Arte con mirada al futuro

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Por Lilian Sarmiento Álvarez

Fotos de la autora

La XIV Bienal de La Habana ha suscitado opiniones diversas incluso antes de haber comenzado. Por estos días, el espíritu creador del evento llega hasta Holguín, donde se exponen obras de once artistas reunidos en el proyecto “Configurando catacumbas (Mundos soñados)”. La muestra, inaugurada este 28 de febrero en el Centro de Arte de la ciudad, tampoco ha escapado a la polémica alrededor de la estética y los conceptos que defienden sus autores. 

Para arrojar luz sobre algunas cuestiones relacionadas con la creación artística y su consumo durante esta etapa de la Bienal, se desarrolló un debate teórico desde el Centro de Arte con la participación del artista Ramiro Ricardo y el Dr.C Alejandro Torres Gómez de Cádiz. El encuentro titulado “Futuro, arte y sociedad” invitó a la reflexión sobre la obra de arte en la posmodernidad.

Utopías versus distopía, optimismo sobre pesimismo y cómo se concibe el futuro del arte en el siglo XXI, fueron algunas de las disyuntivas planteadas por Gómez de Cádiz, quien aseguró “La narrativa posmoderna es pesimista”. Tal característica se ha heredado del siglo XX, cuando pintores, escritores, cineastas, representaron un futuro caótico y desesperanzador del mundo a partir del contexto histórico social en el cual se desarrollaron. 

Precisamente, Ramiro Ricardo apuntó hacia el carácter contextual del arte y citó: “La calidad artística no es objetiva sino contextual. La real calidad de una obra solamente puede ser percibida dentro de un conocimiento profundo del contexto al cual el objeto artístico fue destinado”.

Asimismo, habló sobre lo importante que resulta para el artista mantener la capacidad y la osadía de transformarse al propio tiempo que la sociedad y sus instituciones, “es lo que ha hecho posible que podamos estar hoy aquí y seguir haciendo arte”, señaló.

Tras un recorrido a través de la participación holguinera en la historia de la Bienal de La Habana, Ricardo destacó que “el artista cada vez más se ha visto obligado a hacer un acercamiento a lo sociológico, lo psicológico. El artista debe ser un arqueólogo que va a descubrir a través de su obra, en ese sentido gravita también la antropología, hay un sustento histórico-social en la creación”.

Muchos factores intervienen en el consumo y la recepción de la obra postmoderna. Sigue siendo el arte un campo restringido para algunos y condescendiente para otros, sin embargo, el debate apuntó hacia la concepción del arte como un proceso abierto, rechazando el carácter totalitario de la obra que se expone con un sentido único.

Al respecto, Gómez de Cádiz ahondó en el cisma que ha surgido creador-espectador, a partir del alto nivel de conceptualización de algunas obras y el nivel de percepción del público, influido por la adopción de narrativas deconstructivas y conceptuales más complejas, y el impacto de la cultura de masas. Una vez más se puso de manifiesto la necesidad de la crítica de arte no solo desde una perspectiva estética sino también educativa, así como favorecer los estudios de consumo desde las academias e instituciones culturales.

“Configurando catacumbas” está siendo una interesante oportunidad para evaluar estos fenómenos que, si bien no determinan la creación de nuestros artistas, sí impactan en la concepción, distribución y percepción del arte, en este caso, las visuales. Durante estos días las miradas se vuelven hacia la galería del Centro de Arte y sus inmediaciones, mientras obras como “Fruto”, de Luis Ramón Silva, recibe buena parte de las opiniones de transeúntes, internautas, visitantes y locales en la ciudad de Holguín.  Pudiera ser este un buen ejercicio para críticos, artistas e investigadores en aras de intentar resolver ese abismo entre el creador y su público que la posmodernidad parece acrecentar.