ellos la holguinera Juana de la Torre, a quien utilizaron para detener el ataque, petición a la que ella respondió sin miramientos asomada desde uno de los balcones: “Si debo morir bajo los escombros de este edificio para que triunfe la causa justa que no se detenga un momento el fuego del cañón”. Tras tal hecho nació el nombre de La Periquera, pues los mambises le gritaban a sus oponentes: “Salgan de la jaula, pericos”, en alusión a los colores de sus uniformes, los de la bandera española. Después del ataque mambí, la propiedad de Rondán sufrió docenas de impactos de proyectil de cañón; su propietario reclamó al gobierno español las pérdidas infligidas a su hogar en unos 12 mil pesos oro, y se retiró a vivir a la fortificada ciudad de Gibara. 

Desde entonces se estableció allí la Comandancia del ejército español, en un ala alquilada a los herederos de Roldán, y sirvió, además, de vivienda a varios gobernadores, entre ellos Agustín Peláez, quien –según cuentan las leyendas– estaba casado con una bella y joven mujer, quien se enamoró perdidamente de un capitán del cuerpo de voluntarios. Los pobladores fueron dándole vida a esta relación hasta convertirla en una leyenda de amor y muerte que forma parte del mito de La Periquera, edificio que celebra sus 45 años como museo.