Operación Guáimaro-Cascorro y los fantasmas del “68”

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Por el Ms. C José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia

Máximo Gómez y Calixto García, después de trazar un minucioso plan, se separaron en Guaramanao, Holguín, el 21 de agosto de 1896. Ambos habían participado en una operación en Holguín que concluyó en la toma del fortín de Loma de Hierro. El primero marcharía a Camagüey, donde continuaría las operaciones, el segundo a la zona de Jiguaní, donde les dio algún descanso a las tropas y preparó las condiciones para realizar una nueva concentración y trasladarse al Camagüey.

Una poderosa columna de refuerzo obligó a los mambises a levantar el sitio. Foto: juventudrebelde.cu

En ese territorio existía una desfavorable situación debida a la ineptitud del anterior mando. Calixto era jefe del Departamento Oriental del Ejército Libertador que incluía a las antiguas provincias de Oriente y Camagüey.

El 21 de septiembre, Gómez atacó Cascorro. El sitio se extendió por 15 días: «Se les hacen más de 200 disparos de cañón. Las cápsulas no revientan y sólo hacen el efecto de balas de arrasar. Hacen daño a los edificios, por encima, pero insuficientes para destruir los atrincheramientos que son bastante sólidos. El enemigo, a pesar de su estrecha situación como tiene abastecimientos dentro y ha comprendido lo inútil de nuestra artillería, resiste ante nuestra tenacidad». (1)

Una poderosa columna de refuerzo obligó a los mambises a levantar el sitio. Los españoles desataron una intensa campaña de prensa sobre el fracaso cubano tanto en Cuba como en el extranjero.

El 30 de septiembre, Calixto, al frente de una poderosa columna, salió de los límites de Jiguaní y se encontró con el obstáculo del río Cauto desbordado por las lluvias. Había dos factores desventajosos para el cruce del río: la gran cantidad de hombres, más de 2 000 y el exceso de impedimento, debido a las armas y parque que llevaba para Máximo Gómez. Sin embargo, estaba incitado por la urgencia de llegar lo más rápidamente a Camagüey.

El fracaso de Cascorro obligaba a los cubanos a forzar al paso del Cauto sin detenerse a esperar que la creciente del río disminuyera. Ante la imposibilidad de encontrar un vado, recurrió a la utilización de medios ingenieros. Tradicionalmente, los vecinos del río tenían pequeñas canoas, pero en aquellos momentos el número era bastante reducido. El traslado de la columna insurrecta, en esas embarcaciones, se hubiera prolongado indefinidamente, y con la amenaza de quedar fragmentada, nada conveniente en una operación militar. Gracias a la experiencia de los vecinos del Cauto, y a la mano de obra de los combatientes la mayoría campesinos, se talaron una gran cantidad de árboles, muy abundantes en las riberas del río, y se construyeron numerosas balsas. En dos días, a pesar de los intensos aguaceros, contaban con una flotilla de balsas.

El jefe del Departamento organizó minuciosamente el paso del río, dividió las tropas en pequeños grupos, asignándole a cada uno una embarcación. La caballería, más de doscientos jinetes, iban en canoas con los caballos cogidos por las bridas. La impedimenta se dejó para el final. En la otra ribera del río, los mambises encontraron extensas llanuras inundadas, y fueron atravesadas cargando, cada soldado, además de sus utensilios personales, 60 ó 70 libras
de parque destinado a Gómez.

El río Salado, inundado también, fue atravesado por un puente que se le construyó. Al llegar a San Andrés de la Rioja, zona mucho más alta, los cubanos habían ganado una difícil batalla a la naturaleza. Allí se incorporaron las fuerzas de Holguín con dos cañones y una gran cantidad de mulos y caballos. En este campamento: «…la columna se había fortalecido militarmente en dos sentidos: con la incorporación de nuevas fuerzas y con la inclusión de la artillería; había ganado en movilidad el pasar la carga adicional de la artillería para las acémilas. Por otro lado la lluvia cesó y los caminos se hicieron más transitables». (2)

El 13 de octubre Máximo Gómez y Calixto García se encontraron en San Antonio de Blanquizal y trazaron el plan de operaciones: el ataque a Guáimaro. El primero, al frente de una columna de caballería en las inmediaciones de la ciudad de Camagüey, impediría la llegada de refuerzos a los sitiados. Los mambises tuneros desempeñaron similar función en su zona. El sitio del poblado por Calixto, se prolongó entre el 17 y 28 de octubre, cuando finalmente se rindió la plaza.

Después de esta victoria, ambos generales, unidos, decidieron atacar el poblado de Cascorro. El general José M. Capote, con parte de las fuerzas, recibió la misión de construir trincheras alrededor del poblado, impedir la entrada de alimentos y hostigar la guarnición, constantemente, para desmoralizarla. Mientras, Gómez y Calixto se enfrentaron a la poderosa
columna de refuerzo del general Jiménez Castellano, quien logró, después de combatir con los cubanos, entrar en Cascorro.

El plan trazado por ambos estrategas, se adaptaba a las nuevas circunstancias; en esos momentos era imposible atacar Cascorro, defendido por más de 4 000 españoles, por lo que bloquearon y repartieron las fuerzas en todos los caminos de acceso al poblado.

El 21 de septiembre, Gómez atacó Cascorro. Foto: prensalatina.cu

Jiménez Castellanos decidió retirar la guarnición de Cascorro. El 5 de noviembre, después de incendiar el poblado, inició la marcha. En su recorrido hasta San Miguel de Nuevitas fue continuamente hostigado por los cubanos. En la operación reconoció tener 20 muertos, 59 heridos graves y 138 leves. Los cubanos, 6 muertos y 44 heridos, entre graves y leves. Poco después, los españoles también se vieron obligados a retirar la guarnición de San Miguel de Nuevitas.

Estas acciones cubanas demostraron la capacidad y organización del Ejército Libertador. Vencieron los obstáculos de las crecidas de los ríos Cauto y Salado, alimentaron durante más de un mes una concentración de alrededor de 3 000 combatientes y sostuvieron durante once días el sitio de Guáimaro. Luego, obligaron al mando enemigo por medio de acciones combinadas de grandes unidades y hostigamiento guerrillero, a abandonar los poblados de Cascorro y San Miguel.

Aunque también tienen otra lectura estas acciones. El ejército español había concentrado la mayoría de sus tropas en el oriente y el occidente de la isla donde el Capitán General Weyler llevaba a cabo una intensa ofensiva. No era pensable en el occidente esta concentración de tropas y su desplazamiento sin ser hostigado por el enemigo. Mucho menos dedicar tiempo a construir un puente para facilitar la marcha.

En buena medida los éxitos de los mambises en Oriente y Camagüey, los sitios relativamente prolongados a plazas enemigas como los de Guáimaro, Tunas, Guisa… eran también producto de la resistencia de los mambises del occidente y Las Villas. Ellos obligaban al mando hispano a mantener el grueso de sus fuerzas en el occidente pues no lograban aplastar la insurrección.

Surge otra pregunta sin respuesta ¿Por qué no fueron trasladadas al occidente y Las Villas parte de esos mambises orientales bien armados y entrenados? Las respuestas pueden ser muchas; pero en cierta medida pese a la triste experiencia de la contienda de 1868, donde las divisiones internas y regionales fueron un factor que dispersó el esfuerzo independentista también estaban presentes en el 95. Eran los terribles fantasmas de la contienda de 1868 a 1878 que habían sobrevivido. La destitución de Céspedes, el motín de Laguna de Varona acompañaban a estos mambises. La multitud de hombres y mujeres que entregaban familia y vida a la guerra estaban imbuidos de un sentido de la autodestrucción inconsciente.

El fracaso de Cascorro obligaba a los cubanos a forzar al paso del Cauto sin detenerse a esperar que la creciente del río disminuyera. Foto: archivo

NOTAS
1– Gómez, Máximo, Diario de Campaña, 1899, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968, p. 362.

2– David Gómez Iglesias: «Marcha de Calixto García a Guáimaro», en Ámbito, Suplemento cultural del periódico Ahora, Holguín, septiembre de 1984, no. 5, p. 7.

Publicado en Memoria Holguinera Radio Angulo en internet. Link: Operación Guáimaro- Cascorro y los fantasmas del “68” (icrt.cu)

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