Viengsay Valdés: La danza ha regresado con más fuerza

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Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López

Viengsay Valdés sabe que es una especie de ídolo de varias generaciones que la han visto interpretar disímiles roles del repertorio del Ballet Nacional de Cuba (BNC), como la Kitri de Don Quijote o en El lago de los cisnes, Giselle y Carmen. Quienes no la vieron en la escena lo han hecho en televisión y asocian su nombre al virtuosismo técnico e interpretativo de la compañía creada por Alicia, Fernando y Alberto Alonso en 1948, base de la Escuela Cubana de Ballet. 

Ella ha sido, luego de la figura de la Prima Ballerina Assoluta, el rostro femenino del Ballet Nacional. Es como si su nombre, que significa victoria en laosiano, presagiara un futuro de luz. 

El reconocimiento y la popularidad que disfruta en cualquier lugar de la isla y en el extranjero –y que por momentos, en su sencillez, parecen apabullarla– están sedimentados sobre el conocimiento y el esfuerzo. Sobre ellos, comenta, se levanta la carrera de un bailarín. 

Desde que asumió la dirección general del BNC en 2020, y un año antes su Subdirección Artística, la primera bailarina ha exigido la calidad. Tanto técnica como interpretativa. Es lo que siempre se reclamó a sí misma y es, por tanto, lo que pide a los demás. “Hasta que no se logre de una manera, no va a estar perfecto o al menos cerca de la perfección”, asegura. Recorrer los escenarios del país –que esperan con ansias la presencia del BNC– sin prolongar demasiado una estancia de otra, y estimular a los jóvenes bailarines, caracterizan también su dirección, además de preservar el legado histórico del Ballet y contemporaneizar las obras. 

Esta entrevista ocurrió en el Salón de espera de la Terminal nacional del aeropuerto Frank País de Holguín, mientras Viengsay Valdés, esperaba el vuelo que la regresaría a capital, donde el Ballet Nacional tendrá una temporada de la siempre exitosa Coppélia, en la que varios bailarines estrenarán roles protagónicos luego de un periodo de inactividad por la Covid-19 que les ha hecho regresar con más fuerza a la danza, como lo demostraron en la gira. 

Antes la compañía había actuado en Santiago de Cuba, justo con la obra de Arthur Saint-Léon, Bayamo y Manzanillo, y como cierre del periplo en Holguín, donde la noche anterior a este diálogo se presentó en el Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol con un programa concierto con las obras Love Fear Loss de Ricardo Amarante; La muerte de un cisne de Michel Descombey; Prólogo para una tragedia (Dúo de amor) de Brian MacDonald; Suite generis de Alberto Méndez; Invierno de Ely Regina Hernández, y Majísimo, clásico de Jorge García. 

Con la presentación en Holguín culmina la gira del BNC por varias ciudades del oriente del país… 

Ha sido una gira muy exitosa, pues nos acercamos a provincias donde hace mucho tiempo no actuaba el BNC. Comprobamos la avidez y el conocimiento de nuestro arte, con públicos tan diversos que recibieron con un caluroso aplauso a nuestros bailarines. Ha sido muy emocionante en todos los sentidos, desde la atención humana y la acogida del público, al retomar la tradición de volver a estas provincias lejanas en distancia pero muy cercanas en el sentido de la preferencia y de cómo aprecian, respetan y admiran el BNC… Es un deber, durante mi dirección, cumplir con ese legado de nuestros fundadores de poder llevar nuestro Ballet por toda la isla, expandirnos, que nos conozcan, que se vuelva casi una tradición anual. En todas las provincias coinciden en que debemos volver, no distanciar tanto los intervalos de una visita a otra. Haremos todo lo posible, dentro de nuestra programación en el año, que es bastante apretada porque tenemos muchos compromisos, pero sabemos que esto es un deber que nos corresponde como compañía insignia del ballet cubano. 

Luego de comprobar la avidez por el ballet ha quedado la promesa de regresar con algún clásico… 

Ahora sabemos que están ávidos de tener un gran clásico y nuestra compañía tiene esa línea clásica… pero siempre recordándole al público que, además, existe un gran repertorio en el BNC al que se le han ido incorporando cada vez más obras de relevancia internacional. Creo que hay también que equilibrar un poco esa balanza, los grandes clásicos sí, pero también un gran repertorio de fondo que tenemos y podemos respaldar. Ya que vivimos en esta ocasión con un programa mixto, tengo pensado complacer esas peticiones en la próxima visita. 

¿Cómo contemporaneizar el BNC y mantener el legado fundacional al mismo tiempo? 

Eso significa hacer un aporte. A lo que ya existe, ese respeto al legado histórico, se le puede añadir, siempre que se le aporte algo nuevo, diferente, pero que sea constructivo. En esta ocasión se está haciendo un trabajo con coreógrafos internacionalmente reconocidos como Alexei Ratmansky, Ricardo Amarante, Nacho Duato, posiblemente Justin Peck, que han hecho una gran obra a nivel mundial y están muy bien valorados en sus compañías y en el mundo entero. Ellos han dejado ya una huella a nivel internacional, y qué mejor que el BNC incorpore esos títulos que han sido de relevancia tanto para las carreras de esos grandes coreógrafos, como para tenerlos aquí, para nuestro consumo y audiencia… Es una forma también de retroalimentarnos de esa gran fuente de obras que poseemos en nuestros archivos. 

¿Cuáles son los intereses, los objetivos de trabajo, de Viengsay Valdés frente al BNC?

Además de lo anterior, el hecho de dar oportunidades a jóvenes promesas. Saber premiar el talento joven es una de las cosas en las que he estado insistiendo, porque considero que si a esas edades tempranas se les trabaja, adquieren experiencias más pronto y absorben de los que más conocimientos tienen en la compañía. Son bailarines que se desarrollan mucho más rápido, y es una forma de estimularles artísticamente porque tienen muchos deseos de bailar. 

Tras la pandemia ha habido un cambio, una fuerza, unos deseos, un ímpetu que han demostrado esos bailarines… Creo que la danza, en general, ha regresado con más fuerza y eso lo han demostrado en la escena, en la dedicación, en la entrega, en el entrenamiento, y en la disciplina y la exigencia; esos son factores importantes para el éxito. Ahí está ese trabajo continuo con los jóvenes, con las figuras asistentes y principales… hay mucho por hacer. Yo como bailarina comprendo lo que se necesita para llegar al éxito; cuánto es necesaria la práctica, la dedicación, y eso es algo que estoy haciendo con esos nuevos bailarines. 

Cuando en un escenario internacional el público disfruta de una función del BNC, ¿qué cree usted distingue o diferencia esa puesta, de la misma obra interpretada por otra compañía? 

Ahí está indudablemente la identidad del cubano. Es increíble como una misma pieza creada para una compañía europea, bailada luego por el BNC tiene una calidad diferente, en la que existe esa individualidad, esa personalidad que le inyecta el bailarín cubano a la hora de bailar. Es su forma extrovertida, expresiva, además de la fortaleza técnica, pura, académica… Eso permite que se aprecie nuestro arte y nuestra forma de bailar de una manera diferente pero elogiosa. Te das cuenta en un concurso de ballet: un bailarín cubano se diferencia por las formas, su postura, el virtuosismo que tiene en su ejecución… Son cosas que nos hacen estar orgullosos siempre, porque son logros de nuestra Escuela Cubana de Ballet. 

¿Cuáles obras de las que ha interpretado con el BNC la ha marcado más como bailarina? 

Son muchas realmente… Con solo 16 años comencé a hacer el rol de la Kitri de Don Quijote. Es un personaje que ha marcado mi carrera, no solo por lo temprano que comencé a ejecutarlo, también por la trascendencia a nivel internacional, la fama… Siempre que iba a una gala internacional pedían que bailara Don Quijote por mi equilibrio, por los saltos, por la parte histriónica, expresiva… Además la crítica especializada me ha puesto, precisamente con ese rol, en momentos muy altos de la danza. Es un personaje que agradezco, me sale muy natural y lo he incorporado a mi carrera aportándole, incluso haciendo versiones diferentes. Lo he bailado en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, con The Washington Ballet, en Ankara, Portugal, Sudáfrica, Ucrania… Ha sido un rol que me ha acompañado bailándolo con otras compañías del mundo, y que me han pedido que interprete en muchos sitios. 

Le tengo mucho cariño a Kitri, pero con 18 años hice mi primer El lago de los cisnes. Es uno de mis ballets preferidos, por la dualidad del personaje, como se transforma de cisne blanco a cisne negro una misma noche… Me gusta marcar la diferencia, interpretarlo, desdoblarme en ese rol… Es un personaje exigente, tanto técnicamente como interpretativamente, como lo es también Giselle, otro de mis preferidos, y Carmen, uno de los que más disfruto en escena.

Viengsay Valdés es parte del mito en la historia del BNC y de la Escuela Cubana de Ballet. ¿Cómo ha afrontado esto? ¿Ha sido complejo ser el rostro visible del ballet de nuestro país? 

Al principio uno no es consiente. Uno de entrega tanto en esta carrera para lograr ser una figura… Esa era una de las primeras cosas que mi madre me decía: “Si quieres llegar a ser una bailarina tienes que ser de las mejores, no te conformes con ser una más del cuerpo de baile”. Con solo 12 años tener una madre que me dice cómo deben ser las cosas, pues yo no era muy buena en ballet en mis inicios, increíblemente, pero fue tanta mi superación, tanto el consejo y saber lo que yo quería en mi vida, que con solo 12 años se me planteó la necesidad de saber cuál es mi meta, a dónde quiero llegar, y cuando uno tiene muy claros esos orígenes, y la vocación, pues entonces uno no mira lo que está sucediendo a su alrededor. 

En ese camino surge la admiración, el ser ídolo de otras generaciones, ir creando el precedente de la fama, el reconocimiento, la popularidad… Todo eso permitió que estuviera bien enraizada en mi cubanía… Tuve el privilegio de trabajar directamente con Alicia, con Fernando, con el propio Alberto Alonso, que muy pocos han podido hacerlo al encontrarse fuera de Cuba, con las Cuatro Joyas… Al tener maestros tan importantes y referencias de cuando algunos de ellos bailaba, me ha servido como una escuela; eso es lo que me ha permitido tener la base, el conocimiento, el saber qué exigir, y exigir la calidad: la calidad técnica, artística, en todos los sentidos. Por eso la calidad de hoy, porque entiendo que hasta que no se logre de una manera, no va a estar perfecto o al menos cerca de la perfección.