El Boti con aires jóvenes

Cuando recientemente concluyó en Guantánamo la 40 Jornada de Literatura y Artes Plásticas Regino Eladio Boti, que honró los 140 años del natalicio de ese poeta e intelectual, y que demostró la calidad de los ganadores, pensaba como el certamen se ha posicionado entre las más importantes citas de su tipo en el país y entre la mayoría de los miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Sin embargo pese a la difusión de la convocatoria, los esfuerzos del Comité Organizador y el pago en metálico de los premios, los niveles de asistencia y representatividad nacional en el longevo evento aún son escasos, aseguraron sus organizadores. Aunque este es un mal que asola a la mayoría de los salones de su tipo —minados por el estancamiento y dificultades curatoriales—, el Boti demostró que el peso del Salón —expuesto en el Centro de Arte Palacio Salcines—, continúa recayendo en los creadores de la provincia, aunque participaron artistas de Ciego de Ávila, Holguín y Santiago de Cuba.

La prensa guantanamera destacó que aunque “vale resaltar que los artistas con más experiencia del patio, esta vez no desempeñan un papel protagónico en las muestras inauguradas, llama la atención que son los noveles abanderados de las artes plásticas guantanameras quienes tienen presencia notable en el certamen, para competir y exhibir creaciones”.

Entre ellas destacamos la muestra Estampas de la memoria, de Anelí Pupo, expuesta en el Centro de Arte y Literatura Regino E. Boti, uno de los principales espacios galerísticos y, a la vez, lugar de las presentaciones literarias y los conversatorios. Alejada de la estética y el discurso visual de sus dos anteriores exposiciones personales, esta vez Anelí se aventura en la fotografía documental para revelarnos a un Boti menos conocido, mediante el retrato y la recodificación de algunos objetos personales del poeta.

Por su parte, el Estudio–Taller Todo por el arte fue escenario de la exposición Cuando los símbolos se imponen, primera muestra del joven de 23 años Adrián García Falcón después de graduarse de la Academia de Artes Plásticas de la tierra del Guaso. El novel artista retrata con la técnica de dibujo sobre cartulina a grandes maestros de las artes visuales del territorio. Al decir de García Falcón, en esos cuadros convergen como una gran familia el acuarelismo de Boti, el espiralismo de Laborde, el arte naif de Oscar Nelson, el paisajismo de Rogelio Martínez y las instalaciones de Ramón Moya, entre otros.

“Esos hombres constituyeron la vanguardia de su tiempo, y muchos formaron a la mayoría de los artistas actuales en la desaparecida academia. Incluso yo recibí clases de algunos como Rogelio, cuando era pequeño. Cada dibujo mide 70 por 84 mm en cartulina. En ellos la figura va acompañada, en segundo plano, de alguna de las obras peculiares que realizaron y los distinguieron. Trabajé el bodegón holandés barroco del siglo XVII a detalle, eran casi idénticos a los cuadros originales modernos, y le incluí objetos contemporáneos como botellas de refrescos, potes de mayonesa. Siempre traté que la textura transmitiese la sensación de satisfacción y gusto del paladar humano”, comenta el joven, autor de las obras de Cuando los símbolos se imponen.

“Aunque llevo cinco años de graduado, la mayor parte de mis obras han sido resultado de exposiciones colectivas como instructor de arte en la Jornada Boti, el concurso Vázquez Pubillones y en la Casa de Cultura en el evento Nivio Fernández in memoriam, porque hacer arte, para un joven hoy en Guantánamo, no es fácil por la carencia de materiales. Hay que tener pasión, de lo contrario pasa, como a otros de mi año, que cambiaron de profesión”, aseguró García Falcón

Cuando los símbolos se imponen, muestra de Adrián García Falcón. Foto: Dairon Martínez Tejeda

Salón Concurso Regino Eladio Boti en Guantánamo. Foto: Dairon Martínez Tejeda

Salón Concurso Regino Eladio Boti en Guantánamo. Foto: Dairon Martínez Tejeda
Por Erian Peña Pupo
Tomado de www.ahs.cu

María del Pilar, a las puertas de la luz

Por Erian Peña Pupo

Fotos Adrián Aguilera

La obra de María del Pilar Reyes –como afirma Martín Garrido– posee un “estilo, una manera, un sello personal” que la hace distinguible a simple vista. Esa marca es lo que hace perdurable un quehacer artístico más allá de maneras, corrientes o modas pasajeras.

Después de varios años sin realizar exposiciones personales, María del Pilar (Holguín, 1970) reúne en A las puertas de la luz, expuesta en la Sala Pequeña del Centro Provincial de Arte, parte de su trabajo más reciente, enfocado a la pintura de tema religioso.

Poseedora de una cosmogonía que nos remite a una herencia del arte occidental conscientemente asimilada y nos muestra, además, a una creadora culta e informada: la pintura bizantina –las líneas, los rostros, la perspectiva–, el cubismo picassiano, la obra surrealista de las mexicanas Leonora Carrington y Remedios Varo, estas piezas parten de una ilusoria sencillez que se adentra en “capas muy profundas de la espiritualidad humana”.

Apreciarlas levemente, deteniéndose apenas en la armonía, los coloridos tonos pasteles, sería desperdiciar la hondura que nos entrega María del Pilar en A las puertas de la luz, con curaduría de Susana Legrá Pedrera y dirección general de Yuricel Moreno Zaldívar.

Partiendo de la figura bíblica de Jesús como hilo conductor de esta muestra, María del Pilar sigue la línea trazada en su producción anterior: “No hay rupturas visibles, no hay un antes o un después. Ese acento místico que ahora se subraya en las piezas de la muestra ya aparecía en sus piezas anteriores, ya estaba ahí, con ella, desde sus inicios, en obras donde el misterio, la fabulación, lo inasible, marcaban las pautas”, añade el investigador Martín Garrido.

Sus figuras minimalistas están cargadas de “símbolos muy escuetos, inmersos en la luz, materia primigenia de todo lo existente”: rostros alargados y mayormente de perfil; árboles con ramas y sin hojas; carpas coloridas; sencillas vestimentas; cruces y apenas accesorios… que permanecen como signos de identidad en una muestra integrada por piezas como: “Tan solo con que llegue a tocar tu capa quedaré sano”, “En ese momento abrieron los ojos y reconocieron a Jesús”, “En el camino de Emaús”, “Con la cruz a cuesta”, “Oración y vida”, “Franciscanos siguiendo a Cristo”, “Restaurando la naturaleza con San Francisco de Asís”, “Restaurando la naturaleza con Jesús”, “Completando tu cruz”, “Idilio” y “Mi Señor y yo”, todas pastel sobre cartulina, salvo la pieza de la que toma el título la muestra, “A las puertas de la cruz” (acrílico sobre lienzo).

María del Pilar ha sabido impregnarles a sus alargadas figuras una sugerente humanidad que destila un halo metafísico y espiritual. Ella parece decirnos que el motivo primario de sus cuadros no es lo religioso, sino la luz que hace que nos detengamos en el camino.

Lo elemental y más sencillo, aquello que es apenas esencial, como nos recuerdan varias órdenes religiosas, entre ellas los franciscanos, es una manera de estar cerca de lo bello y lo divino.

Quienes apreciamos su obra y hemos seguido el trabajo de María del Pilar Reyes agradecemos que la artista holguinera nos de pistas, señales, que conducen a las puertas de la luz.

 

 

Proyecto audiovisual en Gibara defiende legado de Humberto Solás

Niños aprenden sobre la creación audiovisual. Foto: Radio Rebelde

El proyecto infanto-juvenil Voces del Audiovisual del municipio holguinero de Gibara homenajeó con su obra la continuidad del legado de Humberto Solás en el recién concluido Festival Internacional de Cine de Gibara.

Lázaro García, director de “Voces del Audiovisual”, explicó a la Agencia Cubana de Noticias que el proyecto surgió por iniciativa de la museóloga Bárbara López, quien en el 2010 logró materializar el sueño del cineasta Solás, fallecido el 18 de septiembre de 2008, de incentivar la creación audiovisual desde edades tempranas.

Precisó que en estos ocho años su objetivo fundamental es lograr una vía de esparcimiento y aprendizaje, donde ellos se adentran al mundo audiovisual pero lo hacen siempre desde el juego para no descuidar la esencia de la niñez.

Unos 20 niños y adolescentes entre nueve y 19 años de edad conforman este grupo de realización con más de 10 materiales realizados entre documentales, cortos de ficción y spots promocionales.

De estos productos sobresale el documental Niños del presente, señaló Lázaro, el cual recoge los testimonios de varios niños gibareños que cuentan desde su perspectiva las vivencias de ellos y sus familias ante los azotes del huracán Ike en el año 2008 y las alternativas que encontraron para mantener la alegría.

García argumentó que la obra fue dedicada especialmente a los niños de Haití, como mensaje de apoyo a quienes sufren de catástrofes naturales y epidemias como el cólera con mucha frecuencia.

Indicó a los talleres de creación audiovisual convocados por los coordinadores del proyecto como la vía de inserción de todos los interesados a partir de aptitudes demostradas en estos espacios que se desarrollan mayormente en las áreas que ocupa el Museo de Ciencias Naturales.

No obstante, aclaró, para la filmación de los productos siempre convocan al pueblo gibareño, los protagonistas por excelencia de sus obras y para ello realizan audiciones donde los niños desde su rol de productores, camarógrafos, directores o guionistas dirigen el proceso de selección.

Isaac García, joven de 15 años fundador del proyecto, agradeció la oportunidad de haberse vinculado a esta iniciativa desde que tenía siete años y afirmó que ha crecido no solo en conocimientos sino como ser humano a partir de la interacción con muchas otras personas.

El portal digital Lente Jibá es otro de los logros de “Voces del Audiovisual”, el cual gestionado por sus miembros informa todas sus actividades, las cuales insertan a la realización audiovisual otras relacionadas con la limpieza de playas a favor de la protección del medio ambiente.

Los festivales Yumurí en Matanzas, Cámara Chica en Pinar del Río, Rondando tu fantasía en Villa Clara, el espacio Fotoface en las Romerías de Mayo y el Festival Internacional de Cine de Gibara en Holguín son algunos de los eventos que anualmente acogen a estos muchachos inquietos que, cámara en mano, dan rienda suelta a la creación.

Con información de Claudia Patricia Domínguez del Río (ACN)

Tomado de www.radioangulo.cu

De tal padre, tal Cobiella

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Cobiellas (padre) junto a sus esculturas de la Aldea Taína del Chorro de Maíta. Fotos:Juan Pablo Carreras (ACN) y Argelio Cobiella Jr

Argelio Cobiellas Cadenas ya tiene 81 años.Es Hijo Ilustre de la ciudad de Holguín. Usa bastón, pero sus manos continúan fuertes, son las mismas que han logrado romper las leyes del tiempo. Sus obras escultóricas de la Aldea Taína en el Chorro de Maíta (Banes, Holguín) transmiten una espiritualidad tan valiosa, que son capaces de incentivar tu imaginación hasta remontarte a la comunidad primitiva.

Este señor recuerda cómo su padre lo enseñó a pintar. Siempre estuvo junto a él, para indicarle las imprecisiones de una estatua. Le contó sobre los comienzos del arte, relatos que quiso profundizar. Su interés por el pasado creció y terminó estudios universitarios con el título de Licenciado en Historia Universal.

“Después continúe como alumno en la Academia de Artes Plásticas. Amplié mis conocimientos sobre la escultura y descubrí mis deseos de ser profesor. No tardé mucho en convertirme en director de la Escuela Vocacional de Arte, aquí en la Ciudad de los Parques, mi tierra”, expresó Argelio, quien estuvo activo en el ejercicio del magisterio cerca de 30 años.

Le pregunté acerca de sus obras en el Chorro de Maíta y me aclaró: “No todas son mías, es cierto que soy el autor principal, pero conté con el apoyo de artistas amigos, además de mi hijo, por supuesto. Realizamos 40 piezas alegóricas a la cultura aborigen, fue un trabajo difícil, porque tuvimos percances con el cuidado del proyecto en proceso”.

“Nos demoramos aproximadamente un año, terminamos en 1997. Luego vino el huracán Ike y restauramos las figuras dañadas. Nuestro primer objetivo fue fomentar el turismo en ese lugar; pienso que se ha cumplido y, cada vez, van más extranjeros a observar a estos indios simbólicos.

Siempre defendimos que los cubanos debían ser invitados habituales, nuestra propuesta se cumplió y estamos agradecidos”, agregó.

Argelio tuvo la oportunidad de compartir labores con Electa Arenal y Huerta, artista mexicana que desempeñó una amplia obra en la provincia nororiental. Canto a la Revolución es un ejemplo de ello, se trata de un mural escultórico ubicado en Puerto Padre (Las Tunas), que representa la explotación que existía en Cuba en la etapa neocolonial y cómo los rebeldes defendían la Patria.

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Argelio Cobiellas (hijo) en plena faena.

Es coautor de las populares esculturas en la Plaza de la Marqueta, estatuas que representan al holguinero común del siglo XX. Esta y otras creaciones le valieron significativos premios como el Angelote y el Aldabón de la Ciudad.

Desde que me dispuse a entrevistarlo, quise aclarar una duda: el significado de las estatuas ecuestres. Y quedé despejado: “Si el caballo tiene dos patas en el aire, la persona murió en combate; si tiene una de las patas frontales en el aire, la persona murió de heridas recibidas en combate y, si tiene las cuatro patas en el suelo, la persona murió de causas naturales”, me dijo.

Antes de esta conversación, creía que la representación simbólica de Ernesto Guevara en Moa, así como la de Camilo Cienfuegos, en Gibara, y la escultura de El Guayabero en la ciudad holguinera, habían sido construidas por Argelio. Cuando le pregunté, me dijo que sí, “fueron construidas por Argelio, pero de apellidos Cobiellas Rodríguez, y es mi hijo”.

Las obras responden

De nombre artístico “Cobi”, es graduado de la Academia de Artes Plásticas José Joaquín Tejada, en Santiago de Cuba. Fue seleccionado como el joven más destacado de la cultura holguinera en 1984, por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) nacional, condecorado por el entonces ministro de Cultura, Armando Hart Dávalos.

No le gusta que lo entrevisten, prefiere que observen sus obras: “Ellas tienen todas sus respuestas”. Tampoco firma sus esculturas, porque se le olvida y todavía no concibe que Miguel Ángel haya podido hacer el David, pues le parece imposible que un humano, sin contar con las herramientas actuales, haya realizado tal hazaña.

Guarda en su librero una foto junto al Comandante en Jefe Fidel Castro. Me contó que fue en la inauguración de su conjunto escultórico Guerrillero de América: cuyo elemento principal es la figura corpórea del Che en bronce, que tiene 5,60 metros de altura y está situado en el municipio de Moa.

Aquel día, fue interrogado por el Líder Histórico de la Revolución Cubana, acerca de si tuvo la intención de que la figura del monumento se pareciera al Che, y le respondió que sí y Fidel le dijo que lo había logrado. “Nos ha gustado mucho”, replicó el Comandante.

Para este artista, “holguinero de pura sangre que nunca abandonará su pueblo”, como él dice, lo que más le impresionó de Fidel fue su sencillez y ahora comprende por qué jamás construirá una estatua de su figura. “Su gran modestia no se puede impregnar en ningún material, se guarda en el corazón”, aseveró.

¿Qué otras esculturas importantes ha realizado y al verlas qué recuerdos vienen a su memoria?

–La mayoría aquí, en mi provincia natal. Por ejemplo, el monumento al Che en la Avenida de Los Libertadores, el cual fue inaugurado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en junio de 1988. Debo aclarar, soy coautor de la obra, junto a Caridad Ramos, Oniel Sánchez y mi papá.

“La estatua de Camilo Cienfuegos, en Gibara. Como dato interesante, te digo que es la representación del Héroe de Yaguajay más cercana al mar en la Isla. Conté con la ayuda de los pobladores del municipio costero, muchos ofrecieron piezas de bronce para su fundición, algunas de ellas constituían obras de arte.

“Realicé la figura de José Martí en la Universidad de Holguín, específicamente se encuentra en la sede Celia Sánchez Manduley. Ella me hace recordar los elogios del ministro de Cultura, Abel Prieto; esos criterios me dieron la posibilidad de participar en la ejecución de una Plaza Martiana, en Honduras.

“Además, soy creador del John Lennon que se encuentra en la Caverna de Los Beatles, aquí en la ciudad; de otro Lennon en el Hotel Las Brisas de Guardalavaca; del monumento a José Miró Argenter, en el Poligráfico de Holguín; entre otros trabajos”.

Cuando usted construye la escultura de El Guayabero, es la primera vez que realiza una obra de este tipo a una persona que todavía estaba viva. ¿Cómo fue su relación con este notable músico cubano?

–Lo hice por petición de Cultura. Yo le pedí permiso. Conocía a Faustino Oramas desde que era niño. Cuando fui a tomarles las fotos, tenía dificultades para ponerse de pie, pero pidió que la escultura fuese erguida.

“Vio la obra por primera vez, ya terminada. El día de la inauguración estábamos rodeados de varias personas. Empezó a hacer chistes y contar sus amores, como de costumbre al final dijo: ¡Santa palabra!”.

Su papá…

–Ha sido mi guía eterno. Me gusta que me comparen con papi, no solo eso, nos han confundido.

La clarividencia de la pupila

Por Erian Peña Pupo

Diana Balboa cataloga Pupila como el “anticipo” de una exposición que realizará en el habanero Taller Experimental de Gráfica, en conjunto con la Fototeca de Cuba.

Exposición “Pupila” de la artista Diana Balboa. Foto: Carlos Rafael

Una selección de fotografías intervenidas de diferentes maneras compone la muestra abierta al público en el Hotel Arsenita, como parte del Festival Internacional de Cine de Gibara.

En Pupila, Diana interviene las fotos tomadas por amigos o por ella misma y le aporta nuevos matices e interpretaciones a las obras originales: “Estoy trabajando con las fotografías desde el 2017: primero trabajé en la Bienal de La Habana con una fotógrafa norteamericana que hace unos abstractos de paisajes; nos pusimos de acuerdo y yo intervine sus fotos directamente…, no es trabajar digitalmente las fotos después que están hechas, sino trabajar directamente sobre ellas a modo de dibujo, a veces con técnicas mixtas, pues no discrimino una manera de intervenir las fotos”, asegura la pintora.

Diana Balboa cataloga Pupila como el “anticipo” de una exposición que realizará en el habanero Taller Experimental de Gráfica, en conjunto con la Fototeca de Cuba. Foto: Carlos Rafael

Después –nos cuenta la también reconocida grabadora y ceramista–, una amiga española hizo una serie de gatos arrabaleros de Madrid y La Habana que intervino. Como ella trabaja frecuentemente el tema de la música, hizo una exposición llamada Gatos en solfa, mostrada en el Ministerio de Cultura en La Habana y después en Madrid.

“Claudia Rojas, la actriz de La vida es silbar y Una novia para David, entre otras, se acercó pidiéndome que le hiciera unas fotos con la estatua que está en Avenida de los Presidentes y Calzada, la estatua de Clío, que es la Historia, pues ella tiene una empatía con esa obra… Yo le hice las fotos y cuando vi los resultados me entusiasmé, pues no había cogido la cámara como artista, solo intervenido fotos de otros. Entonces me decidí y le pedí autorización para utilizar la imagen en algún momento y eso dio pie a una serie que se llama Rodilla en tierra, que versa sobre la repatriación, los que regresan a Cuba, y tiene un poema creado por Marilyn Bobes para esa exposición, además un videoarte, pues es un proyecto que hemos hecho itinerante en espacios no convencionales, el Mejunje, la Casa de Dulce María Loynaz, donde último estuvo, pues no es una exposición comercial, ni de espacios convencionales”, nos dice la autora de la muestra Gracias por la música, expuesta en 2003 en la galería del habanero Hotel Presidente.

Foto: Carlos Rafael

Algunas de las fotos las imprimió en blanco y negro y las intervino en similares tonos, “ya con otro concepto, ya no el de repatriación, sino un poco más intimista, del mundo interior”.

En las expresionistas piezas de Pupila, la reinterpretación de la realidad y sus atmósferas van de la mano del trazo vigoroso y al mismo tiempo delicado y sencillo que moldea ideas y formas, en una sugerencia visual que nos lleva también por los senderos de la música.

Además, Diana Balboa, miembro de la Uneac y poseedora de la distinción Por la Cultura Nacional, creó uno de los telones que tradicionalmente realizan los artistas para un Festival al que llega por primera vez y al que le ha regalado la clarividencia de sus pupilas.

Los múltiples imaginarios de Cosme Proenza

Por Erian Peña Pupo

Cosme Proenza ha forjado reconocibles “mitologías individuales”, donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte occidental.

Estilísticamente diverso y distinguido principalmente por las obras que integran las series Boscomanía y Los dioses escuchan, su trabajo deconstructivo en el ámbito de la historia no se puede conocer sin “las transformaciones acaecidas en el ámbito del arte y la cultura a partir de las tres últimas décadas del pasado siglo.

Transformaciones que se aprecian en su manera de ver la historia, con múltiples configuraciones que constituyen el paisaje cultural por excelencia”, asegura el curador Ángel San Juan Paneque.

Precisamente, el quehacer deconstructivo, el diapasón estilístico presente en su obra y el abordaje del cuerpo femenino distinguen la muestra Retrospectiva, inaugurada en la galería gibareña del creador, como parte del Festival Internacional de Cine de Gibara.

Foto: José Ángel

Dialogante con el arte occidental, pero unificada como resultado de un mismo trabajo, su obra se desmarca de las clasificaciones: “Clásico o barroco, romántico o realista, simbolista o expresionista fueron oposiciones para los historiadores; pero no para quien, además de aptitud para el dibujo y la pintura, poseía también la aptitud para salirse de lo programático y establecido en el anhelo de los mitos de la vanguardia. La variedad aquí reunida se cohesiona con la unidad temática en las obras seleccionadas: el desnudo como género pictórico y el cuerpo femenino como sujeto de abstracción; ambos han sido interdependientes desde tiempos inmemoriales”, subraya San Juan.

El cuerpo femenino unifica la muestra presidida por una Cecilia Valdés barroca, modernista y criolla, como el mítico personaje cumbre de nuestra novelística decimonónica. Mientras piezas como Juventud, Alba, Nostalgia, La noche y una de sus Mujeres con sombrero nos muestran la obra de un Cosme expresionista, hiperrealista, surrealista… y al mismo tiempo ajeno a todo tipo de clasificaciones que estrechen su creación.

Preciso tino curatorial –y excelente oportunidad para quienes seguimos su obra– resultó reunir en uno de los salones tres piezas que muestran como pocas el interés investigativo del multifacético creador, que también ha trabajado los murales, el grabado y la cerámica: una hermosa copia de La gran odalisca, pintada en 1814 por el francés Dominique Ingres; una apropiación de la misma obra perteneciente a su serie Manipulaciones, donde el pintor se añade a la misma, y finalmente el desnudo de Ingres “corporizado” dentro de las figuraciones planas y distorsionadas de otro francés, Henri Matisse. Perteneciente a la reciente serie Variaciones sobre temas de Matisse, la odalisca se integra a un paisaje alucinante y colorido.

 

Exposición “Retrospectiva”, del artista Cosme Proenza. Foto: Kevin Manuel Noya

En la inauguración, Jorge Perugorría comentó que esta exposición es un honor para el Festival por muchas razones: “Por lo que significa Cosme dentro de la pintura cubana, y por la relación que ha tenido con el Festival desde que Humberto lo inició. Digamos que la relación de Cosme es fundacional. Ha sido un gran privilegio que enseguida se estableciera esa complicidad entre dos grandes artistas cubanos. Cosme ha estado en las catorce ediciones. Está en Gibara, en Holguín, y sobre todo presente en la cultura cubana. Es un gran honor celebrar este aniversario y hacer esta exposición en su galería. Estamos muy felices y le doy las gracias, también en nombre de Humberto”.

En la exposición –a la que asistió la presidencia del Festival, invitados y las autoridades políticas y gubernamentales del municipio y la provincia–, Cosme, uno de los artistas hispanoamericanos con una de las cosmovisiones más enigmáticas y originales de los últimos tiempos, recordó su amistad con Humberto Solás, los años fundacionales de la cita y catalogó al FICG como “uno de los eventos culturales más importantes de este país”.

Signos en la primera piedra

Por Erian Peña Pupo

Hoy casi en desuso, salvo para la obtención y duplicación de obras de arte, la litografía es el procedimiento de impresión creado por el tipógrafo alemán Aloys Senefelder en 1796 que unifica la muestra La primera piedra, expuesta en el Museo de Historia de Gibara.

Max DC apuesta por el rescate de la litografía en estos tiempos

Más allá de las diferentes técnicas que dentro del grabado abarcan el tratamiento litográfico –la cromolitografía, por ejemplo, permite la reproducción litográfica en colores–, la exposición parte del trabajo de La lavandería, espacio para el arte, un sitio multifuncional creado y dirigido por Rafael Pérez Alonso en Playa, La Habana, donde “se trabaja en el rescate y mantenimiento de la litografía sobre piedras de Baviera como técnica tradicional de reproducción y creación de obras de arte”, comenta Max Delgado Corteguera (Max DC).

“En La lavandería se hace de todo a nivel creativo”, añade Max DC, quien nos asegura, además, que “esta exposición es el trabajo de casi un año con diferentes artistas de México, Argentina, Holanda, España, Suiza, Cuba… donde intentamos que ellos lleven a sus lugares de orígenes esa tradición como elemento de creación, y al mismo tiempo, mantenemos allí un espacio abierto de intercambio que nos ha servido para colaborar con el FICG”.

Foto: Kevin Manuel Noya

Estas piezas creadas en litografía –que etimológicamente significa “dibujo en piedra”– son ejercicios en técnicas diferentes como “resultado del trabajo experimental que realmente mantiene vivo un procedimiento con doscientos años, desaparecido hace casi cien”, añade Max.

Piezas de Eduardo Abela, Cuty Ragazzone, Rancaño, Jorge Perugorría y el propio Max DC, entre otros, ocupan las paredes del Museo de Historia gibareño para demostrarnos la validez creativa de un procedimiento que encandiló en su momento a grandes artistas como Picasso, Toulouse-Lautrec, Joan Miró, Ramón Casas, Piet Mondrian y Antoni Tápies.

Ficciones y documentales*

Por Redacción FIC Gibara

En la cuarta jornada de FIC Gibara tuvo lugar la presentación especial de la cincuentenaria cinta cubana Lucía (Humberto Solás, 1968). En la sesión vespertina programada para Lucía, Sergio Benvenuto Solás explicó brevemente que esta copia, reestrenada en la edición 70 del Festival de Cannes, en la sala Buñuel, fue reconstruida “cuadro a cuadro a partir de un negativo absolutamente dañado. Por eso fue una restauración costosa. Se buscó todo lo que había de Lucía en el mundo. Milagrosamente, por un accidente de la vida, se había restaurado en la antigua RDA. Y por otro accidente de la vida, cuando se cae el Muro de Berlín, un grupo de entidades muy serias recuperaron todo el patrimonio fílmico de la RDA. Y en ese accidente estuvo Lucía. También había una copia de mucha calidad en Inglaterra”.

Según Benvenuto, sobrino de Solás, esta película fue restaurada en los laboratorios más prestigiosos del mundo, en la Cineteca de Boloña. “La semana previa a la exhibición en Cannes, que fue de un estrés terrible pues parecía que la película no llegaba, había cien profesionales terminando esta restauración”, relató Benvenuto, y agregó que el filme cuenta con una banda sonora del siglo XXI.

Presentación de la version restaurada de Lucia

“Creo que es muy importante, sobre todo para los jóvenes que tienen su oído adaptado a esto. Pero hay algo más importante se rescatan voces y sonidos que nunca oímos. Las personas encuentran en los planos secundarios voces que nunca oyeron. Hay que entender que el negativo en el año 1968 era de una altísima calidad, pero los proyectores de los sesenta y setenta no podían revelar todo lo que esas cintas contenían. Esta reconstrucción digital permite que veamos una Lucía que no vieron Humberto ni Jorge Herrera, pero sí es la Lucía que ellos filmaron”.

Competencia en FIC Gibara

La muestra en competencia incluyó los cortos cubanos La máquina (Adolfo Mena, 2017) y Lobos (Camila Carballo, 2017), los cuales antecedieron al largometraje argentino El último traje (2017), del también guionista Pablo Solarz, autor del guion de Historias mínimas (Carlos Sorín, 2002).

En el mismo momento tuvieron un segundo pase en la sala B del cine Jibá los animados Ella (Brenda Lucía Báscones Cornejo, Alessio del Pozo Temoche, 2018), Los dos príncipes (Adanoe Lima y Yemelí Cruz) y Péndulo (Carlos Hecheverría, 2018).

La tarde del Jibá estuvo protagonizada por los cortometrajes de ficción en competencia Averiado (Camilo Banegas, 2017), de Ecuador y Extraños (David Rendón, 2017), de Colombia, seguidos por el largometraje Antofagasta, New York (Stjepan Ostoic Papic, 2017), una coproducción entre Chile y Colombia. Simultáneo a estas obras, se proyectó el documental Las muchas Natalia Bolívar: arte, utopía y religión (Juanamaría Cordones Cook, 2018), una coproducción de largo metraje entre Estados Unidos, Cuba y Uruguay.

Ya en las horas de la noche se ofrecieron otros dos documentales: el corto Out & About (Koen Suidgeest, 2016), de los Países Bajos, y el largo Kumu Hina (Dean Hamer y Joe Wilson, 2015), de Estados Unidos.

*Tomado de la web oficial del FIC-Gibara

Películas para volar

 

Por Katherine Pérez

Hay películas para recordar. Películas para ver con pañuelos, con tacones, con fracs, desnudos, a las dos de la tarde, a las diez de la noche, fumando, encadenados, solos, con alguien, con cinco, en un cine…Películas para reír de llantos y llorar de risas, para guardar en bolsas de naftalina, envolver en azules terciopelos y hasta bajo las sábanas de nuestros delirios. Películas como peces dorados, como misteriosos nenúfares, películas como libélulas y pájaros sobrevolándonos hasta en la sombra de los sueños.

Hay películas para darnos valor, golpes en el pecho, sentir el vuelo de los cisnes, la muerte de los hombres, el silbato del tren, y la caída sutil del vestido rojo que nunca más usó la muchacha. Películas para partirnos las piernas, el cuello, salir corriendo hasta…

El lado oscuro del corazón es también un poema

Películas que te destrozan el día, la noche, el año. Películas tantas desde que los hermanos Lumiére en aquel París de finales del siglo XIX echaron a andar esa locomotora de fotogramas. Hay películas para renunciar. Películas para volverse loco, no salir de casa en días, hacer esa llamada que nos tuvimos prohibida, sostener el corazón con las manos, preguntarse si alguien quiere con sus manos sostenernos el corazón, películas para comprender el pasado, que se inventan el futuro, que explican confusiones, que crean confusiones, películas que alienan. Películas que salvan.

Hay películas como El lado oscuro del corazón, sobre las que no se debe escribir nada, decir nada, porque puedo perdonarle a un hombre todo, o casi todo, lo que no puedo perdonarle es que no ame el silencio. Y películas como esta no llevan créditos, The end, solo un silencio posterior, el silencio justo y oscuro del corazón. Películas para terminar de ver e ir hasta el balcón, besarnos sin besarnos, sembrar extrañas flores, gritar, abrir las alas, las ventanas, las cajas de música, los paraguas y salir,todavía escuchando la banda sonora, vestidos de amor a la calle.

 

Miedo y asco en Las Vegas

Por Erian Peña Pupo y Vanessa Pernía

Incomprendida por muchos, un fracaso de taquilla que apenas recaudó parte del presupuesto, Miedo y asco en Las Vegas (Terry Gilliam, 1998) se ha convertido en una película de culto. Basada en la novela homónima de Hunter S. Thompson, esta comedia negra transita por los mismos senderos marcados por el creador del llamado periodismo gonzo.

Miedo y asco en Las Vegas (Terry Gilliam, 1998)

Ambientada en Las Vegas durante el punto álgido de la guerra de Vietnam y los últimos estertores del movimiento contracultural, Miedo y asco… sigue los pasos a alta velocidad del periodista Raoul Duke (Johnny Depp) y su abogado Dr. Gonzo (Benicio del Toro) en lo que inicialmente es una cobertura para informar sobre una carrera de motos en el desierto para una revista de deportes que rápidamente se desencadena en una explosiva travesía por Las Vegas a bordo de un convertible, mientras consumen altas cantidades de drogas, tienen múltiples alucinaciones, cometen fraudes, van destruyendo hoteles y provocando el caos.

Alucinante, surrealista y psicodélica, la fotografía, el montaje y el guion acompañan esa sensación desbordada donde escuchamos parte de la banda sonora de una generación que del amor y la paz del movimiento hippie perdió el ímpetu, la inocencia y el optimismo de sus primeros tiempos, para pasar al cinismo y al desencanto: Tom Jones, Jefferson Airplane, Bob Dylan, Big Brother and the Holding Company, The Yardbirds, Tomoyasu Hotei & Ray Cooper, Buffalo Springfield… nos dicen aquello que un Duke por momentos lúcido y melancólico asegura: “Navegábamos en la cresta de una inmensa y bellísima ola. Y ahora, menos de cinco años después, puedes ir hasta la cumbre de alguna colina en Las Vegas y mirar al Oeste, y, con la mirada apropiada, casi podrás ver el lugar donde finalmente la ola rompió contra la tierra y comenzó a retroceder”.

Los personajes de Miedo y asco… atraviesan los Estados Unidos en la búsqueda del “sueño americano”; inician un viaje sorprendente hasta el corazón de una peculiar decadencia que ellos mismos ejemplifican y que el director de The Imaginarium of Doctor Parnassus (2009) logra transmitir.

Benicio del Toro, en su papel de presentador del filme

Narrada desde la paranoia, las regresiones y flash-backs por un Duke alucinado, cargada de extraños personajes y catalogada por su presentador, Benicio del Toro, como una “sátira crítica” y “una película un poco extraña”, Miedo y asco en Las Vegas parte del interés inicial de colocar el activismo radical y la cultura de las drogas de finales de los 60 en el contexto y vitrina de la cultura popular de Estados Unidos.