María Elena Sablón expone en Báguanos

María Elena explica su obra al público asistente a la inauguración de la muestra fotográfica. Foto: Ailin Góngora
“Mirar donde pisas” es el título de la exposición fotográfica que montó en la Galería de Arte de Báguanos María Elena Sablón Ochoa, quien acumula un largo currículum como maestra de la enseñanza primaria, escritora de obras para niños y jóvenes, además de ser una excelente promotora cultura y cultivar con efectividad la fotografía. 

Residente en La Habana, la baguanense Sablón Ochoa ha logrado premios en varias manifestaciones de las artes que practica, y aprovechando la Jornada de homenaje a los educadores y por el desarrollo del Evento Nacional de Trova y Poesía Del Verso y la Miel, quiso regalarle a su terruño una muestra de su quehacer artístico profesional en el mundo de las imágenes.

Fotografías tomadas por la baguanense María Elena Sablón Ochoa. Foto: Ailín Góngora

Las máximas autoridades del municipio de Báguanos, numeroso público y amigos acudieron a la inauguración de la exposición Mirar donde pisas, en la cual presenta el agua que se acumula en los huecos de calles y avenidas, resaltando y alertando a los transeúntes así como a quienes están en el deber de corregir los defectos que ocasionan malestar a los demás, pero usando su imaginación y talento en el campo de la fotografía bien lograda.

La presidenta del Gobierno en el municipio, Yunia Pérez Hernández, tuvo a su cargo el corte de la cinta y luego la autora de la obra explicó a los concurrentes el contenido y mensaje de su trabajo. Cientos de niños, jóvenes y adultos visitan el recinto, donde se aprecian más de 20 gráficas del lente.

La presencia de María Elena fue propicia para que las autoridades del Gobierno y del Partido le tributaran un reconocimiento en nombre del pueblo por los aportes y resultados que ha alcanzado durante muchos años en su trayectoria dedicada a la cultura popular.

Por José Ramón Rubalcaba Oliú
Tomado de www.radioangulo.cu

Cosme Proenza y sus aproximaciones pictóricas a Henri Matisse

El artista holguinero Cosme Proenza se aproxima a la obra de Henri Matisse en su más reciente exposición (foto Erian Peña Pupo)

Cuando a finales de 2015 visité la casa del pintor Cosme Proenza Almaguer, con el objetivo de realizarle una entrevista al creador de las conocidas series Los dioses escuchan, Boscomanías y Manipulaciones, en compañía de mi amigo, el periodista y crítico Rubén Ricardo Infante, el artista holguinero nos mostró algunos de los cuadros en los que trabajaba entonces.

Recién había concluido una serie donde incursionaba en la obra del francés Henri Matisse (1869–1954) y varios de aquellos cuadros colgaban, aun frescos, elegantes y coloridos, en las paredes de su casa, contrastando con el resto de las piezas, también formando parte de la decoración del hogar, en donde Cosme evoca la pintura del Renacimiento y la obra, entre otros, de Jheronimus Bosch, El Bosco, y Pieter Brueghel, el Viejo. En su taller, aun sobre el caballete y sin terminar, descansaba “Otoño”, un cuadro trabajado desde la óptica de Pieter Brueghel, que mostró recientemente en la sede provincial de la UNEAC.

Estos cuadros aún no han sido expuestos, nos dijo Cosme. Notamos que teníamos entonces el exquisito privilegio de estar entre los pocos que observábamos aquellas nuevas figuraciones casi recién nacidas de la mano y la mente del reconocido artista holguinero. Además, nos comentó que había finalizado unos cuadros abstractos titulados Tetris, precisamente como el videojuego de puzzle creado en la Unión Soviética por el ingeniero informático Alekséi Pázhitnov. A simple vista aquellos cuadros que recordaban la obra de Matisse –los de Tetris no formaban parte de decoración del lugar– parecían estar ajenos e integrarse al mismo tiempo a la cosmovisión amplia, profunda, investigativa, que ha caracterizado la obra de Cosme Proenza Almaguer (Holguín, 1948).

Actualmente estas piezas –las relacionadas al famoso pintor francés, los cuadros abstractos que desarrollan las posibilidades geométricas del juego Tetris y varias obras análogas a esta última, tituladas Pintura– se exponen bajo el título Variaciones sobre temas de Matisse en el Centro Provincial de Arte de Holguín, con curaduría de Ángel San Juan, Josvel Vázquez y Daile Escalona.

La Sala principal de la institución holguinera expone las piezas relacionadas con Matisse, 31 obras en total, en óleo sobre tela, además de “Ventana azul” y “Estudio rojo”, copias que Cosme realizara en 1976 y 1978, respectivamente, a los conocidos cuadros del artista francés. Entonces el pintor (aunque también ha trabajado el grabado, los murales y la cerámica) trababa de democratizar sus conocimientos del arte occidental y según nos contó en aquella entrevista: “Cuando regresé de Ucrania hice una exposición en la biblioteca provincial de Holguín, Alex Urquiola. Se hicieron unos paneles y ahí hice mi exposición del regreso. Esa fue una etapa importante porque hice dos exposiciones de copias de grandes pintores. A ese tamaño, como podía hacerlas, ese fue el primer paso hacia una estructura de análisis de lo que iba a trabajar en el futuro. Ya estaba trabajando, democratizando esas cosas, las estaba exhibiendo y dando conferencias de qué se trataba, quién era este pintor, quién era el otro; esa es una manera muy pública de aportarle a la gente”.

Los coloridos paisajes de Matisse, caracterizados por el uso original y fluido del dibujo –cercano en los inicios al fauvismo hasta que desarrolló un lenguaje propio a comienzos de la década del 20 del pasado siglo, poética de una impronta innegable por demás dentro del arte moderno– se mezclan con otras apropiaciones del arte occidental, entre ellas los desnudos de “La gran odalisca” y “La bañista de Valpinçon”, conocida también como “La gran bañista”, ambas de Dominique Ingres, y “El nacimiento de Venus”, de Sandro Botticelli. Aquí esas obras, clásicas dentro de la Historia del Arte occidental, como otras de las que se apropia Cosme, se “corporizan” dentro de las figuraciones planas y distorsionadas respecto a la perspectiva, de Henri Matisse, y se integran, por tanto, a un paisaje alucinante, hermoso, colorido y por extensión, posible.

“Yo tenía una cuenta pendiente con la obra de Henri Matisse. Había hecho unas copias de su obra, lo dejé y luego lo retomé. En 2014 pinté uno detrás del otro, porque me divertí como si estuviera en la mejor fiesta del mundo, fui feliz, sin presión, sin momentos tortuosos, cada cuadro era una fiesta. Estudié lo que me faltaba de Matisse, luego empecé a aplicarlo de una manera más abstracta y después, retorné al concepto de mi trabajo, es decir, la representación de los grandes íconos de la Historia del Arte, como el Renacimiento y el Barroco”, explicó Cosme a los medios a propósito de Variaciones sobre temas de Matisse.

“Lo más interesante fue la batalla entre contrarios. Por un lado, la representación con luces y sombras, y volúmenes, y por otro, llevar eso a la obra plana de Matisse, donde él rompía con la perspectiva y las posibilidades de representación que no fuera la superficie del cuadro. Entonces, me vi en la disyuntiva de cómo hacerlo sin que perdiera su belleza primigenia, y el resultado en conjunto es muy feliz”, expresó al artista holguinero.

Otra de las salas del Centro de Arte acoge las piezas de la serie Tetris, óleo y acrílico sobre tela, basada, como refería anteriormente, en el juego de igual nombre que, al decir del artista, representan las relaciones espaciales entre una forma y el resto del cuadro. Y además, las firmadas con el nombre Pintura, entre ellas “Natividad”, “Pietá” y “Resurrección”, donde el artista explora los mitos cristianos, temas recurrentes en la trayectoria artística del autor. “Hay cuatro piezas relacionadas con la historia de la religión cristiana, que tiene una raíz tradicional, pero en estas obras no hay nada de ello, pues es un espacio donde se adivina el personaje y puedes ver, poco a poco, lo que abordan. Son obras de alto cálculo, que requieren de mucha exactitud, pero la observación humana necesita de tiempo y cierto conocimiento. La pintura si la ves y te hace feliz el color, ya cumplió su objetivo”, subrayó al respecto el reconocido artista que ostenta, entre otros, la Medalla Alejo Carpentier, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Maestro de Juventudes, entregado por la Asociación Hermanos Saíz.

Estas obras, sobre todo para quien “encasille” el trabajo de Cosme dentro del “preciosismo visual” y el “detallismo” de sus anteriores series, por las que es conocido, y donde el artista holguinero ha forjado reconocibles “mitologías individuales”, y donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte europeo, pueden parecer alejadas de su poética, aunque no del amplio proceso investigativo que corona su quehacer creativo. Él lo ha dicho en más de una ocasión: “Yo más que un pintor soy un investigador, y eso es lo que quiero que el público interprete”. Aquella tarde de inicios de diciembre en que conversamos en su casa y ante la última pregunta del cuestionario: “Cosme, puedo decir entonces que su pintura es investigación”, no vaciló en responder: “Es eso, es pura investigación”. Y así me parece después de recorrer más de una vez Variaciones sobre temas de Matisse.

Escrito por Erian Peña Pupo. Fotos: Cortesía del autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cosme Proenza desnuda su alma en exposición en Centro de Artes en Holguín

El maestro Cosme Proenza (izq) junto a Luis Antonio Torres Iribar, primer secretario del Comité Provincial de Partido Comunista de Cuba en Holguín (der), en la apertura oficial de la exposición nombrado “Variaciones sobre tema de Matisse” en el Centro Provincial del Arte en la ciudad de Holguín. Foto: Germán Veloz
Justo en el corazón de la ciudad cubana de los parques se expone, desde la noche de este viernes y hasta mediados del mes de enero de 2018, la obra del imprescindible Cosme Proenza, un regalo de navidad para los holguineros. 

Variaciones sobre tema de Matisse es la propuesta del artista que recoge 51 piezas agrupadas en dos series que muestran la Sala Principal y la Sala Pequeña del Centro Provincial de las Artes Plástica.

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Con la presencia de Luis Antonio Torres Iribar, primer secretario del Comité Provincial de Partido Comunista de Cuba en Holguín y Julio Cesar Estupiñan Rodríguez, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, así como autoridades de cultura, personalidades, amigos y seguidores del artista, abrió sus puertas la exposición.

En la serie sobre el pintor francés Henri Matisse sobresale el desnudo y la naturaleza muerta. De ella el artista refiere que a través de su carrera siempre ha trabajado desde el siglo XV hasta el siglo XX con los grandes temas de los grandes artistas de esa época, pues más que un pintor él se ve como un investigador y eso es lo que quiere que el público vea.

“Tenía pendiente trabajar con la obra de Henri Matisse, que es uno de los grandes pintores que cerraron el siglo XX, con discursos y aportes pictóricos importantes. En los años 70 había hecho unas copias de su obra, lo dejé, estaban ahí y luego en el 2014 pinté uno detrás del otro, porque disfruté pintarlo como no se imaginan”.

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“Dicen que los pintores cuando envejecen son más alegres y son más sueltos, porque ya tu miras las cosas desde un ángulo diferente sin compromiso, entonces el compromiso es con el alma de uno, con el disfrute de lo que uno hace. Ya a estas altura yo creo que domino mi oficio y ese dominio te hace disfrutar enormemente lo que haces”.

Por primera vez, estas obras son expuestas al público, la curaduría de la muestra fue realizada por Ángel San Juan, Josvel Vázquez y Daile Escalona.
Según Ángel este pintor próximo a cumplir 70 años se muestra más reflexivo, joven y alegre.

La Sala Pequeña acoge la serie Tetris, nombre que se debe a un juego que Cosme practicaba con frecuencia, que al decir del artista, representan las relaciones espaciales entre una forma y el resto del cuadro. Esta serie cuenta también con cuatro piezas relacionadas con la religión cristiana, referencia recurrente en la obra del artista.

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Cosme Proenza Almaguer nació en 1948 en Tacajó, Holguín y estudió primero en la Escuela Nacional de Arte en La Habana y después en el Instituto de Bellas Artes de Kiev, donde se graduó de “Master of Fine Arts”. Sus obras forman parte de 23 colecciones de museos en 23 países, entre otros, el del Vaticano.

Pero más allá de todo reconocimiento en los ojos de Cosme todavía vemos reflejado al niño que creció en una finca en Tacajó, donde soñó muchísimas cosas, al profesor que viajaba diario de Tacajó a Holguín para enseñar a sus alumnos y al pintor que en un cuarto de la casa de campo con un bombillo encendido creó gran parte de su obra.

Pero también vemos al artista que al decir de Miguel Barnet: “… no conoce el pudor. Se enfrenta al lienzo, dueño y señor de su cabeza, de sus fantasías. Nadie se ha apoderado de la tradición como él, nadie con manos más firmes y ondulantes ha recreado al Bosco como él; no creo que en Cuba haya un pintor más excéntrico, más aparentemente ajeno. Pocas obras de arte cubanas muestran un virtuosismo tan inusual”.

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La obra de este holguinero universal que hoy se expone en el Centro Provincial de Artes Plásticas tiene la pretensión de quienes lleguen hasta allí vean más que a un pintor a un investigador. Más allá de las interpretaciones y los conocimientos de la historia del arte, el artista se da por satisfecho si su obra despierta sentimientos en el holguinero común, aun cuando no puedan expresar con palabras lo que sienten.expo cosme proenza f carlos parraexpo cosme proenza f carlos parra 01
Por Yudit Almeida Pérez
Tomado de www.radioangulo.cu

Matisse de la mano de Cosme

Privilegio para los holguineros fue el de este 15 de diciembre cuando se produjo el estreno internacional de la muestra “Variaciones sobre temas de Matisse”.

Un afan del artista se evidencia por recrear la obra de Matisse. Foto: Carlos Parra

El artista plástico más universal de la nororiental provincia regaló a los presentes más de una treintena de obras que evocan su encuentro con ese exponente del postimpresionismo francés.

En técnicas como el óleo y el acrílico sobre tela o lienzo, Cosme Proenza se auxilia de géneros como el desnudo, el paisaje y la naturaleza muerta para evidenciar su interés por comprender a un periodo tan complejo como fecundo en la producción artística y que cautivó a tantos autores como la Modernidad.

Tres series de producción reciente componen la muestra que se exhibirá durante un mes en el Centro Provincial de Artes Plásticas, específicamente hasta el día 15 de enero de 2018: “Variaciones sobre temas de Matisse” (2014), “Tetris” (2015) y “Pintura” (2016).

A la velada asistieron las principales autoridades de la provincia. Foto: Carlos Parra

Una juventud alegre y a la vez autoreflexiva del artista holguinero se percibe en “Variaciones…”, donde “Cosme alcanza una síntesis privilegiada de la tradición figurativa occidental y cierra con ello un círculo creativo iniciado en sus primeros años de trabajo”, apuntó Dailé Escalona, curadora de la Expo.  

Como nada es ajeno a la perspectiva del creador, un juego practicado con frecuencia por Proenza, Tetris, se convierte en eje central de varias obras que juegan con el abstraccionismo pictórico.

Y por si fuera poco, para quienes no sacian sus ansias de disfrutar la obra del Maestro de Juventudes con esta muestra, queda la invitación para presenciar el último regalo de Cosme a su tierra, un trabajo del año en curso: cuatro pechinas que se alzan sobre el altar de la Catedral San Isidoro de Holguín.

 

 

Cosme Proenza: Un investigador que pinta

Fotos: Reynaldo Cruz y Cortesía del Centro Provincial de Arte

El próximo 15 de diciembre se inaugurará en el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín una exposición del reconocido pintor Cosme Proenza, que agrupa las series Variaciones sobre Temas de Matisse (2014) y Tetris (2015), así como varias obras análogas a esta última, tituladas Pintura (2016).

Por tal motivo, ¡ahora! se adentró en el proceso de montaje de las más de 40 piezas que serán exhibidas y dialogó con el maestro, quien reflejaba en el rostro la felicidad con la que, según él, pintó estos cuadros.

“Yo tenía una cuenta pendiente con la obra de Henri Matisse, un pintor francés del siglo XX con discursos y aportes pictóricos importantes. Había hecho unas copias de su obra, lo dejé y luego lo retomé. En 2014 pinté uno detrás del otro, porque me divertí como si estuviera en la mejor fiesta del mundo, fui feliz, sin presión, sin momentos tortuosos, cada cuadro era una fiesta.

“Estudié lo que me faltaba de Matisse, luego empecé a aplicarlo de una manera más abstracta y después, retorné al concepto de mi trabajo, es decir, la representación de los grandes íconos de la Historia del Arte, como el Renacimiento y el Barroco.

“Lo más interesante fue la batalla entre contrarios. Por un lado, la representación con luces y sombras, y volúmenes, y por otro, llevar eso a la obra plana de Matisse, donde él rompía con la perspectiva y las posibilidades de representación que no fuera la superficie del cuadro.

Fotos: Reynaldo Cruz y Cortesía del Centro Provincial de Arte

“Entonces, me vi en la disyuntiva de cómo hacerlo sin que perdiera su belleza primogenia, y el resultado en conjunto es muy feliz”, expresó.

Por primera vez, estas obras son expuestas al público y la curaduría de la muestra fue realizada por Ángel San Juan, Josvel Vázquez y Daile Escalona. Otros espacios del Centro de Arte acogerán también piezas de la serie Tetris, basado en el juego de igual nombre, que al decir del artista, representan las relaciones espaciales entre una forma y el resto del cuadro.

“Hay cuatro piezas relacionadas con la historia de la religión cristiana, que tiene una raíz tradicional, pero en estas obras no hay nada de ello, pues es un espacio donde se adivina el personaje y puedes ver, poco a poco, lo que abordan. Son obras de alto cálculo, que requieren de mucha exactitud, pero la observación humana necesita de tiempo y cierto conocimiento.

Fotos: Reynaldo Cruz y Cortesía del Centro Provincial de Arte

“No pretendo que una persona humilde, sin mucho acceso a este mundillo artístico, venga y adivine, simplemente si le gusta, que aprecie lo bello. La pintura si la vez y te hace feliz el color, ya cumplió su objetivo”, destacó.

Sin dudas, esta exposición de Cosme Proenza invita a todos los públicos a disfrutar de esta “fiesta”, para apreciar desde cerca la producción artística de un holguinero universal, que ha reflejado en su obra la tradición pictórica de todos los tiempos, desde el siglo XV hasta nuestros días.

Quizá por eso, él mismo afirma: “Yo más que un pintor soy un investigador, y eso es lo que quiero que el público interprete”.

Por María Caridad Martínez Peregrín

Tomado de www.ahora.cu

Cosme Proenza: Mi pintura es pura investigación…

Cosme Proenza Almaguer (Holguín, 1948) ha creado un universo propio en su pintura que lo hace distinguible en el ámbito artístico cubano (foto tomada del blog aldea cotidiana).

Por Erian Peña Pupo

Cosme Proenza Almaguer (Holguín, 1948) ha creado un universo propio en su pintura que lo hace distinguible en el ámbito artístico cubano. En series como “Manipulaciones”, “Boscomanías” y “Los dioses escuchan”, el artista holguinero ha forjado reconocibles “mitologías individuales”, donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte europeo. Sus obras –recogidas, en buena medida, en la exposición “Paralelos. Cosme Proenza: Historia y Tradición del Arte Universal”, 2011– son parte del imaginario colectivo del cubano y de sus múltiples resonancias universales. Conversar con uno de los artistas hispanoamericanos más reconocidos, dueño de una de las cosmovisiones más enigmáticas y originales en los últimos tiempos, es un privilegio realmente único.

Cosme, ¿cuándo supo que las imágenes le obsesionaban de manera diferente?

Nací en Tacajó, donde soñé muchísimas cosas que logré y otras que no he logrado aún. Tuve una infancia muy linda, totalmente feliz. Vivía en una finca preciosa, un paraíso creado por mis abuelos. No fui un niño prodigio como Mozart. Me gustaba mucho la pintura y en mis caminatas de Tacajó a Santa Rita, donde vivía, había ocho kilómetros y me daba tiempo pensar. Leía cosas muy gordas en esa época: los tratados de José Ortega y Gasset sobre arte, por ejemplo… Eso creó una base que me hizo saltar en el pensamiento. Yo me decía: “Qué podré hacer con la pintura para no pintar por pintar…” Luego fui dándome cuenta de cosas estudiando: sé lo que estoy haciendo y por qué lo hice…

Luego vivía allí y era profesor en Holguín. Trabajaba los fines de semana, pintaba como un trastornado en uno de los cuartos de la casa que daba a la calle, donde había una ventanona grande con un bombillo encendido. Yo en Tacajó pinté una gran parte de mi obra, incluso de los cuadros que se utilizaron luego en “Paralelos…” No es que sean muy buenos, ni malos, pero son eslabones que tienes que mantener y son parte, además, de una relación, una cadena.

Antes realizó estudios en la Escuela Nacional de Arte (La Habana). ¿Qué le aportaron esos años en Cubanacán?

Cubanacán en aquella época era, con variantes, lo que son otras cosas de hoy mismo. Yo fui a Cubanacán con una visión y una experiencia diferentes. Había pasado tres años en el servicio militar, salí de allí con la zafra de los 10 millones. Cuando me encontré allí resulta que el régimen de beca de Cubanacán era mucho más militar que la unidad donde yo estuve. Había que marchar a toda hora, entrar marchado. No sé cómo no acabamos con el Country Club dando patadas en el piso. Era un régimen muy duro, muy de caerle atrás a la gente, pasaban lista a toda hora. Pero no obstante a eso, fíjate, parece que esas cosas aceleran el espíritu de algunos seres humanos, la generación más rica –en el sentido de que son los que están ahora– es mi generación, ya los viejos se murieron, ahora estamos nosotros, después que nos muramos vienen otros…

Nunca se me olvida que un día Portocarrero le dijo a Nelson Domínguez: “Aprovechen ahora, aprendan bastante, porque hasta que nosotros no nos muramos ustedes no se van a sentar en el trono”. Fíjate el concepto, la mentalidad que se tenía… Y por suerte nosotros no somos una generación de pensamientos de tronos. Fue una época que generó muchísima espiritualidad, parece que la pobreza, la carencia… Nosotros en beca nos daban las cinco, las seis de la mañana en el piso, creando… Hay un dibujo mío, de lo poco que está expuesto en el Museo Nacional de Bellas Artes, que lo hice en el piso de la beca. El Museo no exhibe las cosas mías actuales…

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

Eso me di cuenta…

Ese es su problema… Tiene un dibujo de cuando yo era estudiante, que no lo niego, me salió bien, de verdad que sí. Pero no es lo que debe tener, el Museo debe estar representando la creación actual de sus artistas.

En una ocasión me dijo que la pintora Antonia Eiriz fue su profesora. ¿Es cierto que le escuchó decir que las obras de El Bosco eran lo más moderno e interesante que se exponía en el madrileño Museo del Prado?

Sí… Esa época parió buenas cosas, porque tuvimos también buenos maestros, una cantidad de profesores cubanos y extranjeros que eran excelentes. Antonia fue la excelencia de las excelencias. Ella marcó toda una generación, de Tomás Sánchez hasta Zaida del Río, quizá un poquito más para allá. Marcó duro, porque Antonia era una mujer muy potente, bellísima y, además de eso, tenía un carácter agudísimo. Era como un látigo, pero de seda. Sabía darte un golpe, pero que te llegara a donde era y, sin embargo, no te ofendieras con ella. Yo conocí en esa época pintores importantísimos, españoles, contemporáneos, Antonio Saura, por ejemplo, toda esa gente iban allá a ver a Antonia, y ella nos relacionaba.

Antonia es un monstruo de la plástica, lo es toda su obra… Yo tenía mucha amistad con ella, iba a su casa y nos contaba, a Tomás Sánchez y a mí, sobre todo, que fuimos gente muy cercana, sobre varios temas. Ella dejó de pintar, se ofendió muchísimo en el Salón 70, y no pintó más. Luego murió de un infarto y ahí acabó su historia. Antonia era una persona, cómo decirte… Había muchos profesores, gente de mucho talento allí, había un checo de diseño que era espectacular, teníamos un alemán que era buenísimo también, siempre había alguien bueno… pero, con Antonia yo tengo tantas maneras… Antonia me contaba que había gente que pensaba: “Maestra, está usted pintando ahora…” “Pensaban que yo estaba con un trapo negro enrollado, dando brochazos en una tela…”, me decía. “Sí, mi amor, yo lo que estoy es ablandando una olla de frijoles negros que no la brinca un chivo, a ver si tres días por lo menos tengo comida con eso…” Ella pasó historias muy tristes, perteneció a una generación muy a caballo entre… encontrados políticamente horribles, de tránsito.

¿Qué asignatura les impartió Antonia?

Pintura, pintura…

Luego usted estudió en el Instituto de Bellas Artes de Kiev. ¿Cuál fue el resultado de “enfrentarse” con una cultura milenaria como la Ucrania en un momento histórico como aquel?

Antes de irme estábamos en una exposición en La Habana de profesores de las escuelas de arte, entonces me dice un pintor: “Ja, ya te perdimos”. “¿Por qué…?”, le pregunto. “Porque ahora vas a venir para acá hecho un realista socialita, te van a lavar…”, me dijo. Entonces Yánez, que es un pintor que ya está bastante mayor, que fue profesor mío también, le dijo: “No, Cosme es un pintor formadísimo, él lo que va es a absorber de allí lo que necesite y lo otro lo va a dejar allá mismo”. Es decir, yo no traje de allí nada que no fuera el conocimiento.

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

¿Y estos estudios influyeron en su obra?

Sí… Bueno, en mi obra no te sé decir. Todo esto que yo estoy hablando del discurso de mi obra, de lo que tiene que ver, del análisis, de esto y de lo otro, tiene mucho que ver, quizá, con el aprendizaje tecnológico, independientemente de las exigencias tontas del realismo socialista, un arte estatal, un arte ya premeditado, que no es arte, nunca será arte…

Propaganda quizá…

Es propaganda, sencillamente propaganda. Hecha a diferencia de los Papas, pues la propaganda de los Papas la hacía Miguel Ángel, Da Vinci o Rafael. Era buena propaganda. Esta otra era, a veces, muy terrible. Y aprendí allí, te digo, porque me pasé de la pintura… Allí había dos opciones: o sigues con la pintura de caballete, o sea la pintura de los cuadros, o continúas haciendo la especialidad en pintura monumental, que es aprender del muralismo. A mí me pareció fabuloso, porque en La Habana había dado clases con un ayudante de David Alfaro Siqueiros y tenía una previa muy buena. Entonces me decidí por esa, porque, además, el profesor que tenía era un hombre muy librepensador, era más abierto. “Pongan ustedes las poses, dos muchachas desnudas por acá, y lo otro por allá”, decía. Y nosotros lo poníamos como nos daba la gana y la cuestión era que trabajáramos con gusto, y nos enseñaban tecnología de la pintura desde el principio del óleo hasta hoy… Sí aprendí, en verdad que sí. Disfruté mucho la gran cultura ucraniana y rusa. Milenaria, y además de eso, culta, cultísima. Viví seis años en esa ciudad, no es poco tiempo.

Después de los estudios europeos nació “Manipulaciones”…

Antes de “Manipulaciones” –que es una postura de análisis posmoderno– yo había hecho otras cosas. Cuando regresé de Ucrania hice una exposición en la biblioteca provincial de Holguín: se hicieron unos paneles y ahí hice mi exposición del regreso. Esa fue una etapa importante porque hice dos exposiciones de copias de grandes pintores, a ese tamaño, como podía hacerlas, ese fue el primer paso hacia una estructura de análisis de lo que iba a trabajar en el futuro. Ya estaba trabajando, estaba democratizando esas cosas, las estaba exhibiendo y dando conferencias de qué se trataba, quién era este pintor, quién era el otro; esa es una manera muy pública de aportarle a la gente. De ahí seguí haciendo trabajos que tenían que ver con este estudio, del Renacimiento sobre todo. Irlo mezclando con visiones mías un poco más contemporáneas; hice cosas mejores, hice horrores, hice de todo, porque para aprender tienes que machacar.

Y cómo surgió “Boscomanías”…

No es que yo tenga influencias de Brueghel y El Bosco… Como dices, tuve una época que se llamó “Boscomanías”, el estudio de la obra de El Bosco y la trascendencia que tuvo, porque, después, el surrealismo tuvo que ver con El Bosco. Todas esas relaciones que existen en la historia, esas idas y vueltas son importantes.

Muchos opinan que pintar es una manera de ir dejando cosas, partes de uno mismo en cada obra… Lo que conlleva a preguntarle, ¿hasta qué punto un pintor “va dejando su vida” en la pintura, en el enfrentamiento constante y creo que de por sí desgarrador con el lienzo en blanco? ¿Qué deja Cosme en un cuadro cuando ya lo ha terminado?

Esto es una idea que tiene que ver con lo que nos dejó el romanticismo como pensamiento del arte: es el artista, como decía Antonia, enredado en un trapo negro imaginándose las cosas… Musa, no, la mía es secretaria. Sí, entra a trabajar por la mañana cuando desayuno y se va por la tarde, si hay trabajo por la tarde. Yo trabajo como trabaja cualquier persona, normalmente. Yo no dependo de una inspiración, eso sí, cuando inicio un sector de estudio para hacerlo, trabajo hasta reventarme y lo disfruto, además. Cuando trabajo no es que dejé parte de mí, es respetarte a ti mismo, respetar lo que haces y hacerlo de la manera mejor posible. Uno tiene que saber qué quiere y para qué lo quiere…

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

Usted realizó dos amplias exposiciones personales: “Voces del Silencio” (MNBA, 2002) y “Paralelos. Cosme Proenza: Historia y Tradición del Arte Universal” (Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín, 2011). ¿Cómo valora ambas exposiciones si las analiza desde la actualidad?

Si viste “Paralelos…” lo viste casi todo, esa es la columna vertebral de mi obra. En ese momento nos volcamos al tema de una exposición compleja, que pude hacer en Holguín. Tengo toda esa obra guardada en esta casa: la mayoría la tengo yo, pedimos alguna pero lo demás es personal, una colección personal, es mi discurso completo. La comparación de diferentes etapas del arte con relación a mi obra. Dentro se hallaba “Medio occidental”, que era la capilla que había abajo, la hice para esa exposición… Medio es lo que utilizas, el óleo; y occidental, de Occidente. Lo que se reflejaba allí, en esa capilla, era el principio y el final de la pintura: seis siglos de existencia resumidos. El fin de la cultura, el fin de las grandes narraciones, el fin de la pintura, y del medio, o sea, en aquello que se pinta un objeto, un objeto bello.

Cuando la expresión es igual a la belleza máxima y la belleza máxima es un cuadrado de un solo color y más nada… Tope. ¿Y después de eso qué hay si ya está a tope? A mí me parece bueno. Si tuviera edad haría eso. Yo pasé por un proceso, y me maravillo con las cosas que se hacen cuando se hacen en grande, no por copiar… No olvido que en la entrada de la Bienal de Venecia observé unos norteamericanos que habían hecho una pieza: un tanque de guerra bocabajo. Ellos llevaron cinco deportistas que corriendo movían las esteras del tanque. ¿Cuánta inteligencia, cuánto contenido, cuánta maravilla? Visto desde ese ángulo, mis respetos… Ya no tengo oportunidades, lo mío es otra cosa. Lo que pasa es que estas exposiciones se insertan dentro de la contemporaneidad. Tengo 69 años, pero mi obra es tan contemporánea como eso que te estoy hablando, porque es una obra de análisis, no es una obra trabajada con algo muerto.

Cuando tú escribes un libro haces un análisis de cosas que pasan y lo públicas. Ese libro es contemporáneo, fue visto con una visión contemporánea. Eso es lo que hace contemporánea una cosa y es lo que pasa con mi obra. Eso, en la raíz más profunda, es elitista…

Pero usted expuso antes en Bellas Artes, en 2002…

Esa fue una curaduría no hecha por mí, la hizo un especialista habanero que entonces presentó todo lo que él creía era yo… Entre ello este cuadro –Cosme señala una de las obras de su conocida serie “Los dioses escuchan”, que custodia, imponentemente, detrás de nosotros, una de las paredes de su casa–, con el que no estoy en contra, pues todo es mi obra.

Este lo bautizó, sabes quién, Abilio Estévez. Abilio es mi gran amigo, estaba un día en mi casa y yo había empezado este cuadro. Se hospedaba en el hotel Pernik y me llamó por la noche: “Coño, cabrón, ese cuadro tuyo no me dejó dormir anoche”. Le digo: “Ni que fuera un bicho tan feo”. “No, precisamente la belleza no me dejó…”, y me metió un teque de esos… “Cómo se va a llamar esa obra…” Le dije: “Yo primero hago los muchachos y después los bautizo, y a veces no soy muy bueno poniendo nombres, por qué no se lo pones tú que eres escritor”. “Tú me das ese honor…” “Pues sé padrino…” “Me da pena, yo después te llamo desde La Habana… Te voy a dar una lista, tú escoges el que te dé la gana…”

Luego me llamó: “Cosme, aquí tengo la lista. Dime cuál te gusta… El primero es –casi siempre el primero es el que sirve, lo demás se repiensa– “Los dioses escuchan…” “Ya no me digas más nada…”, le dije. “De verdad no te digo…” “Ya no me digas más nada, el esfuerzo posterior no me interesa… Me interesa esa eyaculación poética tuya”.

Alguna vez ha sentido que las imágenes que una vez pintó de forma apasionada han “muerto” para dar paso a imágenes nuevas…

Sucedió precisamente con “Los dioses escuchan”. Era un cuadro pero se convirtió en una serie muy larga, muy larga… Hace poco tuve que añadirle uno a la serie y como dices, esas cosas cuando mueren… El arte tiene eso: una poética que tiene un sentido hasta un momento determinado, tú no puedes amarrarte con esa porque te mueres… A mí me pasó algo así en Madrid. Estábamos exponiendo en el Pabellón de Cuba, allí había varios pintores y mi representante de Christie’s me dice: “¿Maestro, cuándo vamos a subastar? ¿Quiere subastar este año o el que viene…?” Le digo: “No, no, no…” “¿No, no tiene cuadros?”, añade. Y le respondo: “Cantidad…” “¿Pero, porqué…?”, dice. “No, mire, sería un poco amarrarme al mercado, mi pintura nada tiene que ver con eso. Yo vivo de ella, se venden mis cuadros, pero mis cuadros no se hacen para eso. Yo los conservo, los colecciono, pero si me subasto con ustedes y da la casualidad que sale bien subastado, y ustedes me hacen una oferta de cinco años de esclavitud y no puedo pintar otra cosa que no sea lo que a ustedes les dé la gana…” Él me miraba y me dijo: “Joder, primer cubano que me dice eso…” “Bueno, es el primero y no sé si será el último…”, le dije.

Usted también ejerció la enseñanza artística durante quince años y ha sido tutor de numerosas tesis. ¿Qué es lo más difícil de enseñar? ¿Qué siente cuando le dicen profesor, maestro…?

Siempre lo he hecho. Yo nunca he dejado de ser pedagogo. A mí se me acerca lo mismo un pintor que estudia en la escuela, que un profesional que todavía tiene un determinado grado de juventud. Si tengo que decirle algo que lo pueda ayudar, lo hago, siempre lo he hecho, nunca lo he dejado de hacer. También creo que una exposición es una especie de clase magistral. Allí tú estás presente: está presente no solo el mundo de los artistas, sino una multitud total de personas, muchos jóvenes… En realidad, la parte pedagógica no solo se resume en actos de participación, pues siempre he estado cada vez que me lo han solicitado. Es decir, me vienen a buscar y yo voy… Aquí yo soy un holguinero más, pero la gente… Mira, yo venía hoy en un bicitaxi y me dicen: “Maestro, para dónde va…” “Voy para mi casa”, digo, porque todo el mundo sabe dónde yo vivo. Paré en una esquina y otro señor que estaba allí me dijo: “Maestro, qué, paseando…” Ya la gente prácticamente no me dicen Cosme, me dicen Maestro… Yo lo respeto, porque es una retroalimentación semántica. Cuando una persona te dice Maestro, es porque entiende que has hecho algo que tiene una maestría determinada que mereces ese título popular, que en Holguín sí es popular…

Una de sus últimas exposiciones en la ciudad de Holguín se tituló “Imágenes de María”. Y cuando la misa del Papa Francisco en la Plaza de la Revolución Calixto García de Holguín, un amplio mural con una hermosa imagen suya de la Virgen de la Caridad pudo ser contemplado por miles de personas en lo alto de uno de los edificios cercanos a la plaza…

Es cierto. Yo tengo un cuadro en el Vaticano regalado a Juan Pablo II, luego canonizado como San Juan Pablo. Después de eso, ya… No Cosme, no señor… Yo no soy el artista oficial de los Papas. Ahora, cuando vino el Papa Francisco, da la casualidad que me llama el Obispo y me dice: “Tú permites –porque ellos tienen esa delicadeza– reproducir la Virgen que nos regalaste para la Catedral…” Y esa es una participación. Yo estaba viendo la misa por televisión, fui invitado pero no me arriesgué. Yo estaba allí, porque estaba mi obra presente. No soy cátedra de nada, no dicto maneras de hacer. Esas son maneras de pertenecer, estando presente… porque uno cuando se muera va a seguir presente, esa es la única ventaja que tenemos los artistas.

Ha dicho que “Holguín son dos: el Holguín que es mi casa y el que está de la puerta para afuera”. ¿Qué significa Holguín en la obra y la vida de Cosme Proenza?

Tu casa es un lugar donde habitas, tu predio, tu patria… donde mandas o eres mandado, pero es tu casa. Estamos viviendo en una ciudad donde coinciden muchísimas generaciones, no dos o tres… hay muchísimos puntos de vista, maneras de ver la vida. Por suerte a mí nadie me puede venir a decir lo que pinto. Pero vamos al tema en cuestión: sí, es mi casa. Yo aquí en Holguín te garantizo que ando sin un centavo, me encuentro a un bicitaxi, a alguna gente, y me trae gratis… porque lo sé, y porque me lo han dicho, y lo hacen con gusto. Si a lo mejor yo fuera bicitaxista le hubiera dicho a otro igual, pero te digo, no es ese lugar donde la gente se enajena con el medio, no es que estemos apartados de la problemática actual del país, pero trascurre suave cuando la gente te trata así.

Creo que el Cosme muralista es uno de los menos conocidos, aunque usted es autor de varios murales, entre ellos: “Celia, la flor más autóctona”, en la sede Celia Sánchez Manduley de la Universidad de Holguín; un conjunto de tres murales en el Hotel Sol del Atlántico, Guardalavaca, Holguín, y “Juventud”, en el Motel El Bosque, Holguín.

El mural siempre es de mucho esfuerzo físico, porque tienes que fajarte con el espacio de una pared, subirte en un andamio y trabajar como un obrero más. En Guardalavaca, por ejemplo, era serigrafiado en cemento. Eso es cemento con colores. Pones las capas, las recortas y van saliendo. Yo tenía nueve pintores conmigo, nueve artistas plásticos, pero tenía que treparme en el andamio o ponerme a darle gritos a alguien que estaba pegado a la pared y no me oía. El último mural que yo pinté, todavía en uso de mis facultades físicas, fue el que coincidió con la caída de las Torres Gemelas, en la sede Celia Sánchez. Ese fue mi último mural, en 2001.

Cosme Proenza Almaguer – Obra de la serie Variaciones sobre temas de Matisse (óleo sobre tela, 2014) foto del autor.

¿Ya no se dedica a la cerámica?

Yo sí la podría hacer, lo que pasa es que la cerámica requiere de taller, requiere de otras cosas. La última cerámica que hice fue en el Taller de Cerámica de Varadero. Buenísimo, con artistas allí que son fabulosos. Y yo hice dos piezas, una se llevó al bronce en Argentina; yo tengo el original aquí, por supuesto… Hice otra que la tengo aquí también pero no se llevó al bronce, se llama “El perfumista”. Esto ha sido lo último que he hecho en cerámica. Tengo aquí en la casa muchas cosas que he hecho en cerámica, muchas fragilísimas, del año 1987.

Usted ha comentado: “Yo trabajo con la superficie, con la cáscara de toda la pintura histórica. Ya no es manipular, porque ya manipulé bastante con otros elementos, donde eran evidentes las manipulaciones de la historia del arte”. No le molestaría que le llamaran alegórico o paródico, en el buen sentido de recrear y de reinventar universos en su obra. Y además, volver a una tradición y trabajar sobre ella, como si fuera de la copia al homenaje, y de este a la inversión…

La alegoría es una palabra que no cabe en toda mi obra.

Entonces, no se considera alegórico… ¿Por qué?

No, son signos e intertextualidades. Es decir, citas de cosas. Mira –Cosme señala uno de los cuadros que cuelga en las paredes de su casa y que semeja la estética del francés Henri Matisse–, este yo lo hice y no se ha exhibido, son 34 cuadros… Cuando la gente lo ve… están acostumbrados a aquello. Esto es un estudio de la obra de Matisse y lo estoy intertextualizando con obras que son importantes, que son íconos de la historia del arte. Estoy mezclando un tipo que es imposible de mezclar, pero lo logré, está mezclado… Sigue hablando de esto, porque esto mismo tiene más que ver con el modernismo, el art nouveau y, quizá, cierto asomo al simbolismo… pero eso es una forma más del arte.

Lo han calificado de pintor “posmedieval”. Cómo calificaría Cosme su pintura…

No, eso es un disparate de marca mayor, un término tan poco feliz creado por un crítico habanero. Los pos–medievalistas y los pos–rafaelistas eran pintores que hacían una obra influenciada por la obra que se hizo antes de Rafael, esos sí son posmedievales, pero están en un museo, son gente muerta. Yo no tengo nada que ver con eso, será otra gente, pero yo no… Yo soy un estudioso, así me llamo.

No soy un artista en el sentido de tener una obra personal, más bien soy un investigador que trabajo con los códigos del arte europeo desde lo que nos interesó aquí, lo que llegó y lo que no llegó. Yo en “Paralelos…” tenía toda la escuela abstracta norteamericana, que en esa época era el enemigo total; los estudié, los puse, por dentro estaba el siglo XV: las primeras obras importantes al óleo, y por fuera estaba la muerte de eso, es decir, ya la pintura se acabó ahí, llegó a la belleza total con la abstracción. De ahí para adelante no hay más nada. Lo demás es: pinta si quieres… Y entonces dije: “Yo soy pintor, me encanta pintar. Pero lo que voy a hacer es pintar analizando…” Es como si tú te pusieras a hacer el estudio literario de algo, te tienes que meter en la literatura del mundo, aprender idioma… Yo todo esto me lo sé porque me tengo que aprender la técnica del pintor, o sea, a quién estoy citando, porque si no sería una mala palabra… Los he visto en originales y luego ahora trabajé eso. En mi caso tiene que ver más con la investigación histórica de algo que heredamos de Occidente que con el artistaje, como quieras decirlo.

Cosme, puedo decir entonces que su pintura es investigación…

Es eso, es pura investigación.

Holguín, subsede del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

Cine. Imagen tomada de ciego.cult.cu

A partir de hoy y hasta el día 17 de diciembre, Holguín será subsede del trigésimo noveno Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, con sede principal en La Habana.

Los holguineros podrán disfrutar de las proyecciones en el Ateneo cinematográfico de la ciudad, en tandas que están previstas para las 3.00 p.m., de acuerdo con José Pantoja, miembro del departamento de Comunicación del ICAIC en la provincia.

“En Holguín este evento se abrirá con la película argentina Invierno y, entre otras propuestas cinematográficas está la proyección del filme cubano El techo, que este año compite en el Festival”, dijo Pantoja.

Las propuestas cinematográficas del trigésimo noveno Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano prometen ser variadas y, para bien de los holguineros, llegarán a nuestra ciudad este año con nuevos aires.

 

Por Ania Delia Infante Fernández

Tomado de www.radioangulo.cu

Desarrollan en Holguín I Taller Regional de Producción Televisiva

Foto: ecured

El primer Taller Regional de Producción Televisiva Mágica Rendija se desarrolla en Holguín del 5 al 8 de diciembre, con la participación de realizadores audiovisuales del oriente de Cuba.

En el evento se desarrolló un taller de programación infantil, acaecido este 5 de diciembre, donde se integraron realizadores de la radio provincial y grupos de trabajo del sectorial de Educación, el Ministerio del Interior, y los niños realizadores de los programas infantiles en la radio y la televisión.

Otro de los grandes momentos del evento será el intercambio de corresponsales deportivos de la región oriental que se desarrollará el próximo 8 de diciembre.

Se suman, a las sesiones de intercambio, los periodistas de los medios en los talleres dedicados al periodismo audiovisual en la era digital, la producción y realización de programas televisivos de cara a la programación habitual, las nuevas tendencias de la creación audiovisual contemporánea y los retos que supone para la televisión holguinera y cubana.

Para este 6 de diciembre está previsto además un taller de Dramaturgia y fotografía en el que compartirá sus experiencias el destacado realizador Roly Peña.

En la era digital el canal territorial Tele Cristal se abre además a la comunidad de medios en Internet, con la propuesta de una fusión de las páginas web institucionales en un solo equipo de trabajo para multiplicar todo lo que acontece en la provincia, encuentro que se reserva para la jornada final.

Por Rosana Rivero Ricardo

Tomado de www.ahora.cu

30 fotos de eternidad

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En homenaje al primer aniversario del paso de la Caravana de la Libertad con las cenizas del Comandante en Jefe por Holguín, se inaugurará hoy a las 8 y 30 de la noche la exposición Yo soy Fidel en la sala principal del Centro de Arte.

La muestra aúna 30 imágenes de varios fotorreporteros de la provincia que captaron el momento en que Fidel regresó victorioso a su Patria Chica de camino hacia la eternidad.
“Esa ha sido una de las coberturas en las que los fotógrafos holguineros nos hemos organizado mejor, pues nos distribuimos en los lugares estratégicos por donde pasaría el cortejo fúnebre, superando el ego personal de obtener la mejor foto para, entre todos, realizar la mejor cobertura posible del suceso. Para mí, aparte de las emociones que genera un momento como ese, significó un compromiso por el papel que debía jugar como profesional en ese engranaje”, refirió Heidi Calderón, fotorreportera que expone su instantánea junto a otros colegas como Juan Pablo Carreras, Lisandra Cardoso y Carlos Parra.

Yanna Velázquez, curadora de la exposición junto a Susana Legrá, añadió que, además de las fotografías documentales, se proyectarán otras imágenes y materiales audiovisuales relacionados con la figura del Comandante en Jefe.

Por Rosana Rivero Ricardo

Tomado de www.ahora.cu

Asisten familiares de Fidel a inauguración de expo fotográfica en Santiago

Alex Castro habla en la inauguración de su expo en Santiago. Detrás, las máximas autoridades de Santiago de Cuba, la escritora Teresa Melo y familiares del Comandante en Jefe. Foto: Miguel Ángel Gaínza

“Santiago no cabe en una palabra; Santiago se adueña del símbolo, lo custodia y lo devuelve protegido desde las entrañas para que siga siendo un símbolo de todos, pero sobre todo de la infatigable Santiago, como nos definiera Martí. Fidel no cabe en una palabra; pero sí en el corazón del mundo, en el corazón de Cuba, en el corazón de Santiago”.

Con esas palabras, la poeta santiaguera Teresa Melo intervino ayer en la apertura de la exposición fotográfica “Fidel retrato íntimo”, de Alex Castro Soto del Valle, una de las actividades con las que en esta ciudad sur oriental de Cuba, se recuerda el primer aniversario del paso a la eternidad del Líder Histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz.

Dalia Soto del Valle y Alex Castro mirando las fotos de la expo. Foto: Miguel Ángel Gaínza

Dalia Soto del Valle, viuda del Comandante en Jefe, y varios de los hijos y nietos del Líder cubano, asistieron a la inauguración.

Orisel Chacón, directora provincial de Cultura en Santiago de Cuba, habló sobre los pormenores de la muestra, y Alex Castro Soto del Valle, hijo de Fidel y autor de las aproximadamente 40 gigantografías, intervino para dejar abierta la exhibición:

“Con estas imágenes estamos compartiendo este momento que lo recuerda siempre (a Fidel) con su mirada, su pensamiento; agradezco a Santiago de Cuba, a Lescay (el escultor Alberto Lescay), a las autoridades que participaron en la organización de la exposición que espero que la disfruten.”

Pueblo santiaguero presente en la expo. Foto: Miguel Ángel Gaínza

La Galería Arte Soy, frente al antiguo Cuartel Moncada asaltado por Fidel y los Jóvenes del Centenario de José Martí el 26 de julio de 1953, acoge la muestra que se mantendrá abierta hasta el 8 de enero de 2018. Kenelma Carvajal, viceministra de Cultura, asistió a la inauguraciòn de la expo.

El Consejo Nacional y el Consejo Provincial de las Artes Plásticas, la Dirección Provincial de Cultura, la Fundación Caguayo, y la Oficina del Conservador de la Ciudad participaron en el montaje de “Fidel. Retrato Íntimo”.

Pueblo santiaguero presente en la expo. Foto: Miguel Ángel Gaínza

En cuatro decenas de fotos, unas en blanco y negro y otras en colores, y algunas de estas inéditas, Alex Castro Soto del Valle enseña un ángulo intimista de su padre, por ejemplo gestos característicos del Comandante en Jefe de la Revolución cubana, aunque también hay instantáneas de Fidel con estadistas, con personalidades de la cultura y el deporte, con niños y con su pueblo.

La expo se integra a las conmemoraciones que tienen lugar en esta ciudad por el primer aniversario del fallecimiento del Líder Cubano cuyas cenizas, dentro de un monolito, se ubican en la necrópolis de Santa Ifigenia, solo a metros del Mausoleo a José Martí, Héroe Nacional, y de los monumentos funerarios a Mariana Grajales y Carlos Manuel de Céspedes, madre y padre de la Patria.

Con información de CubaDebate

Tomado de www.ahora.cu