Salvador Pavón, cronista naif de la ciudad de Holguín

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor

Al recorrer la exposición personal 300 años y más, del artista Rolando Salvador Pavón Gómez en la galería El Zaguán, del Fondo Cubano de Bienes Culturales de Holguín, notamos que Pavón es un creador nada ingenuo, aunque asuma el naif –caracterizado por la espontaneidad, el autodidactismo de sus exponentes, los colores brillantes y contrastados y la perspectiva acientífica captada por intuición, que en muchos aspectos recuerda (o se inspira) en el arte infantil, incluso ajeno al aprendizaje académico– como la corriente artística con que se vale para expresar sus inquietudes diarias.

En Holguín donde el naif no es tendencia –aunque con la notable excepción de Julio Breff en Mayarí–, como sí lo es, por ejemplo, en ciertas zonas de Santiago de Cuba, Pavón, quien está al frente de la asociación de artistas plásticos de la UNEAC en la provincia, ha sabido armar una cosmogonía distinguible a simple vista en el contexto plástico local. Ha defendido su estética: sus cuadros no se parecen a otros, sus ciudades –siempre Holguín como inquietud primera– le pertenecen en todos sus matices.

Esta pertenencia habita en toda su extensión en 300 y más, una selección de piezas donde, como apuntábamos, la ciudad de Holguín es el eje del relato pictórico, y que viene a ser compendio de su amplio bregar para intentar captar –cosa que sin dudas Rolando Salvador ha logrado en estas obras– la idiosincrasia del holguinero en su ciudad, aquello que, aunque llevado a la figuración del naif, por momentos exagerada, por momentos ingenua, lo caracteriza sin dudas en la plástica local, y por tanto, en la nacional.

300 y más es una invitación para descubrir la ciudad desde varios ángulos: lo social, lo político, lo religioso, lo cultural… como parte de su raigambre identitaria. “Alejados de calificativos técnicos que impiden apreciar esencias, compartimos con el cronista del pincel, su regalo. La labor del orfebre del tejido intrincado de figuras icónicas, escenas y tradiciones culturales arraigadas en el pueblo. Entonces sentimos el musical fluido de las aguas dulces por las calles en la estación de las lluvias, el pitazo estremecedor del tren habanero que concita el bullicio de la gente que se dispersa a los campos cercanos o asistimos a una boda en familia o al cumpleaños del fuego que calienta más que el sol del trópico”, escribió el antropólogo José Millet en las palabras de catálogo de la muestra.

La Loma de la Cruz, epicentro de buena parte de los cuadros, los carnavales que peculiarizan los festejos estivales, el béisbol como pasión e identidad, eventos culturales como las Romerías de Mayo, el transporte público… son algunos de los elementos para asimilar y recorrer la muestra personal de Salvador Pavón, con curaduría y museografía de Danilo López, quien realizó la dirección general. Elementos identitarios de la urbe –el parque Calixto García, el estadio con igual nombre, el Gabinete Caligari, el propio Centro Provincial de Arte, el parque El Quijote, la Catedral San Isidoro, entre muchos otros– y sus habitantes, peculiarizan una poética para nada ingenua, sino al contrario: llena de guiños e acercamientos sociales y culturales: “Héroes anónimos”, “Sueños de cachorros”, “Homenaje al Rey”, “La boda”, “Cervantes en Holguín”, “Cumpleaños de abuela” y “Llegó la energía”, se encuentran entre las obras.

El artista, “con su fiesta de vivos colores y los dibujos de finos puntillismos” con los que celebra los 300 años y más de Holguín, “ha captado mejor que los historiadores el color local de la Ciudad de los Parques y nos permite viajar a su lado a una Romería de Mayo donde percibimos mejor las tonadas humorísticas del juglar El Guayabero, añade Millet.

La mirada de Salvador Pavón, cargada de los rasgos típicos del naif, pero no dependiente de ellos, viene a adentrarse en los entresijos de la ciudad de Holguín, siguiendo la mejor tradición insular que se ha apropiado de las urbes. Así revisita sus elementos identitarios, los hace suyos y nos lo muestra con la sugerente línea de su pincel (web Uneac).

Entre muñecos y títeres… A 50 años del Teatro Guiñol de Holguín 

Por Erian Peña Pupo 

Fotos Carlos Rafael Archivos del CCCLaLuz

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022 su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y sus expresiones en la provincia y el país. 

Antecedentes… 

Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras, pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas, operetas, vodevil, danza… 

Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno (1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después, una de las figuras tutelares de esta manifestación artística en Cuba, Pepe Carril nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930 crea en el propio poblado holguinero, el Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el propio Morales).

No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como protagonista.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey 

El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos, animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado. Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo… Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras más de entonces”, comenta Ricardo. 

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además, refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos, cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.

Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón

En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando Vielza, Rubén Mulet, Fernando Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina, El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013. 

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban 

En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993, año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz. Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol. En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.

En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el 21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín, imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina, Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros, El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996). Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa, 2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza, además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio. 

Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle y al público todo que lo potencia”.

Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorpora a trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”. 

De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”. Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza, continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del colectivo”. 

Al respecto nos contó el maestro Armando Morales, Premio Nacional de Teatro, cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por el Guiñol holguinero: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel. Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban, que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol, con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el títere”. 

El extraño caso… 

Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la creación artística teatral.

Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro Joven. Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus cinco décadas entregado al arte del títere. 

 

 

Codanza: 30 años de un sueño a golpe de dedicación

Por Vanesa Pernía Arias

Es difícil ver a la maestra Maricel Godoy y no asumirla como la madre de Codanza, compañía a la que le ha dedicado 30 años de su vida. Aunque reconoce que cuando nació este colectivo, el 25 de septiembre de 1992 “era tan solo el sueño de un grupo de chiflados por el baile”. Desde entonces Maricel y sus bailarines “a golpe de dedicación” se han convertido en orgullo de la cultura holguinera y cubana.

Es difícil ver a la maestra Maricel Godoy y no asumirla como la madre de Codanza, compañía a la que le ha dedicado 30 años de su vida. Fotos: Carlos Rafael

Codanza desde ese momento asume consecuentemente el slogan de Fuerza, Vitalidad y Destreza, y en ello les va la vida. “El virtuosismo es necesario, pero es más importante la credibilidad de la interpretación, el dominio de la técnica. Por eso insisto tanto en que es imposible llegar al corazón del público si ese bailarín no se cree lo que hace”, comentó la maestra.

La pieza fundacional, afirman, fue Tridireccional, interpretada por Rosario Arencibia, Gilberto Pérez, Rosario Hernández y Wilber Pérez. Y con estos primeros pasos pretendían la aprehensión e interpretación contemporánea de las aspiraciones más sublimes y nobles de cuanto mueve y concierne al ser humano a través de la danza. Sin embargo, cuando la compañía fue aprobada como tal por el Consejo de las Artes Escénicas, en 1994, ya tenía cerca de 15 obras creadas.

Este viene siendo entonces el origen de Codanza, un colectivo que es considerado por la crítica especializada como una de las mejores compañías escénicas del país, y que ha realizado múltiples giras internacionales en España, México, Venezuela, Alemania, Suiza y Austria. A su vez, importantes premios de interpretación y coreografía avalan también su trabajo, pero Maricel insiste en que “el mejor de todos llega cuando el público asiste a las funciones y nos ovaciona”.

En 2013, Vladimir Malakhov viajó a Holguín y obsequió su “Regalo de Malakhov para Cuba”, y esa sería la semilla que germinó en 2014 y que convirtió a la compañía en anfitriona del Concurso de Danza del Atlántico Norte Codanza y Grand Prix Vladimir Malakhov, un certamen que busca estimular el trabajo de los jóvenes bailarines cubanos y de varias partes del mundo. Un evento esperado cada año por el público holguinero, con el deseo de que este certamen convierta a Holguín en la capital cubana de la danza.

Este año se celebran los 30 de Codanza, una edad que marca, como un parteaguas, el rumbo de proyectos, sueños y anhelos; y la maduración plena de una compañía que se renueva constantemente en pos de la belleza y la osadía conceptual en la que se articulan sus discursos.

Codanza desde ese momento asume consecuentemente el slogan de Fuerza, Vitalidad y Destreza, y en ello les va la vida. Fotos: Carlos Rafael

Por ello, y celebrando además el Día Mundial de la Danza, en Holguín se desarrolló una amplía jornada de presentaciones en el Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol que incluyó la participación de estudiantes de esta especialidad de la Escuela Vocacional de Arte Raúl Gómez García de esta ciudad, un centro educacional que tiene en Codanza a la mejor de las maestras y madres. También se presentaron los estudiantes de Nivel Medio de la Escuela Profesional de Arte Alfredo Velázquez Carcasés, de Guantánamo.

De manera muy especial, como parte de este amplio programa, el público holguinero volvió a disfrutar del arte de la Compañía de Danza Contemporánea Danza del Alma, de Villa Clara, con la obra “Cuadrilla o ¿Historia mal contada?”, bajo la dirección general del maestro Ernesto Alejo Sosa.

Cerrando el telón de estas presentaciones, Codanza, por su parte, repuso la pieza “Árbol de fuego”, del maestro cubano Pepe Hevia. Una obra donde Hevia expresa mediante una arquitectura grupal en los cuerpos versátiles y jóvenes de esta compañía holguinera, las influencias del retorno a las raíces, el regreso a la isla, al hogar como sitio para el rencuentro.

También volvieron sobre “Casita”, obra concebida especialmente para Codanza por el coreógrafo estadounidense Robert Priore. Pensada para enaltecer las posibilidades técnicas del elenco, la propuesta trabaja con la capacidad tanto física como espiritual del bailarín. A decir de su autor, “Casita” es una coreografía que parte desde matices autobiográficos, explora la interioridad familiar y las dudas de los individuos.

De esta manera marcan su horizonte treintañero, junto a estas dos, piezas como: “Ritual”, “Año cero”, “Pasajera la lluvia”, “Muerte prevista en el guion”, “El banco que murió de amor”, “La fuente de agua salá”, “Memoria fragmentada”, “Tráiler”, “El segundo sexo” y “Ofrenda de toro”.

Codanza, un colectivo que es considerado por la crítica especializada como una de las mejores compañías escénicas del país. Fotos: Carlos Rafael,

Llena de triunfos y ovaciones llega Codanza a sus 30 años, con un encanto que perdura a través del tiempo; y Maricel sigue siendo la madre, esa que sueña con hacer de Holguín la Ciudad de la Danza, con viajar y conquistar el mundo con su compañía, siempre con mente y corazón abiertos a la creación.

Por la salvaguarda de nuestro patrimonio histórico

Desde 1984 se celebra formalmente cada 18 de abril el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, una efeméride impulsada por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), junto con la aprobación de la UNESCO.

Desde 1984 se celebra formalmente cada 18 de abril el Día Internacional de los Monumentos y Sitios. Foto: archivo

La fecha intenta sensibilizar y, a la vez, promocionar la riqueza que posee la humanidad en cuanto a patrimonios históricos, así como fomentar su conservación y protección.

Este año el tema que protagoniza los festejos es “Patrimonio y Clima”, el cual incita a desarrollar una acción climática inclusiva que tenga en cuenta la protección del patrimonio cultural frente a los impactos climáticos adversos.

En fechas previas se ha dedicado la celebración a diversas temáticas relevantes para el desempeño de quienes protegen institucionalmente los prominentes espacios sociales y naturales, implicando no solo a estos actores, sino a la sociedad en general, para crear una conciencia sobre su salvaguarda.

Según la Lic. Georgelina Miranda Peláez, la provincia posee un total de 49 bienes del patrimonio declarados por la Comisión Nacional de Monumentos, de ellos 2 son Patrimonio de la Humanidad, 20 Monumentos Nacionales, 11 Monumentos Locales, 3 Zonas de Protección y 16 Locomotoras a vapor declaradas Patrimonio de la Nación Cubana.

El Parque Nacional “Alejandro de Humboldt” y la “Tumba Francesa” de Bejuco (Obra Maestra del patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad) destacan en la lista del patrimonio histórico holguinero. El primero de ellos asume la costa Norte oriental, desde Bariay en Rafael Freyre hasta Baracoa, con una flora y fauna, ecosistema marino y terrestre extraordinarios, por lo que merecen esta designación conferida por la UNESCO, ostentando también las categorías de Parque Nacional, Monumento Nacional y Área Protegida. “Alejandro de Humboldt” es una de las Áreas Protegidas más importantes del país por su biodiversidad, destacándose la riqueza y endemismo, representante del más grande remanente de los ecosistemas montañosos conservados en Cuba.

Este año el tema que protagoniza los festejos es “Patrimonio y Clima”. Foto: archivo

Por su parte, la “Tumba Francesa” de Bejuco se ubica en la zona montañosa de Sagua de Tánamo, en el poblado rural intrincado denominado  “El Bejuco”, espacio donde el grupo portador natural declarado por la UNESCO-junto con las Tumbas Francesas de Santiago de Cuba  y Guantánamo, por resultar un patrimonio oral de las tradiciones cafetaleras nacidas al calor de la fusión de las culturas francesa, haitiana y cubana en  esta región-, mantienen vivos los bailes, canciones e instrumentos típicos, únicos, costumbres transmitidas de  generación en generación.

En Holguín existen además veinte Monumentos de categoría Nacional, entre los que destacan “La Periquera”, emblemática edificación colonial de estilo morisco, con gran prestancia y valor arquitectónico, escenario del acontecer local, de trascendencia histórico-cultural; la Casa Natal de Calixto García Iñiguez, cuna del insigne patriota, e inmueble típico de la arquitectura colonial convertido en Museo Memorial: en sus salas se exponen objetos, fotos, maquetas y documentos sobre la vida del destacado patriota, su familia, las tropas que le acompañaron en su batalla independentista y ante la intromisión norteamericana en la etapa final de la guerra.

El Conjunto  Monumentario Plaza de la Revolución, Mausoleo al Mayor General Calixto García  y el Bosque de los Héroes, la Casa del Teniente A Gobernador, el Sitio Histórico Loma de Hierro y el Centro Histórico, ambos del municipio Gibara, engrosan esa larga lista donde resaltan otros nombres como el Centro Cultural “Félix Varona Sicilia”, ubicado en el poblado de Velasco, municipio Gibara, la Bahía de Bariay  y  su  entorno  natural, del municipio Rafael Freyre, el Cementerio aborigen “Chorro de Maíta”, ubicado en Banes; así como otros de menor conocimiento popular, pero de igual grado de relevancia, tal es el caso de la “Travesía 1”, sito en el municipio Urbano Noris, el cual se asocia al recorrido realizado por José Martí desde Playita de Cajobabo hasta Dos Ríos-del 11 de abril al 19 de mayo de 1895-, antes de caer en combate; el Sitio Natural Puente de Bitirí, único de su tipo conocido en la geografía cubana, con una extraordinaria belleza y paisajismo, por lo que se precisa su conservación, unido al entorno natural; o las Cuevas de Sao Corona, lugar donde en la Guerra de 1895 se reeditó el periódico mambí “El Cubano Libre”, bajo las órdenes de Antonio Maceo, ambos ubicados en Cueto.

No podía faltar en esta lista el Conjunto Histórico de Birán, erigido en el territorio holguinero que antes se mencionó, edificado por Ángel Castro Argíz, e integrado por construcciones domésticas, productivas, comerciales y de servicios, donde la familia Castro Ruz forma un sitio o núcleo comunitario atípico; lugar donde nacieran y desarrollaran su niñez y juventud los líderes del proceso revolucionario que triunfara el 1ro. de enero de 1959.

Según la Lic. Georgelina Miranda Peláez, la provincia posee un total de 49 bienes del patrimonio declarados por la Comisión Nacional de Monumentos. Foto: archivo

El Paisaje Cultural del Cobre y Sitios del Camino de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Cayo de la Virgen y Barajagua; el Combate de San Ulpiano; o los Planos Inclinados del municipio Mayarí, se suman, entre otros, a estos espacios de elevado valor patrimonial histórico, los cuales ameritan su sensibilización y promoción en pos de salvaguardar los valores que revisten.

Once Monumentos Locales engrosan este prolífico legado patrimonial que posee el territorio nororiental; la Casa Natal de René Ramos Latourt, en el municipio de Antilla, construcción doméstica donde naciera este valeroso luchador, de los primeros cubanos incorporados al M-26-7 y a la lucha en la Sierra, Jefe de la Columna No.10; el Faro Cabo de Lucrecia, inaugurado en Banes el 10 de octubre de 1868, para el control y orientación a los navegantes en el Atlántico, uno de los pocos faros que datan de esta época, con una construcción típica en correspondencia con la Orden Real, recientemente restaurado además y que mantiene su uso; la Cueva de Waldo Mesa, Río Seco, del propio territorio costero, sitio arqueológico, cueva con pintura rupestre, manifestación del arte precolombino; el Hogar de Ancianos “Jesús Menéndez”, ubicado en la cabecera provincial, antiguo Hospital San Juan de Dios, uno de los pocos hospitales construidos en la época colonial en Cuba, con una arquitectura de altos valores patrimoniales, edificado además sobre una planta en U; y otro de igual o mayor relevancia para la Ciudad de los parques, el Sitio Arqueológico El Yayal, que se incorporó recientemente a la lista; destacan en la geografía y en entramado sociocultural de la Isla.

Tres Zonas de Protección completan el prominente legado patrimonial histórico holguinero, ellos son el Conjunto histórico urbano sistema de plazas de la ciudad de San Isidoro de Holguín, el Sitio Histórico de Mala Noche, ubicado en el municipio Calixto García, y la Zona de valor histórico cultural del Batey del Central Guatemala, antiguo Preston, en Mayarí.

Como parte del Patrimonio de la Nación Cubana se registra el inventario de las 16 locomotoras a vapor, físicamente existentes en la provincia, ubicadas en los municipios de Rafael Freyre (9), Báguano (4), Cacocum (1), Frank País (1) y Banes (1).

Once Monumentos Locales engrosan este prolífico legado patrimonial que posee el territorio nororiental. Foto: archivo

Sin lugar a dudas motivo de orgullo para los holguineros contar con tan valiosas posesiones, las cuales implican un alto grado de responsabilidad, no solo de quienes laboran en las instituciones encargadas de su salvaguarda, sino de todos los que compartimos el terruño del oriente cubano, principales actores encargados de perpetuar la historia y valores que estos espacios revisten para el disfrute de futuras generaciones.

(Con información del Sitio www.icomos.org y de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos)

“El pueblo más importante de Holguín”

No voy a hacerles otro relato chovinista holguinero, que ya de esos hay de sobra, por ese orgullo que nos carcome a los nacidos en el nororiente de Cuba. Esta vez me place narra algunas horas junto a tres ilustres hijos de esta tierra, que quiso la suerte además llevasen los mismos apellidos: Pérez Concepción.

El Taller de Historia Local “Hernán Pérez Concepción”, constituye el pretexto perfecto para reunir a los pobladores de Mir. Foto del autor

Un periplo singular es el que se hace en una guagua con historiadores pues, a la vez que se aprende de ese patrimonio nuestro que es la memoria de la Isla, entre las personalidades de Maceo, Calixto, Gómez o Martí, salta una que otra broma que ameniza el más largo trayecto.

El Taller de Historia Local “Hernán Pérez Concepción”, constituye el pretexto perfecto para reunir a los pobladores de Mir, comunidad perteneciente al municipio holguinero de Calixto García, en ese empeño por salvaguardar el prominente patrimonio cultural que guarda la región. Alrededor de 8 ediciones tiene este encuentro donde se debaten temas medulares relativos a la historiografía local y nacional.

Este 31 de marzo devino además en fecha sumamente significativa, ya que convergieron por primera vez en el poblado calixteño, luego de varios años de ausencia, los hermanos Pérez Concepción.

Como era de esperarse la temática principal del encuentro que auspicia el Museo del IV Frente Oriental Simón Bolívar, constituyó los orígenes de la familia Pérez Concepción, un pilar dentro de la historia local y nacional, si se tiene en cuenta el encomiable bregar de los hijos de surgidos del matrimonio entre Manuel y Virgilia.

En primera instancia Hebert, Premio Nacional de Historia, habló de su padre, para colmar de emociones la mañana en un pueblo que le trae muchos recuerdos filiales de su infancia y adolescencia, así como de todo aquello que tiene que ver con la historia nacional, de sobrada presencia en este sitio histórico.

Al recibir el Premio Nacional de Historia, las palabras de agradecimiento de Hebert devinieron en evocación de la figura paterna  y también como agasajo para ese pueblo: “Manuel Mellín Pérez es un caso especial, en su condición de revolucionario y con una calidad humana superior. Un legado de amor por la historia y cuatro hijos que harían oficio de historiadores”, destacó el prominente investigador.

Este 31 de marzo devino además en fecha sumamente significativa, ya que convergieron por primera vez en el poblado calixteño, luego de varios años de ausencia, los hermanos Pérez Concepción. Foto del autor

Por su parte Hernel, Premio Nacional de la Crítica Histórica, ofreció pormenores sobre una ponencia relacionada con su familia, la cual presentará próximamente en Santiago de Cuba con motivo de un evento de lucha insurreccional; una suerte de síntesis biográfica de sus padres hasta 1959, realizada a través de cartas, documentos y entrevistas que implican a ambas figuras.

Nacido en santa Rosalía, actual Rafael Freyre, en julio de 1911, Manuel Pérez y su familia se trasladan para esta zona en busca de mejor situación económica debido a la ubicación aquí del ferrocarril central. En mayo de 1929 se conoció la familia Pérez Concepción durante un viaje de su padre a Barajagua, en su encuentro con Vigilia Natividad “Gino” Concepción Martínez, natal de esta zona, un 24 de diciembre de 1912. Es necesario señalar que Vigilia renegó siempre de su nombre y se puso Virginia, como todos la conocieron en lo adelante.

Una historia de amor, en su amplio sentido de la palabra, hilvana los sucesos donde no solo resalta la relación de pareja y hacia sus hijos, sino la dedicación a la lucha por sus derechos y la liberación nacional, en dependencia de la etapa que vivieron, si se tiene en cuenta que durante su juventud y madurez transcurre entre periodos convulsos dentro de la República, hasta llegar a la Guerra de 1956, donde siempre desempeña un rol importante la familia Pérez Concepción; todo ello sin dejar de mencionar el papel de otros núcleos filiales del poblado, prominente zona de acontecimientos históricos hasta convertirse en la Comandancia del IV Frente Oriental Simón Bolívar.

Un compendio de anécdotas interesantes sobre determinados momentos de la lucha y toda la tensión que causó, así como el temor por la vida, mucho más de los pobladores, es narrado por Hernel, incluso anotando anécdotas de momentos que marcaron su temprana edad, perseguido en ocasiones por el Ejército de Batista.

No podía faltar durante la jornada matutina la historia del surgimiento del ferrocarril central en la zona de Mir, poblado que lleva su nombre por el apellido del propietario de ese terreno antes de construir la estación y la prominente vía que trajo consigo el crecimiento económico y social de los poblados que se construyeron aledaños a ella.

Como era de esperarse la temática principal del encuentro que auspicia el Museo del IV Frente Oriental Simón Bolívar, constituyó los orígenes de la familia Pérez Concepción. Foto del autor

Heriberto “Chichí” Vázquez, historiador de la zona, señaló el impacto de la figura de Manuel Pérez por su humildad, humanismo, nobleza, “por como teniendo poco era capaz de darlo todo a quienes necesitaran su ayuda. Eso a parte de su compromiso revolucionario, que viene también del hervidero político que fue en ese momento Mir, con movimientos liderados además por Hernán, hermano mayor de los Pérez Concepción, y figura cimera de este movimiento en el poblado, organizador incansable de los focos de lucha”.

Conocedor y fiel defensor de su historia es “Chichí”, como cariñosamente le conocen, quien atesora con dedicación cada detalle que implique a su poblado, orgulloso además de los hijos ilustres de este pueblo, entre ellos los hermanos Pérez Concepción.

La convocatoria durante el encuentro de Georgelina Miranda Peláez, prominente investigadora local, fue a insertar para el próximo año a los niños y jóvenes de Mir para que participen con sus trabajos en el Taller, elemento imprescindible para vincular a las nuevas generaciones con la historia de la patria. El encuentro fue propicio además para exhortar a la creación de una Sección de Base de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC) en ese poblado al oeste holguinero, donde existe un trabajo sostenido con la historia local y nacional.

En tanto, Hiram, Premio Provincial de Historia en 2021 y Presidente de la UNHIC en Holguín, destacó su recuerdo con mucha nostalgia de su niñez aquí, 11 años antes de trasladarse para Barajagua; al tiempo que exhortó a crear las condiciones necesarias para preservar la historia y el patrimonio cultural tangible e intangible de la localidad.

Para finalizar el emotivo encuentro, el Museo Municipal entregó a los tres hermanos una réplica del Monumento al IV Frente, confeccionada por el artesano Ariel Pozo Moreno; al tiempo que obsequió los textos Frente guerrillero de Pinar del Río a Yolanda Pérez Pérez, investigadora de la zona, y Un hombre en Revolución a Chichí, historiador de la localidad.

La convocatoria durante el encuentro fue a insertar para el próximo año a los niños y jóvenes de Mir para que participen con sus trabajos en el Taller. Foto del autor

El 31 de marzo es una fecha sumamente especial para la historia del pueblo de Mir, cuna del IV Frente Oriental y hervidero insurreccional donde se gestó parte importante de la lucha en el llano oriental, de ahí que para sus habitantes, como bromeó Hiram, sea «el pueblo más importante de Holguín».

Jugando con recepciones, imaginaciones y secretos bajo la luna

 

Por José Rojas Bez

Fotos Facebook de La Chimenea

Cuando hay inventiva y sensibilidad, hay siempre buenas posibilidades para el teatro, y para todo arte, sin necesidad de contar con grandes recursos escénicos ni actorales. Por supuesto, aquí “grandes” se refiere a cantidad porque “grandes” en calidad si han de ser, no pueden escasear.

Bastan dos o incluso un actor, algún pequeño escenario, algunos pocos “mecanismos” (muñeca, fuente con agua, algodón…) y, eso sí es imprescindible, una considerable dosis de imaginación y creatividad para lograr una auténtica “obra escénica”.

Lo de “obra escénica” es un concepto que también hay que remarcar como susceptible (y conveniente) de consideración en su más amplio sentido, porque claro que en Secretos bajo la luna, del grupo La Chimenea, hay “escenario” (basta que haya un actor, es decir, un ser en movimiento dirigido a la expectación para que haya espacio escénico, creado por este mismo ser) aunque no el escenario de la más tradicional edificación teatral.

Con imaginación, basta un pequeño rincón para un complejo escenario de danza y riesgosas contorsiones nocturnas, y otro pequeño, al fondo, para los auxilios convenientes. 

También está, ya mencionado, el factor “espectador”, porque toda obra teatral (toda obra escénica y, en fin, toda obra de cualquier arte o espectáculo) quiere tener espectadores y, como se sabe, al menos una mayoría de ellas quiere muchos espectadores, si es posible una ingente cantidad de espectadores en cada momento; pero muy pocas son las que, como esta, más que simplemente conformarse, quieren… y les conviene tener… un solo espectador.

Cuenta mucho la calidad de este receptor; no ya que sea buena o mala calidad como tal, no hay por qué enjuiciarla y catalogarla, sino sus diversas posibilidades, “calidad” como sinónimo de “cualidad”, es decir de modalidad porque se exige y juega bien con las perspectivas y distinciones con que el “espectador” asuma lo que muestra “el escenario”.

Economía de recursos, pequeño y nada convencional escenario, soledad del espectador y perspectiva de recepción, entre otros factores donde importan mucho la música y las luces; todo ello aparece muy bien confabulado bajo la dirección artística de Heidy Almarales. 

Como quiera que se asuma, o sea, cualquier clase de receptor y cualquier perspectiva de recepción (incluso una variable u oscilante en cada momento); el espectador llegará a ofrecerse como “participante” de un espectáculo que puede muy bien asumir como el espacio personal de una danza erótica desde una barra a una piscina, pecera o un lago según imaginaciones (y el nivel de erotomanía y necesidades) o como un juego irónico y burlesco (no nos atrevemos a llegar hasta la enunciación de lo “farsesco”, aunque no impugnaríamos a otro que lo hiciese) de tales clases de “distracciones y placeres”, nivel de suave y sutil comicidad que depende, por supuesto, del humor del espectador particular.

También puede recepcionarse, como se hace con el guiñol o las marionetas, con el doble juego, doble perspectiva de muñeca y personaje: la excelencia del medio–muñeca y la excelencia del personaje construido. 

De cualquier manera el resultado es placentero, ya sea que el espectador asuma irónicamente la sensual y atrevida danza de una muñeca vicaria (y la esbelta e impresionante figura de quien la manipula) o ya sea que el espectador (u otro espectador) se transporte e imagine en un erótico salón, aspirante a ulteriores servicios ya nada “espectatoriales”. 

Para ambas recepciones cuenta también como auxiliar el “vino”, estimulante de sentidos y recordatorio de lugares, porque cualquiera de los espectadores podrá disfrutar, no como simple espectador sino como espectador–participante una copa en la mano para algunos sorbos de vino. 

Sobraría decir, dígase de todos modos, que tal clase de propuestas implica no solo la buena manipulación de los “artefactos” mencionados, sino también de las luces adecuadas y una canción que favorezca tanto a la atmósfera general de la “representación” como, muy en particular, los movimientos de la bailarina. Jazz, blue, blue-jazz… “Sky Criyng” de Coleman es idónea.

Haber visto Secretos bajo la luna significa el disfrute de una propuesta creativa que ha sabido realizarse con precisión y buen juicio, manejando elementos mínimos pero altamente sugestivos, capaz de mover diferentes ánimos valiendo para cada uno de ellos y siempre favorecedora del suave placer propugnado por la poética horaciana, mejor que la chabacana risotada de empresas menos refinadas.

Cinco minutos de canción, cinco minutos de vino, cinco minutos de bailarina sensual, cinco minutos de introspección sobre uno mismo, cinco minutos de humor o ironía, cinco minutos de admiración por el juego ofrecido a vista, oídos y gusto, cinco minutos de participación… significan un completo juego y rejuego que, inspirado y realizado mediante el teatro, alcanza más allá del teatro estrechamente entendido. 

 

Una renovada Comedia a la antigua

Por José Rojas Bez

Fotos Wilker López

A partir de una pieza teatral de Aleksei Arbuzov, el grupo santiaguero Teatro A dos manos propone situaciones dramáticas, personajes, acciones y conflictos arraigados en la tradición escénica que, desarrollada desde el siglo XIX y básicamente apoyada en la dramaturgia stanislavskiana, ha sabido recorrer los siglos con éxito. 

Reconocemos no haber tenido nunca la oportunidad de sentarnos ante la puesta en escena de una obra de Arbuzov, manteniendo solo nociones referenciales de este autor. Sí hemos tenido la buena suerte de hacerlo ante obras de Chéjov, diversas y con montajes asimismo muy variados (además, por supuesto, de las que nos ha ofrecido el cine que, claro, no es lo mismo). 

No sabemos en qué medida exacta Chéjov influyó en Arbuzov, aunque no cabe duda de que la huella chejoviana ha impregnado todo el escenario ruso que le sucedió. No solo el ruso, sino el de todo el mundo. Y, además, también se conoce el gran prestigio y el perenne regusto que Chéjov ha hallado siempre entre cubanos, entre los teatristas y los cinéfilos (aunque se vuelve a decir que no es lo mismo). No queda al margen, para nada, todo lo contrario, también el regusto e influjo por la cuentística chejoviana.

Todo ello hace que nada extrañe el sabor chejoviano de la puesta en escena de Comedia a la antigua, dirigida y con adaptación textual a manos de Nelson Acevedo y actuada por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos. Pensamos en muchas obras, incluyendo Tío Vania, pero más aún en La Gaviota y la cuentística de este autor, La dama del perrito, por ejemplo.

Los comentarios sobre Arbuzov y Chejov son, en este caso, más bien circunstanciales y motivadores para otras reflexiones, quizás aquellas interesadas en autores, influjos entre ellos, adaptaciones y vaivenes entre una u otro obra. 

Lo que nos interesa comentar aquí se centra en el mundo de imágenes escénicas que se produce, de hecho, en nuestra expectación de esta puesta en escena muy concreta; y, aunque seguimos manteniendo el comentario sobre su sabor chejoviano, lo hacemos para recalcar precisamente eso que Chéjov tiene de universal, en tiempo y espacio –su mundo de personajes, sentimientos, situaciones y desenlaces o no desenlaces, tan lleno de matices e impresiones conceptuales y sensoriales–; ese influjo del cual, más bien que renegar, cualquier dramaturgo puede sentirse orgulloso siempre que sepa recrearlo, renovarlo, hacerlo auténticamente propio también, como ocurre ahora con este ofrecimiento del grupo Teatro A dos manos.

No cabe duda de las –una vez más luego de miles– excelentes actuaciones de Gaínza y Nancy, capaces de construir con la mayor precisión y sugestividad sus personajes. En alguna medida también, aunque ya no tanto –le llevará aún algún tiempo alcanzarlos, si lo quiere así– la de Nelson Acevedo, cuyas intervenciones como narrador- introductor e irrupciones esporádicas en similar función, incluyendo la de cantor, resultan en verdad eficaces y bien concebidas, conceptual y enriquecedoras de una dramaturgia que, sin dejar de ser básicamente stanislavskiana hace muy buenos guiños a dramaturgias del siglo XX, como la más irónica del absurdo. 

Una fábula de conocimiento, descubrimientos y amor entre dos seres maduros, hombres y mujer ya entrados en años y llenos tanto de frustraciones como de sentimientos y necesidades afectivas; atrae por su calidez y autenticidad. Una historia de auto-descubrimiento, descubrimiento del otro, confesiones de debilidades que serán superadas, así como de florecimiento de lo más noble de cada uno y nacimiento de amor; se desenvuelve con eficaz ligereza y gracia a pesar de cuan tormentosas pudiesen ser las emociones imbricadas.

Por ello hay que elogiar el logro de un idóneo ajuste de lo cómico, de esa suave comicidad, quizá más a menudo ironía, que se sostiene de principio a fin.

Sin duda, la pieza ha sido bien concebida y realizada, no solo en cuanto se refiere a fabulación y actuaciones, incluyendo su estructuración con intervención tercera del referido narrador y cantor desde fuera y desde dentro del escenario; también en la labor de vestuario, maquillaje, de general caracterización –en el mismo juego de transformaciones y pérdidas de velámenes– donde las luces y la escenografía se conjugan muy bien a favor de la totalidad de la imagen escénica.

Al final, Comedia a la antigua ha ofrecido una excelente fábula tan actual como antigua –los seres humanos de ayer y hoy–, de interioridades conflictivas y nuevas esperanzas, de transformaciones hacia el amor y la autenticidad, de justa comicidad moduladora de frustraciones y anhelos, de romántica y moderna ironía, con actuaciones francamente disfrutables y siempre bien logradas imágenes teatrales. 

Donde hay títeres no hay fantasmas. A 50 años del Teatro Guiñol de Holguín


Por Erian Peña Pupo
Fotos Carlos Rafael y Archivos

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del
Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022
su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y
sus expresiones en la provincia y el país.
Antecedentes…
Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con
los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la
provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras,
pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama
teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo
del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín
y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones
teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao
Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas,
operetas, vodevil, danza…
Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes
conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno
(1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso
efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después,
una de las figuras tutelares de esta manifestación artística
en Cuba, Pepe Carril –nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930– crea en el propio poblado holguinero, el
Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril
sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol
Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha
y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese
colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de
Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de
creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el
propio Morales).

No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse
en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños
con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como
protagonista.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey
El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz
del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta
después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual
Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces
Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los
títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que
se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol
de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave
de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras
actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y
allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio
le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos,
animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado.
Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que
nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo…
Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no
había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras
más de entonces”, comenta Ricardo.

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por
largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por
el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer
curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además,
refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo
y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen
trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos
de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos,
cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón
Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.
Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a
la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe
Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación
del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de
las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La
paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia
venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito
y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón.
En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol
pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando
Vielza, Rubén Mulet, Gilberto Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al
frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba
se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices
sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus
delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién
puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina,
El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el
teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de
Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo
patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de
música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en
Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora
musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013.

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban
En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993,
año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz.
Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo
fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol.
En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente
el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por
Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam
Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín
en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y
Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de
la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.
En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el
21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se
abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín,
imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena
obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina,
Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en
actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros,
El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en
México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras
de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a
Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La
calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996).
Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio
de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación
masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de
Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en
actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los
Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa,
2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la
Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la
Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza,
además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio.
Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT
en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente
que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía
en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella
etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los
diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle
y al público todo que lo potencia”.
Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco
directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorporaa trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me
acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de
aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial
para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso
diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba
situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”.
De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba
en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra
como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y
adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”.
Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las
mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza,
continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos
actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto
Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del
colectivo”.


Al respecto contó Armando Morales, Premio Nacional de Teatro,
cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por
el Guiñol: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad
en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el
Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel.
Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban,
que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol,
con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores
del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización
que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el
arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el
títere”.
El extraño caso…
Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así
se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor
puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan
representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la
estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el
grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada
función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la
creación artística teatral.
Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente
El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de
Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro
Joven.
Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales
con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el
arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización
de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo
de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo
demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el
hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus
cinco décadas entregado al arte del títere (Publicado originalmente en Cubaescena).

La calle, el “Llano” y la cárcel: un vínculo tenebroso

Por el Ms. C José Abreu Cardet, miembro de la UNHIC en Holguín

En la ciudad de Holguín hay una calle que fue bautizada como: Mártires. Pocos se han preguntado el motivo de ese nombre. Esta vía urbana atraviesa dos lugares de importante significado histórico. La antigua cárcel que estaba situada en un edificio, demolido hace muchos años y del cual tan solo queda una pared; en el solar que ocupaba se construyó el anfiteatro deportivo “Henry García”. El referido sendero urbano une esta instalación con el llamado Llano. En el período colonial era un descampado y actualmente un reparto que tiene ese nombre.

En la ciudad de Holguín hay una calle que fue bautizada como: Mártires. Pocos se han preguntado el motivo de ese nombre. Foto: ahora.cu

Para el holguinero moderno ambos lugares no guardan relación alguna, pero durante las guerras de independencia tenían un vínculo tenebroso. En la cárcel permanecían encerrados los mambises capturados y condenados a muerte en espera de que se cumpliera la sentencia. Desde allí eran conducidos por la referida calle, llamada entonces de la Cárcel, hasta el Llano donde los ejecutaban. Muchos patriotas recorrieron aquella vía. Carlos Manuel de Céspedes, el 20 de diciembre de 1868, se refería a: “… los fusilamientos hechos en Manzanillo y Holguín, no sólo en prisioneros de guerra sino en ciudadanos inermes por el solo hecho de hacerse sospechosos…” (1) (Se ha respetado la ortografía y redacción original de las citas).

La pena de muerte se cumplía por norma por medio del fusilamiento. La ejecución utilizando el garrote vil era más compleja, pues se necesitaba de aquella máquina de matar que por medio de un torniquete asfixiaba a las víctimas y además un verdugo. Eran tantas las ejecuciones que, en plena guerra, era bastante engorroso el trasladar el referido equipo a los diferentes escenarios de la muerte legal. Además muchas de esas ejecuciones se hacían en las unidades
en operaciones en los bosques. Por lo que se recurrió al fusilamiento, método mucho más rápido. Todo insurrecto capturado con un arma sería sometido a un consejo de guerra verbal y ejecutado.

La justificación del arma era un tema peliagudo. Los campesinos cubanos poseían un machete que llevaban en una funda unida al cinto. Era un instrumento de trabajo fundamental. No era imaginable un “güajiro” sin su machete. Pero estos eran considerados como armas de guerra por los hispanos. Realmente lo eran pues se utilizaban en las famosas cargas de caballería insurrecta. Por lo que toda persona detenida en los lugares donde operaban las fuerzas hispanas con un machete podía ser considerado un insurrecto y ejecutado.

Aunque las columnas en operaciones encontraron una solución más rápida para poner fin a sus enemigos capturados. No pocas veces se anota en los diarios e informes que fueron hechos prisioneros heridos y luego de ser interrogados
fallecieron. Es sospechosa esa gran cantidad de heridos que fallecen luego del interrogatorio. Podían haber informado que fueron muertos en acción, pero siempre a los prisioneros se les sometía a un interrogatorio que su resultado era
reportado al mando superior. Al parecer en muchos casos se les ultimaba, luego de obtener sus declaraciones y se les declaraba que la muerte fue producto de las heridas recibidas antes de ser capturados.

Esta vía urbana atraviesa dos lugares de importante significado histórico. Foto: ahora.cu

En un telegrama enviado, el 31 de Julio de 1870, del mando superior al comandante general de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, le aclaraban las dudas que tenía este sobre los mambises capturados: “Los prisioneros si no prestasen
servicio importantes procederá á fusilarlos si V.E no dispone otra cosa y las personas presentadas serán conducidas á esa Ciudad tan luego como esta Brigada tenga que irá esa, ínterin se les suministra media ración diaria (2).

Esta medida se había establecido desde los primeros días del alzamiento. Lo peor es que se aplicaba inflexiblemente. La situación del capturado era desgarradora. Se le daba escoger entre traicionar a sus compañeros y guiar a las fuerzas coloniales hasta los campamentos insurrectos; si se negaban, eran ejecutados.

Así por ejemplo, el 24 de marzo de 1871, el destacamento de Samá, en la jurisdicción de Holguín, captó a tres colaboradores de los insurrectos. Estos individuos habían brindado valiosa información a los mambises y los ayudaron en sus incursiones contra el caserío de Sama. Además se negaron a colaborar con sus captores y por lo menos uno de ellos era pariente de un líder independentista local por lo que: “…fueron pasados por las armas en
cumplimiento de las superiores disposiciones”. (3)

Algunos fueron fieles a sus ideas y se negaron a traicionar como Valentín Acosta Medina, José María Arteaga Vega y Pedro Aguilar Sánchez mambises capturados en Las Villas por una columna española. Se comprometieron a indicar donde estaban sus compañeros pero según el informe del jefe español del martes 25 de enero de 1870: «… comprendiendo mala fe en los tres prisioneros que lo hicieron dar muchas vueltas sin resultado buscando una ocasión para evadirse dispuso fuesen pasados por las armas y considerándolos comprendidos en el Artlº 1º de
la Circular del E.S Comnte Gral fecha 18 Julio anterior”. (4)

Las informaciones sobre ejecuciones eran una constante en la documentación remitida por las tropas en operaciones a sus superiores. El 21 de enero de 1870 en Camagüey una fuerza española captura a: “… un cabecilla Mejicano llamado Ramón Medina Teniente Coronel de la insurrección,”(5) Horas después “se fusiló el prisionero”.(6) El 17 de agosto de 1869 una tropa colonial anotó que: “… en el camino fue aprendido un insurrecto que se pasó por las armas en el Río de Báez”.(7) El 27 de julio de 1869, en Las Villas, una columna hispana informa que: ”… se fusilaron tres prisioneros cogido con las armas en la mano”.(8)

El 23 de junio de 1869 las fuerzas peninsulares del Corojo, en Las Villas, informaban que un prisionero llamado “D. Andres Lara, el cual fue pasado por las armas en la tarde del dia de ayer…”(9)

En Santa Clara, el 21 de mayo de 1870, “… tomaron un campamento en el hoyo de la Mazamorra haciendo un prisionero armado que fue fusilado…”.(10) Otro documento firmado por un oficial que operaba en Las Villas se refería a que: “Enteramente probado el delito de infidencia el mulato Juan Valdés y el negro Manuel Consuegra fueron en el día de hoy pasados por las armas, en las ruinas del Ingenio Angulo”(11)

Las ejecuciones eran constantes. El 20 de enero de 1870 el jefe de una columna que operaba en el centro de la isla informaba sobre dos mambises chinos capturados. Su suerte fue sellada en una línea: «… los dos citados prisioneros
asiáticos que han sido pasados por las armas”. (12)

Catorce insurrectos fueron capturados por una columna española en agosto de 1870 en Las Villas,«…de los
que 10 juzgados en consejo de guerra verbal a Ordenanza fueron pasados por las armas”.(13)

No solo los mambises eran ejecutados si no los que desde el territorio controlado por los hispanos colaboraban con ellos. El 30 noviembre 1869 un destacamento en Las Villas informaba que: “Resultando por la sumaria instruida contra el paisano Mateo Palmero que auxiliaba á la insurrección se procedió á juzgarlo en
Consejo de Guerra verbal y fue pasado por las armas”. (14)

Las ejecuciones eran tan frecuentes que acabaron insertadas en la toponimia de algunas regiones. El jefe de una tropa se refería en su informe que habían operado por la “finca del fusilado insurrecto D. Manuel Compañón”. (15)

Esta vía urbana atraviesa dos lugares de importante significado histórico. Foto: ahora.cu

El 21 de enero de 1870, en Las Villas, en una incursión realizada por una columna hispana fueron capturados: “D. Mario Tanguero, D. Julián Prado y D. José Hernández Moral, los cuales fueron pasados por las armas”. (16)

La justificación para aplicar esta drástica medida fue por: “… confesar en el delito de infidencia y comprendidos en a orden vigente del diez y nueve de Julio de mil ochocientos sesenta y nueve”. (17)

Mientras, en Nuevitas, el jefe militar informa, el 4 de febrero de 1870, que: “Tan pronto me trajeron al cabecilla Don Domingo Barreto mandé formar consejo verbal y á pocas horas fue fusilado. Igual suerte corrió ayer un artillero desertado aprendido campo insurrecto”. (18)

En la ciudad de Holguín fue tal el número de ejecutados que en la República se hizo una placa con sus nombres para rescatar para la memoria histórica. Dos calles llevan el nombre de fusilados por los colonialistas: José Aurrecoechea
Irigoyen y Facundo Cables. Los verdugos han sido olvidados.

NOTAS

1–Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, Tomo I, p. 141.

2– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 83, Doc 1491 Brigada de Vista Hermosa Campamento el Oriente 31 de julio 1870= El teniente coronel comandante jefe de estado mayor Jose de Nicolau al Ecsmo Sor Jaime O Daly=Ecsmo Sor Comandante General de Puerto Príncipe.

3– Archivo Provincial de Holguín, Fondo Tenencia de Gobierno, Legajo 162, Expediente 7031.

4– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 7, Legajo 3, armario 2, tabla I, Doc 2251. Columna de Operaciones de Seivavo, Destacamento de Caunaito, Diario de Operaciones de la 3ª Semana de enero1870.

5– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 6, Legajo 2, armario 2, tabla 1, Doc 1377, Diario de operaciones Del mes de enero de 1870.

6– Idem.

7- Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 5, Legajo 1, Armario 2, Tabla 1, Batallón Cazadores de Baza nº 12 Columna volante.

8– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 5, Legajo 2 Doc 976, Comandancia General de Operaciones de Cinco Villas, Estado Mayor Sección 3ª 29 de julio de 1869,

9– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 5, Legajo 1, armario 2, tabla 1, Doc 708, Batallón Cazadores del Orden nº 2, 3ª Compañía.

10– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia de Ultramar, Cuba, 30, Legajo 8, Armario 3º, Tabla 2º,Doc 636, Santa Clara, 28 mayo 1870.

11– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 33, Legajo 10, Armario 3, tabla 3, Doc del 136 al 144, Playa de los Perros, 10 agosto 1870. El capitán jefe Francisco de Zulueta.

12– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 7, Legajo 3, armario 2, tabla I, Doc 2233, Infantería de Marina, 3er Regimiento, 2º Batallón, Columna de Operaciones, Diario Enero de 1870.

13- Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 33, Legajo 10 Armario 3, tabla 3.

14- Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 5, Legajo 1, Armario 2, Tabla 1, Doc 1223, Batallón Cazadores de Baza Número 12, Columna Volante.

15– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 7, Legajo 3, armario 2 tabla I Doc 1807 Bon Cazadores Voluntarios de Cadiz Nº 5 Destacamento de Guadalupe

16– Servicio Histórico Militar, Madrid, España Ponencia 7 Legajo 3 armario 2, tabla I, Doc 2233, Infantería de Marina, 3er Regimiento, 2º Batallón Columna de Operaciones, Diario Enero de 1870.

17– Idem

18– Servicio Histórico Militar, Madrid, España, Ponencia 8, Leg 4, Armario 2, Tabla 1.

Atanasio Calderón: Un rostro en la emigración cántabra

Por el Ms. C José Miguel Abreu Cardet, historiador de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos 

Buscar el rostro de la emigración en esa infinita aritmética de salidas y retornos entre Cuba y Santander no es asunto fácil. La oportunidad nos la brinda un hombre del XIX: Atanasio Calderón y Villa, nacido alrededor de 1817 en Santibáñez de Carriedo. Aunque contamos con escasa información sobre su origen y primeros años, no parece que procedía de una familia pobre pues muchos años después, recibiría una herencia de sus padres.

En la década de los años cuarenta en que Atanasio emprendió el camino hacia Cuba la gran atracción para la emigración peninsular era la parte occidental de la isla y en especial La Habana. Allí se acumulaban las mayores riquezas de la isla, la gran zona azucarera, tabacalera y los puertos importantes. Sin embargo, Calderón escogió el Oriente del país, menos rico y poblado. San Isidoro de Holguín, la población que le acoge, era la cabecera de una extensa jurisdicción. Demasiado alejada de las grandes arterias del comercio internacional, Holguín está más abierta al interior que al exterior. El extranjero es raro en la comarca. En todo el siglo XIX los montañeses (17 en total) representan el 2.5 % de todos los individuos no nacidos en la ciudad que aparecen en el libro de defunciones de la iglesia de San Isidoro de Holguín.

Atanasio casará con una holguinera, Joaquina Rodríguez Ochoa, hija de una familia de propietarios de tierras (ocho hijos sobrevivirían a esa unión). Nacido en una región de marinos y comerciantes pronto se da cuenta de la importancia de los cambios que se están produciendo en la comarca desde que, en la década de los veinte, se habilitó oficialmente a Gibara como puerto para el comercio. La pequeña villa portuaria no ha dejado de crecer: en sus alrededores surgen ingenios azucareros y vegas de tabaco buscando la facilidad de la exportación. Atanasio Calderón aparece en 1855 como vecino del comercio de Gibara. En los buques llega una creciente emigración desde la lejana España; en 1858 se encuentran en Gibara 690 canarios, 76 catalanes, 32 asturianos, 24 andaluces y18 santanderinos. No son estos últimos muchos por el número pero sí son importantes por el peso de sus riquezas. En su conjunto formaban un grupo de indestructible poder económico y no sería arriesgado llamar a la década del 60 hasta mediados del 70 como los años santanderinos de la historia gibareña.

Dueño de un comercio, Calderón presiente el éxito potencial de algunos negocios que situaciones coyunturales pueden hacer muy rentables. Esta emigración que llega a las calles y plazas de la villa necesita donde vivir y sembrar. Calderón entra en el negocio de venta de casas y tierras. El otro negocio floreciente era la mano de obra. Es una constante en la historia de la isla la desesperada búsqueda de ese precioso tesoro: aborígenes, africanos, chinos, canarios, haitianos, unas veces como esclavos o asalariados otras, según la época, representan una gran fuente de riqueza. Calderón entra también en este negocio de la compra y venta de esclavos. Esto, junto a un comercio que tiene en la villa y otros negocios como la venta de maderas preciosas directamente en Gran Bretaña, irán conformando su fortuna, que alcanza el éxito máximo cuando penetra en el mundo que sostiene la isla; el azúcar. Para ello, adquiere primero una parte del ingenio La Victoria, en la cercanía del puerto de Gibara para pasar más tarde a ser su único propietario. El ingenio La Victoria, situado cerca de la bahía de Gibara, tenía, en 1867, 91 esclavos, cifra sorprendente en una zona no azucarera como Holguín y Gibara. Poco común también para la época en esta región era el hecho de que la fuerza para la industria la proporcionaba una máquina de vapor.

La rapidez en los negocios a través de la formación de una eficaz estructura comercial, más allá de la comarca en que vivía, le permitió ser uno de los hombres de mayor fortuna de Gibara: tenía apoderados en la ciudad de Holguín

donde residían las máximas autoridades políticas y militares de la jurisdicción; en La Habana centro del mundo político y comercial de la isla; en Santander, donde también poseía intereses; y en la misma Gibara, había autorizado un poder a un vecino para actuar en caso de ausencia o enfermedad.

El lejano Santander está presente día a día en este afortunado comerciante. De allá traerá a su hermano Javier, con quien funda una sociedad anónima que tiene intereses en el comercio en la ciudad de Holguín y en la villa de Gibara. De Santander hará venir al hombre de confianza para sus negocios, González Riancho. De Santander llegará también su segunda esposa, Josefina González Riancho, hermana de su administrador, con la que se casará al quedar viudo.

A Santander enviará a dos de sus hijos de su primer matrimonio a cursar estudios medios, los estudios superiores los seguirían también en España. Sin embargo la voluntad de retorno parece desmentida cuando construye en la villa de Gibara una casa monumental, con residencia en la segunda planta y amplio almacén en la primera. Todavía hoy, a más de un siglo de la muerte de Atanasio Calderón, es la mayor construcción de la ciudad. Negocios, residencia, amistades, familia lo van atando cada vez más a la isla. Y también los acontecimientos políticos van a influir en ello.

El 10 de octubre de 1868 los cubanos se sublevan contra España. Se inicia la llamada guerra de los diez años (1868-1878). Calderón sintió bruscamente que su mundo se le escapaba de las manos. La insurrección que se había extendido por todos los campos de la jurisdicción se apoderó de su ingenio, le causaron destrozos y se llevaron 32 esclavos. Atanasio logró trasladar el resto de la dotación a Gibara y encerrarla en su mansión. Los insurrectos no habían actuado así en fortuito acto de destrucción, sino que se vengaban del individuo que desde los primeros momentos del estallido revolucionario se había convertido en enemigo acérrimo de la independencia de la isla que él consideraba como suya, tan suya como era de los propio nacidos en ella.

No tardó Calderón en organizar un grupo de voluntarios y unirse a una tropa que se dirigirá a Holguín en los primeros días de diciembre de 1868 a levantar el sitio a que estaba sometida la guarnición de esa jurisdicción. Puso a disposición de esa fuerza todos los recursos con que contaba.

Pero el golpe económico de la guerra fue demoledor, no sólo ha perdido la explotación del ingenio, sino los negocios madereros, pues las fincas donde se realizaban esas labores quedaron en territorio sublevado. Sin embargo no es hombre de amilanarse con facilidad. Natural de un país de muchas guerras, comprende la importancia del puerto de Gibara.

Se une al esfuerzo colectivo de los comerciantes y demás vecinos de la villa para levantar una muralla que rodee y proteja la población, al tiempo que se construyen fortines en la entrada de la ciudad y otros puntos importantes. Este verdadero furor defensivo sale del marco de la población y se extiende a los numerosos caseríos e ingenios de la comarca, que se convierten en centros fortificados. Mientras, tropas de voluntarios y contra guerrilleros recorren la zona constantemente en busca de los insurrectos. Todas estas acciones permitirán una reactivación económica de la región.

Atanasio se ha dado cuenta de que la guerra tiene ciertas aristas no del todo desagradables para un hombre emprendedor. El puerto de Gibara es el único de condiciones defensivas óptimas en la costa norte de Oriente. Por el puerto embarcan y desembarcan tropas y diversos medios de combate y llega la numerosa mercancía para abastecer guarniciones. En octubre de 1873 obtiene permiso para la construcción de un muelle que será el más largo, ancho y de mejores facilidades para las labores portuarias en Gibara. Poco a poco la seguridad comienza a extenderse desde Gibara a su ingenio La Victoria, que de nuevo echa a andar sus máquinas que, aunque algo disminuida la dotación, cuenta con unos sesenta esclavos, no por eso deja de ser considerado uno de los más importantes de la jurisdicción de Holguín.

La reactivación económica de la capitanía de Gibara y territorios colindantes atraerá a una numerosa población de origen peninsular, canarios, y cubanos, procedentes de otras zonas de guerra. Esta situación será aprovechada por los comerciantes gibareños para pedir un espacio político. Su pretensión será segregarse de Holguín y crear un ayuntamiento nuevo. El movimiento lo encabeza Atanasio Calderón y otros vecinos, entre ellos varios santanderinos importantes por su fuerza económica. Los holguineros se niegan a la segregación de la parte más rica del municipio.

Calderón y su grupo de comerciantes deciden enviar una representación ante el capitán General para exponer sus criterios y otra a la Península para que realice las gestiones ante el Ministro de Ultramar. Las demandas tienen éxito y el 27 de marzo de 1874 se crea el Cabildo de Gibara: en el se encuentran cuatro santanderinos. Atanasio Calderón será su primer alcalde y acudirá puntualmente a todas las sesiones hasta el 15 de marzo de 1875.

Gravemente enfermo, Calderón quiere retornar a Santander, más que para curarse, para morir allá entre los viejos recuerdos de la infancia y la juventud. Con su acostumbrada organización deja hasta los más mínimos detalles para que su familia continúe recibiendo los beneficios de los negocios que mantiene en la isla. Pero la muerte se adelanta. Atanasio Calderón falleció aquel año de 1875. Contaba 58 años.

En su testamento no pidió que su cadáver fuera trasladado al cementerio, que junto a alguna montaña de Santander seguramente guardaría los restos de su familia. Solicitó simplemente que se le enterrara donde falleciera. Quizás era una voluntad secreta e inconsciente de reconocimiento a la isla que lo recibió y aceptó y ahora lo cubriría con su tierra negra, húmeda y fértil.

La mansión familiar de Atanasio Calderón en Gibara es hoy un museo. Entre aquellas vetustas paredes se guardan las armas, los documentos, las fotos de los insurrectos que tanto combatió y también los grilletes de los esclavos que

ayudaron a amasar parte de sus riquezas. Es una silenciosa condena a la indiferencia moral de este hombre. Podríamos preguntarnos cuanta sangre de esclavos sostuvo sus éxitos, cuantas familias africanas separó. Cuanto dolor engendró en estas personas.

Tal parece que nada es separable ni se puede negar en la historia de la hermosa isla. Como si para todos hubiera un espacio en el pasado apasionante de Cuba porque ha sido historia común sufrida por todos; como si el que se acercase a las costas de la isla no tuviera posibilidad de romper con esa historia, con ese pasado común.