Electa en la memoria, homenaje virtual desde Holguín a la artista mexicana

Por Vanessa Pernía Arias

La jornada virtual Electa en la memoria, dedicada a la artista visual mexicana Electa Arenal Huerta, se desarrolla hasta el próximo 12 de junio con motivo de conmemorarse el 85 aniversario del natalicio de esta gran muralista, quien le legó a la provincia importantes creaciones.

Fotos tomadas de Internet

Organizado por el Centro Provincial de Artes Plásticas del territorio, este será un espacio para interactuar con diversas personalidades de la cultura cubana que han investigado la vida y obra de esta importante pintora y escultora, o la conocieron cuando se radicó en la ciudad en la década de 1960 al llamado de la Revolución, precisó Yuricel Moreno, directora de la institución.

Durante estos días los organizadores exhortan a sus seguidores en las redes sociales a compartir vivencias, opiniones, obras y datos de interés sobre esta artista, utilizando para ello las etiquetas #Electaenlamemoria, #BuscandoaElecta y #ElectaArenalHuerta.

 

Este encuentro virtual pretende desempolvar un poco la memoria sobre la huella que dejó la creadora mexicana y revitalizar su legado, pues fue ella quien, en los años iniciales de la Revolución, dio impulso al naciente movimiento artístico del territorio, legando importantes obras emplazadas en espacios públicos y obras sociales, sobre todo en instituciones de la Salud, añadió Yuricel.

Electa Arenal Huerta (1935-1969) residió junto a su esposo, el arquitecto Gustavo Vargas, en la ciudad de Holguín entre 1961 y 1965, donde realizó una obra de reconocidos valores en el campo de la escultura, la pintura, la gráfica y la poesía; de este modo aglutinó a varios artistas, especialistas y técnicos para fundar el primer taller colectivo de arte y movimiento escultórico de la ciudad.

 

 

Entre sus más destacados trabajos realizados sobresalen los murales escultóricos “Canto a la Revolución”, “Átomos y niños”, “Revolución Cubana”, emplazado en el Museo Provincial La Periquera; y otros de bajorrelieve como “Infancia”, “Maternidad”, “Palomas”, y “Mural geométrico”, en el Hospital Vladimir I. Lenin de esta ciudad oriental (Con información de la Agencia Cubana de Noticias).

Un coloso para las artes decorativas se erige en Gibara

Por Vanessa Pernía Arias

“El Museo de Artes Decorativas de Gibara y sus colecciones son fieles evidencias y testimonios de valor incalculable, del contexto histórico donde surgieron y sus diferentes utilidades”, así, a grandes rasgos y por vía telefónica, define María de Jesús Chacón, directora del mismo, la impronta de esta institución, orgullo de los gibareños y de todo el público que se acerque a sus salas.

Fotos cortesía de María de Jesús Chacón, directora del Museo

A pocos metros de la plaza principal de esta ciudad costera, en medio de la transitada calle Independencia, se erige este majestuoso edificio con estilo neoclásico, que además es Monumento Local. El inmueble fue construido en 1866 por orden del comerciante español radicado en Gibara, Atanasio Calderón Villa; y en 1910 pasó a manos del millonario gibareño José Beola y Valenzuela, hasta 1961, cuando fue nacionalizado por la Revolución. Me comenta María, con seguridad de museóloga apasionada (se nota en su conversación y en los detalles de cada uno de los datos que me ofrece) que la familia Beola y Valenzuela era descendientede españoles y venezolanos; y José fue propietario del 80, 9% de las acciones del Ferrocarril Gibara-Holguín.

María se conoce cada historia que habita las paredes del Museo, entre ellas que la edificación alojó por varios días, en 1898, al Mayor General Calixto García, y me pone al tanto del repertorio de celebraciones, fiestas y otras actividades sociales de la familia Beola, donde sobresale la recepción ofrecida al primer presidente de la República de Cuba, Tomás Estrada Palma, en abril de 1902, cuando llega a Cuba procedente de Estados Unidos, por el puerto gibareño, lo que denota la gran influencia socio-económica de la familia Beola, lo cual influye en las colecciones de mobiliario y piezas domésticas que hoy se exhiben en las salas de la institución. Aunque, me explica, que la cena propiamente en sí no fue ofrecida en este inmueble, sino en una engalanada vivienda, propiedad de la acaudalada familia, convertida después del triunfo de la Revolución en cuartería, y conocida por los gibareños como “la casona”.

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El puerto de Gibara, entre 1860 y 1930, fue uno de los atracaderos preferidos del litoral norte de Holguín para el comercio marítimo con firmas consignatarias tanto locales, nacionales y extranjeras.

Este tráfico comercial posibilitó que los descendientes de españoles, principalmente, se enriquecieran e hicieran una cuantiosa fortuna para levantar muchas de las construccionescoloniales que se alzaron en el pequeño poblado; de este modo se requerían mobiliarios, objetos utilitarios y decorativos para ambientar y ser utilizados en los diferentes espacios de dichas casas.

Por tanto, Gibara tuvo un fecundo desarrollo de las artes decorativas, con gran variedad de objetos utilitarios y decorativos, que poseen un valor excepcional para la cultura local. Por otro lado, fue una de las ciudades cubanas por donde penetró el estilo art nouveau, principalmente en piezas del ámbito doméstico, no así en otras como Cienfuegos,donde la arquitectura sobresale con rasgos de esta corriente artística, distinguida por la elegancia y las formas curvas que realzan las calidades de los materiales, en perfectas unidades de estructura y decoración.

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Luego del triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, el gobierno comenzó a nacionalizar toda una serie de negocios y propiedades de las familias ricas en la isla y con ello, pasan a mano del pueblo, entiéndase a instituciones con fines públicos que iban surgiendo, diversos objetos que componían estas edificaciones.

De esta manera entre 1961 y 1962, aproximadamente, surge la idea de fundar un museo en lo que había sido la casa de la familia Beola y Valenzuela, dado los elementos arquitectónicos, artísticos e históricos del inmueble, y los objetos que poseía la casa. Sin embargo, no es hasta el 25 de julio de 1972 que se inaugura oficialmente como Museo de Artes Decorativas, impulsados por la idea de Antonio Lemus Nicolau, reconocido historiador de Gibara. Este fue instalado en la parte alta de este edificio de estilo neoclásico, convertido en una de las construcciones más significativas de la segunda mitad del siglo XIX en la Villa Blanca.

 

En sus inicios se catalogaron para su exposición más de mil piezas de las artes decorativas y mobiliario, y fueron donadas otras de las instituciones de Instrucción y recreo, de la antigua Colonia Española de Gibara y de la Unión Club. “Este proceso de recuperación de piezas patrimoniales se extendió hasta mediados de la década del 70, incluso una vez abierto el museo”, comenta María con exactitud.

A partir de 1972 y hasta la actualidad, “el museo ha salvaguardado, cuidado, gestionado e interpretado de diferentes maneras, las riquezas de ese patrimonio que con el transcurso de los años hemos obtenido a través del concepto, fundamentalmente, de transferencia de piezas de La Habana y donaciones de los gibareños, además mediante la compra-venta, por el cual se completaron las colecciones que hoy se exhiben en el Museo”. Pero lo más notorio, destaca, es que el 95 por ciento de los objetos museables han sido recuperados en la propia Gibara.

Uno de los primeros directores y gestores del patrimonio de la institución fue Lemus, cerca de 20 años cuidando celosamente el Museo, destaca, haciendo énfasis en el papel de este sabio historiador a la cultura de Gibara. También sobresale el trabajo de rehabilitación del acuarelista Luis Catalá Maldonado, quien tuvo a su cargo la restauración de cada recinto del edificio: paredes, muros y falso techos de cada espacio, así como la labor de la pintora y museóloga Liliana Caballero (en este momento hace una pausa, María piensa para decirme el nombre de cada uno de los trabajadores que han pasado por sus salas y han dejado una huella importante, pero se rinde dice que su memoria a veces falla y no quiere dejar de mencionar a todos los que han contribuido a la impronta del Museo, y además agradece al equipo que actualmente le acompaña).

En el año 2008 el Museo fue cerrado al público por acciones constructivas, hasta el 2017 que se reinauguró, para suerte de sus pobladores y de los foráneos que agradecen su existencia. “Todas sus salas y colecciones se desactivaron y en esos momentos fue un reto para sus especialistas proteger y conservar cada una de las piezas. Fueron casi diez años de trabajo intenso”, añade. Hoy esta institución es orgullo de María, de sus trabajadores y de los gibareños, que observan su pasado tangible en cada espacio de esta renovada y hermosa edificación.

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El Museo de Artes Decorativas de Gibara figura entre las instituciones culturales más importantes del país, pues atesora una gran colección de obras del siglo XIX y XX, entre los que destacan piezas de cerámica, cristal, esculturas y muebles de estilo, oriundos principalmente de Francia, Inglaterra y Alemania.

 

Una visita al majestuoso edificio es como revivir la vida doméstica de la época de esplendor gibareño, entre 1870 y 1930. En sus catorce salas de exposición y cinco almacenes se conservan más de 2 mil 500 objetos de las artes decorativas de esta época, con gran valor patrimonial y de conservación. Dentro de las colecciones más importantes se encuentran la de cerámica francesa, integrada por más de 700 objetos, donde sobresalen los conjuntos de servicio de manufactura Limoges, otras de manufactura inglesa, resaltando los servicios de mesa.

Al otro lado de la línea María insiste y me pasea por cada uno de los espacios que componen el Museo; aunque lo he frecuentado en otras ocasiones, esta, su visita dirigida vía telefónica, fue única, pues destaca, entre otros sitios, el salón principal, ambientado con muebles estilo medallón, un piano de cola estilo Pleyel, pasando por un sillón de enamorados, expresión de los cánones del período, piezas de cerámica alemana, austriaca y francesa y arcos de medio punto, que aporta singular belleza a un inmueble bien estructurado.

Muebles cubanos de las primeras décadas del siglo XX, esculturas de bronce y mamparas predominan en la decoración. Las paredes con motivos florales expresan la corriente art nouveau, asentada en la Gibara del siglo XIX, al punto que varios muros del recinto, desde el vestíbulo, la escalera, hasta el sócalo, están rematados con elementos vegetales que son reminiscencia de esta corriente europea.

Se exhiben, además, juegos de salas estilo perillita, lámparas de techo de cristal veneciano, jarrones, pedestales de exótica decoración y motivos mitológicos que realzan la armonía entre la forma y ornamentación de estas piezas Art Nouveau. Allí también se encuentran objetos de estilo rococó, y muebles de firma austriaca Thonet, así como un curioso florero trabajado con la técnica desdorado y decoración floral realizada a mano.

Otra colección importante es la de libros, con más de 300 ejemplares de las sesiones de las Cortes ​Constituyentes de España y del Congreso español, entre ellas las de Castilla, Bayona y legislaturas que pertenecieron al vicecónsul de España en Gibara, Javier González Longoria.

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Lamentablemente hoy el Museo permanece cerrado al público, como todas las instituciones culturales del país, de manera preventiva ante la propagación de la Covid-19. La misma razón que me llevó a la conversación vía telefónica con María, de no haber sido por este virus que te aleja de tus semejantes por miedo a la muerte habría llegado yo hasta el Museo para recorrerlo con ella (que en su trato me pareció orgullosa de su gente y afable, como todo ser humano que habita ese poblado), mientras me acercaba en su conversación a la historia del Museo.

María, ahora vía Facebook, me dice que están preocupados por la situación que vive Gibara, donde hace solo horas decretaron fin de la cuarentena, sin embargo mantienen su trabajo interno en el Museo, a partir de la documentación e investigación de las piezas, pues a veces se completan datos de época que no se conocían. Además se verifica el estado de conservación de cada una. Una vez a la semana, precisa, acuden allí para realizar acciones de limpieza, mientras que otros especialistas trabajan desde casas en otras actividades dirigidas al Museo.

Este 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, María de Jesús Chacón seguramente contemplará orgullosa, junto a sus compañeros, un inmueble que ha forjado la historia local y que ha trascendido la curiosidad de los apasionados para convertirse en un coloso del arte y la cultura gibareña y cubana, durante 48 años de labor dedicada al rescate de la memoria de la isla.

Romerías virales

Por Bernardo Cabrera

Talento, creatividad, pasión y añoranza. Esos fueron los ingredientes
que utilizaron cuatro jóvenes holguineros para expresar, a través del
arte, su devoción por las Romerías.

“Siempre he sido una fiel seguidora del evento. Nunca me pierdo los
desfiles, las exposiciones o los conciertos. Por eso cuando vi que este
año se celebrarían desde casa y a través de Internet, se me ocurrió que
podía aportar con lo que me gusta hacer. Me puse en contacto con varios
amigos a través de WhatsApp y acordamos realizar un body art que
reflejara nuestro sentir”, explica Claudia Díaz.

En la espalda de Mell Sánchez confluyeron colores, símbolos y emociones.
“Para mí fue un placer porque me siento muy identificada con el festival
y así pude contribuir este año, que se celebraron desde casa y a través
de las redes sociales”, refiere la modelo aficionada.

Mientras, Beatriz Borjas señala que “lo concebimos como una
representación con maquillaje y pintura, sobre todo de color verde, para
transmitir un mensaje alusivo al vigésimo sexto Festival Mundial de
Juventudes Artísticas”.

Alexander Serrano, fotógrafo de Intenso Estudio, fue el encargado de
inmortalizar el momento. “Después que ellas terminaron con la pintura y
el maquillaje realizamos una sesión de aproximadamente 200 fotos, en las
cuales usé luces tenues para resaltar los colores. Seleccionamos las
cuatro que más reflejaban lo que queríamos y les realicé una edición
sencilla para resaltar la pintura”, relata.
Pero lo que empezó como un homenaje de un grupo de amigos a esta
tradición, terminó convirtiéndose en una publicación viral en las
plataformas digitales.

“Subimos las fotos para celebrar las Romerías y no imaginamos que
tendrían tanta repercusión. De un momento a otro empezaron a
compartirlas y a comentarlas e incluso colocaron una como portada de los
perfiles en Facebook del Ministerio de Cultura y la Asociación Hermanos
Saiz, así como en la página del programa Mediodía en TV. Además, las
emplearon para acompañar varias noticias”, rememora Claudia.

En tanto Mell recuerda que cuando lo estaban planificando nunca les pasó por la mente que fuera a volverse viral. “Lo hicimos más para expresar lo que sentimos por esta tradición y como algo de nosotros, pero nos enorgullece que a tanta gente le haya gustado”.

“Obtuvo casi 4000 vistas y cientos de likes y comentarios, entre ellos
el del Presidente de Honor y fundador de las Romerías, Alexis Triana
Hernández. Para nosotros ese es el mayor reconocimiento a la pasión que
le pusimos”, refiere Alexander.

Los cuatro sin saberlo contribuyeron con su iniciativa a preservar el
espíritu de un festival holguinero, que también es de Cuba y del mundo.
Sus fotos ya son parte de las memorias de unas Romerías diferentes y, al
mismo tiempo, la prueba indiscutible de que no hay mañana sin hoy.

Miradas al audiovisual desde la Cámara Azul

Por Erian Peña Pupo

Fotos Yusmel Pérez y Archivos del Centro de Comunicación Cultural La Luz (Holguín)

La Cámara Azul, como muestra nacional e internacional de los diferentes géneros audiovisuales, surgió en 2004 desde la Sección de audiovisuales de la AHS en la provincia, organizado por el joven realizador Jorge Ribail ante la escasa presencia del género en Romerías.

Aunque desde la edición fundacional existió presencia del audiovisual, pues los primeros participantes internacionales fueron estudiantes de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV) junto a la actriz Laura de la Uz y el profesor y guionista brasileño Joaquín de Assis, cuando su telenovela Roque Santeiro hacía furor en la pantalla nacional. Entonces se proyectaron varios documentales y una Muestra de Cine Erótico.

“La Cámara Azul se concibió inicialmente como un encuentro de realizadores y para los realizadores. La sección teórica se concentró en encuentros de los jóvenes realizadores con artistas consagrados del audiovisual. Si en algo hemos contribuido al ambicioso proyecto que son las Romerías de Mayo como Festival Artístico, si en algo ha servido para que el gremio de los artistas audiovisuales crezca cualitativamente sobre todo, entonces ha sido muy bueno y debemos estar felices por lo poquito que nos toca de ese logro”, dice Ribail.

El evento, realizado con el apoyo del Centro Provincial del Cine, y que en sus primeras ediciones tuvo un carácter competitivo, con obras de varios países, ha dedicado jornadas a temas como el musical, el cine de autor, la producción y la animación. Asimismo ha homenajeado a Humberto Solás, Tomás Gutiérrez Alea (Titón), Manolo Redondo, el Almacén de la Imagen en Camagüey, Fernando Pérez, a propósito de la entrega del Premio Nacional de Cine en 2007, Juan Carlos Tabío, cuando recibió el Premio Nacional en el 2014, y el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (Icaic) en su 60 aniversario en 2019.

“El simple hecho –si es que es simple– de insertarse dentro del delicioso caos de un Festival tan sui generis como son las Romerías de Mayo, ya es una distinción de La Cámara Azul. Pero considero también que las proyecciones en pantallas a la intemperie, a cielo abierto, bajo las estrellas, no es cosa que suceda en muchos eventos del audiovisual, y es otra distinción de un evento que a lo largo de estos años se ha honrado con la proyección a cielo abierto y en salas cerradas de obras del catálogo del Festival de Cortometrajes La Boca del Lobo, el Taller Comunitario Ojo al Sur, DOC TV de Telesur, La Villa del Cine de Venezuela, la EICTV, la Facultad de Arte Audiovisual del Isa en La Habana y sus filiales en Camagüey y Holguín, el Proyecto InCubArte de Honduras, los Estudios de Animación del Icaic, la Fundación Ludwig de Cuba, el Festival Almacén de la Imagen, el Festival Internacional de Videoarte de Camagüey, la Muestra Joven Icaic, entre tantas otras”, añade.

El encuentro audiovisual –organizado, entre otros, por Alejandra Rodríguez Segura, Yamila Marrero, Manuel Alejandro Rodríguez y Dayana Prieto– ha posibilitado la realización de materiales, como el documental Romerías de Mayo: Porque no hay hoy sin ayer, de Pablo Javier López, y el reciente Romerías, la utopía, de Carlos Gómez y Manuel A. Rodríguez Yong.

Dieciséis años han transcurrido desde que este evento que en su nombre evoca al proceso cinematográfico utilizado para que varios elementos fotografiados por separados sean reunidos en una sola imagen, se realizara por primera vez. “La metáfora es hermosa: el evento tenía que ser capaz de reunir en una sola imagen a jóvenes realizadores y cinéfilos de muchas latitudes. Hoy la Cámara Azul ha sido asumida por la nueva generación de jóvenes realizadores, que la organizan desde sus inquietudes, sus anhelos, sus aptitudes”, añade (artículo publicado en la web de la Asociación Hermanos Saíz).

Babel: De la aldea, a la isla, al mundo

Por Erian Peña Pupo

Fotos Carlos Parra y Archivos

Dentro del megaevento que es Romerías de Mayo, Babel resulta en cada edición uno de los puntales más altos en un programa que reafirma –más allá del eslogan que cada año nos invita a Holguín, inmerso en el luminoso hervidero de locuras y utopías, esa vorágine donde casi todo es posible en que se ha convertido el Festival Mundial de Juventudes Artísticas–la idea fundadora del Dr. José Manuel Guarch Delmonte: “Porque no hay hoy sin ayer”.

Veinticinco ediciones ha realizado el evento que dentro de las Romerías de Mayo potencia y promociona las artes visuales cubanas: Babel no solo es una vitrina de lo mejor del panorama insular, sino el escenario de un productivo diálogo entre los maestros y los jóvenes.

Surgido en 1995 y organizado por el historiador y crítico de arte Ramón Legón Pino, entonces presidente de la Sección de artes plásticas de la AHS holguinera, Babel es sinónimo de pluralidad y de incorporación de espacios institucionales y públicos en pro del arte.

Danger, obra del artista José Emilio Fuentes Fonseca, expuesta en el Parque Calixto García de la ciudad de Holguín, Cuba, como parte de las actividades por las XX Romerías de Mayo. AIN FOTO/Juan Pablo CARRERAS

Cada edición, realizadas durante quince años por Tatiana Zúñiga, entonces directora del Centro Provincial de Arte, se dedica a diversas manifestaciones y temáticas dentro de las artes visuales: el paisaje, la abstracción, la fotografía, el grabado, el land-art, el performance, el tatuaje, la enseñanza artística… De la misma manera, como parte del tránsito de la tradición a la modernidad que caracteriza todo el Festival, Babel ha rendido homenaje a los maestros de la plástica cubana y universal, exponiendo desde originales de reconocidos artistas, por coordinaciones con el Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP) y el Museo Nacional de Bellas Artes, hasta obras de Oswaldo Guayasamín, y grabados de Pablo Picasso.

 

Babel ha hecho posible que en Holguín se expongan al público piezas de importantes artistas, varios de ellos maestros de las vanguardias cubanas del pasado siglo, como Fidelio Ponce, Víctor Manuel, Leopoldo Romañach, Wifredo Lam, Julio Girona, Adigio Benítez, Raúl Martínez, Rita Longa, Antonio Vidal, Samuel Feijoo, Raúl Corrales, Agustín Cárdenas, Alfredo Rostgard, Salvador Corratgé, René de la Nuez, Alfredo Sosabravo y Belkis Ayón. De la misma manera que Ever Fonseca, Roberto Diago, Lázaro Saavedra, Zaida del Río, Nelson Domínguez, René Francisco, Sandra Ramos, Juan Moreira, Alicia Leal, Eduardo Ponjuán, Osneldo García, Manuel Mendive, Héctor Frómeta, Gustavo César Echevarría, Rocío García, Agustín Bejerano, Joel Jover, Esterio Segura y Arturo Montoto, han expuesto junto a importantes artistas holguineros, como Cosme Proenza, Jorge Hidalgo, Armando Gómez, Julio Breff, Magalys Reyes, Julio Méndez, Ernesto Ferriol, Daniel Santos, y Miguel Ángel Salvó.

“La vocación de Babel, en buena medida por las inquietudes de quienes han transitado por la actual Academia regional de artes plásticas El Alba, de cuyas aulas nació, siempre fue muy clara: transgredir/desmitificar el recinto «sacro» de la galería desde la activación de espacios alternativos, en el que las calles y plazas ganaran protagonismo”, comenta Yuricel Moreno Zaldívar, directora del Centro de Arte y miembro del Comité Organizador de Romerías.

Esta transgresión ha caracterizado el evento, cuyo lema fundacional es “De la aldea, a la isla, al mundo”, pues Babel ha priorizado lo performático en plazas y parques –recuerdo al maestro Lezcay realizando un performance al compás de los acordes jazzísticos de uno de sus hijos–, convocando a tomar por asalto espacios públicos y lograr intervenciones urbanas. Por otra parte, junto a los imprescindibles maestros, los jóvenes creadores de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), muestran su trabajo en galerías y parques de la urbe, demostrando la convivencia de varias generaciones de creadores en el amplio escenario insular.

“En la polifonía que constituye el macro evento, y no exento de necesarios replanteos porque las dinámicas del arte se modifican con celeridad, Babel ha contribuido a mover el epicentro de los circuitos de promoción y, por un lapso pequeñísimo, mostrar los principales referentes de la plástica nacional en diálogo con propuestas locales, osadas, experimentales, que el público ha ido aprendiendo a reconocer dentro de una misma tradición artística problematizadora y audaz: la cubana”, añade Yuricel.

Relevantes muestras confluyendo en un mismo ámbito, y los conversatorios, talleres prácticos, clases magistrales y conferencias, reafirman a Babel –del que han surgido otros eventos como el Festival de Fotografía Autodidacta (FotoFest) y que en esta edición compartirá cronológicamente en las redes imágenes, catálogos y otros materiales–como escenario de múltiples voces y resonancias en ese alucinante torbellino que es Romerías de Mayo (artículo publicado originalmente en la web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).

 

Amor por el arte

Por Bernardo Cabrera

Siempre que escucho la palabra arte pienso en ella. Me la imagino dirigiendo a artistas plásticos y promotores, creando libros de papiro o dialogando con pensadores de Iberoamérica; la imagino conduciendo programas culturales, gestando un nuevo proyecto o conversando con amigos en algún café de la ciudad.

Siempre está rodeada de arte, quizás porque esa fue la carrera que estudió o porque algunas personas, mucho antes de forjar su destino, ya llevan tatuada en el alma su aptitud. Por eso y porque es de las imprescindibles (para mí) en la historia de las Romerías holguineras no dudé dos veces en contactar a Tatiana Zúñiga Góngora.

Tatiana Zúñiga. Fotos: José Rodríguez Martínez

“Tras graduarme de Historia del Arte realicé mi servicio social en el Centro de Artes Plásticas, de la provincia de Holguín, y al año y tanto empecé a dirigir la institución, en la cual no existían muchos recursos materiales, pero sí un equipo de trabajo inteligente e inquieto. El Gabinete Caligari quedaba justo encima del Centro de Arte y las discusiones con Alexis Triana fueron extensas por el uso y abuso del espacio y por apropiarse de la terraza. Al final terminé involucrándome en las Romerías. Era inevitable, todo ocurría encima de nuestras cabezas”.

Evento de artes visuales Babel

“En 1995 el historiador y crítico de arte Ramón Legón Pino creó el proyecto Babel y al año siguiente nos ofrecimos para acompañarlo en esa segunda edición que terminó siendo todas las que vinieron después, hasta hoy. Ese y otros proyectos relacionados fueron nuestra oportunidad de resistir estoicamente la profunda crisis económica y no dejar que aquellos años de nuestras vidas transcurrieran en la parálisis y la apatía.

“Nos sobrepusimos con ilusiones, convicciones y conceptos sobre el arte, la creación, la cultura y el país en que vivíamos, estructurando sobre la marcha métodos revolucionarios y atrevidos, por no decir un poco locos. Reconstruimos una ciudad y un país en nuestro imaginario, a partir de un discurso cultural peleador, polémico, antropológico, transversal, digno, profundo, con mucha sustancia y poca pose”.

Espacio de superación

“Estoy segura de que crecí profesional y personalmente al vivir y organizar un festival de esta magnitud, que en cada edición había que luchar para que sobreviviera un año más y que, al mismo tiempo, crecía sin darnos cuenta.

Babel 1995. Inauguración de la exposición del artista plástico holguinero Jorge Hidalgo Pimentel en La Casa de Iberoamérica.

“Aprendimos sobre los modos más renovadores y experimentales de hacer arte. Investigamos para llevar lo que considerábamos debía ser legitimado de acuerdo al diseño de nuestro evento y abordamos a maestros e intelectuales con obras consolidadas a validar artísticamente las Romerías.

“En ese tiempo logramos un mapa cultural de la Isla que no se había logrado en ningún otro evento. Buscábamos por todo el país las obras y los jóvenes artistas más prometedores en cada manifestación. Les poníamos voz y rostro desde San Antonio hasta Maisí. Todo eso nos enriqueció y al mismo tiempo fue el marketing más grande y efectivo que pudimos hacer del festival por toda Cuba en tiempos donde no había teléfonos móviles ni internet”.

Agradecimientos

“El acompañamiento de las autoridades políticas y gubernamentales en Holguín fue determinante. Confiaron en los jóvenes y pusieron a disposición de las Romerías a todos los organismos y empresas del Estado e hicieron un compromiso serio de jamás dejarnos desprotegidos”.

¿Romerías de Holguín?

“Las Romerías además de formar parte de la identidad cultural de la ciudad y de los holguineros, forjaron y legaron una manera de hacer cultura a nivel nacional, una estrategia de participación de todos y con el aporte de todos para difundir nuestros valores.

“Creo que el mayor reto ahora es parecerse a su tiempo. Confío en que los que hoy tienen el compromiso de preservar el festival van a mantener su espíritu. Fíjate que digo compromiso y no responsabilidad porque las Romerías no se pueden ver como una obligación, como algo impuesto. Hay que vivirlas, sufrirlas y sobre todo saber qué quieres decir con ellas, cuál es la batalla que quieres ganar desde la cultura. Hay que verlas como una plataforma para fundar y no como algo estático porque alguien la cogió hecha. Muchas de las fórmulas que empleamos hace unos años actualmente no funcionan.

Añoranza…

No miro hacia atrás con la nostalgia de algo perdido. Miro con la sorpresa de ver y descubrir cosas que no sé cómo pudimos hacer en aquellas condiciones en las que como dice un amigo romero muy querido: “comíamos cultura”. Veo los rostros de tantos y tantos que estarán para siempre en el ADN del evento y eso me enorgullece. Los que un día lo hicimos, al menos yo, quiero llegar cada año con la sorpresa de descubrir que es mucho mejor que como lo soñé y para eso hay que seguir trabajando con pasión y amor por el arte.

Las Voces del Audiovisual se escuchan en Gibara

Por Vanessa Pernía Arias

Gibara es conocida por ser una ciudad de pescadores, de gente buena y sencilla, y por sus paisajes cinematográficos. Es como si el cine cubano la hubiera escogido para filmar allí algunos de sus emblemáticos momentos. Este fue el poblado de Humberto Solás y de tantos otros directores cinematográficos cubanos para inmortalizar escenas únicas e irrepetibles de la filmografía nacional, pero sobre todo, de Solás y de su Cine Pobre, hoy reconocido como Festival Internacional de Cine de Gibara, que extiende sus fronteras más allá del séptimo arte para convertirse en un mar de artes en ebullición cada año.

Fotos cortesía de Voces del Audiovisual de Gibara

Como semilla de la realización joven en la isla y con génesis, hace diez años, en los talleres que se impartían en el Festival de Cine Pobre surgió allí, el 19 de abril de 2010, el proyecto comunitario Voces del Audiovisual, integrado por niños, adolescentes y jóvenes con intereses en la creación cinematográfica. Actualmente 17 niños y adolescentes de varias generaciones integran este grupo de creación cinematográfica, siendo protagonistas de sus propias historias y potenciando la no exclusión, el respeto al derecho de cada uno y los espacios que ofrecen las comunidades para su desenvolvimiento profesional”, diceBárbara López Hernández, coordinadora del proyecto.

Durante estos diez años han realizado varios materiales, en los diversos géneros del audiovisual: stop motion, documentales, mini documentales, cortometrajes de ficción, noticieros de televisión, lo cuales se visibilizan en las comunidades, en diferentes eventos nacionales e internacionales, y a través de Gibaravisión. El objetivo fundamental es que sus integrantes tomen empoderamiento profesional y que como grupo, explicó Bárbara López, realicen sus propios productos, a partir de guiones originales y otras técnicas del audiovisual, como la producción, edición y postproducción.

Como proyecto comunitario han transitado también por espacios socioculturales de conjunto con instituciones como las Direcciones Municipales de Educación yCultura, Centro Memorial Martin Luther King y la red de Educadores Populares, y se han insertado en la Federación Nacional de Cineclubes, la red Cámara Chica y la red Unial (Universo Latinoamericano para la Infancia y la Adolescencia), patrocinados por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, convirtiéndose enun espacio de confluencias artísticas, de encuentro con las diferentes técnicas de esta modalidad de la creación, para lograr un empoderamiento de la niñez y la adolescencia de cara al futuro.

Este 19 de abril arribaron a su décimo aniversario desprovistos de toda tristeza, pues a pesar de la situación sanitaria por la propagación del Covid-19 que vive Gibara, uno de los territorios de Holguín declarados en cuarentena, sus miembros se mantienen activos y esperanzados, colaborando desde casa en esta lucha constante contra el virus.

Entre las vías para que los integrantes de Voces del Audiovisual socialicen su trabajo en estos días se encuentra la realización de diversos materiales que, desde la pantalla de los gibareños, han llevado mensajes de aliento y responsabilidad, como una manera deacompañarlos desde la casa. Estos jóvenes realizadores han creado diversas cápsulas, a modo de informativos, que difunden esperanzas, consejos sobre qué hacer en el hogary las medidas higiénico-sanitarias a partir de herramientas alternativas de grabación, para luego transmitirlas a través de las redes sociales y los telecentros Gibaravisión y Telecristal.

Con esta situación se han buscado opciones para no dejar de crear. Estar en cuarentena no es una limitante para Voces, es una forma de fortalecimiento ante diversos retos que puedan surgir de la cotidianidad, y también la manera de expresar las potencialidades de cada integrante con diversas herramientas, asegura Lázaro García, estudiante de Periodismo y uno de los miembros de este necesarioproyecto en Gibara.

Aunque el Covid-19 imposibilitó el Festival Internacional de Cine Gibara y el Festival Nacional de la Niñez y la Adolescencia este año, con la presencia de estos pequeños creadores, Voces del audiovisual reafirma desde su cotidianidad más prominente que aún hay espacio para creación audiovisual, pues Gibara sigue siendo “un pueblo de película”.

(Tomado del sitio web de la Asociación Hermanos Saíz).

El pincel mambí

En la contienda de 1895 se pasaban días difíciles por la escasez de provisiones, “pero no se podía dejar de resistir y luchar por la independencia de Cuba”, recalcaba el pintor mambí que por esos días apenas pudo comer.

Corría el año 1863 en la capital de todos los cubanos, La Habana, cuando en el seno de una reconocida familia insular dieran a luz a esta suerte de pintor mambí. Foto: Internet

Un soldado del pequeño grupo comandando por el mayor general Máximo Gómez encontró en el campo un huevo. Se lo entregó al Generalísimo para que comiera algo, pero este lo rechazó y dijo: “O comemos todos o ninguno. A hervir el huevo. Lo picaremos a partes iguales”.

“Imagínense lo pequeño del pedazo que tocó a cada soldado”, puntualizaba Menocal, quien finalizaba el relato, no exento de orgullo, con la siguiente frase: “Fui uno de los patriotas que ese día comió su magra ración de proteínas”.

Así narraba con fervor y entusiasmo Armando García Menocal durante las lecciones en San Alejandro su anécdota de la Guerra Necesaria, en la cual había sido combatiente, y es que no le invadieron las dudas cuando se le presentó el llamado de la manigua redentora, pues al estallido de febrero de 1985, decidió cambiar su pincel por un machete para defender la Isla que lo había visto nacer.

Corría el año 1863 en la capital de todos los cubanos, La Habana, cuando en el seno de una reconocida familia insular dieran a luz a esta suerte de pintor mambí, Armando García Menocal. El tránsito por la Escuela San Alejandro y su viaje a España, donde se vincula a destacadas figuras de la pintura como Francisco Jover, Francisco Domingo Márquez y Joaquín Sorolla, marcaron su estilo casi en el mismo nivel que los días de la gesta independentista.

De la gesta independentista de 1895 se comenta su gran amistad con Maceo. Foto: Internet

Luego del retorno a su tierra se convierte en el pintor preferido de la sociedad habanera y posteriormente, al finalizar la contienda, se reincorpora al claustro de la Escuela San Alejandro, donde desde 1891 ocupaba cátedra, continuando con una meritoria labor docente que abarca varias generaciones de estudiantes por más de 50 años.

Pionero en la pintura de cambio de siglo en Cuba y también uno de los primeros en las posesiones españolas, sus retratos decimonónicos están insertados en ambientes variados, sus paisajes-otro tema en que se destaca-,presentan una luminosidad y una frescura, pocas veces vista en la pintura insular.

Julián del Casal, poeta y crítico escribió sobre Menocal: “Bajo el dominio de su pincel, el raso espejea, la seda cruje, el encaje es más vaporoso, la flor ostenta invisibles matices y las piedras preciosas arrojan vivísimos fulgores. Lo mismo puede decirse de la figura humana. El rostro conserva su color; la pupila, su mirada; la frente, sus pliegues; y la fisonomía, la expresión”.

Embarque de Colón por Bobadilla (1893), una de sus principales obras luego de su regreso a Cuba. Foto: Internet

Embarque de Colón por Bobadilla (1893), una de sus principales obras luego de su regreso a Cuba, es célebre por su polémica con las autoridades colonialistas españolas, incluso, con el mismísimo gobernador general de la isla, quien ordenó quitarle al navegante  los grilletes que se reflejaban en el cuadro. Menocal no solo se negó abiertamente a cambiar su obra, sino que, desafiando la ira de los colonialistas, lo exhibió después tal como lo había pintado originalmente.

Bajo las órdenes de Máximo Gómez participó en la Invasión a Occidente, periodo en el cual fue herido en los combates de Camagüey (22 de agosto) y Calimete (29 de diciembre), ambos en 1895.

Su valentía y entrega a la lucha le propiciaron el ascenso vertiginoso en los grados militares, donde llegó a alcanzar el de capitán, y se comenta que tras participar en las cargas al machete, tomaba el pincel y dibujaba escenas épicas, luego vendidas en el extranjero para adquirir armas; cuentan a demás que, a inicios de la Invasión a Occidente, le hizo a Antonio Maceo un retrato a pluma, que le agradó mucho al Titán de bronce, por lo que desde entonces entre se entabló una profunda amistad, cimentada por la mutua admiración en los días de la contienda. No está claro con qué grado terminó la guerra, solo consta su ascenso a comandante.

Una vez concluida la dominación colonial española en Cuba, recuperó su cátedra de Paisaje en la Academia de San Alejandro, de esta etapa constan murales para la señora Rosalía Abreu y, aunque es reconocido por sus grandes pinturas históricas, destacan en igual medida sus retratos, paisajes, marinas, flores, naturalezas muertas y temas mitológicos. Pero, sin lugar a dudas, fueron sus vivencias en el campo mambí, plasmadas en el lienzo, lo que le trajo mayor fama, hasta el punto de ser proclamado el “Pintor de la Revolución”. Entre esas obras se cuentan La Invasión,La Batalla del Coliseo y La muerte de Maceo.

Se comenta que tras participar en las cargas al machete, tomaba el pincel y dibujaba escenas épicas. Foto: Internet

Los paneles decorativos del Aula Magna de la Universidad de la Habana, el techo y la cúpula del Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución), perpetúan su talento.

A finales de la década de 1920 asumió la dirección de la Academia de San Alejandro, cargo en el que cesó en 1934 por su quebrantada salud, aunque siguió pintando hasta el día de su muerte, en La Habana el 28 de septiembre de 1942.

Jorge Hidalgo: Cuba es mi nganga

Por Erian Peña Pupo

En una entrevista con la crítica de arte canadiense Noella Neslody, el pintor, grabador, dibujante y escritor Jorge Hidalgo Pimentel (Obbá Oguniré) aseguró que él pinta “recuerdos y presagios” y que su trabajo lo hace sentirse“un esclavo representante de Dios”.

Foto del autor y Kevin Manuel Noya

Aquellos “presagios” visionados por Hidalgo (Santiago de Cuba, 1941) lo acompañan desde que nació en Santiago –él insiste en recordárnoslo como si sus orígenes fueran su mejor blasón, su santo y seña– “a las 5 y 20 de la mañana, boca arriba y con los ojos abiertos. Fue recibido en la luz por la comadrona Pancha La Negra (Iyá Leri). En el signo de Virgo, bajo la protección de Obatalá como santo de cabecera y Ogún como santo acompañante. Hijo de Federico, descendiente de asturiano y Altagracia (Cucusa) dominicana”. Todo en su obra de más de seis décadas parte de ese momento inicial en que Hidalgo aprehende la luz y se entrega a ella como un aprendiz, y también como un deudor.

Las primeras obras en el tiempo, firmadas a fines de la década de 1950, dejan entrever las potencialidades artísticas de aquel joven que unos años después, en 1962, entraría deslumbrado al estudio habanero del pintor Esteban Valderrama. Allí conoció el olor del aguarrás, la linaza, las variaciones de los óleos –¿bautismales?–, y aunque la visión académica de Valderrama no se adecuaba a su temperamento independiente, inquieto, la posibilidad de insuflar vida a sus criaturas lo atrapó para siempre. ¿Acaso no lo había atrapado ya desde aquellas primeras obras en tinta sobre cartulina o papel?

Aquellos fueron los años de la efímera revista Jigüe –en su duración, no en resonancias, como asegura Alejandro Querejeta Barceló, uno de sus creadores–, donde publicaron autores como Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz y Nancy Morejón, y donde Hidalgo ilustró muchas de sus páginas, junto a Armando Gómez y Roger Salas. Aquellos fueron los años de la exposición Hacer ver, título tomado de un poema del surrealista Paul Eluard y que reunió en una pequeña sala del Colegio de Arquitectos de Holguín la obra de Hidalgo, Salas, Julio Méndez, Jorge González y Nelson García. Como palabras al catálogo, el poema “Felices los normales, de Roberto Fernández Retamar. Aquellos fueron también los años en que Hidalgo se encontró frente a los grabados de Francisco de Goya –Los caprichos, las Tauromaquias y los Desastres de la guerra– y mientras buscaba encontrarse a sí mismo y desentrañar su lenguaje, sus potencialidades creativas, iba poblando su obra de esos personajes “perplejos”, como él mismo los llamara, palpitantes, desvalidos, tercos en su plena orfandad.

La paleta de Hidalgo se volvió cada vez más austera, y desde esa época mantiene su recurrencia a los ocres, a las tierras tutelares, a las fulguraciones del magenta, los negros, a los chispazos de colores puros, a sus sorprendentes iluminaciones visuales. Y el dibujo se hizo gestual, espontáneo, sometido al sentimiento y a la intuición. Una gestualidad que permite una actitud desprejuiciada. El pincel ancho, casi seco, la espátula, los dedos y ocasionalmente la plumilla, le sirven de instrumentos. Y si Goya fue un deslumbramiento para Hidalgo, casi enseguida encontró la obra de Antonia Eiriz, Tapies, Saura, Schiele, Cuevas… De la mano también de Blake, Velázquez, Rembrandt…

Cuando se funda el casi mítico Taller de Grabados de Holguín, encabezado por Nelson García y Julio Méndez,Hidalgo empieza a trabajar la xilografía, mostrándose como un grabador preciso, imaginativo: la expresión –¿acaso americana?– dura visualmente, dramática en su esencia, goyesca, incluso grotesca y desatinada en el sentido de lo esperpéntico, el aparente desaliño que nos muestran sus xilografías, es capaz de trasmitir la intensa poesía del ser, que también nos entrega el Hidalgo escritor en sus poemarios. No es el suyo un traslado mecánico de su obra en tintas y dibujos a la madera, sino un ajuste de un estilo a la riqueza de texturas que la madera ofrece, con influencias del grabado japonés, Durero, y el expresionismo y neoexpresionismo alemán.

Posteriormente el acrílico se incorpora a su quehacer, así como el gran formato, el lienzo y el collage. Sus códigos visuales se tornan complejos, y aparecen figuras que aluden a elementos de la cultura nacional –lo afrocubano, específicamente– y su alcance míticoreligioso. Esta zona creativa quizá sea la más conocida del trabajo de Hidalgo Pimentel, lo que lo ha llevado a ser, varias veces,encasillado en la pintura de tema afrocubano. Pero en él no es pose, mucho menos propensión a modas; es asunción, después de una evolución que podemos palpar en toda la muestra; es gracia, luz.

En sus cuadros viven los orishas del monte: Elegguá, Oggún, Ochosí, Oko, Ayé, Changó, Allágguna Y los Eggun: Eléko, Ikús, Ibbayés… Pero también habitaFernando Ortiz; Lydia Cabrera; Cristo; Artemisia Gentileschi en cofradía con Teresa Centella Oyá, seduciendo a Olofin Changó; la Virgen de Barajagua; Mackandal; José Martí; San Lázaro; Ícaro; Santa BárbaraHay cubanía en cada obra, pero sin perder su proyección universal.

En las páginas iniciales de El monte, Lydia Cabrera subraya: “Persiste en el negro cubano, con tenacidad asombrosa, la creencia en la espiritualidad del monte. En los montes y malezas de Cuba habitan, como en las selvas de África, las mismas divinidades ancestrales, los espíritus poderosos que todavía hoy, igual que en los días de la trata, más teme y venera, y de cuya hostilidad o benevolencia siguen dependiendo sus éxitos o sus fracasos”. Hidalgo ha ido al monte, ha buscado sabiamente, encontrado. Estas divinidades ancestraleshan acompañado a Jorge Hidalgo en un vía crucis artísticoy espiritual a lo largo de seis décadas creativas. Cuba es su nganga, nos dice y como si no bastara, titula así uno de los cuadros de su obra.Nganga quiere decir muerto, espíritu. Y además, “misterio. Y ese misterio lo acompaña, lo protege y nos lo devuelve como uno de nuestros creadores más originales (artículo publicado originalmente en el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz).