Asomo de un Salón

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Por Erian Peña Pupo
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Algo predispuesto con los Salones, uno asiste a sus inauguraciones sabiendo que encontrará, cuando menos, una selección –representativa o no– del quehacer actual de un grupo de artistas pertenecientes a un determinado contexto social o geográfico, pero conociendo que esa muestra no tiene que ser necesariamente el estado del arte en ese momento. Uno asiste a los Salones con la certeza que encontrará piezas que ha visto en otras muestras, personales o colectivas… Uno asiste a ellos –pesimistas que somos– aun sabiendo que los más reconocidos artistas no siempre estarán presentes y que –y esto es algo bueno– los jóvenes van ocupando el lugar legitimador que la institución ha creado como catapulta visibilizadora de su trabajo (sabiendo incluso que muchas veces han fallado las estrategias de promoción y legitimación). Aun así uno los visita, insiste en recorrerlos, incluso después de haber leído varias críticas donde se subraya el carácter epidérmico, monótono, tradicionalista, rígido… que en los últimos años asolan los salones en varias ciudades del país. No todos, está de más decirlo; y aquí es donde la museografía y el ejercicio curatorial, principalmente, han venido a distinguir algunos salones en el panorama insular.
Uno asiste al XXIX Salón Provincial de Artes Visuales de Holguín, abierto al público en el Centro Provincial de Artes (CPA) con un título, Asomo de un Salón, que nos reafirma la “gradual retracción, en detrimento de la deseada pero pocas veces alcanzada representatividad de los procesos artísticos locales”, que en esta edición el certamen –el principal de su tipo en la provincia– ha mostrado, como asegura su curadora Bertha Beltrán, pero con el deseo de que la tan deseada representatividad dé paso a la necesaria calidad del mismo (Un título que, incluso, recurre inteligentemente a la ironía, a lo lúdico, a aprovechar y sacar partido de las debilidades de la edición, como alternativa necesaria, lógica y perspicaz).
Cada año el joven equipo del CPA, que celebra su 30 aniversario este año, liderado por Yuricel Moreno Zaldívar, ha buscado alternativas y potenciado disímiles ejercicios curatoriales para revitalizar los salones locales –tanto en el Provincial, cada dos años, como cada enero el Salón de la Ciudad–, y desde una mirada crítica y cuestionadora, incluso del hecho artístico, del mercado del arte, la institucionalización y circulación del mismo, y de la propia articulación de los salones como entes legitimadores, visibilizar la producción plástica holguinera, pues “como evento es un sujeto vivo, dúctil, susceptible a cambios y, sobre todo, es un riguroso ejercicio de pensamiento, para no correr el riesgo de quedar obsoleto en el tiempo”, añade Berta en el catálogo, pues el Salón Provincial no está ausente de varias de estas cuestiones: la falta de reconocidas firmas, la poca participación de los artistas locales, que ha hecho menguar el nivel de convocatoria y el interés, la calidad de las obras en concurso… (Todo esto, de alguna manera, podía reflejar el estado de las artes visuales en Holguín).
Este riesgo lo ha evitado siempre el Salón, pues ha sido un espacio “con amplia tradición dentro de la vida cultural holguinera”, y que “se ha caracterizado por mostrar el quehacer de la provincia y a lo largo de estos años, premiado el ímpetu de varias generaciones de artistas”.
Esta 29 edición reunió a 18 creadores y 25 obras en concurso, lo que subraya que “queda mucho por desear, hacer y mostrar”, pues “asistimos al nacimiento de tiempos que imponen nuevos y difíciles retos”. “Partiendo de un eje curatorial con un pensamiento crítico que vincule a un creador motivado y comprometido, para un público ávido del disfrute estético, el Centro de Arte en el año 30 de su aniversario tiene como reto futuro rebasar todas las expectativas posibles”. Sin dudas sobrepasar este “asomo” de lo que ha sido el Salón Provincial, a partir del análisis y superación de esta experiencia, matizada por los efectos sociales de la Covid-19 y las alternativas para sobreponerse, personal e institucionalmente, constituye una vara alta que la institución holguinera sobrepasará con éxito.
Repasemos los premios de esta edición del Salón. El jurado, integrado por Leticia Leyva Azze, Ernesto Ceballos Hernández y Víctor Manuel Velázquez Mirabal, decidió entregar un Premio único “por trascender la visión meramente estética o formal, por plantearse una metáfora acerca del vacío y del espacio existencial con la depurada carga minimalista y por el sentimiento de libertad que aportan”, al proyecto escultórico “La libertad de la tierra”, fotografía digital de Luis Alberto Santiesteban Góngora (en mi opinión, una de las obras más interesantes de una muestra pequeña y variopinta). Mientras que las menciones recayeron en Juan Carlos Domínguez Diez, por el video “Piel de Burdégano”, y Cristian Escalona Herrera, por la obra de la serie fotográfica digital “Sobre como las palabras construyen imágenes”.
Por su parte, la Asociación Hermanos Saíz premió “¡Cierra las piernas!” (monotipia/cartulina) de Cecilia Patricia Vaca Rodríguez; la Filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales a Raymundo Sosa Tamayo con “La caravana” (óleo/lienzo); y la Uneac sumó su reconocimiento al Premio entregado por el jurado a Luis Alberto Santiesteban Góngora.
Además de los premios otras obras destacan en la propuesta: “Grafemas para un políglota”, fotografía digital de Aníbal de la Torre; “La familia insurrecta” y “Obertura cubana”, mixtas/lienzo de Dayamí Pupo; las obras de la serie “De avispa” y otras piezas de Cecilia Patricia Vaca Rodríguez; las obras de la serie “Fashion On” de Dayamí Rodríguez; “Antojos” (acrílico/lienzo) de Hennyer Delgado Chacón, y “Mezcla homogénea”, de Mariannis Mirabal Ripoll.
Más allá del hecho curatorial, me parece que lo más significativo de este Salón –como en otros salones recientes– ha sido la convergencia de diferentes poéticas con un discurso ideoestético propio dentro del quehacer regional y nacional, incluso análogo en cuanto a intenciones e interrogantes creativas y sociales. Así la galería se convierte en ese espacio donde todo es posible: vórtice abierto a múltiples posibilidades que terminan confluyendo semánticamente y mostrando una parte, aunque no sea representativa, aunque no sea la deseada, del cuerpo plástico holguinero. Un Salón que, en próximas ediciones, estoy seguro de ello, sabrá superarse y crecer. Mientras bien vale la pena “asomarnos” un poco para ver mejor.