Configurando catacumbas: el enterramiento

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 Por Lilian Sarmiento Álvarez 

Fotos de la autora

La lápida tapó el foso justo antes de las 8:20. Debajo quedaron sepultadas botellas con fragmentos de grabado, retazos de tela bordada y cabellos, litografías , pequeños ensamblajes de chatarra reciclada. Sobre la piedra, el futuro: veinte años a partir de este 2 de marzo transcurrirán hasta que la obra de los once artistas holguineros participantes en la XIV Bienal de La Habana sea exhumada de las catacumbas.

Desde el último día de febrero el Centro de Arte exponía las piezas que conformaron el proyecto colectivo «Configurando catacumbas (Mundos soñados)». La confluencia artística de la danza, la música y las artes visuales inició este camino que no concluye con la acción performática del enterramiento, sino que pretende trascender en el imaginario de la ciudad.

La proyección hacia el futuro juega también con el deseo de que el arte permanezca, a pesar de las circunstancias. Para Lidisbelis Carmente, su arte terapia recordará la lucha titánica contra una enfermedad como el cáncer; el joven Christian Escalona medirá la evolución del paisaje a partir del impacto de diversos elementos; la conceptualización del ser humano que Alexander Hernández Dalmau articuló dentro de su botella, quedará como una síntesis de la creación escultórica de este artista que no pretende traicionar sus esencias.

Bajo la prédica de que el fundamento de todo está en el cambio incesante, Ramiro Guerra fraccionó sus grabados en 900 piezas que conformaron la obra «Esperando Heráclito». En la botella quedaron unas pocas, otras fueron ofrecidas al público en otro intento por perpetuar la memoria artística recurriendo a la sensibilidad del espectador. 

Cuando se abrió la valija de madera confeccionada por Luis R. Silva,  el autor del polémico «Fruto» situado en la intersección de las calles Maceo y Martí, y la «Semilla» expuesta en la ezplanada de La Punta, cada uno de los autores fue colocando su botella en el interior, un performance que se antojó ritual, casi sagrado, por su carga simbólica.

Allí quedaron juntos los trazos de Ronald Guillén reflejando los conflictos raciales y la exploración del mundo afrocubano de Jorge Hidalgo Pimentel. Juntos la polifonía policroma de José Emilio Leyva y los lienzos manufacturados de Freddy García Azze.

Yuricel Moreno, directora del Centro de Arte, había dicho que «Configurando catacumbas constituye una permanente activación simbólica que tendrá cierre en el futuro, lo cual bosqueja su mayor incógnita. Las obras recorren un amplio abanico temático. Testimonian la pluralidad del pensamiento artístico contemporáneo que interactúa en un espacio-tiempo históricamente situado (…) Los mensajes revelan las discordancias de una etapa llena de amenzas en la cual se insiste en recuperar, de alguna manera, la idea de un futuro habitable para todos».

Solo resta esperar la llegada de ese futuro, y esperarlo como se espera algo nuevo.