DOÑA JOSEFA

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Por José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia

 EL HIJO DEL MALLORQUÍN.

Amanecían las primeras décadas del siglo XVIII a la llegada de Francisco Cardet a Puerto Príncipe, hoy Camagüey, en la isla de Cuba. Venía Cardet con su pupila impregnada de tanta guerra de ingleses, franceses e hispanos que se discutían su isla, Mallorca, en Las Baleares. Al llegar a Cuba pensó que Adán había rechazado la fruta prohibida. El paraíso era asunto terrenal. Era aquella tierra de paz. Ni siquiera de montañas que cortaran el paso al caminante. Llanuras infinitas que parecían excitar a la crianza del ganado. Arboladas dispersas entre la mucha hierba que llamaban al reposo del caminante.

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Hombre de tierra de muchas adversidades no tardó en hacer fortuna en su nueva patria. Luego siguió el destino de la mayoría de los recién llegados. Se casó con una cubana, María Jiba. Del matrimonio nacieron tres niños: Antonio, Francisco y Miguel. Uno de ellos, Francisco, se hace sacerdote. La vida del más pequeño, Miguel, sería muy terrenal y nada santa. (1)

No hay duda que, Miguel, el menor de sus hijos era hombre emprendedor y trabajador. Miguel Cardet Jiba llegó a tener tal relevancia social y económica que la orgullosa sociedad camagüeyana le permitió el matrimonió con una vecina de la comarca de apellido de relieve. Isabel de Cisneros Montejo era de una familia importante. Tal es así que la historia de la segunda mitad del siglo XIX no se puede escribir sin tener en cuenta algunos de sus parientes. Del matrimonio nacerían cuatro hijas.

Llevaba el Miguel aquella raicilla del emigrante. Pese a que había consolidado fortuna y prestigio en la región se sentía impelido a emprender la marcha. El itinerario lo fueron marcando las noticias que llegaban del norte del oriente de la isla. Había allí bosques seculares que parecían reclamar el hacha del leñador, llanuras onduladas en espera del ganado. Desfloración excitante de tanta virginidad económica y demográfica que no pudo resistir Don Miguel tal tentación.

Cargó en carretas y bestias, propiedades y familia. Al paso lento de buenos bueyes emprendió la marcha. Una avanzada de peones de confianza abría veredas en la manigua a filo de machete. No se desprendía don Miguel de un par de pistolas y un mosquete cargados. El no sería presa fácil para bandidos de caminos.

A retazos se fue enterando de la historia de aquella comarca en la que acababa de avecindarse. En las primeras décadas del siglo XVI se establecieron algunos de los conquistadores que llegaron con Diego Velázquez. Pero muy pronto el hechizo de la conquista de México los alejó de la comarca. Uno de ellos, García Holguín, le daría nombre al territorio que formaría parte de la jurisdicción de Bayamo una de las primeras villas fundadas por los españoles. Comenzaría una lenta historia demográfica que se desarrollará durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Vecinos del municipio de Bayamo van avanzando hacia estas tierras del norte de su jurisdicción. Así se produce una extraña colonización, pues se avanza desde el interior, Bayamo, hacia las costas de la isla. Un grupo de familias criollas se convierte en la elite política y económica de este territorio.

Alrededor de 1720 un alcalde de Bayamo en uno de sus periódicos recorridos por la región convenció a varios vecinos para que fundaran una población.

Su situación geográfica nos puede dar una clave sobre como pensaban y que hacían esta gente. La aldea fue creada a 30 kilómetros de la costa. Se descartaron las profundas y bien guarnecidas bahías que abundan en el litoral. Estamos ante gente mas interesada de vivir cerca de sus fincas y haciendas que de preocuparse de muelles y navíos mercantes. Están más acostumbrados a la seguridad de la tierra que a las muchas zozobras del océano y el comercio. Pero al mismo tiempo no arrastran el espíritu ni la mentalidad de aldeas. Aquí hay más flexibilidad.

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Un viajero que recorrió esta comarca y luego escribió sus memorias se refería a que los holguineros eran gente “de temperamento novelíssimo” (2)

No le venía mal la definición para quienes gozan de la libertad de la imaginación. Quizás fue por eso que se despertó muy tempranamente en ellos los deseos de independizarse del cabildo de Bayamo. Tenían sobrados motivos para esto, pues se sentían poco atendidos por el cabildo bayamés. Entre ambas poblaciones había 70 kilómetros de selvas, pantanos y un caudaloso río, el Cauto. Los reclamos de los holguineros dieron muy pronto sus frutos.

El rey acabó reconociendo en 1751 el derecho de estos vecinos a constituir un cabildo. Al año siguiente se puso en práctica la decisión real.

Miguel Cardet Jiba fue tejiendo su historia personal en Holguín. Ya en 1757 tenía una finca valorada en 2500 pesos. Lo que en la época y el lugar era un símbolo de abundante bonanza. (3)

En 1770 contaba suficientes tierra como parra arrendar parte de ellas a un vecino por la cantidad de 9915 pesos. Cifra astronómica en el contexto en que vivía. (4) Al compás de los años queda viudo de su legítima esposa. En el cabildo es acusado públicamente de que:

  “… es un loco y… mato a su mujer…” (5)

No existían pruebas para llevarlo a los tribunales y todo no paso mas allá de los comentarios. Tales criterios tan poco fueron suficientemente sólidos para impedir irrumpiera un día vistiendo galas de novio en la iglesia local. En esta ocasión se casaba con Ana María de la Cruz Infante.

No era doña Ana de la Cruz mujer que estuviera al alcance de cualquier recién llegado. La muchacha podía sentarse a escuchar los relatos de los abuelos de cómo sus antepasados habían llegado aquella tierra con la furia homicida de los primeros conquistadores. Estaba lejanamente emparentada por línea materna con García Holguín, uno de los hombres de Diego Velásquez.

El apellido Cruz lo había aportado el canario Juan Francisco de la Cruz y Prada. No estamos ante un pobre emigrado. Al inicio de la colonización la tierra en la isla fue dividida en Hatos, Corrales y Sitios que se entregaban a los conquistadores y colonizadores según su importancia. Francisco logró hacer una sólida fortuna que le permitió en 1681 comprar el hato de Yareniquén en Holguín. (6)

Este abarcaba una porción de terrenos muy extensos. Posteriormente la familia de la Cruz llegó a poseer varios hatos en Holguín como los de Yabazón, San Marcos de Auras, Guayacán y otros.

Uno de los miembros de esta familia, Basilio Cruz y Leyva se encontraba entre los que fundaron la población de Holguín en las primeras décadas del siglo XVIII. (7)

Al crearse el Cabildo holguinero en 1752 la familia Cruz tenía permanentemente un puesto reservado en esa institución. En el primer cabildo se encuentra Juan de la Cruz Moreno como Regidor Llano. (8)

Continuaría en ese cargo José Onofre de la Cruz Infante. Todos eran considerados como ricos propietarios de tierras. El poder político los ayudó a incrementar la billetera. Cristóbal de la Cruz y Moreno se apropió, previo pago al ayuntamiento, de la hacienda San Cristóbal (9)

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Miguel Cardet con su matrimonio con Ana de la Cruz consiguió mujer y puesto asegurado en el cabildo. No tardó mucho en ser proclamado regidor de aquella institución.

No era Miguel Cardet hombre sumiso. Como integrante del Cabildo se había opuesto a los abusos de un Teniente Gobernador. Su protesta contra el abusivo orden establecido en la colonia fue mayor. Se oponía a las limitantes para el comercio impuesto por la metrópoli a los vecinos del oriente de Cuba. Con absoluta atrevimiento se había entregado a ojos de todos al comercio de contrabando. Vendía a comerciantes franceses, ingleses u holandeses llegados en goletas cueros de reses y tabaco. Compraba lencería y herramientas, vinos y tejidos. Hacia desfilar carretas cargadas de abundante tabaco hacia las ensenadas cómplices en el trasiego sin preocuparse mucho de ojos y lenguas delatoras. No tardó en ser acusado por tales libertades por el gobernador de Bayamo en 1782. (10)

La fertilidad ha dejado una buena huella en el matrimonio. Tienen 5 hijos, cuatro varones y una hembra. (11) Nuestra atención se concentra en la única hembra María Josefa Cardet Cruz

 UN OLVIDADO TENIENTE DE PROVINCIA.

 María Josefa Cardet y Cruz sobrevive a las epidemias e infecciones de todo tipo que diezmaban a los párvulos. La pequeña poseía una absoluta fortaleza física y biológica. La vitalidad material coincidía con una forma de pensar muy peculiar. Alcanzó la juventud con un carácter independiente y una libertad interior que le llevarían a decidir sobre su destino.

A diferencia de la mayoría de las mujeres y los hombres de su época, que acababan aceptando costumbres y leyes no escritas sobre la forma de vivir y actuar Josefa Cardet trataría de forjarse un destino muy diferente. Desde muy temprana edad se sintió plenamente responsable de su vida. Muy pronto tendría oportunidad de poner a prueba su carácter y convicciones.

Seguramente que la joven Josefa, Pepa como le decían familiares y amigos, no se enteró el día en que entro en la población de Holguín el Teniente de Milicias Francisco de Zayas. Mucho menos podría imaginarse el papel que tendría en su vida.

En la burocracia militar española Francisco de Zayas era un caso bastante corriente. Frisaba los cuarenta años y tan solo había llegado a teniente agregado de la plaza de Santiago de Cuba donde nació. Luego de la toma de La Habana por los ingleses la historia militar de la isla era bastante mediocre. No había campo de combate donde probar las cualidades de un militar de carrera. Mucho peor era el asunto si tenemos en cuenta que Zayas era criollo. Gente considerada en la nómina social española como de segunda categoría. Pero este santiaguero guardaba cualidades que tan solo esperaban por una oportunidad para ser puestas a prueba.

Las puertas de esa oportunidad se abrieron o el se encargó de abrirla en 1812 cuando fue designado Comandante de las Milicias de Holguín. (12)

A primera vista el cargo no parecía nada halagüeño. Holguín era a los ojos de los funcionarios españoles una pobre comarca perdida en la costa norte del oriente de Cuba. Lo mediocre, en el sentido económico, de su vecindario ofrecía pobres perspectivas para enriquecerse con el latrocinio público. Costumbre común de los funcionarios hispanos en el Nuevo Mundo. Francisco así lo comprobó cuando se vio en la necesidad de establecer una fábrica de carruajes para poder solventar sus necesidades económicas y la de su esposa Josefa Cantera.

Muy pronto se sintió subyugado por la sensación de la distancia. Estaba absolutamente alejado de todos los centros de poder. Santiago de Cuba, donde radicaban las autoridades superiores del departamento oriental, era como una especie de neblina mañanera. La pobre geografía de las comunicaciones quintuplicaba la separación. El nombrado como camino real, debía de atravesar la isla uniendo a los diferentes pueblos, no era más que un estrecho callejón impracticable en días de lluvia, que en la época eran muchos. No había un puerto en la jurisdicción que permitiera un tráfico regular de cabotaje. Para un burócrata de carrera acostumbrado a guiarse por las órdenes de sus superiores tal situación era sinónimo de ansiedades y mal dormir. Para un hombre de iniciativa como Francisco se sintió bruscamente como pez en el agua.

 No se podía vivir en aquella aldea grande que era el Holguín de principios del siglo XIX sin encontrarse con la presencia de Josefa Cardet de la Cruz. Además del impresionante conglomerado de sus apellidos y su belleza física parecía reunir la atracción de los que están dispuestos a retar a la vida tomando caminos poco transitados. La primera decisión en ese sentido fue cuando aceptó el galanteo de un hombre casado como Francisco de Zayas. Asunto desastroso para una joven virgen de familia adinerada.

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Como hija de una familia importante de la comarca Josefa debía de formar parte de algún pacto matrimonial de conveniencia. Se daba por descontado que la frontera del lecho matrimonial comenzaba en el libro de matrimonio de la parroquial mayor. Así pensaban parientes y amigos. Pero las ideas de Josefa eran muy diferentes sobre ese asunto.

El gran inconveniente que representaba el que Francisco era un hombre casado se diluyó ante la decisión y fogosidad de la muchacha.

Un anónimo enviado desde Holguín a las autoridades superiores se refería con todo el peso de la grosería de una aldea que Francisco de Zayas rompió en una noche de viernes santo la ventana de su cuarto y puso fin a la virginidad de Josefa. (13)

En la acusación se reflejaba el estupor general de la sociedad holguinera ante aquel insólito hecho. No era Josefa campesina pobre de futuro incierto y que no tenía a mal el terminar de concubina de un hombre importante. Pertenecía a familia que estaba en la nomina de los primeros fundadores de todo lo humano de la comarca. Gente que de tanto tener habían acabado olvidando las dimensiones de sus fincas. Les era imposible conocer la cantidad exacta del mucho ganado que pastoreaba en sus terrenos.

Pero las acusaciones y anónimos contra Francisco de Zayas resultaron inútiles. Realmente no había delito alguno, sí mucha pasión. La Pepa había dejado la ventana abierta y se sumó con absoluta complicidad al desfloramiento. Pero el acontecimiento demostró la confianza que tenían en Francisco sus jefes. El gobernador de Santiago de Cuba salió su defensa. En una comunicación a sus superiores hacia constar de las muchas cualidades de Zayas. (14) Es indudable que Francisco era miembro de una familia de mucho valer en Santiago de Cuba. La élite del poder burocrático del departamento oriental estaba dispuesta a continuar apoyándolo. No dudaron en 1816 en designarlo como Teniente Gobernador de Holguín.

En esta época la isla de Cuba formaba una capitanía general Esta a su vez estaba estructurada en departamentos y estos en jurisdicciones. En estas últimas demarcaciones el cargo de mas relevancia era el de teniente gobernador. Tal personaje gozaba de un poder casi absoluto. Nombrados al compás de las ambiciones de la burocracia colonial sin tener en cuenta cualidades y capacidades era frecuente que prevaleciera la mediocridad.

Francisco estaba formado de una madera muy diferente de las de los tradicionales funcionarios españoles en las colonias. Supo pulsar el sentir de los criollos, en especial los terratenientes locales. Tras aquella aparente modorra pueblerina se movían fuerzas e intereses capaces de producir grandes cambios. Francisco decidió canalizarlos. Pasadas las furias iniciales de los padres y tíos de su joven amante el arriesgado militar comenzó a ser aceptado por todos. La Pepa se encargo con absoluto desembarazo de limar las heridas del honor aldeano causadas por su pasión.

Francisco con sus obras concluyó haciendo olvidar hasta a las comadres mas implacables lo peliagudo que resultaba el tener por amante publica a una mujer de familia principal de la plaza. Tomó importantes medidas como la construcción de un edificio de dos plantas donde se instalaron la cárcel y la casa de gobierno. Estableció el primer alumbrado público de la ciudad. Obligando a sus vecinos a colocar frente a su casa un farol. Construyó o mejoró caminos importantes. Creo una filial de la Sociedad Económica de Amigos del País. Publicó en la revista de esa asociación una compilación de documentos sobre la fundación del cabildo holguinero. De esa forma se convirtió en el primer historiador local. Introdujo el cultivo del café en la jurisdicción. Incrementó el de la caña de azúcar. Para esto aceleró la introducción de esclavos. (15)

 Es indiscutible que estamos ante un hombre progresista. Lógicamente para los terratenientes holguineros. Es de pensar que los africanos tendrían otros criterios, los que nadie tomó en cuenta.

Pero la gran obra de Francisco de Zayas sería la construcción del primer puerto de la comarca. Seleccionó la bahía más cercana a la ciudad de Holguín: Gibara situada a 30 kilómetros de la capital de la jurisdicción,

La idea de Zayas encontró absoluta acogida en el cabildo y los terratenientes locales en general. Ya el comercio de contrabando no satisfacía las necesidades de los vecinos. El incremento de la producción indicaba con claridad que era necesario crear nuevas estructuras económicas, que le dieran salida al comercio internacional a los productos locales. Para esto se iniciaban las obras de superestructura del puerto con la construcción de un fortín, un muelle y las primera casas del futuro poblado. La construcción del puerto de Gibara fue en esencia la gran hazaña de la élite criolla holguinera antes del inicio de la guerra de 1868. Fue un proceso complejo y largo. Las gestiones del teniente gobernador permitieron habilitar el puerto a los pocos años.

Tales trabajos no impidieron que Francisco y Josefa escribieran una historia cotidiana y desgarradora. La reproducción natural. Verdadera hazaña en una época donde una parte considerable de las mujeres y los recién nacidos fallecían. Josefa pariría cinco hijos. Sobreviviría a las muchas infecciones que acechaban a las parturientas.

Josefa Cardet se convertía para Francisco en algo más que la simple concubina que casi por tradición tenía cada hombre de alguna importancia en la comarca. Se fueron creando lazos cada vez más estrechos en la pareja, que iba mas allá de los cinco hijos fruto de la relación carnal. Josefa acabó subordinando todo a su pasión por Francisco y su éxito en la sociedad holguinera. Incluso su amor maternal. No dudó en entregar los cinco hijos nacidos de la ilegal relación a familias conocidas para que se encargaran de su crianza. Mientras ella atendía y apoyaba a su amante e incrementaba el peculio personal. Llegó a poseer varias propiedades importantes entre ellas un establecimiento azucarero de relevancia. Un texto de 1837 sitúa a Pepa Cardet como una de las mas importantes propietarias de Holguín. Según el documento eran propietarios de ingenios

 «Manuel Trinidad Ochoa, un ingenio con 80 esclavos natural de Cuba, José Ramón Zayas, un ingenio con 42 esclavos natural de Cuba, Tomás Ramón Ochoa cubano, un ingenio con 35 esclavos, Agustín Ochoa, cubano, posee un ingenio con 20 esclavos, Santiago Patterson, escocés, posee un ingenio con 91 esclavos, Samuell Chapman, inglés, posee un ingenio con 47 esclavos, doña Rita Ballerby, inglesa un ingenio con 84 esclavos, María Josefa Cardet un trapiche con 26 esclavos y Mister Warren Gookin, angloamericano un ingenio con 22 esclavos”. (16)

 Es la única mujer propietaria de ese tipo de instalación productiva. Era además la mujer que necesitaba y complacía a Francisco. Al extremo que inició un largo, complicado y costoso proceso de divorcio que lo devolvió a la soltería. Asunto muy difícil en la época. Esto le permitió legalizar sus relaciones con Josefa. (17)

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Francisco reconoció oficialmente a los cinco hijos que había tenido con Josefa. De esa forma pudieron llevar su apellido. El hecho de contar con el apoyo de dos familias de relieve en la comarca, los Cruz y los Cardet, el apoyo material que representaba la fortuna acumulada por Josefa Cardet explica en parte el éxito de Francisco. Josefa tenía suficiente dinero para subsanar errores y acallar a enemigos de su amante. En sus propósitos no se detenía ante nadie ni ante nada. Si siendo una joven virgen se había enfrentado a toda una sociedad mojigata y pueblerina ahora que era muy rica y de sobrada experiencia no conocía los limites en su accionar. Quizás así se explique que Zayas fue el gobernador que más tiempo dirigió la comarca.

Ella se encargaba personalmente de la administración de sus bienes. Al extremo de que castigaba con su mano a los esclavos insumisos.

En 1833 Francisco cesa en sus funciones de teniente gobernador. El 11 de mayo de 1837 fallece en Holguín. (18)

Sobre su muerte se tejió una extraña leyenda. Se dice que Josefa Cardet era en extremo cruel con sus esclavos. Todo lo contrario de Francisco mucho mas benévolo en el trato con los siervos. Josefa llegaba al extremo de levantar y suspender en el aire por el labio inferior a los niños esclavos que consideraba que habían cometido alguna falta causándoles un dolor insoportable.

El odio de los siervos desembocó en un macabro plan para eliminar al ama despiadada. Un “brujo” africano preparó un mortífero “bilongo”. Según la norma de la primitiva religión, una vez que Josefa se pusiera en contacto con el preparado, los espíritus justicieros acabarían con su vida. Pero fue Francisco el que tocó el preparado. De inmediato enfermó y murió poco después. (19)

Quizás la leyenda se refiriera a un veneno. De todas formas no sería fácil a la muerte vencer a esta mujer con una vitalidad tan fuerte que la haría implacable y tierna siguiendo el rumbo de sus pasiones. Hasta sus propios hijos comprobaron esa forma de actuar de Josefa. Una de las mermas mayores que sufrían los capitales acumulados por las familias criollas era su fragmentación entre los hijos. Las familias eran numerosas. A la muerte del padre la fortuna se repartía entre la prole y la viuda. La tradición oral puso a flote un refrán. Padre millonario, hijo rico y nieto pobre. Josefa Cardet no estaba dispuesta a que sus recursos sufrieran tal suerte. No dudó a la muerte de su esposo en quedarse con lo más importante del capital, entregando a los hijos una parte mínima.

 LA FURIA DE LOS NIETOS.

 Pero no todo fue sumisión y acatamiento entre la numerosa prole de la Pepa. Para asombro de ella y de la comarca acostumbrada a la obediencia de las mujeres ocurrió una desagradable sorpresa. La más joven de las hijas, Rafaela de Zayas y Cardet, realizó una demanda legal ante las autoridades. Reclamaba la parte de la herencia que le correspondía a la muerte del padre. Se iniciaba un expediente por las autoridades que iría recogiendo detalles de la vida de esta enredada familia. Los vecinos fueron tejiendo su historia en torno a aquella jovencita que para la mayoría había heredado algo más importante que las tierras y el dinero de su familia. El carácter insumiso y fuerte de su madre. Fue comentario popular que la Pepa Cardet había encontrado en su hija la horma de sus zapatos

Rafaela al igual que sus otros hermanos había sido criada por una familia holguinera. Apenas tenía quince años cuando conoció a un forastero que llegó a Holguín procedente de Santiago de Cuba, José Grave de Peralta. Los Grave de Peralta eran una familia santiaguera, entre los que se encontraban varios propietarios de tierra. Aunque en general no tenían importancia económica descollante.

Seguramente que a José Grave de Peralta le llegaron a su casa en Santiago de Cuba las noticias de las transformaciones económicas que ocurrían en Holguín bajo el gobierno de Francisco de Zayas. Pero más que el presente, era el futuro que parecía sonreírle a la región con el puerto y el incremento de la producción. Un día emprendió el camino de Holguín. No tardó en encontrar la riqueza espiritual que le brindaba aquella jovencita, Rafaela, a la que desposó en la iglesia mayor de la ciudad.

José Grave de Peralta no solo la acompañó al lecho matrimonial y luego a sus doce partos sino a todas sus protestas y quejas contra injusticias y abusos que se trataron de cometer contra ella o su familia. Rafaela se iniciaba en el descarnado camino de la protesta enfrentándose a su propia madre en el proceso al que nos referimos anteriormente. La madre reaccionaba enérgicamente desheredando a la hija insumisa. Ya no se encontrarían los caminos de hija y madre.

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La Pepa Cardet necesitaba abundante capital. La apasionada viuda se enamoro ciegamente de un joven oficial del ejército español destacado en Holguín, Luciano Martínez. Acostumbrada a vencer en sus pasiones no tardó en iniciar un tortuoso intento para tener junto a ella a su amado. Aunque olvidaba los derechos y reclamos de su hija Rafaela se entregó con frenesí a traer a su lado al joven amante. Gestionó su licenciamiento del ejército español. Luciano no había cumplido con el período militar que le correspondía. Josefa pagó de su peculio el dinero que oficial y extraoficialmente era necesario depositar para lograr el licenciamiento del deseado militar. Por fin lo consiguió. En triunfo se estableció el joven en la cama de la fogosa mujer.

Demostraron Rafaela y su esposo José que no necesitaban de la protección materna para insertarse con éxito en el mundo económico de la localidad. Llegaron a tener varias propiedades en la jurisdicción de Holguín. Las de mayor relieve eran dos fincas y tres sitios de labranzas. (20)

Pero el trasfondo moral en que habían insertado su hogar estaba por arriba de las menudencias materiales. Allí se forjaban las aristas más agresivas y decididas de la nacionalidad cubana. Se creaba así un extraño contrapunteo entre el hogar de Josefa Cardet y su hija Rafaela. Josefa fiel al legado de quien había sido su primer y gran amor Francisco de Zayas veía la solución de los problemas nacionales bajo el ala protectora de España. Ante sus ojos estaban los desastres de Latinoamérica. Muchos de los héroes de la independencia habían devenido en tiranos. Mientras en la casa de su hija Rafaela se iban agrupando los propietarios del criterio de que el futuro de Cuba era la independencia. Los hijos de Rafaela, los nietos de la Pepa nacían entre pañales insumisos.

La morada de Rafaela y José era considerada por las autoridades como una especie de nido de víboras. En esencia no le faltaba razón. Corría en el dialogo cotidiano el veneno de la insumisión. Rafaela haría una acusación contra un teniente gobernador por abuso de poder. El asunto parecía inconcebible en especial si se realizaba por una mujer. Sus hijos seguían el ejemplo de la matrona. Se alistaban en cuanta conspiración brindara alguna posibilidad de salir de la noche colonial en que estaba sumida la isla. Francisco, el mayor de los varones, tomaría parte en la conspiración de Joaquín de Agüero, Un yerno, Idelfonso Vivanco y un hijo Manuel estarían complicado en la conspiración de Ramón Pinto. Rafaela, la mayor de las hembras, convertiría su casa en un centro subversivo. Allí se reunía la reducida intelectualidad local. Por regla anticolonialista.

Al estallar la guerra de 1868 los hijos de Rafaela encabezarían las fuerzas independentistas en la localidad. Dos de sus hijos, y nietos de la Pepa Cardet, Julio y Belisario serían generales mambises, otros dos ostentarían los grados de coronel, Manuel y Francisco. El mas pequeño, Liberato, sería capitán. Prácticamente todos los miembros de la familia Grave de Peralta y Cardet se sumaron a la revolución.

Josefa vería con sorpresa absoluta como nietos y sobrinos se sumaban al esfuerzo independentista quemando sus haciendas para hacer un país nuevo. En ella estaba presente su criterio que Cuba debía de continuar junto a España. Al mismo tiempo demostraría que más que madre y abuela por su sangre corría la pasión de hembra. Lo importante en ella era el sentido del lecho. Marchó junto al esposo, partidario del integrismo. No se asustaba ante las victorias de los revolucionarios. Tal parecía en los primeros meses del alzamiento que llegaba el fin del dominio colonial, Los revolucionarios capturaban Bayamo y Jiguaní. Bloqueaban Manzanillo y Tunas. Se extendían por Santiago de Cuba y Camagüey. En Holguín dominaban rápidamente los campos. De derrota en derrota los fieles a la corona se atrincherarían en una de las principales residencias holguineras. La casa del comerciante Francisco Rondán, situada frente a la Plaza de Armas. Ocupan y fortifican el conjunto de edificaciones de la manzana donde se encontraba esta residencia.

Allí se refugian los más devotos al integrismo. La mayoría son españoles. Entre el grupo reducido de cubanos se encuentra Josefa Cardet. Esta junto a su esposo Luciano Martínez. Desde los balcones del edificio contempla como los insurrectos penetran en la ciudad y van ocupando bajo el fuego hispano calles y plazas. Debió de sentir sorpresa mayor cuando vio al frente de las fuerzas contrarias a su nieto Julio Grave de Peralta secundado por sus hermanos. Un sobrino nieto, Miguel Ramón Cardet, con el grado de capitán se ufanaba en ser el primer mambí que entro en la ciudad. Otro sobrino nieto, Prisciliano Cardet, era teniente abanderado. Guillermo Cardet, poeta y maestro, también de la nómina de los sobrinos nietos mostraba con orgullo su grado de capitán…. Nietos, sobrinos nietos, nietos de primos y conocidos integraban la nomina de aquella fuerza insumisa. Era aquella la furia de los nietos. Acumulada de generación en generación por las injusticias del estado hispano. Concebida en los siglos iniciales de la formación de la nacionalidad cubana. Ahora estallaba incontenible.

Josefa Cardet había dado su aporte inconsciente a aquella furia. Había sabido limitar muy bien los campos de lo nacional de lo español. Su rebeldía a la sociedad impuesta por el colonialismo, su capacidad para construirse un futuro, su amor a lo nacional formaba parte del trasfondo espiritual de aquellos nietos que se le encaraban con furia mayor. Francisco de Zayas con sus obras había dado aportes determinantes al desarrollo de aquella región. Al mismo tiempo demostró los límites reales del colonialismo español. Ella pese a sus criterios integristas era en esencia una cubana. Nunca había renegado de su origen y familia. Actuando con aquel desenfado, persistencia y fidelidad a sus convicciones había forjado un pasado que pese a ella era soporte espiritual de quienes se mostraban irreverentes con sus propiedades y su mundo.

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Los insurrectos le ponen sitio a la manzana ocupada por los españoles en Holguín. Sin artillería para derribar sus paredes intentan incendiar los recintos enemigo. Las casas inmediatas son entregadas a las llamas. Había esperanza muy creída que el fuego se propagaría a las del enemigo. El esfuerzo fue inútil. Pero la destrucción mucha. Entre las que corrieron esa suerte terrible estaban las valiosas propiedades de Josefa Cardet. Su vivienda, almacenes y comercios fueron ganados por las llamas. Comenzó el desplome de las paredes centenarias. Arrastraban los días tiernos cuando ella se abandonaba al amor de Francisco.

Entre el humo y el calor desaparecían los tiempos en que su nombre se pronunciaba con apretar de dientes por los envidiosos, con halago genuino por los amigos, con placeres guardados por quienes habían desecho su soledad de viuda. Su universo se desplomaba. Más que la destrucción material era el fin de un mundo que desaparecía definitivamente. El universo espiritual de Francisco y Josefa se quebraba con el sonido lastimero de los techos que se desplomaban. No era mujer que se amedrentara ante el infortunio. Podía reconstruir casas, encargarse en lo personal de dirigir sus negocios. Pero lo que se perdía ante sus ojos mas que los recuerdos del pasado era la posibilidad del futuro de quienes creían en una Cuba española. Se reflejaba la hecatombe en su cuerpo ya anciano que desde uno de los balcones de la casa fuerte contemplaba el estrago del fuego, la proximidad de la ruina material y espiritual. Ahora sus carnes perdían todo soporte y se abandonaban a la fuerza de gravedad. Dejaba de vivir para no ver.

En un último gesto de extravagancia, como si su muerte también reclamara lo extraordinario, su cuerpo era velado con mucha premura por los sitiados en un rincón cualquiera, entre el humo de los incendios y el retumbar de la fusilaría. En hombros de sus más allegados era paseado el catafalco por los pasillos del asediado caserón. Se construía una leyenda holguinera. Según esta todavía en la soldad de la noche se pueden ver por los amplios corredores de la casa de Francisco Rondan, llamada hoy la Periquera y Monumento Nacional la procesión fúnebre.

Depositado el catafalco en insólita tumba cavada en un patio mortificado por la fusilaría contraria. Con el fin del sitio, ante la llegada de una poderosa columna hispana, sería desenterrado el ataúd. Situado en el cementerio general al lado de su Francisco Zayas. Dejados ambos al olvido de los tiempos, al fragor de los silencios definitivos.

CITAS

1… Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales año 1758, Folio 1.

2… Olga Portuondo Zuñiga: Nicolás Joseph de Ribera. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1986. p. 140.

3… Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales, año 1757, Folio 3.

4… Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales, año 1777, Folio 37.

5… Archivo Provincial de Holguín. Fondo Tenencia de Gobierno, Legajo 63, expediente 1922, Folio 51.

6… José Novoa Betancourt. Historia Colonial de Holguín. El pueblo (1720-1752). Ediciones Holguín. Holguín 1997, p. 22.

7… José A. García Castañeda. La Municipalidad Holguinera: Su creación y desenvolvimiento hasta 1799. Editorial El Arte Manzanillo, 1949. p.78.

8… Idem

9… Idem, p. 146

10… Archivo Provincial de Holguín. Fondo Tenencia de Gobierno, Legajo 63, Expediente 1924, Folio 48.

11… Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales, 1786, Folio 22.

12- José García Castañeda Francisco de Zayas (en Boletín Histórico del Municipio Holguín. Segunda Época, 5 año, Mayo de 1955, p. 2.

13- Archivo Particular de Luís Orlando La Calle. Bayamo

14- Idem

15- José García Castañeda, Francisco de Zayas, obra citada.

16.- Herminio Leyva, Gibara y su Jurisdicción. Apuntes históricos y estadísticos. Establecimiento de Bim. p. 219

17- José García Castañeda. Francisco de Zayas, obra citada

18 José García Castañeda, Idem.

19—Testimonio ofrecido al autor por Margarita Méndez Carvallo y Encarnación Cardet Méndez

20- Archivo Nacional de Cuba. Fondo de Bienes Embargados, Legajo 70, número 68 y Legajo 22, número 17 y legajo 154, número 24.

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