De amor y de esperanzas en tiempos de COVID-19

Nadiel Mejías.
Nadiel Mejías. Foto: Yordan Armas

¡Ay!, qué soledad, que se avecina/ hoy les faltan abrazos a nuestros días/ y hay que aguantarse para apretar una mano amiga. Así comenzó el músico y compositor holguinero Nadiel Mejías su obra Manos de Esperanza, una composición que desde hace días circula en las redes, y se puede escuchar en el perfil de Facebook del artista, en Instagram y en YouTube.

Presidente de la Sección de Música, de la Uneac de su provincia, el trovador se siente complacido por la aceptación que en Cuba y en el exterior ha tenido el tema, estrenado en el programa Esto sí sabe a Cuba, de la CMKO Radio Angulo, de su provincia.

«Es una canción de amor. Hicimos después un video y este es el que ha podido llegar, de forma grata a tantas personas. Es un mensaje de esperanza», asegura Nadiel Mejías. Ahora toca, como dice mi canción: «soportar sin perder nuestra sonrisa, / se hace preciso comprender que hay que esperar para seguir el ritmo de la vida, de nuestra vida».

Autor del tema que identifica al Congreso de los CDR, pospuesto para tiempos mejores, Mejías afirma que es un artista comprometido con su tiempo.

Para cerrar nuestra breve conversación usa un fragmento de Manos de Esperanza: Después de la tormenta le brotarán nuevas flores al destino, / cuando todo haya pasado te esperaré en el mismo camino. / Quiero volverte a encontrar, / yo quiero compartir contigo/ los abrazos y los besos que una terrible vez se echaron al olvido. (R.A.V.)

 

Tomado de www.granma.cu

Cobiellas, artista del tiempo

Por Erian Peña Pupo

Este 12 de abril, en su Holguín natal, falleció el maestro Argelio Cobiellas Cadenas con 83 años. La cultura holguinera, y cubana en sentido general, lamenta la pérdida de uno los escultores, pintores y pedagogos más necesarios en las últimas décadas en la provincia.

Fotos: Ernesto Herrera Pelegrino

En 2018 se le dedicó la Semana de la Cultura holguinera y entonces Cobiellas aseguró, sobre todo, temerle a la pérdida de la memoria histórica. No a la pérdida en sí, sino a la lenta progresión que corroe el pensamiento y la existencia humana. “No se puede dejar que la historia se volatilice, antes hay que ponerla en blanco y negro”, dijo mientras se aglomeraban en su mente muchos de los acontecimientos relacionados al acontecer cultural del territorio de los que fue protagonista y partícipe en los últimos tiempos.

Era un hombre pequeño, canoso y medianamente robusto al que uno difícilmente podía imaginarse sobre andamios y piezas de concreto o mármol. Más bien a Cobiellas lo imaginabas sentado frente al caballete, rodeado de pinceles y alumnos. Pero sabemos que buena parte de la vida de Argelio Cobiellas –nació el 21 de diciembre de 1936– estuvo relacionada, principalmente, a la escultura monumentaria y también a la pintura. Tenía sobre el rostro blanquísimo un semblante de patriarca cansado y luminoso, luego de más de 60 años dedicados a las artes visuales y 30 a la pedagogía, buena parte en la Escuela Profesional de Artes Plásticas El Alba, que lo tuvo como un maestro.

Cobiellas inició sus andanzas artísticas de la mano de su padre, Argelio Cobiellas Cables, en la década del 40 del pasado siglo. En 1948 varios creadores holguineros fundaron una escuela de Artes y Oficios con vida efímera, donde estudió él e impartieron clases, entre otros, Mauro Avilés y Elio Pérez Nogales. Antes –contó entonces el autor del Monumento a José Martí y el Escudo ubicado en la sede del Gobierno Provincial– en Holguín la escultura monumental apenas existía. Aquellas piezas que ambientaban espacios públicos habían sido encargadas a inicios de siglo a escultores europeos, aunque una notable excepción podría ser el holguinero José Santí: varias de sus obras se encontraban entonces –y aun hoy siguen perpetuando la memoria– en plazas de la ciudad. “A los 12 años abandoné la escuela pública y mi padre me incorporó al taller como ayudante personal. Lejos de un castigo constituyó un premio, pues aprendí a hacer rótulos, retratos, pintura decorativa y comercial, afiches, serigrafía, escenografía, vallas, construcción de carrozas o atrezo en general”, dijo.

Luego del triunfo revolucionario de enero de 1959, el accionar cultural en Holguín comenzó a cambiar considerablemente. El actor Raúl Pomares llegó a la ciudad para consolidar el movimiento artístico, creando así el Grupo Literario y la Asociación de Pintores de Holguín. “Estas instituciones nos complementaron como creadores en el plano teórico-conceptual: nos reuníamos en las noches para discutir sobre el oficio e impartir conferencias. Intercambiábamos conocimientos y con los trabajos que hacíamos se cubrían los gastos y el mantenimiento de la Asociación”, aseguró Cobiellas y añadió, además, que entonces participó en un concurso de cuentos organizado por Silvio Grave de Peralta, director del Departamento de Cultura en aquel momento, y para su sorpresa, luego de las lecturas de las obras en el antiguo Teatro Infante, le anunciaron que había ganado el primer y cuarto lugar con los dos cuentos que envió al concurso.

Luego la Asociación de Pintores se fusionó con la Escuela Municipal de Bellas Arte “Pepa Castañeda”, en 1962, para crear la Escuela Taller de Artes Plásticas “Juan José Fornet Piña”. En ella se formó buena parte de la vanguardia artística holguinera, y Cobiellas fue primero alumno y después, en 1968, director del centro. También incursionó en el diseño escenográfico desde la etapa fundacional del Teatro Lírico Rodrigo Prats.

Recordaba que trabajó y aprendió mucho con Electa Arenal Huerta, “la mexicana”, discípula y sobrina del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, en varios monumentos y obras públicas, como el mural del Hospital de Puerto Padre, el monumento a las Pascuas Sangrientas, los bajo relieves del policlínico de Velasco, el Círculo Infantil de Puerto Padre y el policlínico Mario Pozo, entre otros. Electa fallecería en 1969 tras sufrir un accidente mientras pintaba en el Polyforum Cultural Siqueiros, en Ciudad México. “Con ella aprendí a valorar la obra de arte como algo más que un producto artesanal”, añadió. Cobiellas mencionó, además, la importancia de la obra de Lauro Hechavarría y Caridad Ramos Mosquera, valiosos exponentes de este tipo de manifestación en una región donde “la escultura monumentaria es un plato fuerte”.

Argelio Cobiellas, quien fuera miembro de la Uneac, estuvo presente en los orígenes de El Alba, institución docente a la que estuvo ligado en sus inicios, y la Escuela Vocacional de Arte Raúl Gómez García, de la cual fue su primer director y donde trabajó como profesor hasta su jubilación. Además, rememoró la creación del Monumento al Che en la intersección de las holguineras avenidas de los Internacionalistas y los Libertadores. Construido en 1988, el Monumento está conformado por un tríptico de monolitos de hormigón armado: dos de ellos reflejan la silueta del Che en bajo y sobrerelieve, mientras el tercero, al centro, contiene, además, un relieve en bronce de la figura del Guerrillero Heroico vestido de campaña. En la confección del Monumento, que da sensación de movimiento, como si el Che caminara hacia el futuro, contaba, participaron, además de Cobiellas, los artistas Caridad Ramos, Argelio Cobiellas Rodríguez, hijo, quien siguió el legado de su padre, y el ingeniero Oniel Sánchez.

Cuando en 1989, el equipo liderado por el investigador y arqueólogo José Manuel Guarch Delmonte descubrió el asentamiento aborigen situado en Chorro de Maíta, Banes, le solicitaron a Argelio Cobiellas el diseño de la Aldea Taína. El complejo escultórico que acompaña al cementerio aborigen fue inaugurado en agosto de 1999: “Al principio eran 38 esculturas, pero luego la cifra ascendió a 40. Pretendíamos hacerlas en barro y, de hecho, hicimos una parte considerable de ellas en ese material; pero luego las transformamos con cemento policromado. La Aldea Taína es mi obra más importante, aunque fue la que más vicisitudes me dio”, contaba el artista merecedor, entre otras distinciones y reconocimientos, del Aldabón de la Ciudad, el Escudo de la Provincia, el Angelote, el Premio Electa Arenal, las medallas Raúl Gómez García, Octubre Rojo, Che Guevara, 28 de Septiembre y 150 Aniversario de Máximo Gómez.

Argelio Cobiellas es autor, además, de las esculturas a tamaño natural emplazadas en 2000 en el Complejo Cultural Plaza de La Marqueta, el Sendero Ecológico del Hotel Río de Mares, y como coautor, del monumento a Camilo Cienfuegos en Gibara y el de José Miró Argenter en el poligráfico de Holguín. Con su partida física, perdemos a uno de los artistas más fecundos y valiosos de la provincia, pero nos queda el legado de su obra custodiando plazas y parques, presente en museos o galerías. Lleguen en nombre del Centro de Comunicación Cultural La Luz y la Dirección Provincial de Cultura, las más sentidas condolencias a sus familiares y amigos, que despiden hoy al maestro Argelio Cobiellas.

Palabras al viento desde casa

Por Erian Peña Pupo

“Estamos trabajando en casa, pues no detenemos en ningún momento la creación”, asegura Fermín López, director de la holguinera Compañía de Narración Oral Palabras al viento.

Fotos cortesía de Fermín López

En momentos donde es prioridad permanecer en el hogar, como medida preventiva por la propagación del Covid-19 en el país, este reconocido colectivo trabaja en el próximo estreno y en la confección de vestuario y elementos escenográficos para la función número 100 del espectáculo Fábulas de Cuba, basado en textos del narrador, poeta y etnólogo Miguel Barnet, presidente de Honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

“Trasladamos las máquinas para la casa y estamos confeccionando los vestuarios nuevos para Fábulas de Cuba. Cuando todo se restablezca recibiremos a nuestro público con esa función número 100. Este espectáculo nos ha llevado por todo el país y a la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa”, comenta. “También en casa trabajamos los textos del estreno de este año, Wasy, el fantasma del piano, de la escritora mexicana Soco Uribe. Por correo y gracias a las redes vamos haciéndonos consultas de textos y los muchachos trabajan todos los elementos escenográficos del nuevo espectáculo”, añade Fermín López.

“Nuestros artistas, a pesar de los actuales momentos que nos obligan a protegernos y permanecer en las casas, continúan trabajando y aportando al desarrollo de la cultura holguinera”, comentó Yanet Pérez, presidenta del Consejo Provincial de las Artes Escénicas.

Fundado en 2004, Palabras al viento alterna danza, teatro, música, entre otras manifestaciones, con la narración oral. Con Bodas de sangre, versión de la obra de García Lorca, obtuvieron el Premio de la Ciudad 2019 a la mejor puesta en escena. Su más reciente estreno, Confesiones, está inspirado en El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.

La geometría de Lobachevski según José Luis Serrano

Por Erian Peña Pupo

Fotos archivos de La Luz y portada cortesía de Ediciones Holguín

¿Qué obsesiona a un escritor contemporáneo? ¿Qué ideas pueblan su psiquis y cuáles convierte luego en imágenes, metáforas, y finalmente en literatura? ¿Acaso pueden ser cognoscibles sus pensamientos, miedos, pasiones, mediante la lectura y posible interpretación de sus libros? Y más si añadimos que este creador, digámoslo así, es un escritor que se arriesga doblemente (ser escritor ya es de por sí un riesgo con cierto mérito) con el arte de la versificación clásica: el soneto como género que exige ciertos rigores y pertrechos idiomáticos y técnicos no siempre fáciles de dominar y usar en su justa medida.

Eso pienso cuando leo Geometría de Lobachevski, poemario publicado por Ediciones Holguín en 2016, con el cual el poeta holguinero José Luis Serrano (Estancia Lejos, 1971) obtuvo el Premio Adelaida del Mármol en 2015, con un jurado integrado por Daniel Díaz Mantilla, Lourdes González Herrero y Luis Yuseff, y además, el valorado Premio de la Crítica 2016.

Instrumentos de explotan en redondo. / Incursiones al centro de la Tierra. / El edredón que el moribundo aferra. / La soledad del corredor de fondo. / Lo mismo da Comala que Macondo. / Valles de Irlanda. Costas de Inglaterra. / Cae el telón. El círculo se cierra. / Acaban de ajustar el tirafondo. / El criminal ha revelado el móvil. / Los átomos colapsan en Chernóbil. / Hay mil vacas paridas en Holguín. / ¿Campos de fresas? ¿Campos de exterminio/ donde la muerte no tendrá dominio? / Led Zeppelin or Yellow Submarine? (“Átomos”).

¿Qué pasa por la cabeza de J. L. Serrano cuando escribe sus poemas? Poemas estiletes, podríamos decir. Poemas revólveres (para jugar a la ruleta rusa). Poemas AK–47, bazucas, T–34. Amnésico. Poemas botellas de ron, varias cervezas largas. Alcohol en sangre. Poemas tragos ríspidos, cortantes. Aritmética. Matemática. Poemas insurgentes y peliagudos. Indóciles. Pero también gentiles, delirantes. Eso difícilmente lo sabremos, pues quizá ni el mismo poeta haya llegado a conjeturar (a pensar seriamente en ello) la cantidad de flashazos poéticos que visitan/atraviesan/surcan cada segundo su mente. Flashazos inevitables como los que surcaban la cabeza –la cabeza de un creador es cosa compleja sin dudas– de aquel saxofonista de jazz llamado Johnny Carter, inspirado en Charlie Parker, adicto a la marihuana y con una percepción del mundo y del espacio–tiempo muy particular, aquel saxofonista que Julio Cortázar nos entregó magistralmente en su conocido cuento “El perseguidor”.

Como Johnny Carter, J. L. Serrano escribe él mismo su biografía, que sin dudas está en su obra, como si escribiera variando las estructuras y los acordes del jazz más experimental, rompiendo las improvisaciones, insolventes, eléctricas, furiosas, del bebop tradicional.

Blanco país de la anestesia. Limbo/ de los pacientes operables. Aspa/ vertiginosa (helicoidal) que raspa/ los cirros, los estratos y los nimbos. / Nervios de acero. Músculos de mármol. / Imperio epidural de la raquídea. / El tumor se transforma en una orquídea/ que con cuidado se le extirpa al árbol. / ¿Labrar bisontes en la piedra pómez?/ Acaba de morir Máximo Gómez. / Harta la Toga del veneno tirio. / Hacia país inaccesible. Blanco/ país de la anestesia. Hay un barranco: / ¿saltar o proseguir en el martirio? (“Cirros”).

Este es un libro diferente, han dicho muchos, en el panorama de la mecánica clásica en Cuba y probablemente en el ámbito hispanoamericano. Y no es menos cierto, pero es al mismo tiempo un “cuaderno total” que viene a resumir (aunar en su medida si es posible usar el término) el trabajo de J. L. Serrano como versificador en un género que domina como pocos desde que publicara en 1997 Bufón de Dios, libro prístino de la naciente Ediciones La Luz. “José Luis Serrano es un arquitecto que conoce a la perfección de las reglas para construir edificios a partir de un dominio técnico, razón por la cual suele jugar desde la provocación. (…) Geometría de Lobachevski es un libro estremecedor. Su esencia está en aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen las lecturas acumuladas a lo largo de su carrera por un campo minado y con sus poemas como brújula para asumir tamaña empresa. Su extraordinaria capacidad para convertir frustraciones, caídas y raros silencios en sonetos demoledores le permite estar fuera de toda clasificación en Cuba”, escribe a propósito el poeta tunero Frank Castell.

Serrano incorpora en su poesía temas, contextos y situaciones que afectan (centrífugamente, podríamos decir) al hombre contemporáneo, donde se inscribe el ser cubano de hoy. En ocasiones es como si delante de nosotros, de nuestros asombrados ojos, pasaran múltiples titulares periodísticos o breves leads de agencias de prensa (actuales y antiguos) que terminan siendo pura poesía a quemarropa, sin contención. Es, apoyándome en Frank Castell, como si nos encontrarnos ante un vertiginoso y violento zapping donde “mientras más avanzan los textos es mayor la velocidad de imágenes ofrecida a través de múltiples canales”.

Publicado en la colección Ítaca de Ediciones Holguín, con edición de Lourdes González Herrero y un atractivo diseño a cargo de Roddier Mouso Bahr, a partir de la obra Nido (Land Art, 2015) de Rubén Tomás Hechavarría Salvia, Geometría de Lobachevski es parte de un proyecto mayor llamado “Trilogía acéfala”, que cuenta con el poemario Más allá de Nietzsche y de Marx, editado por la santiaguera Editorial Oriente, en 2016, además del inédito “Los perros de Amundsen”.

En Geometría… J. L. Serrano apoya sus “conjeturas poéticas”, sus “carreteras, cadalsos, calabozos”, en la figura y la obra del matemático ruso Nikolái I. Lobachevski (1792–1856) para articular un “libro de alguien que sin artificios ni figuras planas establece un diálogo muy atractivo con(tra) el lector. Ha contaminado ritmos, recupera contornos culteranos saludables; voces que no entenderíamos propias de la mecánica clásica germinan aquí. La poesía hay que entenderla de modo imperfecto, como creía Coleridge; por tanto, el pervertido y ardiente deseo de imperfección que asoma en los textos de J. L. Serrano, concierne a una manera de asumir un nuevo territorio: la apuesta radical a creer que no existen tradiciones porque todas se convocan en el espectáculo de la ruptura, o tal vez, esa misma ruptura, esa experimentación, no sean otra cosa que la más importante tradición creada”, añade el tunero Carlos Esquivel en el prólogo del libro.

¿Cuerpos astrales? ¿Cuerpos cavernosos? / ¿Desproporción? ¿Arritmia? ¿Desmesura? / ¿Contrarrevolución? ¿Contracultura? / ¿Alcanzar el nirvana o el reposo? / Perdona, Lobachevski, es tan morboso/ confiar en tus precarias herramientas. / Hiperbólicas bestias fraudulentas/ vendrán a cercenarnos los testículos. / Ya están muy cerca. A dos o tres cubículos. / ¿En qué oprobios sumirnos? ¿En qué afrentas/ desvanecernos, Nikolái? Ridículos/ axiomas y sofismas argumentas. / En la bandeja están los adminículos. / Las manos entran en el látex, lentas (“Látex”).

Quizá con ese diálogo lírico y trasgresor, acumulativo, logrado también consigo mismo, diálogo perturbador y contaminante en los terrenos expansibles de la mecánica clásica, como si pensáramos en la expansión del universo y sus contornos a través del propio verso y sus múltiples posibilidades, el holguinero J. L. Serrano nos entrega en Geometría de Lobachevski sin dudas uno de sus mejores poemarios. Poemas que vienen a ser estiletes. Poemas revólveres (cargados) para jugar a la ruleta rusa. Amnésico. Poemas AK–47, bazucas, T–34. Poemas botellas de ron para empatar los días y las noches. Poemas acordes de jazz. Poemas alcohol en sangre. “Otra cerveza, por favor”, amigo Lobachevski. Pero antes dime qué debo hacer: “¿Cortar el cable azul o el cable rojo?” (Publicado originalmente en el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz).

 

 

 

La revolución y la cámara

Por Abelardo Leyva Cordero

Fotos cortesía del autor

En los setenta los planes de la Revolución involucran a todas las personas. Unos juegan un papel secundario en la historia, pero otros están más comprometidos con el país.

Manuel Redondo Rodríguez (La Habana 1926-Holguín 2013), director de cine y televisión, quien adopta el sobrenombre artístico de Manolo Redondo, por su militancia cumple la tarea de cubrir todos los discursos del Comandante en las filmaciones como director. Recibe a su vez la oportuna ayuda de su esposa Elia Rosa, editora del ICRT, responsable de editar las cintas que luego se guardan en latas, con la habilidad de saber lo que Fidel dice sin escucharlo.

Manolo inicia su vida laboral en el «Casino Nacional», con apenas trece años, ocupando la plaza de portero. En el futuro debe desempañarse también como tenedor de libros, contador y bailarín. A mediados de la década del cincuenta le encargan una columna en la revista «Control», donde escribe de radio, teatro y cine. Aunque es en el prestigioso cabaret de “Tropicana” donde se desempeña mayor tiempo como cajero, producto de sus estudios universitarios de economía en la universidad de La Habana. En medio de la dictadura, alfabetiza y colabora con la clandestinidad como miembro del movimiento 26 de julio. Luego del triunfo de la Revolución, gracias a su capacidad e identificación con el nuevo gobierno, lo ascienden a la plaza de administrador de dicho centro.

En los montes Tatras, Polonia (foto cortesía del autor).

Pero a principios del sesenta, cansado de trabajar en los espectáculos nocturnos y viendo como otros disfrutan menos él, decide cambiar de oficio y ejerce en el ICAIC como jefe de producción.

Entre tantas ocupaciones, deja siempre un tiempo para lo que verdaderamente lo apasiona, hacer cortometrajes. Es en los años setenta, ocupando el cargo de Realizador y siendo plantilla del ICRT, cuando filma «¡Música y…!», y » Celotipia», con el talento que posee como director, alcanzado de manera autodidacta.

En «Música y…», donde Farah María canta y es la figura principal, a pesar del tiempo transcurrido hasta la fecha (más de cuarenta años), se halla disfrute todavía, en parte por la buena elección de artistas que recrean la historia y el dinamismo que se logra en cada escena.

Todo comienza en dos azoteas de la capital, donde Farah pretende tomar un baño de sol en una, mientras un hombre desde otra azotea la ve con su catalejo. Y desde ese momento se apasiona tanto de la cantante y actriz, que inicia una tremenda persecución por toda la ciudad, mientras Farah no deja de regalar su belleza, y al final un tema con su delicada voz.

A lo largo del cortometraje se recogen interpretaciones de Lourdes Gil y los Galantes. Lourdes revela algunos dotes para la actuación, sobre todo por su sonrisa expresiva, sin envidiar nada a otras que desfilan como Elena Burke y Beatriz Márquez, quienes completan un elenco con lo mejor de la canción cubana del momento y del siglo.

Termina la historia con dos fono mímicos que protagonizan Simón y Krizz, siendo el primero rechazado por la estrella de la canción, Farah María, y el segundo siempre entorpeciéndolo, mientras «Pacho Alonso y sus Pachucos» interpretan el clásico tema Que Rico Pilón, donde los trompetistas y el guitarrista se lucen.

En «Celotipia», editado por Elia Rosa, aparecen otros músicos virtuosos y voces talentosas que acompañan la historia de un matrimonio donde el hombre lleno de celo persigue a la mujer, siendo el reconocido actor Idalberto Delgado quien hace del personaje. Mientras la esposa, ahora Lourdes Gil, sirve de guía a un grupo de turistas que viaja en guagua por los lugares insignes de la urbe, él la sigue a todas partes en una vieja bicicleta, ocultándose detrás de columnas y árboles siempre que estos se detienen. Varios accidentes sufre en esta aventura. Son notables las interpretaciones de Lourdes Gil y Los Galantes, Omara Portuondo, el romántico Héctor Téllez, Los Van Van, Los Reyes 73 y Los Patakin.

Los entonces jóvenes músicos de Van Van en una de sus realizaciones (foto cortesía del autor).

El humor es un recurso principal en la dramaturgia. Aunque en los finales añade un elemento absurdo que resulta verosímil aún con su carácter fantástico dentro de una atmósfera realista.

Tanto el humor como el absurdo son figuras valiosas del arte que Manolo usa en su filmación para darle mayor estética, y trasmitir a la vez un mensaje sugerente. El cierre del cortometraje lo asume la popular orquesta de Los Van Van, tocando su alegre música encima del malecón de La Habana, con el mar de fondo y acompañados por bailarines a tono en sus movimientos y vestuario con el tema y los integrantes de la agrupación.

Viaja a Checoslovaquia y Alemania, en el tiempo de las buenas relaciones entre Cuba y los países socialistas. Toma imágenes de “Los montes Tatras”, donde la nieve y la belleza natural son notables. Conecta las dos culturas a través de la colaboración. Se propone actualizar a los habitantes de la isla con la vida social y económica de estos países. Visita algunas fábricas donde, usando un casco, filma gigantes grúas y varios procesos de producción. A su regreso, como domina el idioma inglés, es elegido por la televisión cubana para representar al país en Canadá en un encuentro de negociación cultural cerca del año ochenta.

Dedica un cortometraje a la capital con el título «La Habana de ayer», donde recoge los lugares de mayor historia, como los restos de las murallas que siglos antes protegieron a la ciudad de ataques de corsarios; El Castillo de la Fuerza, construido en 1577; El Castillo del Morro; La Plaza de Armas, donde se hallan dos edificaciones al estilo barroco; El antiguo Palacio de los Capitanes Generales y el Del Segundo Cabo, construidos ambos en el siglo XIIX, transformando la arquitectura de La Habana por la sustitución de la madera con la piedra. La narración se refiere a una escultura de Cristóbal Colón, obra del italiano Cucchiari, instalada en El Palacio de los Capitanes Generales en 1862.

En Angola, como profesor de dirección de televisión (foto cortesía del autor).

Se cuenta la historia de las calles y las casas, que al principio eran de una sola planta o dos, y con el tiempo varían luciendo columnas y barandales muy altos. La Catedral, siendo la tercera gran obra del barroco en Cuba, luce también clase y belleza, donde trabajaron escultores italianos y españoles en obras de orfebrería.

En los finales del siglo XIX los extranjeros solían elogiar a la ciudad, opinando que era una «espléndida y galante, con elegancia europea y señorío criollo». La Habana acoge elementos de otras culturas y también va creando su propia personalidad. Las voces narrativas de María Elena y Cesar Arredondo hacen claro y atractivo el mensaje.

Dirige otro dedicado a la historia de la cerámica en La Isla de la Juventud, que lleva por nombre «La Isla de la Cerámica». Los guiones de ambos cortometrajes son escritos por él.

Filmando el programa Celotipia (foto cortesía del autor).

Graba escenas de los lugares pintorescos de esta pequeña ciudad para revelarnos la historia de la cerámica como nuevo oficio entre los isleños. Cuando, en el año 1968, un reducido grupo de seis hombres liderados por el tecnólogo Horacio de la Cruz, se da a la tarea de quemar ladrillos de cerámica roja en un viejo tejar. Luego, este mismo colectivo se propone metas superiores con la confección de utensilios útiles para el hogar, que en un principio no se logran. Deben entonces buscar ayuda en otro grupo de profesionales de San José de Las Lajas, que los capacita, y alcanzar por fin el resultado propuesto.

En el ámbito nacional las ambiciones crecen; se busca mayor belleza en el acabado de las figuras al punto de anhelar la obtención de obras de arte con el barro como materia prima. Aparece así el virtuoso ceramista Alfredo Sosabravo con inquietudes estéticas producto de su oficio de pintor y grabador, quien hace en el año 1967 la primera exposición de pintura y cerámica con valores artísticos en Cuba, alcanzando un gran éxito. En los años 1970 y 1976 él y otros profesionales enviados por el Ministerio de Cultura participan en concursos internacionales en Francia con obras propias, ganando premios por la calidad de sus trabajos.

No solo se desarrolla la cerámica industrial, la que forma en escuelas a los futuros técnicos y profesionales de la arcilla; en La Isla de la Juventud funciona una de su tipo con buenos resultados, el oficio seduce en buen grado a las generaciones más jóvenes; sino que se puede hablar de una cerámica cubana presente en el mercado mundial, salida de las manos de artistas del patio.

Amena historia contada por la cámara y la voz de la narradora Lilia R. López, con acertada dirección de Manolo.

Había en Manolo una pasión tan grande como la de dirigir, la pasión de la fotografía. Es posible hallar en su legado muchísimas fotos tomadas a su hijo. A Elia Rosa, su modelo preferida, le toma también cientos de fotos motivado por su belleza.

La cantante cubana Lordes Gil (foto cortesía del autor).

Llegan los primeros meses de la década del ochenta con los acontecimientos sociales que afectan al país, empezando por el asalto de un grupo de nacionales a la embajada del Perú pidiendo asilo político, y su debida consecuencia, de mayor dimensión, la apertura del puerto «El Mariel» a las embarcaciones procedentes de los Estados Unidos en recogida de familiares cubanos que quisieran abandonar la isla. Hace unos meses que Manolo no mantiene buenas relaciones con su hijo Manuel Antonio, razón por la que el joven se muda con su abuela paterna. La madre de Manolito reside en La Florida, y después de muchos años sin verlo, anhela encontrarse con él.

El éxodo masivo inicia el quince de abril, pero es en mayo, precisamente un día de las madres, cuando no se toma control en el tráfico de personas y aun los menores de edad consiguen embarcar sin permiso de sus padres, uno de los casos es Manolito.

El rostro y la voz de Farah María en uno de sus programas (foto cortesía del autor).

Cuando el PCC le comunica a Manolo la necesidad de aclarar el caso, es el primer sorprendido con la noticia, pues el joven lo ha hecho todo a sus espaldas con auxilio de la madre y padrastro. Al ver que sus compañeros de militancia dudan, Manolo se siente obligado a escribirle a Ramiro Valdés pidiendo una explicación de lo sucedido, y solo a la respuesta del comandante informando las irregularidades de ese día y pidiendo disculpas a Manolo, los compañeros de este cambian de parecer. Duro golpe que el cineasta debe sufrir por varios años. Aunque, para su conveniencia, recibe enseguida una propuesta de trabajo para viajar en ayuda y colaboración a la República Popular de Angola. Y al contar con su compañera, Rosa está de acuerdo pensando que el viaje le ayudará en su recuperación.

Manolo Redondo arriba al continente africano como profesor de dirección para la televisión en junio de 1980, de donde escribe en el periódico «verde olivo en misión internacionalista», todo el tiempo de la misión, interesantes artículos que hablan de la historia del cine desde su surgimiento.

Con el talento que posee como periodista, nos cuenta que en el siglo XIX escritores de la talla de Víctor Hugo, Balzac, Julio Verde y Tolstói, presentían la necesidad de una nueva forma de comunicación en el hombre, una forma sujeta al arte, sin precedentes. Y no se equivocaron cuando el 22 de marzo de 1895, Louis Lumiere estrena en París su invento llamado «cinematógrafo», lo que posibilitaba la convergencia de tres técnicas diferentes, la estroboscopia, la fotografía y la proyección, para obtener como resultado el cine.

Por su labor de periodista gana la medalla Félix Elmuza.

Francia jugó un papel decisivo en el origen del cine, con los aportes de Lumiere, pero otras personas y países colaboraron igualmente en su descubrimiento. Manolo revela la historia de cómo el cine se relaciona con los intereses culturales e ideológicos del pueblo, y al llegar la televisión la manera de contribuir con esta. Mientras en Cuba Elia Rosa debe hacer el papel de madre y padre con sus dos hijos del primer matrimonio.

Continuará…

 

 

Ronel González Sánchez, la historia patria como necesidad vital

Por Vanessa Pernía Arias

Quizás como hubiera reseñado Carlos Manuel de Céspedes el trayecto hasta San Lorenzo en su diario de campaña, el escritor holguinero Ronel González Sánchez (Cacocum, 1971) registra su recorrido hasta el histórico sitio, el último lugar sobre la tierra que estuvo el Padre de la Patria.

Fotos Juan Pablo Carreras (ACN) y cortesía del entrevistado

“Salimos el 22 de agosto de 2018 alrededor de las diez de la mañana en el ómnibus 1231 de montaña desde Contramaestre. Hasta San Lorenzo hay 48 kilómetros, pero el trayecto es arduo a través de un zigzagueante camino en mal estado que varias veces atraviesa el río Contramaestre… Recuerdo el viaje como una experiencia estremecedora. Llegamos poco después de la una de la tarde. Por una escalinata de piedras, ladrillos y mármol fuimos hasta la cima desde donde cayó Carlos Manuel por un barranco…”, escribe Ronel, autor de varios libros publicados por los sellos de la AHS, entre ellos los títulos: Temida polisemia. Estudio de la obra literaria de Delfín Prats, por Áncoras, en Isla de la Juventud, en 2016, y la antropología de décimas humorísticas Erase un elefante bocarriba, por Ediciones La Luz, en Holguín, en 2018.

Recuerda que llevaba una bandera y tomaron prestada la de La Demajagua, que ondeaba en una de las dos astas de la cima. Luego, junto al barranco, completamente cubierto de maleza, con la enseña sobre los hombros, leyó uno de esos poemas dedicados a Céspedes, le rindió tributo.

¿Por qué –podríamos preguntarnos– revisitar los lugares de la historia de nuestra Patria es para Ronel González Sánchez un acto continuo de fe y sensibilidad concretado en versos de alto calibre? Quizás sea porque el poeta tiene su propio grito, como el del 10 de octubre en La Demajagua y prefiere la métrica que amplifica la historia como necesidad espiritual y humana.

Con más de cincuenta libros, en géneros como la poesía, el ensayo y la literatura infantil, siendo uno de los escritores cubanos más publicados, Ronel ha mostrado un marcado interés por los procesos independentistas cubanos y justo detrás de esas palabras existen infinidad de horas dedicadas por completo a la investigación, entre estos se encuentran los cuadernos Teoría del fulgor accesorio, La marcha de la bandera y ¿Cómo se manda un campamento?, ganador este último del Premio Nacional Beca Ciudad del Che 2019, convocado por la Uneac en Villa Clara y entregado recientemente en el Memorial Che Guevara de la ciudad de Santa Clara.

El primero de estos poemarios fue publicado por Ediciones Ácana de Camagüey en 2016 e inicia el abordaje de este importante período de la historia patria. Acompañándose de las posibilidades de la décima, Ronel se acerca a los principales momentos y protagonistas de la gesta del 68, para acercarse a los héroes y devolvérnoslos en carne y hueso, con sus virtudes y defectos. De esta primera exploración a nuestras gestas, asegura Ronel, se desprendió el poemario La marcha de la bandera, pues la temática no se agotó y continuó trabajándola en ese libro.

El texto, bajo el sello de la Editorial Barajagua en formato digital (e-book), fue iniciativa del historiador holguinero José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia, para conmemorar el 150 aniversario de la gesta independentista del 10 de octubre de 1868, por lo que se inspira en este y otros sucesos históricos e importantes figuras del siglo XIX cubano. “El autor de esas páginas se ha dedicado a investigar y a explorar la historia patria desde hace varias lustros, con intenciones de vivenciar e integrar a su trayectoria vital las heroicas secuencias que ahora se entregan transformadas en poemas que nos impresionan por la honestidad y hondura con que fueron escritos”, asegura el escultor Julio Méndez Rivero, presidente de la Uneac en Holguín.

La historia está entre mis principales intereses creativos desde que comencé a relacionarme con la literatura. Escribí mis primeros textos en abril de 1980, sin embargo, no tuve verdadera conciencia de la historia hasta que estudié Arte en Santiago de Cuba y me relacioné con estudiosos de esos temas. Digamos que soy de los que se dispuso a buscar con el alma a aquel inmenso poeta enamorado y fundador de revoluciones que dijo que por Cuba se dejaba clavar en la cruz”, rememora el también promotor cultural, humorista y guionista radial, los lejanos días en que sintió la necesidad de contar desde la perspectiva lírica parte de nuestra historia patria.

Las guerras por la independencia de la Isla, asegura el historiador Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Historia, han sido hasta hoy uno los acontecimientos más interiorizados por la conciencia cubana. La historiografía ha tenido y tiene una alta responsabilidad en ello, pero han sido infinitos los recursos empleados por la sociedad para preservar la memoria de aquellos procesos bélicos que consolidaron la nacionalidad y la nación y que culminaron en un estado nacion.

Precisamente, para Ronel González Sánchez el recurso, el arma o el machete ante la manera de entender y acercarse a los procesos historiográficos ha sido la poesía, pues asegura que “la escritura de la historia en nuestro país quiere desbordar lo académico, la camisa de fuerza de los datos y las cifras, fríos como una granizada sobre un techo de zinc, la elaboración de rugosos e insufribles ladrillos, porque lo reclaman a voz en cuello estos tiempos que se esfuman a toda velocidad”.

Cree que la historia se enriquece con la mirada de los poetas y narradores. Además, “el historiador, junto con el escritor, o integrándolo, tiene que hacer más atractiva su obra, más placentera, más entretenida”.

Los palpable en la obra de este poeta de estirpe mambisa lo logra el lector al acercarse a la cotidianidad manigüera de grandes figuras de nuestra historia, como Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, Ignacio Agramonte y Amalia Simoni, el poeta Juan Clemente Zenea, Bartolomé Masó, Quintín Bandera, José Martí, Vicente García, Pedro Figueredo, Máximo Gómez, Calixto García, e incluso desde la visión del soldado español Antonio del Rosal Vázquez de Mondragón… y es que este poeta holguinero ha vivido y revivido junto a los campamentos mambises que se enarbolan bajo las frías y húmedas sombras de los campos cubanos.

Leer su poesía es “como mirarse en un espejo de la patria” y esta le ha servido para desmantelar cualquier acorazado, porque hombres como Ronel González que viven bajo la palabra, según el poeta Moisés Mayán al reseñar uno de sus libros, son en sí mismos un ejército.

(Tomado del sitio de la Asociación Hermanos Saíz).

César López, desde la luz de la poesía

Por Erian Peña Pupo

Otra triste noticia en días de por sí aciagos: la muerte del escritor cubano César López, Premio Nacional de Literatura en 1999. Lo hizo público Alberto Marrero, desde la Asociación de Escritores de la Uneac. Una pérdida sensible para las letras cubanas, la despedida del necesario autor de Primer libro de la ciudad, Quiebra de la perfección, Ceremonias y ceremoniales, Manos de un caminante, Circulando el cuadrado, entre otros.

 

César estuvo muy vinculado a Holguín y a esa especie de renacimiento cultural de la ciudad ocurrido en los años 80. Participó en los días fundacionales del Premio de la Ciudad, de quien fue jurado en más de una ocasión, y la Semana de la Cultura holguinera. Aquí encontró amigos, compañeros de viajes literarios, discípulos, lectores fervientes de su obra, entre ellos: Delfín Prats, con quien compartió el evento La isla entera, celebrado en Madrid en 1994, Manuel García Verdecia, Eugenio Marrón, Lourdes González, Alejandro Querejeta, Jorge Hidalgo, Gilberto González Seik, y otros más jóvenes como José Luis Serrano y Ronel González. Ediciones Holguín publicó una cuidada edición de su poemario Quiebra de la perfección; participó invitado al evento Palabras compartidas en las Romerías de Mayo… Varias fotos lo recuerdan en la Biblioteca Provincial Alex Urquiola, presentando Devoluciones. Acercamientos a la poética lezamiana, publicada por Ediciones La Luz en el año del centenario de autor de Paradiso y La cantidad hechizada. Aquí César López sintió que esta ciudad era también suya.

A diferencia de otros holguineros –por cuestiones generacionales obvias– no lo conocí en esas visitas ni fui amigo suyo, salvo desde esa amistad sin condiciones que nos proporciona las páginas de un libro. Pero tuve la oportunidad de compartir con él una lectura de poesía antes de que el deterioro producto a la enfermedad y la edad, recrudecido en los últimos años, obligara que César López apenas saliera de su casa. Aquella vez, en 2012 o 2013, asistió a una lectura que, como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de La Habana, ocurrió en el espacio Hurón Azul, de la Uneac. Los jóvenes, a la sombra de una tarde, compartiríamos lectura con autores consagrados, con maestros a los que admirábamos. Y sin saber cómo, aun no lo recuerdo, allí estaba yo, aun sin libros publicados, con apenas unos poemas en revistas, compartiendo lectura con Aitana Alberti, Mario Martínez Sobrino, César López… (Recuerdo que a él, entonces ya casi sin poder hablar, le era muy difícil leer sus poemas).

Nacido en Santiago de Cuba, el 25 de diciembre de 1933, César López tenía al morir 87 años. Narrador, ensayista y crítico literario además, cursó sus primeros estudios, hasta graduarse de bachiller en el año 1950, en su ciudad natal; posteriormente cursó Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, en Madrid y Salamanca, donde obtuvo el doctorado en Medicina, graduándose en 1959. Fue también miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española.

Como escritor, se dio a conocer en la revista Ciclón, una de las precursoras de la vanguardia literaria cubana, fundada por el importante dramaturgo y narrador Virgilio Piñera. Su poesía lo ha llevado a ser una de las voces más relevantes de Cuba en la segunda mitad del siglo XX, y aunque incursionó en la narrativa y el ensayo, es considerado, con sus tres Libros de la Ciudad, uno de los escritores más significativos dentro de la poesía cubana del siglo XX. Varios de sus poemas y relatos han sido llevados al inglés, francés, ruso, alemán, húngaro, italiano, rumano, checo, búlgaro, griego y japonés. Tradujo del inglés a Lawrence Durrel, y del francés al griego Yannis Ritzos.

Además de los anteriores, reeditados en varias ocasiones, César López publicó los siguientes libros: Silencio en voz de muerte; Apuntes para un pequeño viaje; La búsqueda y su signo; Consideraciones, algunas elegías; Doble espejo para muerte denigrante; Seis canciones ligeramente ingenuas; Pasos, paseo, pasadizos, y Ámbito de los espejos. Además del Nacional de Literatura, César poesía otros reconocimientos, tantos por su trayectoria como por su obra literaria, entre ellos el Maestro de Juventudes, entregado por los jóvenes miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Con su fallecimiento, una generación fundamental en las letras cubanas –en la que aún viven autores como Pablo Armando Fernández y Antón Arrufat– pierde a uno de sus grandes exponentes. Pero queda siempre su obra. A muerto el poeta, es cierto, pero está la inmensidad de su poesía. Lleguen en nombre del Centro de Comunicación Cultural La Luz y la Dirección Provincial de Cultura, las más sentidas condolencias a sus familiares y amigos, a nuestros escritores, artistas e intelectuales cercanos de César López, que hoy nos acompañan en el adiós a uno de los grandes nombres de nuestras letras.

Música para el alma en tiempos de coronavirus

Por Bernardo Cabrera

Como parte de las medidas de prevención y enfrentamiento a la Covid-19 los artistas holguineros del Centro Provincial de la Música y los Espectáculos cambiaron los escenarios por la seguridad de sus hogares.

 

 

 

Centros recreativos, nocturnos, bailables, teatros y tarimas detuvieron sus presentaciones, pero el talento y la solidaridad artística continúan ahora desde otras plataformas.

 

Saben que si siguen las orientaciones todo volverá pronto a la normalidad. Por ello aprovechan el aislamiento para crear nuevos temas, ensayar coreografías, ultimar detalles de futuros discos, compartir con la familia, estudiar y hacer reposo.

Desde la sala, la cocina, el patio o la azotea nacen los conciertos. De esa manera alejan las preocupaciones y hacen que la cuarentena resulte entretenida para internautas y vecinos.

El tormento de los girasoles

Lo primero que viene a la mente cuando me hablan de Van Gogh es un llamativo ramo de girasoles, pero distorsionado, o mejor dicho, atrapado desde la belleza de su estilo en pinceladas impresionistas.

Lo primero que viene a la mente cuando me hablan de Van Gogh es un llamativo ramo de girasoles. Foto: Internet

Prodigio con una vida colmada de tormentos, quizás lo que llevara al holandés a ser incomprendido, es esa misma personalidad controvertida que poseen algunos de su estirpe.

Cuando recientemente se cumplió un aniversario más de su natalicio, el 30 de marzo, pero de 1853, me visitan estas letras como homenaje para quien el color era el símbolo principal de expresión.

El hijo de un pastor, criado en una atmósfera religiosa y refinada en Groot-Zundert, Holanda, resaltó desde bien temprano por ser muy emocional e inseguro, lo que le provocó amores inadecuados e infelices, así como empleos inexitosos en una librería, como vendedor de arte, y predicador en Le Borinage (una región aburrida de minera en Bélgica), donde fue despedido por “exceso de celo”.

Por suerte para la historia del arte, en este propio país encamina sus estudios de arte, dedicado para dar felicidad creando belleza. De mediados del siglo XIX constan pinturas de género muy iluminadas y tonos sombríos de las que la más famosa es Los comedores de papas (1885).

Es irónico que durante su breve carrera vendió solamente una pintura cuando sus piezas hoy poseen valor inestimable. Foto: Internet

Una provechosa estancia en París, junto con su hermano Theo, se resume en los encuentros con Pissarro, Monet, y Gauguin, cuando comienza a iluminarse su paleta para además pintar en las brochadas cortas de los impresionistas. Su temperamento nervioso le hizo un compañero difícil y las discusiones que duraron toda la noche, junto con el trabajo creativo de todo el día, afectaron severamente su salud.

Para recuperarse se encaminó al sur de Arles, con la esperanza de abrir una escuela de arte junto a sus amigos, el resultado: un desastre del que surgió la famosa anécdota sobre su oreja. En lo adelante los ataques de locura y lucidez matizaron su existencia desosegada, en la que incluso llegó a parar en un manicomio.

Una vez recuperado, en mayo de 1890, se fue a vivir en Auvers-su-Oise, bajo la tuetela del Doctor Gachet, quien no pudo evitar el funesto desenlace, pues murió dos meses después al dispararse “por el bien de todo.”

Es irónico que durante su breve carrera vendió solamente una pintura cuando sus piezas hoy poseen valor inestimable, las obras más finas de Van Gogh fueron producidas en menos de tres años por una técnica que crecía más y más apasionada en la brochada, en color simbólico e intenso, en tensión superficial, y en el movimiento y la vibración de forma y línea. Drama, ritmo, imaginación, y un cúmulo de emociones se fusionan inigualablemente en forma y contenido para recrear el empeño del artista en explicar su lucha contra la locura, o en la comprensión de la esencia espiritual de hombre y naturaleza.

Ataques de locura y lucidez matizaron su existencia desosegada, en la que incluso llegó a parar en un manicomio. Foto: Internet

Novecientos cuadros y más de mil 600 dibujos fueron concebidos en alrededor de cinco años que fueron la cúspide de una turbulenta vida matizada por la locura, la célebre oreja y un carácter intratable. Lo cierto es que su arte desborda lucidez, convertido en un audaz experimentador y todo un erudito en la historia del arte.

Felicidades, artistas del Teatro

Por Erian Peña Pupo

Fotos: Archivos de Comunicación Cultural

Este viernes, 27 de marzo, se festeja el Día Mundial del Teatro, una celebración que ha tenido en todo el mundo un matiz diferente, debido a la actual situación de excepcionalidad epidemiológica causada por la rápida propagación internacional del COVID 19.

En la mayoría de los países se suspenden funciones y temporadas completas, se cierran teatros y otros escenarios similares para priorizar la vida, pero los artistas del teatro no dejan de crear, convencidos que, después del silencio, volverá a reinar la escena.

Cuba, y particularmente Holguín, celebrarán el día desde la introspección del hogar, pero también desde el recuerdo, el homenaje y la permanencia. En esta fecha, en Holguín se entregaría el Premio Alberto Dávalos 2020 por una vida consagrada a las artes escénicas, que han merecido, entre otros, artistas como Angélica Serrú, Náyade Proenza, María Luisa Clark, Martín Arranz, Mario Brito, Martha Proenza, Miriam Suárez, Carlos Jesús García, Julio Proenza, Miguel Santiesteban, María Dolores, Maricel Godoy, William Delgado, Yuri Hernández, Alejandro Millán, Fernando Gil y Carlos Leyva Bonaga.

Escena de la opereta La viuda alegre, por el Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín (foto Wilker López).

Sirva este texto también como homenaje a ellos –que guían el trabajo desde la experiencia y sus aportes– y a los artistas escénicos holguineros, entre ellos los integrantes del Teatro Guiñol de Holguín, el Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín, la Compañía de Narración Oral Palabras al viento, Neón Teatro, Alasbuenas, Trébol Teatro…

La Dirección Provincial de Cultura, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y el Centro de Comunicación Cultural La Luz hacen extensiva esta felicitación a sus artistas del teatro.

Para ello compartimos el Mensaje del Día Mundial del Teatro, que cada año realiza el Instituto Internacional de Teatro ITI (Organización Mundial para las Artes de la Escena) y que esta vez es firmado por Shahid Mahmood Nadeem, periodista paquistaní, dramaturgo, guionista, director de teatro y televisión, y activista de derechos humanos.

Obra Lucas y Lucía, de Yunior García, por Teatro Alasbuenas (foto Carlos Rafael)

El Día Mundial del Teatro fue creado en 1961 por iniciativa del Instituto Internacional del Teatro (ITI). Sin embargo, su primera celebración oficial fue el 27 de marzo del año siguiente.

En conmemoración a la importante fecha, profesionales, organizaciones y centros teatrales, así como las escuelas de artes escénicas en todo el mundo, rinden homenaje a esta forma de expresión que encuentra manifestaciones singulares en cada pueblo y territorio donde se desarrolla: la variedad de propuestas a nivel mundial hace de la escena un abanico expresivo de posibilidades para hacer más sólida la cultura de una Nación.

 

El teatro como santuario

Por Shahid Mahmood Nadeem

Al final de una representación de la obra de teatro de Ajoka sobre el poeta sufí Bulleh Shah, un anciano, acompañado por un niño, se acercó hasta el actor que había interpretado el papel del gran sufí. «Mi nieto no se encuentra bien, ¿podría bendecirlo?», dijo. El actor se sorprendió y contesto: «No soy Bulleh Shah, solo soy un actor que interpreta el papel». El anciano entonces contestó: «Hijo, no eres un actor, eres una reencarnación de Bulleh Shah, su Avatar».

De repente, se nos ocurrió un concepto completamente nuevo de teatro, donde el actor se convierte en la reencarnación del personaje que interpreta.

Explorar historias como la de Bulleh Shah, historias como ésta existen en todas las culturas y pueden convertirse en un puente entre nosotros, los creadores de teatro, y una audiencia desconocida pero entusiasta.

Mientras actuamos en el escenario, a veces nos dejamos llevar por nuestra filosofía del teatro, en nuestro papel como precursores del cambio social a veces dejamos atrás a gran parte de la comunidad.

Palabras al viento, una de las compañías insignes de la narración oral en Cuba (foto Wilker López).

En nuestro compromiso con los desafíos del presente, nos privamos de las posibilidades de una experiencia espiritual profundamente conmovedora que el teatro puede proporcionar.

En el mundo de hoy donde la intolerancia, el odio y la violencia están en aumento, nuestro planeta se está hundiendo cada vez más en una catástrofe climática, necesitamos reponer nuestra fuerza espiritual.

Necesitamos luchar contra la apatía, el letargo, el pesimismo, la avaricia y el desprecio por el mundo en que vivimos, por el planeta en el que vivimos.

El teatro tiene un papel, un papel noble, debe dinamizar y hacer avanzar a la humanidad, ayudarla a levantarse antes de que caiga en un abismo.

El teatro puede convertir el escenario en un templo, el espacio de actuación, en algo sagrado. En el sur de Asia, los artistas tocan con reverencia el piso del escenario antes de pisarlo, una antigua tradición en la que lo espiritual y lo cultural estaban entrelazados.

Modernidad y tradición caracterizan al Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín (foto Wilker López).

Es hora de recuperar esa relación simbiótica entre el artista y el público, el pasado y el futuro. Hacer teatro puede ser un acto sagrado y los actores pueden convertirse en los avatares de los roles que desempeñan.

El teatro tiene el potencial transformador de convertir la escena en un santuario y ese santuario en un espacio de actuación.

(Instituto Internacional de Teatro ITI – Organización Mundial para las Artes de la Escena).