El verso, la prosa, la tinta de María toda

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A ese encuentro imprescindible con la historia asistimos en el momento en que se rememoran sus páginas porque traerlas a colación es también una forma de salvaguardar su huella.

Una icónica institución de la Ciudad de los parques, el patio del Museo Provincial de Historia La Periquera, devino en escenario propicio para desarrollar una edición especial del espacio “Con olor a tinta”, en esta ocasión para entrevistar a Lourdes González Herrero, directora de Ediciones Holguín, quien además fundó este encuentro por donde transitan los autores para conocer los derroteros de su obra; sin embargo, en una permuta de roles, fue ella quien respondió las preguntas del joven y prominente escritor local, Moisés Mayán Fernández.

A ese encuentro imprescindible con la historia asistimos en el momento en que se rememoran sus páginas. Foto del autor

Con una obra meritoria en la cultura holguinera y cubana, así como una encomiable labor al frente de una de las editoriales más prominentes del país, que por estos días celebra 35 años de creada, se desarrolló el encuentro matutino que celebra por partida doble dada su ubicación temporal en el marco de la Jornada por la Cultura Cubana.

En el encuentro no podía hacerse esperar el homenaje a la principal casa de la literatura holguinera, por ello llegaron los reconocimientos de parte de la Dirección Provincial de Cultura, la Casa de Iberoamérica y el Centro Provincial de Patrimonio Cultural, a esa impronta cultural innegable de Ediciones Holguín, cimentada en la historia de nuestra literatura.

El colofón de la jornada sin lugar a dudas devino en el exquisito intercambio entre los talentosos  creadores locales, la primera como muestra de un prolífero legado que toca continuar a su, no por joven menos talentoso pupilo.

La Génesis

Ya estudiando bibliotecología con Eliseo Diego de profesor, yo engañaba a la gente diciéndole que era escritora, alteraba el orden normal de la escuela con este tipo de insinuaciones. Ahora, el amor pasional ese por la literatura viene del año 1971, en Santiago de Cuba, en una ciudad fabulosa para aquel entonces, de noches trovadorescas, de mucha espontaneidad. Estuve un año sosteniendo la escritura a diario, sin hacer prácticamente nada más. Luego regresé a Holguín y dejé de escribir, pero sin el dolor de haberlo hecho, muy natural.

En 1985 le dicen a Alejandro Querejeta que yo escribía y él, muy astuto, me engatusó con la excusa de que Pablo Armando Fernández haría una antología y si yo no estaba en ella no se concretaría tal proyecto. Me quitó una carpeta verde donde tenía todos mis textos y empezó una labor promocional que hoy en día nadie hace en Cuba: ir cada jornada a mi casa, constatar lo que había escrito, llevar un grupo de gente para que oyeran mis textos; es meterse mucho en la vida del creador. Con esa fuerza probé suerte y escribí el texto “La vuelta de todos mis días”, del que presentía ser mi reinicio franco, para luego ganar el Premio de la Ciudad en 1986, de conjunto con Alejandro Fonseca, mi amigo y hermano del alma.

El nacimiento de una editorial

Ediciones Holguín no era para ese entonces-1986- absolutamente nada todavía, pero estaba en la voluntad de Querejeta-quien realmente hizo todo-, la idea de que el mismo año que fueran premiados se publicaran los textos; en ese momento publicar en Cuba era impensable para casi todos los autores, pero con esa idea Querejeta tuvo un acercamiento con la imprenta Atanajildo Cajigal, donde, con una botella de bebidas, esos seres eran capaces de hacer cualquier libro, cualquier cosa, y fue allí, con aquellos impresores , que surgieron los primeros cinco títulos, a los que prosiguieron grandes momentos de presentación en el portal de La Periquera, recuerdo que mi libro lo presentó Delfín Prats, con muchísimo público presente. Fue una suerte para Holguín que Querejeta estuviera aquí para ese entonces, porque es natal de Santiago. Así, con esa luz larga, tuvo la suerte de surgir en una provincia con tal cantidad de escritores en los distintos géneros, una Casa Editora y un Premio.

En el encuentro no podía hacerse esperar el homenaje a la principal casa de la literatura holguinera. Foto del autor

Después de tanto, Tenaces…

Es el origen, el pozo de todo, sin este libro todo lo demás es imposible, sostiene mi árbol creativo. En él se incluye un poema titulado “Mi origen”, que he extendido, continuado así como cada uno de los demás poemas, en el resto de mi obra. El primer libro es siempre muy importante, pasan las amistades literarias, las posibilidades, las sumas. Para mi es imprescindible haber escrito Tenaces… No hay ningún texto de los que escribí después que no se haya publicado porque cuando empiezo un proyecto, si no tiene futuro me doy cuenta enseguida; pero me pasa muy pocas veces, voy al seguro en ese sentido y me permite perder el menor tiempo posible, el devaneo. Incluso la narrativa vino pausadamente, cuando correspondía, sin desesperarme, es que me horrorizaba escribir novelas.

 “Tocar el cielo con las manos”

Cuando escribí Papeles de un naufragio (1999), Eugenio Marrón iba mucho a mi paladar y le decía que estaba escribiendo algo raro, él me revisaba cada noche y me impulsaba a escribir más, sin importar la forma o el contenido. Para ese entonces, e incluso ahora, estaba tan ocupada en la sobrevivencia que lo mandé al Premio de la Ciudad pues no tenía conciencia alguna ni de su calidad, mucho menos del impacto que podía tener, e incluso incursioné en narrativa pensando que me lo iban a regresar porque no aplicara en esa categoría. A partir de allí ocurrió un punto de inflexión porque empecé a escuchar las opiniones de Antón Arrufat y otras personas inteligentes que han leído mucho, quienes me terminaron de confirmar el texto como una novela. Yo había comenzado María toda, pero Papeles… siempre me pareció una descarga lírica. 

Para una mujer que se había pasado toda la vida haciendo poesía es muy difícil empezar el proyecto de una novela por el encuentro entre los recursos líricos, la musicalidad y las características propias de la narrativa; pero estoy muy orgullosa, mucho más por obtener el Premio José Soler Puig, y mucho más cuando recibí el Premio de la Crítica, para alguien de provincia, y en la categoría de novela, era tocar el cielo con las manos, no por el premio en sí, sino porque validaba mi esfuerzo y disfrute en medio de la concepción del texto. Los lectores llegaron a creer en esos personajes y eso es algo muy genial, al tiempo que hace tanto bien al escritor. Del estrés tan grande que lleva este proceso de concepción y edición terminé enferma, o sea que lo sufrí mucho, pero lo disfruté mucho más.

¿Por qué con Papeles de un naufragio se busca otro sistema de impresión?

Recuerda que lo escribí en 1996, pleno Periodo Especial, la debacle. La gente encuentra que en este libro, a pesar de ser muy crítica y su fuerte contenido cargado de ironía, ofrezco cierta esperanza al lector. Los poemas fueron publicados en una revista antes de que se imprimiera el texto y llegaron a manos de Abel Prieto, entonces Ministro de Cultura, quien quiso publicarlo antes de que “el enemigo se lo cogiera”. De La Habana mandaron a que rápidamente lo publicaran e imagínate en qué papel estuve: directora de una editorial y publicar un libro de mi autoría, era algo muy complicado. Ese libro lo tenía comprometido con Aida Bahr para inaugurar la Colección Mariposa, y por eso estuvo dos años sin hablarme, una persona que quiero tanto y que cuando vio el texto publicado sufrió un ataque, me llamó, insultó y quitó la palabra, sin creer la curiosa anécdota del Ministro. Años después le preguntó al propio Abel y este confirmó lo que yo le había dicho. Hubo que correr, pero después de mucho esfuerzo sale el primer libro en sistema offset que tiene Ediciones Holguín, pero que no fue un regalo mío para mi persona.

Lo mejor que puede pasar a un escritor es trabajar en una editorial. Foto del autor

“Lo mejor que le puede pasar a un escritor”

Lo mejor que puede pasar a un escritor es trabajar en una editorial porque no dejas nunca tu mundo, el de las letras, la literatura, y te puedes expandir. Hay tiempo para todo, pero la gente lo malgasta mucho. Ahora la paso mal porque luego de que mi mamá enfermó no he podido volver a escribir en la casa, tengo que hacerlo en el trabajo, pero no es igual, aunque se me respeta mi horario.

Me muero por dentro al ver las condiciones de esa editorial, destruida, estar sin casa, sin sede en el aniversario 35. Nunca pensé que pasaría algo así a estos años de Revolución, pero es la triste verdad en un momento donde no hay dinero y además te pueden decir que no lo hay, las dos cosas pasan. Estoy sufriendo mucho, me comporto muy agresiva últimamente con las instituciones porque la tristeza produce ese tipo de cosas. Pero obviando esta situación, a ese lugar ha ido la gente de pensamiento que ha perdido este país y de los cuales debe hacerse de nuevo: Roberto Fernández Retamar, Arrufat, Carilda Oliver Labra, todos los Premios nacionales de Literatura; todos han compartido con nosotros y a la mayoría le hemos publicado libros porque, siempre que le hemos pedido algo, nos lo han dado con mucho placer. En el apartado  de traducción tenemos muchos amigos también, los cuales nos han apoyado mucho y con quienes compartimos el proyecto de abrir una línea de traducciones para el Polo Turístico, en los idiomas de quienes nos visitan.

¡¿Y la famosa foto en la sala de mi casa?! En 2004 fuimos 32 autores cubanos a conocer a nuestros homólogos de Venezuela, luego volví al Foro Social Mundial y, posteriormente, en 2005, al Foro en Defensa de la Humanidad; de ahí la foto que tengo con el Comandante Chávez, donde le explico la efervescencia de mi mamá por su persona y el Comunismo, ella quería una constitución de bolsillo como la que tenía el entonces presidente del país suramericano, la cual me regaló con su dedicatoria: quedamos bien en la instantánea porque Abel Prieto, con su impericia, en vez de obturar la cámara, lo que hacía era apagarla y eso nos provocó una risa terrible.

Ediciones Holguín después de Lourdes

Ediciones Holguín es un sentimiento, tomo esa frase de nuestro colega Roddier Mouso Bahr, quien entró hace poco y ya lleva 20 años. Yo tengo mucha fama de pesada, de crítica, bien ganada, porque las corazas son así, hay que forjarlas; pero el que entra allí a trabajar, se queda. La lealtad es de lo mejor que he logrado en mi vida. He hecho bien algunas cosas, y una de ellas es la editorial. Yo nunca pensé dirigirla, era editora y así estaba maravillosamente bien, con horarios flexibles para desempeñarme en otras tareas privadas. Cuando me lo propusieron acepté porque apreciaba mucho a mi jefa, María Elena, que me pidió encarecidamente asumir esta tarea-con mis condiciones-, en noviembre de 1998, porque trabajaba en el centro Provincial del Libro desde el año 1990, gracias a Hiram Pérez Concepción; así que llevo 23 años dirigiendo: ¡¿qué habrá que yo no sé?!