30 años, 30 artistas

La obra de 15 creadores de las artes visuales e igual número de artesanos holguineros integran la exposición colectiva 30 x 30, en la Sala Fausto Cristo de la UNEAC (foto Erian Peña Pupo).

La obra de 15 creadores de las artes visuales e igual número de artesanos holguineros integran la exposición colectiva 30 x 30, en la Sala Fausto Cristo de la UNEAC, como homenaje al aniversario XXX de la Filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) en la provincia.

Esta muestra, amplia en su diapasón de posibilidades, reúne el quehacer de muchos de los principales creadores de la provincia, asociados al Fondo, “coincidiendo así selectas obras que muestran el bregar de quienes han perpetuado el sostén de esta empresa con su quehacer diario y que a su vez ha sido reciprocado con la promoción, representación y comercialización de obras de auténtica calidad, para el disfrute estético, utilitario y espiritual de sus seguidores”, asegura en el catálogo Anette Rodríguez Reyes.

No solo es un muestrario representativo de lo mejor del FCBC, sino también buena parte de lo más distintivo de las artes visuales en la provincia. Los nombres reunidos aquí no pueden faltar si vamos a realizar una amplia muestra del arte holguinero, entre ellos Cosme Proenza Almaguer, Jorge Hidalgo Pimentel, María del Pilar Reyes, Magalis Reyes Peña, Julio Breff, Lauro Hechavarría, Jorge Luis Cudina y Silvio Pérez Carralero. Sus obras, reunidas en exposiciones personales y colectivas a lo largo del año, emplazadas en diferentes sitios de la ciudad, integran ese corpus abarcador del arte holguinero. Lo mismo sucede con el trabajo de sus artesanos, donde se integra utilidad con arte, con creadores como Yosvani Licea, Jorge Luis Betancourt y Alejandro de la Torre.

“Puesta en escena” (acrílico/lienzo) del mayaricero Julio Breff, uno de los principales exponentes del naif insular (foto Erian Peña).

Cosme Proenza, el más conocido e internacional de los artistas plásticos holguineros, incluye en la muestra una pieza firmada este mismo año, “Mármol” (técnica mixta/tela). Por su parte, Jorge Hidalgo trasluce en el amplio óleo sobre lienzo que es “Diálogo”, la cubanía transculturizada que caracteriza su quehacer como pintor y grabador.

Las obsesiones creativas de Magalis Reyes, partiendo comúnmente del autorretrato, reaparecen en “La Autómata” (acrílico/tela). Mientras que María del Pilar Reyes, en “Franciscanos en oración II” (pastel/cartulina) nos muestra una obra que sigue la línea trazada en su producción anterior, impregnándoles a sus sugerentes figuras una humanidad que destila un halo metafísico y espiritual, cargadas al mismo tiempo de “símbolos muy escuetos, inmersos en la luz, materia primigenia de todo lo existente”, como escribió Martín Garrido en las palabras de su reciente muestra A las puertas de la luz.

Otras piezas destacan en 30 x 30, exposición organizada por la UNEAC en la provincia, el FCBC, que celebra su 40 aniversario, y su Filial holguinera, en el marco de la Feria Internacional de Artesanía Iberoarte 2018: la colorida obra “Caballos” (esmalte sintético/lienzo) que caracteriza parte del trabajo –el estudio simétrico, las líneas, los colores– del también reconocido escultor Lauro Hechavarría Osorio; “Puesta en escena” (acrílico/lienzo) del mayaricero Julio Breff, uno de los principales exponentes del naif insular; el entramado surrealista y cubano palpable en lo profundo del “monte” caribeño, presente en el hermoso óleo sobre lienzo que es “Fabulaciones”, de Jorge Luis Cudina; “La Anunciación II”, sugerente obra en acrílico/madera de Víctor Manuel Velázquez; “Si no controlas tu mente, otro más lo hará (Obra a cuatro manos con Barbara Kruger)”, acrílico/lienzo de Ronald Guillén Campos y varias maquetas (Fuente del boulevard holguinero, escultura de Faustino Oramas “El Guayabero” en el Hotel Blau Costa Verde, y fuente en el Centro Comercial Guardalavaca) de Silvio Pérez Carralero.

“Caballos” (esmalte sintético/lienzo) del también reconocido escultor Lauro Hechavarría Osorio (foto Erian Peña Pupo).

Otras piezas y autores integran también 30 x 30: “Trapomanías”, collages de José Emilio Leyva Azze; “Duérmete niña, duérmete ya” y “El corazón con que vivo”, técnicas mixtas de Leticia Leyva Azze; “La columna infinita según Brancusi (De la serie Amantes)” de Javier Erid Díaz Zaldívar; “Laberintos”, acrílico/tela de Eduardo Leyva Cabrera; y “Fragmento interior”, mixta/soporte cerámico (barro bizcochado) de Rafael Leyva Herrera.

Por su parte, los artesanos incluidos en 30 x 30, con dirección de Manuel Hernández Ramos y museografía de Anette Rodríguez Reyes, trabajan diversas técnicas y materiales, y se encuentran entre los más representativos del FCBC y la tradición holguinera.

Oscar Corona Verdecia, Osmani Reyes Alarcón, José Jacinto Delgado Torres, Teresa Blanco, Carlos Ricardo Soler, Tania Estrada y Julio Hung trabajan la ductilidad de la madera. El primero muestra búcaros marqueteados; el segundo expone un conjunto de vasijas con tapa, en marqueteado y fresado; José Jacinto muestra unos hermosos humidores en marqueteado y fresado; mientras Teresa ofrece un abanico (pirograbado) de su creación. De Soler encontramos tallas y madera ensamblada, mientras del dúo creativo de Tania Estrada y Julio Hung es la lámpara de madera expuesta en la UNEAC.

Abanico pirograbado de Teresa Blanco (foto Erian Peña).

Dentro de la muestra destaca el trabajo del restaurador Jorge Luis Betancourt, quien expone un fonógrafo de cilindros del siglo XIX que funciona perfectamente, dejando escuchar una grabación realizada a finales de ese siglo; y el trabajo de tallado y calado en cáscaras de huevos de gallina y avestruz, incluida una hermosa bola del mundo y figuras abstractas realizadas en este material, de Glennis Perdomo Álvarez y Ricardo Rodríguez Cruz.

Otras piezas se integran coherentemente a la muestra expositiva: la cesta con frutas, el ánfora y la vasija con tapa, realizadas en fibra con punto santo domingo, de Juan Tomás Isla Iñarrute; la pieza textil, con la técnica de drapeado a mano, de Alejandro de la Torre, como parte del proyecto D´voces y elegancia; la guayabera para hombre utilizando el deshilado, de las creadoras Julia Borrego y Vilma Natasha; el trabajo en restauración de Manuel Silva Escobar; el vitral restaurado (madera y cristal) del gibareño Fernando González Longoria; la obra decorativa representando a “La última cena”, de Da Vinci, en madera y cristal samblasting de Yosvani Licea; la pieza en cerámica “La luz del caguairán”, de Alcides Rodríguez, y el vestido en deshilado de Maurice Fonseca.

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos de autor

Rubén Rodríguez: “Mi sueño es fundar mi compañía”

Por Rosana Rivero Ricardo

Fotos: Carlos Rafael

El intercambio con grandes exponentes de la danza en Cuba caracteriza el Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov que en su V edición tiene entre sus protagonistas a Rubén Rodríguez.

 

Foto: Carlos Rafael

El bailarín de 61 años, compartió su historia en un encuentro desarrollado en la tarde de este 26 de septiembre en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en Holguín.

Rubén, con el histrionismo que le caracteriza, narró cómo sin querer se inició en el mundo de la danza a los nuevos años a través de una audición que era para su hermana y a él, trepado en un árbol con una pierna al lado de la oreja, le vieron las condiciones físicas para la disciplina.

Asimismo comentó sobre su paso por la Escuela Nacional de Arte, su espíritu rebelde y sus inicios en Danza Nacional de Cuba hasta ser considerado su primer bailarín en 1977.

Rubén Rodríguez en el escenario del Teatro Eddy Suñol en la noche del 25 de septiembre. Foto: Carlos Rafael

Lícito destacar que tras la aparición en escena de Rubén Rodríguez, la crítica especializada comenzó a hablar sobre el nacimiento de una primera figura en la danza contemporánea.

Acerca de los coreógrafos y piezas que más influyeron en su carrera, las motivaciones que lo llevaron a alejarse de los escenarios cubanos y su gran sueño de crear una compañía que pretende fundar en 2019, también disertó el artista.

Entre los momentos más emotivos estuvo la historia de cómo en 2003 recibió el criterio de que ya estaba mayor para bailar. “Se me salieron las lágrimas y me fui a tomar un par de cervezas. Decidí que mi carrera no terminaría ahí. Aprovecharía mi experiencia para enseñar e impulsar la carrera de jóvenes bailarines”, comentó.

Al respecto, destacó su experiencia en Holguín en los talleres que impartió en la mañana de los días 24 y 25 de septiembre en la sede la Compañía Codanza, clases que tenía guardadas desde hacía 20 años.

Foto: Carlos Rafael

Rubén también bailó en el escenario del Teatro Eddy Suñol en la noche del 25 de septiembre y demostró que, a sus 61 años, aún conserva la técnica que le valió el título de primera figura y domina el dolor del cuerpo propenso a las lesiones propias de su profesión.

Además de Rubén Rodríguez, prestigian el concurso los bailarines y profesores Noel Bonilla y Bárbara Balbuena.

El Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov, concluirá con las premiaciones en la noche del 29 de septiembre.

 

Retazos, la danza como bien social

Por Erian Peña Pupo

Danza Teatro Retazos, creada en enero de 1987 por la profesora y coreógrafa Isabel Bustos Romeleroux, surgió para encontrar, a partir del gesto natural y cotidiano, un lenguaje que exprese las contradicciones, aciertos y desaciertos contemporáneos, reafirmaron en un conversatorio, en la sede provincial de la Uneac, varios integrantes de esta compañía a propósito de la V edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov, que se desarrolla en Holguín entre el 23 y el 29 de septiembre.

 

Fotos: Adrián Aguilera

 

Como reflexivo, impredecible y vital se ha caracterizado el desempeño de Retazos a lo largo de sus más de tres décadas de fundada, asegura Daylén Ortega, relacionista pública de la compañía, quien subrayó que Bustos, Premio Nacional de Danza 2012, utiliza un lenguaje intimista desde una vanguardia creativa, singular proyección escénica y una gestualidad e imagen que se muestran como un camino hacia la espiritualidad latinoamericana.

“Nos caracteriza la danza mezclada con el teatro y los proyectos comunitarios, pues la compañía ve la danza como un bien social y una forma de profundizar en las esencias de los seres humanos. Además, una de las cuestiones más importantes es la existencia de varios festivales, jornadas y eventos que realizamos a lo largo del año”, comenta Daylén.

Foto:Adriàn Aguilera

Estos eventos son: “Habana Vieja: Ciudad en Movimiento”. Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos, organizado con el apoyo, entre otros, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, resulta un verdadero acontecimiento cultural donde artistas cubanos y extranjeros exponen su arte, creando un mosaico de expresiones danzarias que enriquecen la vida cultural habanera cada año; “Movimiento y Ciudad”. Festival internacional de DV Danza Habana: Movimiento y Ciudad, una plataforma de difusión, formación, reflexión y desarrollo del videodanza en Cuba; “Impulsos”. Encuentro de Jóvenes Coreógrafos, con el fin de impulsar la creación brindando un espacio para intercambiar experiencias, general y difundir propuestas que por su valor estético y humano enriquezcan la escena cubana; y “Tránsitos Habana”, jornada de intercambio cultural con artistas escandinavos, que en su pasada edición recordó la obra del cineasta sueco Ingmar Bergman.

Claudia Bosch, integrante de la compañía, destaca la importancia de la cultura en Retazos, para seguir “pautas para las coreografías” creadas por Isabel Bustos, profesora y coreógrafa nacida en Santiago de Chile, de nacionalidad ecuatoriana pero arraigada en Cuba, “basadas principalmente en las emociones y sensaciones de los bailarines”.

“Cuando eres diferente –añade Claudia– has ganado. Retazos trabaja con las emociones, ayuda a formarte como un todo. Estamos muy abiertos… Pues somos un todo”.

Mientras Gabriela Del Toro, otra de las veintidós integrantes de Retazos, destaca que “Isabel trabaja individualmente pues cada bailarín es un mundo” y provienen del teatro, el ballet, la danza e incluso la pantomima. “Lo importante es desarrollar las personalidades en pos del crecimiento como persona y como artista”, subraya la joven artista.

Foto:Adrián Aguilera

Danza Teatro Retazos prioriza el espacio urbano como escenografía e inspiración para la composición coreográfica y entre sus recientes puestas se encuentran: Un corazón que palpita, Retazos en el tiempo, Quimeras, Las lunas de Lorca, Espérame en el cielo y Momentos.

En la inauguración del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov, la compañía dirigida por Isabel Bustos presentó Mensajeros y Formas, esta última con coreografía de Miguel Azcue. La primera explora temas como la fragilidad, la fortaleza y el desconcierto, mientras esta última indaga las esencias de las formas como manifestaciones del ser y del momento, y la posibilidad de crear conexiones y encuentros únicos e irrepetibles.

De la contención al dinamismo, de lo tenue a la rapidez, incluso apoyándose en la ausencia de música o en la eficacia de esta, en un vestuario en tonos grises (Aleida Carrasco) y un diseño de luces (Stefan Bolliger) intimista y efectivo, Retazos nos muestran que la danza es también la belleza de las formas, la impredecible de esa belleza.

Opus David: 10 años cantando a coro

El patio de su casa no es particular. El profe lanzó la iniciativa y la madre aceptó con gusto musical. Por eso, desde hace unos meses, el patio de Leonardo Pérez es local de ensayo alternativo para los 38 niños, adolescentes y jóvenes que junto a él conforman el coro Opus David.

Al parecer el patio de Leo está hecho de “tierra elastizada”, pues por estos días acoge a los 145 integrantes que han formado parte de la agrupación en sus 10 años de creada, reunidos nuevamente para celebrar el cumpleaños con un concierto en el Callejón de los Milagros el 19 de septiembre a las 9 de la noche, y otra gran presentación el 20 de octubre en el Teatro Eddy Suñol.

En esta década la familia coral se multiplicó más fácil que la tabla del dos, pues en los inicios eran solo 21 niños. David Campos, fundador y director del coro, recuerda cuando comenzó a trabajar en 2008 en el semi-internado Dalquis Sánchez, tras egresar de la Escuela de Instructores de Arte. Llegó en “sol” de paz, pero la primera “guerra” musical fue crear un coro:
“Era un reto. Cuando empezó el curso pasé por las aulas y escogí 21 niños de primer a sexto grados para el coro. El 19 de septiembre fue nuestra primera actuación, por eso es la fecha escogida para celebrar nuestro aniversario”, comenta David.”

Saray Hernández estaba entre las voces fundacionales. Tenía solo 9 años y hoy, con 19, se mantiene en el coro por “el cariño que uno le tiene a formar parte de algo tan bonito”.

“Casi todo lo que sé en materia musical se lo debo a David”, refiere Saray. “Nunca he dejado de formar parte del coro que me ayudó a encaminar mi futuro. Hoy estudio canto lírico en la filial del Instituto Superior de Arte (ISA) en Holguín y llevo a Opus David lo que aprendo en la universidad. También ayudo al director cuando trabajamos a voces al guiar a las sopranos y transmitir mis experiencias a los más jóvenes”.

Aunque muchos hubiesen querido seguir “el compás” de Saray, David explica que “al pasar el tiempo, los niños crecieron y algunos, con dolor, me dijeron que no podían continuar en el coro. Lanzamos una audición a través de la radio y la televisión y el coro trascendió la escuela.

“Los niños solo debían amar la música, ser afinados y tener interés por formar parte de un colectivo que luego se convierte en familia, donde enseñamos valores, nos divertimos, vamos a campismos, pasamos muchos momentos felices y en los tristes nos acompañamos”.

Disímiles han sido las presentaciones de la agrupación. Gabriela Silva, pionera de noveno grado de la secundaria Lidia Doce, lleva ocho años en el coro y rememora con cariño las actuaciones en los Coloquios por la Liberación de los Cinco Héroes que anualmente se realizaban en Holguín.

“La mejor presentación fue cuando cantamos para ellos al cumplirse el primer aniversario de su regreso a Cuba”.
Como gran éxito califica David la conjunción del coro con el cantautor salvadoreño Álvaro Torres en julio de 2015:
“Nos enteramos como un mes y medio antes de que él venía a Cuba. Desde ese mismo momento nos propusimos compartir escena con él. Era un reto difícil, pero a través de un amigo empezamos la comunicación. Hicimos las solicitudes con los organismos correspondientes y junto a él abrimos el primer concierto con el tema He vivido esperando por ti. Nuestra solista Thalía Montero interpretó a dúo Bueno amigos. Estaban 15 mil personas en el Estadio Calixto García”.

Apunta el director de Opus… que además “ha sido gratificante compartir a través de todos estos años con artistas nacionales de la altura de Buena Fe, con quienes hicimos un video clip y de la popular agrupación juvenil Los Ángeles. Hemos compartido con excelentes intérpretes de nuestra provincia como Lucrecia Marín, Gladis María y Nolberto Leyva. También nos complace presentarnos en actos de primer nivel auspiciados por el Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba, el Gobierno de Holguín y otras instituciones del territorio”.

Actuar en escenarios tan diversos requiere varias horas de ensayos. Habitualmente se encuentran los domingos en la mañana en el patio de Leo. Cuando están próximos a un concierto, se reúnen los días de semana después del horario lectivo.

La preparación es rigurosa, porque el grupo es heterogéneo en edades, lo cual lleva a montar un repertorio amplio, donde se incluye desde canciones infantiles, patrióticas, hasta los más variados géneros de la música cubana.

Más allá del éxito como agrupación, lo que más complace a su fundador es que “el coro ha sido una escuela. Me satisface saber que muchos han pasado a la Escuela de Arte, el Conservatorio de Música y el ISA”.

El décimo aniversario es una motivación para plantearse nuevos retos como el que desde hace dos años mantiene ocupado al coro. “Nos propusimos que los muchachos no solo cantaran, sino formar una academia donde aprendieran a tocar instrumentos musicales, expone David. Lo hemos cumplido con la ayuda de músicos de la Banda Provincial de Concierto y de la Orquesta Sinfónica de Holguín. Hay varios integrantes que han aprendido clarinete, flauta, percusión, piano y guitarra. Para el día de concierto de aniversario habrá un número donde estos noveles instrumentistas acompañarán el coro. Tendremos invitados además a varios artistas holguineros”.

Allí también cantará Leo quien, de sus 14 años, lleva ocho en el coro. Aunque quiere ser informático y la música es solo un hobbie, seguirá prestando su patio que no es particular, porque ya es de su gran familia de Opus David.

Por Rosana Rivero Ricardo

Fotos: Cortesía de David Campos

Tomado de www.ahora.cu/es

 

La Revolución cubana y la democratización de la cultura

El acceso pleno acceso a la cultura en sus más diversas manifestaciones ha sido una de las prioridades de la Revolución Cubana.

A propósito del tema, Trabajadores comparte el intercambio que sostuvon un equipo del blog Ventana política con Abel Prieto Jiménez, hoy director de la Oficina del Programa Martiano, y entonces Ministro de Cultura, durante la celebración de la 25 edición de las Romerías de Mayo en la ciudad de Holguín, Cuba.

¿Qué ha hecho la Revolución en estos 60 años para garantizar el acceso del pueblo al disfrute de la cultura?

Yo creo que esa es una de las grandes obras de la Revolución: La democratización de la cultura. Antes de la Revolución la cultura cubana era una cultura fuerte, vigorosa, pero o estaba en circuitos muy elitistas o estaba subestimada. El músico popular era casi un mendigo. Grandes artistas plásticos como Fidelio Ponce murieron literalmente de hambre. Es decir, no había ningún respaldo gubernamental en la república neocolonial; ese fue un derecho para nuestro pueblo que se logró en enero del ´59.

Un rasgo del sistema de democratización tiene que ver con el propio sistema de enseñanza artística. Hoy prácticamente se visitan todas las escuelas del país para que los niños puedan hacer pruebas de aptitud ―no importa si vives en una montaña remota, en un barrio o en una ciudad superpoblada―, si tienes talento, tienes aptitudes, tienes oportunidades de ingresar en la enseñanza artística.

Al mismo tiempo estamos en plena Feria del Libro, ahí tienes uno de los ejemplos más excepcionales de la democratización, es que ese libro está subvencionado completamente. El Estado invierte en el papel, los insumos, en todo lo necesario para la producción editorial y los libros están a precios muy bajos. Incluso bajó el precio promedio del libro con respecto a la feria anterior, está alrededor de los 7 pesos y la feria anterior estaba en 10. La gente ha comprado más libros aunque se ha recaudado menos dinero. Para un editor del capitalismo sería una noticia terrible, para nosotros no.

La Feria no se hace para recaudar dinero, sino para sembrar el hábito de lectura. Estamos en un momento donde hemos tenido un retroceso en el campo de la lectura, se está diseñando una campaña para la promoción permanente de la lectura con bibliotecarios, los medios; pero ese derecho, el acceso a los libros que en la actualidad en el mundo es un artículo de lujo, cada vez es más caro ―y cada vez más mala literatura―, se ve al libro como mercancía vulgar, en el caso nuestro lo vemos como portador de mensajes asociados a la emancipación del ser humano, a la calidad de vida.

Yo creo que ahora la vida cultural del país es muy intensa y todo el sistema de instituciones ofrece oportunidades para los distintos sectores. Es un derecho realmente notabilísimo. En el mundo y en Cuba el derecho a la cultura tradicional que caracteriza a tu familia, a tu comunidad, se ha ido restringiendo en favor de los fetiches, los símbolos de las grandes transnacionales de la industria cultural. Ese es un derecho que en el mundo entero está siendo dañado. En el caso de Cuba hacemos hasta lo imposible por rescatar lo propio. Los instructores de arte… quieres mejor muestra de democratización del acceso a la cultura, a los talleres de apreciación, formación de grupos de aficionados. El sentido mismo de esa profesión está asociada a ese derecho del pueblo nuestro a un disfrute masivo de las expresiones culturales por complejas que sean.

El ballet clásico que era antes de la Revolución algo de la familia de clase media alta, como algo ornamental, por amor propiamente a lo artístico, querían que sus hijas estudiaran eso; hoy eso se extendió y hay un público bastante amplio para esta manifestación. La danza contemporánea que está en un momento extraordinario en Cuba tiene un público también que la sigue, son manifestaciones que por lo general no son para sectores amplios de la población, aquí en Cuba se ha sembrado un apetito por la cultura, tiene mucho prestigio social. Todo esto tiene que ver con lo que pasó en 1959. Recuerda aquella frase de Fidel cuando se funda la imprenta nacional, Fidel dice: No le decimos al pueblo cree, le decimos lee. No nos interesa formar fanáticos, nos interesa formar lectores, personas que por sus propios conocimientos, que por su propia libertad personal se acerquen a nuestros ideales.

¿Cuándo ha obstaculizado el bloqueo el desarrollo cultural?

Primero tendríamos que hablar de un rasgo de la política cultural desde el principio. El primer libro que publica la Revolución es El Quijote, de Miguel de Cervantes. No era un folleto de propaganda política, sino una de las obras maestras de la cultura universal. Eso caracteriza la política cultural, la idea de que defendemos la identidad, defendemos lo nuestro, nuestras tradiciones; pero a la vez tenemos una gran vocación universal. La cultura cubana recibe como algo natural las influencias de todas partes del mundo y al mismo tiempo influye en otras culturas.

Precisamente, Estados Unidos, que es uno de los países más poderosos en término de creación musical ―por poner un ejemplo―, ha tenido un diálogo con nuestra isla permanente, desde hace muchos años, desde antes de la Revolución ha habido músicos cubanos que viajaban a Estados Unidos, músicos norteamericanos que viajaban a Cuba, había interinfluencia y muchos de los elementos de esa música crecían también en Cuba, esa es una de las cosas que el bloqueo está impidiendo: que entre músicos cubanos y norteamericanos haya un diálogo fecundante. Recuerda el Día Internacional del Jazz cuando vinieron grandes personalidades del espectáculo, dijeron cosas maravillosas de los jóvenes jazzistas nuestros. Qué importante sería para nuestros jóvenes jazzistas tener un intercambio fluido, regular con sus colegas en Estados Unidos, y qué importante sería para esos colegas nutrirse como se hizo en una ocasión con el Music Bridge, el puente de la música, donde vinieron realizadores y se hicieron piezas “a cuatro manos”. Ahí la creación está padeciendo los efectos del bloqueo, pero más allá de eso está el público.

Nuestro público se limita de recibir importantes visitas de artistas valiosos de los Estados Unidos, el pueblo de los Estados Unidos se limita de recibir grupo teatrales, grupos de danza, música. En todos los campos, los dos públicos, que deberían ser consumidores habituales de la cultura del otro país, están padeciendo una carencia absolutamente irracional. Eso sin contar los problemas que tenemos a la hora de comprar los instrumentos de música para nuestros estudiantes, de comprar cuerdas, accesorios, cosas que están en el mercado norteamericano, muy cerca de nuestras costas a un precio muy accesible, las tenemos que ir a buscar a Europa, a China. Todo se encarece y nuestras instituciones pagan eso también en términos económicos, y de falta de recursos.

En general es negar algo. El bloqueo en el campo cultural significa ponerle obstáculos a algo que va contra natura. Siempre hubo una interinfluencia, siempre hubo una corriente de ida y de vuelta entre la cultura de Estados Unidos y Cuba, y el bloqueo significa obstaculizar eso.

Por Redacción Cultural

Tomado de www. trabajadores.cu

Lina de Feria abre las puertas de su casa fundacional

Hay libros que son mitos dentro de la literatura de un país, obras fundacionales en el corpus de una nación: Casa que no existía, poemario escrito por Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945) cuando apenas sobrepasaba los 22 años, es uno de esas obras parteaguas de un momento histórico y de una generación poética. Se trata de un cuaderno que irradia una multiplicidad de emanaciones y afluentes entre las más jóvenes generaciones de escritores cubanos a más de medio siglo de publicado.

Casa que no existía recibió el primer Premio David de Poesía, en 1967, compartido con otro poemario mítico: Cabeza de zanahoria, de Luis Rogelio Nogueras, con un jurado integrado por Luis Marré, Heberto Padilla y Manuel Díaz Martínez; celebrando el pasado 2017 sus primeros y atendibles 50 años en el panorama de las letras nacionales.

Al revisar buena parte de la crítica relacionada a la obra poética de Lina de Feria, vemos cómo se torna presente este poemario inaugural. Cuando se escribe, sobre todo el conjunto de su poesía —amplio, por cierto—, a pesar de los años en que su obra no apareció en los planes editoriales, o sobre un bloque menos amplio, incluso sobre un cuaderno breve, Casa que no existía sale a relucir como el punto de partida de una solidez poco frecuente en quien desanda sus primeros pasos en la creación poética, una solidez que identifica, actualmente, una de las voces más interesantes del panorama literario cubano.

Efraín Rodríguez Santana en el prólogo que acompaña País sin abedules (Ediciones Unión en 2003), asegura 35 años después de publicado el poemario, que Casa que no existía “es de una madurez tal que gravitará en toda su poesía y marcará desde el inicio sus derroteros temáticos y estilísticos”. En tanto para el reconocido crítico Enrique Saínz, en el propio año de publicación el poemario mostró la “diferencia de su palabra, una voz otra en el contexto literario de aquellos años, con preocupaciones y búsquedas distintas, aunque sin desentenderse de los aportes del conversacionalismo”.

Mientras César López, en las palabras que prologan Absolución del amor (Ediciones Unión, 2005) ofrece entre las posibles claves para la lectura del cuaderno atender cuidadosamente a elementos como “la pérdida” y “lo perdido”, aquello que estuvo y ahora irremediablemente ha desaparecido como recuerdos de otra época, en lo que se asemeja, por ejemplo, al movimiento del feeling, tan cercano a la joven creación entonces y relacionado a nombres imprescindibles como Marta Valdés, Ella O´Farril y Pablo Milanés, y a los jóvenes nucleados alrededor de Ediciones El Puente.

El autor de Quiebra de la perfección apunta, además, rasgos de importancia no solo para comprender a la autora sino para analizar los rumbos del panorama poético cubano, entre ellos la “proyección de lo femenino oprimido”, el uso de “precisos referentes urbanos”, y la atmósfera “discretamente surrealista” que refleja Lina de Feria en sus poemas. El texto con el cual abre el cuaderno iniciático es muestra palpable de lo que se refiere César López en sus palabras:

“han tomado mi casa/ uno tras otro llegan venciendo su eternidad/ que les parece un obstáculo cercano y fácil/ me faltan el respeto y entran/ tirando al suelo máquina libros cigarros/ cuadros que conservaba. Los afiches/ todo desaparece/ todo es mi madre y su tiza de la Superior/ maggie conrado Úrsula/ mi ejército de la infancia/ mi tropa para huir a la loma del burro/ la soldadesca pura/ ha entrado junto a mí/ y esta casa ya no es mía/ luego se van con sus trajes absurdos/ se va el flaco habitante de la memoria/ rompiendo el blanco perdurar de los papeles/ para dejarme tirado en mi actual tamaño/ sujeto a un tiempo que no existe”.

Esta preocupación, la angustia y la lucha, comunes en la obra de Lina, serán también identificadas por Enrique Saínz al revisar su obra poética, cuando advierte un “caos de imágenes, recuerdos y angustias” en sus textos. Vinculando la aprehensión poética de la angustia y la percepción surrealista de la vivencia y la cotidianidad apuntadas por César López, Saínz descubre en los versos de Lina una “experiencia de lo irrealizable”, en “gradual reelaboración de sus temas capitales, entre ellos, el de la soledad, acaso el más relevante de su poética”:

“cuando mi vejez detenga el tiempo cargado de una brisa/ que haya perdido el espíritu que conmueve las hojas/ que arrasa la sequedad de los depósitos vacíos/ todo será real para entonces/ no seré el pedazo húmedo que espera sin descanso la llegada del joven dominguero/ (ese que acude a la cita convencional/ con el traje lleno de flores silvestres)/ más bien seré como los cuerpos imprecisos/ con el amarillento significado de un libro cualquiera/ tal vez Alicia en el país de las ilusiones/ un buen hombre apegado al gentío/ que conoce el peligro de las calles/ cuando los automóviles destrozan el viento/ llevaré el pecho roído por tanto cadáveres y memorias/ mi cabeza en tus hombros imaginarios vestidos de milicia/ yo corriendo por una calle para encontrarse en la feria/ las tardes de las primeras audacias/ cuando mi vejez detenga el tiempo/ estas cosas serán como recuerdos o crímenes/ la gran puerta amor mío para la resignación”.

Al prologar A mansalva de los años, segundo poemario de Lina de Feria, aparecido más de veinte años después de Casa que no existía y merecedor del Premio de la Crítica en 1991, José Prats Sariol advierte también la soledad como sentido de búsqueda interior, de reconocimiento por las inciertas materias espirituales en busca de la autenticidad.

Mientras Arturo Arango, al reseñar A mansalva de los años, propone como una de las lecturas posibles la “dialéctica entre el individuo y la historia”, o sea, la forma agónica, vital, incluso natural, propia de los cubanos de hacer historia cada día como parte de una cotidianidad visceral. Todo dentro de una “ética humanista” que viene a abarcar su poética. La escritora, merecedora en varias ocasiones del Premio de la Crítica, escribe en uno de los poemas de Casa que no existía:

“ha vendido sus cartas. ha quemado/ sus naves menores/ la familia se largó de Cuba/ dejándolo con su cinto viejo/ y los libros más políticos/ el techo se mira y es un puntal tan alto/ la casa está tan justamente sola/ el desayuno tan contrario a toda maternidad/ la firmeza no se explica en una cuartilla/ y el arte poética/ quede en su mirada de búfalo”.

Más tarde, al introducir De los fuegos concéntricos, el propio Arango identifica tres perspectivas diferentes de escritura: el discurso conceptual, filosófico, desnudo de la misma; las visiones delirantes, surreales, de violentas rupturas lógicas o imágenes de visualidad enloquecida y la cotidianidad como definición de un ser humano concreto, dueño de un pasado y de una vida cuya dolorosa biografía trascurre a lo largo de los poemas.

Sirva el aniversario 50 de un libro medular, constantemente citado y reverenciado por los escritores jóvenes, para repasar y acercarnos a la obra de Lina de Feria y sirva la fecha, además, para movernos el pensamiento y la razón sobre su justo lugar, y el de su autora, en la literatura cubana de todos los tiempos.

¿Qué otros escritores suscitan semejante interés en nuestras letras? ¿Cuántos han sido capaces de sustentar “a mansalva de los años” y los vaivenes de la existencia, una obra sólida, original, imantadora, como la de Lina? Ella mismo lo aseguró en una entrevista a propósito de la entrega del Premio Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz:

“He ahí, creo, un logro amplio a destacar. Haber conseguido un estilo propio. Y una obra propia”. Pienso también en un Delfín Prats que desde Holguín aflora todavía, en una especie de ostracismo sincero y natural, semejantes iridiscencias en las nuevas generaciones de poetas, aunque muchos sigamos esperando nuevos versos del autor de Lenguaje de mudos, poemario que este año arriba a su cincuenta aniversario. Y además, en una hornada de importantes autores que hoy viven más allá de las aguas territoriales de esta isla”.

Con el cariño y la admiración que le profeso a Lina de Feria me hago la misma pregunta que Jorge Ángel Hernández en su artículo Casa que no existía y las aproximaciones críticas a la poética de Lina de Feria: “¿Cuándo insertaremos el nombre de su autora en la prestigiosa lista de los Premios Nacionales de Literatura?”.

El tiempo pasa inexorable y el silencio parece ser la única pero no válida respuesta: no debe serlo, Lina de Feria abre las puertas de aquella casa fundacional e inscribe su nombre en las letras cubanas con el mismo ímpetu y la misma fuerza centrífuga de su obra lírica.

Por Erian Peña Pupo

Tomado de www.ahs.cu

Humberto Pino y sus 40 años de crecimiento musical

Humberto Pino. Foto: Arnaldo Vargas

El apellido Pino hace honor a la trayectoria profesional de un holguinero que, en el transcurso de 40 años, ha sabido crecerse como músico y maestro, sacándole sonoridad a la flauta y el saxofón, cuyos conocimientos ha compartido con muchos jóvenes dentro y fuera del país y durante los últimos 13 años, además, dirige la Banda Provincial de Conciertos, validando el concepto martiano de que ¨La música es el hombre escapado de sí mismo…¨.

Confiesa Eulogio Humberto Pino Hernández ser el primero de la familia, dedicada por entero a la esfera gastronómica, en inclinarse por la música, pero ¨tuve la suerte de nacer, crecer y estudiar en un ambiente artístico que me fue atrapando de manera progresiva, al extremo que hoy no sabría vivir sin el ejercicio de mi profesión¨.

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Muy cerca de su casa ensayaba la Orquesta Tentación, conducida por el Maestro Cándido Morales ¨y desde que ingresé a la enseñanza primaria tuve maestros talentosos como Paco Vincent, con quien me introduje en el estudio del saxofón y el solfeo eslava, y me picó el bichito de la pedagogía¨.

La directora y pianista Luz María Ochoa; el también maestro y bajista Jorge Ochoa; el trompetista Augusto César Milord, entre otros maestros y maestras, alimentaron sus deseos de convertirse en músico, algo que también tuvo como catalizador al ambiente que se vivía en las enseñanzas secundaria básica y preuniversitaria, con un movimiento de aficionados muy fuerte.

¨De esa manera formé parte de un grupo integrado por Miguelito Villafruela, José Ángel Leyva y José Luís Patterson, entre otros, y gracias al Maestro José María Fernández, pudimos matricular en el Conservatorio de Holguín, donde vencimos el nivel elemental¨. Por encargo dirigió una Banda de concierto integrada por 40 alumnos, que inició el desfile del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes La Habana -1978, junto a una agrupación de la otrora República Democrática Alemana (RDA).

En 1970 ingresó en la Escuela Nacional de Arte, donde estudió saxofón y se apasionó por las Bandas de Concierto, a tono con el concepto martiano de que ¨…la música de las bandas es como un hada invisible: en las ciudades invitan a la alegría, al perdón y al movimiento: en campaña, pone las armas en manos de los combatientes¨.

Por esa razón, desde 1980 Pino integra la Banda de Conciertos de Holguín, fundada en 1922. Primero como flautista solista y como director después, simultaneando desde 1984 con la impartición de clases sobre ese instrumento, al que honró con la creación de una agrupación (Syrrilk), que aún forma parte del nivel medio de esa especialidad.

La Banda de Holguín, que cumplirá en breve 96 años, tuvo como directores a Ángel Díaz Uriona (fundador), Juan Márquez Urbino, Francisco Blanco, Ángel Vargas, Juan José Herrera (Cuzo), quien elevó la agrupación al Primer Nivel, que mantuvo el inolvidable trompetista y compositor Manuel de Jesús Leyva (Coco), de 1988 a 2005. Desde entonces sus músicos son conducidos por Pino, un Maestro talentoso que desde hace varios años solicita la atención de organismos provinciales encargados de darle a la Banda un local apropiado para los ensayos, la custodia de los instrumentos y de ser posible, también sirva para sala de conciertos.

Cumpliendo con las ideas de Fidel, de lograr ¨una cultura no solo artística, sino también histórica, científica, económica, geográfica, ambiental y en los más diversos campos del conocimiento, con profundo sentido humanista¨, Holguín respondió a la solicitud de crear una Banda de Concierto en cada municipio, graduándose aquí los primeros 384 alumnos requeridos para los 14 municipios, incluyendo el completamiento de Holguín, Banes y Sagua de Tánamo.

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Este Maestro Emérito de la Enseñanza Artística, a quien Holguín le dedicó su Semana de la Cultura en 1992, entre otros reconocimientos especiales, participó como invitado en el Primer Festival de Bandas de Conciertos en la ciudad turca de Izmir, y Estambul, la más poblada de ese país. También contribuyó a la formación de músicos de Banda en la República de Surinam. Luego en México, formando parte del claustro de profesores de Waxaca; y más recientemente en la República Popular de Angola, donde fundó la cátedra de saxofón e impartió metodología de la enseñanza de los instrumentos de viento. También en Valencia, España, participó en el año 2013, en el Quinto Festival de Música Iberoamericana.

Su única insatisfacción es no contar aún con el indispensable local de ensayos, que ha impedido la presentación de la Banda en las tradicionales retretas, eventos y conmemoraciones, y ahora, cuando la Banda celebrará su 96 aniversario, no podrán realizar actividades públicas. Y de continuar esta situación, probablemente tampoco podrán actuar en las festividades por el advenimiento del aniversario 60 de la Revolución Cubana.

Ahora, cuando cumple 40 años de vida artística, Pino, pequeño de estatura pero grande de corazón, con importantes realizaciones personales y profesionales, se muestra satisfecho por su obra, que incluye algunas composiciones musicales (boleros y danzón); por contar con dos hijas que también se formaron como músicas (una flautista, la otra, directora coral), y una esposa bancaria que comparte todos sus proyectos sin ahorrar el más mínimo de pasión, amor y entrega.

Por Arnaldo Vargas Castro

Tomado de www.radioangulo.cu

 

Crónica de un carnaval

El holguinero es más bien “observador” en los carnavales, quizá por idiosincrasia o porque estas son unas festividades “peculiares”. Prefiere mirar el desfile de carrosas y comparsas pero rara vez se une a ellas, incluso las vallas de madera ubicadas a lo largo de la Avenida de los Libertadores le recuerdan a quienes se reúnen a sus lados, que deben observar siempre. La cuestión es que –a diferencia de los manzanilleros o santiagueros– nosotros los holguineros preferimos prestar atención al paso de las carrosas, elogiarlas o criticarlas en dependencia de los bailarines, el vestuario o la decoración, pero no terminamos mezclándonos ni seguimos el paso de una conga improvisada, ni siquiera después de acabar, por culpa de Arará, con una “borrachera carnavalera”.

Aun así el holguinero prefiere las áreas abiertas y la aglomeración de personas para sentirse en carnaval, aunque existan lugares cerrados como El rincón del recuerdo, en el Ilé de la rumba, donde la música en vivo con intérpretes de la excelencia de Yaíma Sáez, amenizaban la noche. En cuanto a los espacios abiertos quizá sean las áreas del Estadio Calixto García la que más personas atrae, por ubicarse allí las principales tarinas y pasar por la avenida los desfiles y carrosas. El holguinero extraña los cuerpos a manera de las criollitas de Wilson en las carrosas; ahora –dicen– baila cualquiera. Y extraña, además, las buenas y atractivas decoraciones: “Nada tiene que ver –añaden– con esa empresa el ambiente marino que decora su carrosa y mucho menos con aquella los racimos de plátanos colgando a ambos lados”. Quizá todo se resuma en identidad visual, pero hay para todos los gustos y hasta el más exigente encuentra su carrosa adecuada.

Por eso mismo –por esa bien lograda identidad que los distinguen de lo monocromático– aplauden a la Placita de Santiago y a la compañía Fantasías Caibarién, en Villa Clara, invitadas a unas fiestas holguineras cuyo lema fue “Bendito seas mi carnaval”.

Llamativas carrozas en el Carnaval Holguín 2018 (foto Adrián Aguilera)

El holguinero es también cervecero, por eso persigue más la Bucanero que la Tínima y jarra en mano brinda el espumoso líquido “bautizado” al primer conocido que se encuentre. Solo, en pareja o en familia, aunque Fabré siga aconsejando cada año la conveniencia de andar soltero en carnaval, el holguinero aprovecha también esa “tienda al aire libre” y por departamentos que son los carnavales y lo mismo compra un par de gafas, un muñeco de peluche, una billetera, que una manzana extrañamente tropical. Si va con un niño las compras pueden equivaler a muchas jarras de cerveza. Algunos comen en casa antes de salir, otros prefieren comprar algo allí y pasar más tiempo en la calle. Hay quien no puede evitar comerse más de un bocadito de cerdo asado.

Otros bailan al ritmo de las orquestas invitadas: Arnaldo y su Talismán, Taínos de Mayarí, Los Karachis, Bamboleo, Cándido Fabré… aunque, dicen, extrañan las grandes orquestas, esas que siempre están de moda y mueven multitudes cada año. Los más prefieren caminar de un lugar a otro y observar las carrosas, encontrarse con los amigos o conocidos, esos que solo se tropiezan en carnaval, aventurarse en la cola de la cerveza en el primer termo donde te digan que está “buena” y tomártela rápido, antes de que se caliente en la jarra… Los jóvenes se concentran en el puente del estadio, cerca de la conexión wifi, y alguno que otro “sube” en vivo una foto para que los amigos sepan que los holguineros estamos de fiesta. El carnaval es también la mezcla de olores: frito, cerveza y orina, esquivar vendedores de todo tipo, compartir en familia…

El pueblo, protagonista del Carnaval Holguín 2018 (foto Adrián Aguilera)

“Ahora hay que aprovechar, pues el lunes todo el mundo amanece sin un peso”, le dice un cochero a otro. Y ambos siguen montando personas para el estadio Calixto García a diez pesos cada uno.

Así somos los holguineros y así son también nuestros carnavales, donde hasta el más apático da su pasillito: una manera de ser, una muestra genuina de identidad y cubanía.

 

 

Los ángeles cantan en Holguín

Para el que observa desde fuera estas son unas clases muy extrañas. Los integrantes de la Compañía Lírica Infantil Voces de Ángeles bostezan una y otra vez frente a sus maestros y a ellos ni les molesta. Al contrario, conceden la notamás alta al alumno que mejor lo haga.
“Los niños tienen que aprender que el bostezo es la posición más importante en el canto lírico, para lograr que la voz, sin usar micrófono, viaje mucho, incluso por encima de una orquesta”, explica María Dolores Rodríguez, directora del Teatro Lírico Rodrigo Prats(TLRP) e impulsora de su versión infantil que también lidera. “A ellos no les puedes decir que tienen que abrir la laringe y el velo del paladar, porque no entenderán nada”, añade.

Por eso, la profe Laritza Ochoa, subdirectora de la compañía,ha creado un divertido sistema de enseñanzajunto a otros colegas. “Les decimos que coloquen la boca como si tuvieran dentro un huevito hervido o como si fueran un sapito. Si cantan muy bajito, les indicamos que deben sacar la voz y asustarnos como si ellos fueran fantasmas”.

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La técnica de aprendizaje para pequeños entre 6 y 14 años ha funcionado muy bien, a juzgar por las reacciones del público y los cantantes líricos cuando comparten escenario con ellos. Eltrabajo de los profesores desarrollado en los tres años que cumplirá la compañía en septiembre próximo, es tangible además en la calidad alcanzada por sus alumnos, capaces de competir con otros que se preparan años para entrar al Conservatoriode Música José María Ochoa.

Dice la profe Laritza, o Lari, como cariñosamente la llaman sus pupilos, que en el 2015, año de la creación de Voces de Ángeles, ingresaron dos alumnas ala unidad docente de Canto Lírico del Conservatorio. Un curso más tarde, de 15 plazas disponibles, 14 fueron ocupadas por pequeños de la Compañía y en 2017-2018, las cifras fueron de 10 y 9.

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El sueño de su fundadora estáun paso más cerca de cumplirse:“Esperamos que ellos, al egresar de nivel medio,entren a la filial de Canto Lírico del Instituto Superior de Arteen Holguín y se gradúen. Tendríamos alumnos de todas las edades preparándose, lo cual garantizaría que el TLRP, de larga tradición en la provincia, tenga una estabilidad al contar con artistas suficientes y de reconocida calidad para el coro y ser solistas”.

Hoy todo parece más previsto y organizado que en una ópera italiana. Sin embargo, los inicios fueron más difíciles que cantar O SoleMio a capella.

“Cuando se decidió fundar la compañía, el primer paso fue convocar a los profesores que deberían trabajar de forma voluntaria con los niños y tener talento para impartir la difícil técnica del canto lírico en estas edades. Varios dimos nuestra disposición y nos mantenemos hasta la actualidad”, recuerda la profe Lari.

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“El segundo reto –añade María Dolores- fue decidir a qué edad deberíamos comenzar el proceso de enseñanza. Alejandro Millán,profesor de ballet y coreógrafo del TLRP, fue quien dispuso que debieran tener, al menos, seis años para que pudieran contar al hacer los pasos de baile.

“Algunos no sabían leer muy bien y su mamá o papá escribían las letras de las canciones para enseñárselas. La idea ha evolucionado con el tiempo para tener un orden lógico de trabajo, sobre todo con la profe Lari al frente, quien trabaja directamente con los niños todo el tiempo”, apunta.

Una canción vale más que mil palabras. Solo hay que escuchar a José Ernesto Ojeda, de tan solo 9 años, interpretar O SoleMio en “modo Andrea Bocelli”, para percatarse de que la Compañía Lírica Infantil tiene más futuro que el presente.

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Él es uno de los 70 niños afortunados que hoy conforman Voces de Ángeles, pues la lista de aspirantes a ingresar es extensa. El pequeño fue bautizado por su profe Yunior Galano como “El tenorcito de Holguín”, título ganado a base de voz, constancia y esfuerzo.

Como el resto de los infantes asiste cada sábado en la mañana a la Casa del Ballet, una de las sedes de la filial de Canto Lírico. Las clases con el profesor de danza inician a las nueve y se alternan con los talleres de actuación. Luego de un receso los alumnos inician las lecciones de canto en el coro. Aquellos que tienen más posibilidades vocales se les asigna un profesor individual.

Los logros del trabajo de profesores y alumnos son mostrados en la peña que mantiene la Compañía cada último domingo del mes a las cinco de la tarde en la Sala Alberto Dávalos del Teatro Eddy Suñol. “La peña ha sido muy buena –sostiene Laritza-. Estas presentaciones mensuales ayudan a que los niños se desinhiban y puedan llegar del coro a ser solistas. Además la preparación para estos espacios va más allá de la instrucción en la técnica vocal, pues cada uno está dedicado a una efeméride o personalidad y aprovechamos las clases para la formación en valores”.

Los niños también se presentan en todas las funciones que realiza el Teatro Lírico, como la gala por el aniversario 55 de esta institución.

“En esa ocasión interpretaron Brindisde LaTraviata y FuniculíFuniculá, dos canciones en idioma extranjero”, cuenta Laritza. “Aquí les enseñamos la fonética, le dictamos bien la letra como se pronuncia y le damos las grabaciones de la canción que interpretarán.El tenor Yuri Hernández se asombró de la buena pronunciación de los niños. Dijo que su dicción era mejor que la de algunos adultos”.

Los halagos también vienen de María Dolores quien, sin temor a que la recomendación venga de cerca, asegura que “los niños están fuera de serie. Por lo general, no se parecen a nada de lo que hay en Cuba en ese tipo de Compañía. Tengo entendido que el Teatro Lírico Nacional tiene una Cantoría Lírica, que no es lo mismo. Nosotros tenemos una pequeña compañía lírica igual que la compañía mayor”, afirma la maestra.

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Sin duda, el gran suceso de público de Voces de Ángeles fue la Gala de Navidad de 2017. Una de sus protagonistas fue Patricia María Castaño quien, a sus escasos 9 años interpretó magistralmente Pie Jesu. Desde el público la observó y aplaudió su madre Odalis Ricardo, quien comparte el sueño de su hija de “entrar en el nivel medio y seguir hacia adelante para ser una gran cantante lírica”.

Odalis forma parte de esa gran familia en que se ha convertido la Compañía, donde los padres son un puntal fundamental. Se encargan de ayudar a ensayar a los niños en casa, buscar el vestuario, y asumir otras tareas logísticas.

Pero ellos no solo entregan a la Compañía, sino que también reciben. Laritza explica que con los padres se trabaja la cultura lírica y, aunque en su mayoría no son músicos de profesión, aprenden y les gusta este arte.

Así lo experimentó YulietBartes, madre de la pequeña Fabiana, quien manifiesta que le gusta el canto lírico. “Tengo que ir a las clases y aprender también para ver la colocación de la boca y todo lo que la profe Lari le va diciendo a la niña para recalcarlo en casa”.

Con esta acción logramos formar un público de todas las edades e ir recuperando ese que perdimos por el cierre del Teatro Eddy Suñol”, acotó María Dolores.

En este verano los niños y sus padres disfrutan de las vacaciones, pero los profesores no descansan. María Dolores proyecta un espectáculo de ópera junto a la Orquesta Sinfónica de Holguín que seguro garantizará muy buenos bostezos, y no de aburrimiento.

Por Rosana Rivero Ricardo

Fotos y artículo tomados de www.ahora.cu

María del Pilar, a las puertas de la luz

Por Erian Peña Pupo

Fotos Adrián Aguilera

La obra de María del Pilar Reyes –como afirma Martín Garrido– posee un “estilo, una manera, un sello personal” que la hace distinguible a simple vista. Esa marca es lo que hace perdurable un quehacer artístico más allá de maneras, corrientes o modas pasajeras.

Después de varios años sin realizar exposiciones personales, María del Pilar (Holguín, 1970) reúne en A las puertas de la luz, expuesta en la Sala Pequeña del Centro Provincial de Arte, parte de su trabajo más reciente, enfocado a la pintura de tema religioso.

Poseedora de una cosmogonía que nos remite a una herencia del arte occidental conscientemente asimilada y nos muestra, además, a una creadora culta e informada: la pintura bizantina –las líneas, los rostros, la perspectiva–, el cubismo picassiano, la obra surrealista de las mexicanas Leonora Carrington y Remedios Varo, estas piezas parten de una ilusoria sencillez que se adentra en “capas muy profundas de la espiritualidad humana”.

Apreciarlas levemente, deteniéndose apenas en la armonía, los coloridos tonos pasteles, sería desperdiciar la hondura que nos entrega María del Pilar en A las puertas de la luz, con curaduría de Susana Legrá Pedrera y dirección general de Yuricel Moreno Zaldívar.

Partiendo de la figura bíblica de Jesús como hilo conductor de esta muestra, María del Pilar sigue la línea trazada en su producción anterior: “No hay rupturas visibles, no hay un antes o un después. Ese acento místico que ahora se subraya en las piezas de la muestra ya aparecía en sus piezas anteriores, ya estaba ahí, con ella, desde sus inicios, en obras donde el misterio, la fabulación, lo inasible, marcaban las pautas”, añade el investigador Martín Garrido.

Sus figuras minimalistas están cargadas de “símbolos muy escuetos, inmersos en la luz, materia primigenia de todo lo existente”: rostros alargados y mayormente de perfil; árboles con ramas y sin hojas; carpas coloridas; sencillas vestimentas; cruces y apenas accesorios… que permanecen como signos de identidad en una muestra integrada por piezas como: “Tan solo con que llegue a tocar tu capa quedaré sano”, “En ese momento abrieron los ojos y reconocieron a Jesús”, “En el camino de Emaús”, “Con la cruz a cuesta”, “Oración y vida”, “Franciscanos siguiendo a Cristo”, “Restaurando la naturaleza con San Francisco de Asís”, “Restaurando la naturaleza con Jesús”, “Completando tu cruz”, “Idilio” y “Mi Señor y yo”, todas pastel sobre cartulina, salvo la pieza de la que toma el título la muestra, “A las puertas de la cruz” (acrílico sobre lienzo).

María del Pilar ha sabido impregnarles a sus alargadas figuras una sugerente humanidad que destila un halo metafísico y espiritual. Ella parece decirnos que el motivo primario de sus cuadros no es lo religioso, sino la luz que hace que nos detengamos en el camino.

Lo elemental y más sencillo, aquello que es apenas esencial, como nos recuerdan varias órdenes religiosas, entre ellas los franciscanos, es una manera de estar cerca de lo bello y lo divino.

Quienes apreciamos su obra y hemos seguido el trabajo de María del Pilar Reyes agradecemos que la artista holguinera nos de pistas, señales, que conducen a las puertas de la luz.