¡Muchas felicidades Profe!

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Quizás desee mantenerlo en el anonimato para el mundo y solo los más allegados conozcan de ese día en que vino al mundo uno de los más talentosos, y a la vez sencillos holguineros de Floro Pérez, sin  embargo no podíamos pasar por alto la fecha y de antemano le deseamos muchas felicidades a Ruben Jorge Rodríguez González, o solo Rubén Rodríguez, en su ya próximo cumpleaños, con esta entrevista realizada el pasado año. Los éxitos en su vida profesional y privada están más que explícitos en todo lo bueno que le deseamos.

Crecí, pero en el interior sigo siendo el mismo que mataperreaba por las calles del reparto, montaba chivichanas, jugaba a las bolas, el trompo, los escondidos…y toda una larga lista que hacen de mi infancia, como la de muchos otros, una etapa única que repetiría con gusto.

A Rubén lleguen nuestras más sinceras felicitaciones. Foto: Archivo

No he tenido el valor de escribir un libro, solo me atrevo a unas cuantas cuartillas insípidas, por eso aplaudo y respeto mucho el oficio de los escritores, mucho más si se aventuran en el encantador universo de la literatura infantil.

A Rubén Rodríguez lo conozco de la universidad, y aunque no le guste que lo repita, siempre estará en el lugar de uno de los mejores profesores de esos días, que digo profes, sin dudas, un maestro. Como niño podría leer sus textos para ese público, y es que estoy seguro que cuando escribe no lo hace solo para ellos, sino para recordarnos, a los que se nos escapa una cana, que esa es la más importante etapa de nuestras vidas, que para ellos trabajamos, porque son la esperanza del mundo, los que saben querer.

Este 2 de abril se celebra el Día Internacional del Libro Infantil, coincidiendo con el natalicio del escritor danés Hans Christian Andersen, referente de las letras universales, y Baibrama no podía perder la oportunidad de entrevistar a uno de los más notorios en este tópico dentro de la provincia y el país.

Tiempo en casa no es tiempo perdido

Aprovecho estos días de aislamiento para trabajar en la quinta novela de la serie de El garrancho de Garabulla, titulada Garrancho, la película. Es un homenaje al cine y gira alrededor de la filmación de un largometraje basado en la novela del escritor Ernesto.

Las cosas se complican cuando aparece un personaje singular, Frau Blau, la productora y directora, una millonaria alemana bastante excéntrica. Concluido lo referente al guión y el casting, ya estoy disfrutando, porque yo disfruto mucho cuando escribo, la accidentada filmación.

Por otra parte, ya comencé el segundo libro  de una trilogía de fantasía épica cuya primera entrega, El país de la alegría, debe publicarse por la editorial Gente Nueva.

Un humor pícaro, atrevido, cargado de inteligencia y perspicacia te define: ¿cuánto hay de ese atractivo estilo en tus textos?

Sí, hay mucho humor y peripecias en Garrancho, la película. Es una novela larga, al estilo de La retataranieta del vikingo, llena de situaciones hilarantes, no exenta de suspense y tensión.

Ya existió un antecedente,  la novela Mimundo, publicada por la editorial Oriente y que fue mi primer libro para niños. Ocurre en un mundo fantástico donde cae un niño cubano. Claro, este primer libro no puede clasificarse como fantasía épica propiamente, entonces tampoco tenía idea de crear una saga. Sin embargo, surgió la idea y apareció la posibilidad de publicación.

De ahí nació El Reino de la alegría, que es el libro más extenso que he escrito por su complejidad. La historia ocurre 20 años después de los sucesos de Mimundo, repite algunos personajes  pero incorpora otros.

Un humor pícaro, atrevido, cargado de inteligencia y perspicacia le define. Foto: Portada del texto

¿Y cómo es aventurarse en el mundo de los más pequeños?

Es apasionante, divertido, exige mucha energía y también debes tener claro que, por el tipo de público al que va dirigido, tienes una responsabilidad educativa implícita. Al menos sucede así en mi caso.

Debes lograr su interés, su atención y, además, llevarles un mensaje didáctico, humanista…

Respeto mucho a mi público, me parece que el respeto es la esencia, respeto su inteligencia,  integridad, sus derechos como niños. Les proveo de mi visión optimista del mundo y un modo de manejar las crisis y los conflictos y de comprender su realidad.

Andersen sin dudas es un referente para la literatura universal y para la infantil en específico, ¿Qué importancia reviste este día para quienes siguen sus pasos?

La existencia de este día es importante para todos los que hacemos literatura infanto-juvenil, porque nos reconoce y visibiliza como artistas. A pesar del auge de este tipo de literatura, existen concursos que convocan en la categoría infantil y juvenil, como si fuera una bolsa donde cabe todo; aunque esta engloba al cuento, la novela o el microrrelato, en narrativa, y a la décima, el soneto, el romance o el verso libre, en poesía; se puede dividir, también, en realista y fantástica o de ciencia ficción; y está dirigida a varios públicos etarios contemplando otras modalidades, como el comic, el álbum ilustrado, los libros de pasatiempos o los de colorear. Para todo el mundo editorial que produce para niños y jóvenes, es importante el 2 de abril.

Se celebra desde 1967, para conmemorar el nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen, uno de los clásicos del género, en 1805, y no es un día importante solo para los escritores, sino también para editores, promotores y libreros, y por supuesto, para los ilustradores, indispensables a la hora de concebir un libro dirigido a niños y adolescentes. Este día adquiere significado en la promoción de la lectura entre los niños y jóvenes. En estas edades, el libro en general -no solo el libro escolar- es un vehículo educativo, de formación de valores y virtudes.

¿Menosprecio o gajes del oficio?

Todavía existen personas, intelectuales incluso, que nos creen erróneamente una especie de escritores de segundo nivel. Es la misma gente que considera al periodismo como el pariente pobre de la literatura o niega al comic su sitio como manifestación artística contemporánea.

El texto más allá de las palabras

Particularmente concedo mucha importancia a la ilustración de mis libros; media docena de ellos ha sido ilustrada por mi amigo Ángel Velazco, cuyo estilo se aviene muy bien con la naturaleza de mis historias y ha sido bien recibido por los lectores. Toda la serie de Garabulla y buena parte de los libros de Leidi Jámilton cuentan con sus dibujos. También he trabajado con otros artistas, como Yancarlos Perugorría, quien se ocupó de la atractiva visualidad de El final de los finales felices (Ediciones La Luz) y tiene encargados otros dos cuadernos: Embrujar al bebé y otros hechizos (Ediciones Matanzas) y Cuentos de Garabulla (Ed. Cauce), que se encuentran en edición. La ilustración ayuda a captar la atención del niño o el joven, y agrega valores al texto, con la visión singular del artista. Recuerda que el libro es un objeto que se “realiza” en el mercado; para ser leído, debe ser comprado, y uno no compra un artículo que no sea atractivo.

«Particularmente concedo mucha importancia a la ilustración de mis libros; media docena de ellos ha sido ilustrada por mi amigo Ángel Velazco». Foto: Archivo

El valor de un libro

Es incalculable. A pesar del auge de la tecnología, el libro no ha perdido su importancia. Incluso se ha adaptado a las circunstancias, tomando la plataforma digital como soporte; se pronostica en nuestro país el auge del libro electrónico o e-book, algo que se comenzó a potenciar a partir de la reciente Feria Internacional de la Habana. He acogido con alegría propuestas para llevar varios de mis títulos a este formato, porque garantizan su supervivencia e incrementan su público potencial. Te confieso que recuperé mi relegado hábito de lectura gracias a los libros electrónicos. Al principio, estuve reticente, pero cuando un amigo me “pasó” una suculenta biblioteca a mi teléfono, sucumbí a la tentación y leí vorazmente en todas partes. No he dejado de hacerlo.

Un libro, además, reconforta, alivia, acompaña, aconseja, divierte, conmueve, salva y cura. Qué mejor amigo en días de aislamiento, o para las personas enfermas, cuya condición les permite la lectura, que un buen libro. Yo te confieso que en mis 51 años, los libros han estado presentes en numerosas circunstancias: en vísperas de una cirugía, cuando era pequeño, mi madre me leía La Edad de Oro; cuando salí operado y caminando despacio como viejito, en la librería del hospital me compraron dos hermosos libros; en mi infancia y adolescencia fui asiduo de la biblioteca de mi pueblo, Floro Pérez, donde pasé las horas más deliciosas; en un campismo en la playa me leí el escalofriante Ratas en las paredes, de Lovecraft; en ciertas prácticas militares, metido en un marabuzal, disfruté lo indecible conCrónica de una muerte anunciada… En momentos de soledad y duelo, acudió el libro con su presencia salvadora. En instantes de confusión y duda, el libro me dio respuestas que todavía me sostienen como ser humano. En horas de espera, mitigó la ansiedad; en periodos dichosos, complementó la satisfacción. Por otra parte, los libros que leí desde los cuatro años me prepararon para ser escritor y también definieron mi profesión, el periodismo.

“Encierro preventivo y salvador”

En estos días de encierro preventivo y salvador -no digo obligado porque me parece una bendición que las autoridades sanitarias me “obliguen” a salvar mi vida de la pandemia- un libro puede ser una excelente compañía, si se sabe cómo hacerlo, si se abre el espíritu a su contagio exquisito. Una persona con hábitos de lectura no se aburre nunca y tampoco se siente sola jamás. Ese momento en que las letras se transforman en paisajes, personajes, bestias fabulosas, o cuando ocurre la magia de que las letras se conviertan en la voz del narrador, es insuperable. El hábito de lectura y la capacidad de obtener placer de ella no tienen que ver con el grado de instrucción o la labor que se desempeñe. Es una cuestión formativa, de preparación y de entrenamiento. Por eso, creo, se debe fomentar en los niños, desde pequeños, la afición por la lectura, primeramente con una función lúdica, hedonista, o sea, relativa al juego, al placer. Es cierto que los libros son fuente inagotable de conocimientos, un vehículo para adquirir saberes, para formarse profesionalmente, un elemento indispensable para la escolarización y la instrucción, pero esa es solo una de sus funciones.

Se sabe, además, que varios escritores concibieron obras destacadísimas en tiempos de plaga y cuarentena. Quién diría que un clásico de la picaresca como el Decamerón, tiene como marco una epidemia de peste, o que William Shakesperare escribió su tragedia Macbeth durante una cuarentena. Siglos después, cuando el hombre se creía a salvo de las epidemias, amparado por la coraza ilusoria de los antibióticos, sobreviene esta pandemia, que nos devuelve un temor ancestral y nos confina a la caverna, al enclaustramiento, en el cual los libros resultan valiosos amigos, con su mensaje de esperanza y salvación. Porque el arte salva.