Acosta fugaz para una noche

 

Un extenso homenaje a los Rolling Stones constituye Rooster. Foto Ernesto Herrera

Cuando todavía no se selecciona el Suceso Cultural Holguín 2017 un hecho apunta como fuerte candidato a la votación del próximo año. En un abarrotado Teatro Eddy Suñol, la Ciudad de los Parques presenció de un acontecimiento danzario solo comparado con la presencia de Vladimir Malakhov: la actuación de la Compañía Acosta Danza.

Este 18 de febrero amerita insertarse en nuestra historia pues los presentes disfrutaron de cinco piezas con una factura que solo pocos logran.

La apertura naturalizada con “Fauno”, donde una pareja de bailarines deambula por el paraíso de su existencia, una suerte de Adán y Eva en su Edén, explorando sensaciones comunes a la relación, pasiones y avatares que solo dos conocen y que fueron coreografiadas por Sidi Larbi Cherkaui.

“Rooster”, extenso homenaje a la obra de una agrupación icónica de la música a nivel internacional: The Rolling Stones, se auxilia de escenas que rozan lo cabaretesco, lo popular; dejándose escuchar temas clásicos como Lady Jane o el que da título a la propia pieza, en una representación danzaria de múltiples temas donde se intentan escenificar cada emoción.

Simbiosis de dos cuerpos se logra cuando Acosta se hace acompañar Foto Ernesto Herrera

Recurriendo al susurro que funge como corte de cada escena, en “El salto de Nijinsky”, se exhibe una transición que implica, como todo cambio, sensaciones fuertes representadas a detalle por siete bailarines.

Y por medio de acordes orientales se deja ver (“¡Al fin!”) “Carlos”, para la ocasión a través de la coreografía Mermaid (Sirena), también de Sidi Larbi Cherkaui, la cual permite al prominente intérprete y su talentosa acompañante exhibir una intimidad desenfrenada, donde no sobra la pasión pero tampoco el desconsuelo de esta pareja: dos cuerpos que se convierten en uno.

En la velada, a la que asistieron las principales autoridades holguineras, la Dirección Provincial de Cultura aprovechó la ocasión para agasajar al prestigioso bailarín con una reproducción de la obra de Cosme Proenza “Fidel como una espada reluciente”.

Agasajo de un grande a otro de la cultura cubana fue el obsequiado a Acosta Foto Ernesto Herrera

“Twelve”: ¿por qué 12? Solo en el juego con pomos de agua, donde lo más llamativo es su destreza para atrapar dichos objetos sin dejar caer alguno, se basó el coreógrafo en esta pieza, y mientras cuentan constantemente del 1 al 12-en alusión quizás al tiempo, las horas-, el espectador presencia un simple malabarismo circense-puede que a veces no se deje lo mejor para el final-. Pero ni aun así decreció la ovación y adulación del público agradecido para Acosta Danza, reconocimiento de ese mismo público que ve este arte de alta factura y siente nostalgia por su Codanza.

Lo vivimos, pero fue tan fugaz que solo pocos alcanzaron a pedir un deseo.

Por Julio César Torres Concepción

Fotos: Ernesto Herrera

Jamila Medina: Soy una persona nostálgica

La escritora Jamila Medina. Foto: Carlos Rafael
Un romántico diría que tiene la piel de arena, cabellos de trigo, ojos de mar. Un machista, que rompe el cliché de que las mujeres bellas no suelen ser inteligentes. Una feminista hablaría de género y empoderamiento. Sin embargo, Jamila Medina Ríos (Holguín, 1981) aborrece los clichés.
Diversa y curiosa, se ha dado a conocer como poetisa, narradora, ensayista, editora e investigadora. Ha obtenido los premios de poesía “David” (2008) y “Nicolás Guillén” (2017), así como el Premio de ensayo “Alejo Carpentier” (2012). Tiene publicados, entre otros títulos, los poemarios Huecos de araña (Ediciones Unión, 2009) y Primaveras cortadas(Proyecto Literal, México, 2012) y el volumen de ensayoDiseminaciones de Calvert Casey (Editorial Letras Cubanas, 2013).
Aunque se dice renuente a las entrevistas, nuestra amistad antigua y refractaria favoreció dos conversaciones, que publicaran el programa Café Milenio, de Radio Angulo, y el sitio www.ahora.cu en video. Aquí ofrecemos un resumen de ambas.
La niña que aprendió a nadar en Egipto, donde sus padres cumplían misión, e hizo pininos en programas infantiles de la radio provincial, reconoce como su primera pulsión por la literatura un librito de décimas ilustrado que dedicara a su familia, aunque no tuvo mucho éxito. Sin embargo, confiesa que “cuando me enamoré, sí entré de lleno en la poesía”.
¿Cuánto influyó estudiar la carrera de Filología en tu carrera literaria?
—Ha influido muchísimo porque, evidentemente, uno aprende no solo a escribir sino a leer, sobre todo. En realidad, llegué ahí porque era una lectora voraz; mi madre lo era, mi padre lo era. Por eso llegué a las letras. Lo volvería a estudiar si pudiera.
Has sido premiada en varias ocasiones, y existe un cliché al respecto: que los concursos te afianzan como escritor; y el cliché contrario, de que un premio no valida una obra artística. En tu caso, ¿cómo se manifiesta?
—Ganar un premio es simplemente un golpe de azar. También es una suerte, porque te promueven y, sobre todo, te publican el libro, que es lo más importante. Por otro lado, te dan un pago de derecho de autor, un pago de premio. En mi caso, el “David” es un tatuaje que tengo en el brazo, un armadillo; el “Carpentier”, la mitad de mi primer pequeño apartamento en Playa; y el “Guillén” es el apartamento actual, con una visión al mar que me recuerda las playas de Holguín.
Tienes una formación clásica: Filología, teología, griego, latín… sin embargo, tu libro ganador del premio Nicolás Guillén se titula País de la siguaraya…
—Todo se imbrica. Yo estudio mucho porque todo me da curiosidad. También los refranes, las frases hechas me dan mucha curiosidad; estamos rodeados de esas frases que a veces no sabemos qué significan y, sin embargo, las repite todo el tiempo, como que este es el país de la siguaraya o que vivimos en una isla de corcho. Uno se pregunta un poco por qué y ese libro responde a por qué la siguaraya, no de modo despectivo sino con el afecto de vivir desde ella.
¿Una exploración de tu circunstancia y la circunstancia nacional?
—Es ambas cosas. Mi poesía está atravesada por lo público y por lo púbico, por mi yo y mi circunstancia. Esto lo es, son como ventanas a diferentes paisajes que están ahí y uno deja de mirar porque se le empaña el espejo. Es como volver a esos lugares conocidos y desconocidos a la vez.
En ese caso, ¿Huecos de araña es una ventana al pasado?
—Son los huecos del patio de mi abuela en el Báguano natal de mi mamá; y también esos otros huecos que nos atrapan y a la vez uno se niega a echar raíces en ellos; por ejemplo, yo que siempre estoy buscando la libertad. Es el hueco del lenguaje, de las literaturas que nos han construido, del género, del país, de la familia.
¿Cómo han influido tu país, tu familia, tus amigos en la persona que eres?
—Yo traigo conmigo todo lo que voy siendo y todo lo que han sido mi familia, mis amigos, las afinidades que uno va encontrando; y el lenguaje lo demuestra. A veces una pequeña palabra es súper entrañable en relación con ciertos lugares, uno no esté hablando de ese lugar, pero la palabra sí. Como caguayo, que remite a Holguín, porque un habanero no sabe qué es un caguayo.
¿Por qué escogiste la figura del escritor Calvert Casey; qué te aportó esta investigación, este ensayo?
—Esa figura fue para mí un misterio, porque cuando escribí cuentos alguien me dijo que parecían de Ezequiel Vieta o de Calvert Casey; entonces fui a buscar qué era lo que había de mí en ellos y viceversa. Me interesó mucho Calvert, porque era un personaje misterioso, de cuya vida no se sabía exactamente cómo había sido y todavía hay muchas cosas que no sé de él. Además, está fascinado por temas como la muerte y el amor, así que me conecté muy fácilmente con él.
Te mueves con soltura entre el mundo académico y el editorial, ¿qué te aporta o te quita cada uno?
—Todos me aportan saber y todos me quitan un poco de libertad. Es tremendo porque soy muy liberal cuando escribo mi propia poesía y, sin embargo, cuando soy editora trato de ser flexible pero a la vez ponerle un poco de coto a la libertad de los demás. Son mundos que me han aportado mucho pero de los que siempre estoy tratando de huir. Siempre estoy como incómoda en esos trabajos y siempre pensando en hacer otra cosa.
¿A qué te dedicas ahora: investigas, escribes, creas?
—Estoy pensando en mi proyecto de doctorado que es sobre el tema mambí en la literatura y el arte contemporáneo cubano. En realidad, he estado arreglando mi apartamento con vista al mar.
Estás obsesionada con el mar, con la libertad, con elementos que sugieren búsqueda, apertura, salida a alguna parte… ¿Por qué?
—No sé. Es algo que quiero explorar en un libro de cuentos que quiero escribir que lo había dejado y estoy volviendo a él. Es un libro que se llama Psicoanalízame, por favor. Sé que tiene que ver un poco con que aprendí a nadar a los tres años, y siempre me pareció un espacio de libertad, un modo de ir a la deriva, donde pueda afluir todo lo que uno tiene en el consciente y el inconsciente, un poquito como el fluir de la memoria, de los recuerdos.
Tu narrativa, en el aspecto formal, recurre a la intertextualidad, a recursos de la ensayística, del lenguaje científico, y también está permeada de lo poético. ¿De dónde parte esta complicación?
—Parte de mí misma. Soy una persona a la que le gusta verle todos los lados posibles a las cosas, en la poesía también lo hago. Pero no creo que sea algo propiamente mío, otras personas que estudiaron Filología también lo han hecho, como Ena Lucía Portela, que nos gusta tanto. Tiene que ver con la ironía, con las maneras de la metaliteratura, lo metanarrativo. Si vuelvo a escribir cuentos puede que esté ahí, aunque quizás para el lector no sea tan interesante, para los críticos quizás sí.
No te pediría diagnosticar la salud de la poesía local o cubana a partir de tu trabajo como jurado; sin embargo, ¿qué opinión te merece el Premio de la Ciudad de Holguín?
—Es un premio que siempre me parecía interesante cuando yo vagaba por las calles buscando libros; tengo muchos libros premios de la ciudad de otra época, de cuando era estudiante, más pequeña o que eran de mi mamá. No podría medir la “salud” de una literatura porque no soy doctora de nada. Pero ha significado la alegría de volver a Holguín, al que no venía hacía tiempo; de reencontrarme con amigos; de poderme enterar de qué se está haciendo. Si puedo poner un granito de arena en un libro que va a salir el próximo año, yo estaré también un poco en la historia de los Premios de la Ciudad de Holguín.
Aparecer en los medios de comunicación, ganar varios premios importantes te da notoriedad, significa exponerse, ¿cómo llevas esta visibilidad siendo tímida?
—No me siento tímida porque soy bastante sociable. Pero odio aparecer en la televisión; en la radio no tanto; odio las entrevistas, aunque suene rotundo. Soy una persona que continuamente se está reescribiendo, que tiene mucho miedo de la imagen, de la proyección, que no se cree fotogénica. Por tanto, no me es agradable exponerme ante de la televisión, ni ante los periódicos. No tiene que ver con la vanidad sino que tengo miedo de lo etiquetado, de lo que está terminado. Me siento más como una persona que está en progreso de ser; y ya lo que está en la televisión, en los medios y las fotos, queda y permanece. Tengo miedo a esa cárcel de lo que ya queda.
Pero la literatura es también exponerse, exhibirse…
—La literatura te da el proceso. Soy muy espontánea, pero mi literatura no lo es tanto. Uno reescribe y tiene la oportunidad de pensar un poco más las cosas.
¿Por qué tanto énfasis en reescribirte, en volver a lo andado?
—Pienso que soy una persona que mira mucho hacia atrás, aunque también soy una persona que proyecta mucho, que hace planes, que le gusta planificar las cosas. Evidentemente hay una mirada del retorno, de lo que se puede volver a hacer. Soy una persona nostálgica.
Jamila Medina junto a Rubén Rodriguez en La Habana. Foto: Cortesía de la entrevistada
Por Rubén Rodríguez González
Tomado de www.ahora.cu

Tatu¿arte?

Tatuador en Holguín. Foto: Carlos Rafael

Cambió de funciones con el devenir de los años. Bien y mal visto, con seguidores y enemigos. Arte, cultura, inmortalidad y tinta, mucha tinta…

Los tatuajes son una práctica milenaria que se remonta a la Edad de Piedra. Se cree que para entonces formaban parte de un rito curativo, el cual tenía un fin terapéutico similar al de la acupuntura. Desde su surgimiento son interpretados de acuerdo al contexto y la región.

La creación de símbolos o enigmas ritualísticos lo convirtieron en arte, en algunas zonas como en Egipto, mientras en Roma y Grecia, se utilizaron como marca segregacionista para distinguir a los criminales.
Los investigadores indican que mientras para algunas sociedades antiguas, el tatuaje se convirtió en un sistema de diferenciación entre los grupos etarios, en algunos territorios se afianzó como vínculo sociocultural de honor, espiritualidad y madurez.
Existen conjeturas de que en América del Norte y Central se utilizaban el pigmento de hollín y algunos minerales para tatuar. ¿Significados? Ritual de paso de la niñez a la mayoría de edad para la protección de las almas, adoración de los dioses, revelación de belleza, celebración de triunfos militares o talismanes en la batalla.
Entre la edades Media y Moderna esta práctica fue satanizada y prohibida debido al absolutismo eclesiástico. Solo los caballeros tenían el derecho de hacérselos con el objetivo de ser identificados en caso de muerte por algún enfrentamiento bélico.
Así quedaron perpetuados por más de un siglo cuando en el servicio militar, las batallas y los naufragios (a falta de carné de identidad) los tatuajes favorecieron el proceso de identificación de los hombres.
De toda la gloria anterior, sólo quedaron los vestigios en el tiempo, porque dejaron de potenciar un alto estatus para convertirse en pecado y marca discriminatoria de esclavos y delincuentes, quienes en algunos casos eran aislados de su familia. ¿Ahí surge el tabú que ha llegado hasta el siglo XXI?
Con los años, los marineros y soldados se convirtieron en “los elegidos”, los dragones y panteras en símbolos de valentía y suerte, el ancla en estabilidad mientras la brújula en la certeza del regreso a casa.
A pesar de su devenir histórico fue en 1891 cuando se patentizó la primera máquina eléctrica por el estadunidense Samuel O´Reilly.
Mucho ha llovido desde entonces y el curso de las navegaciones varió. Las máquinas, tintas y estilos se encuentran en constante armonía y evolución. A pesar de ser un fenómeno más viejo que el pan, suma seguidores y “críticos de arte” al estilo juez social.
Arte epidérmico
Foto: Cortesía de Yiki
A menudo se cuestiona si el tatuaje puede llegar a convertirse en una pieza artística. ¿Será posible medir a Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci con los mismos parámetros que al tatuador del barrio? La respuesta está en el tatuador, el tatuaje y el tatuado.
Si una obra de arte responde a una función estética y comunicativa, donde el autor crea “algo” a partir de su imaginación o perspectiva de la realidad y deja implícitas o no, sus ideas y emociones, ¿acaso no lo es el hecho de tatuar una imagen única en contraste con los sentimientos del tatuador o el portador?
Los motivos para añadir ornamentos estáticos pueden ser muy variados: una fecha, un nombre, un rostro…cuando se conjugan creación y estética, dejan de ser simples dibujos.
Este arte gráfico trae aparejadas múltiples complicaciones en el orden de la salud, de acuerdo con la doctora Elsa Sánchez, pueden ocasionar infecciones, alergias e incluso Hepatitis C.
Otra de las menos mencionadas ronda en cuanto al “tapiz”. Se corren riegos al entregar la piel como lienzo. Si el pintor realiza un trazo equivocado deshecha el papel, ¿pero si el tatuador comete el mismo error?
Tatuador en Holguín. Foto: Carlos Rafael
Trazos, colores y estilos transitan por las avenidas, sedes universitarias y centros de trabajo. El espectro se abre y multiplica, mientras se dividen las edades.
Llevar un tatuaje es una muestra identitaria de la persona, refleja los más recónditos sentimientos y la carga estética del artista.
Al estilo Museo del Prado, muchos exhiben sus obras como “cuadros andantes”. Algunos quedan seducidos por el efecto “adictivo” de la tinta y vuelven una y otra vez hasta el espacio del tatuador.
Así lo cuenta Gilberto González, amante de las formas y matices, organizador de Tatuarte, uno de los eventos más importantes del body art en Cuba. El mismo que dedica los miércoles a las sesiones gratis, por amor a la técnica a muletas (con la cual se inició), y quien deja en cada “pinchazo” su sello.
Lienzos andantes
Foto: Cortesía de Yiki
Uno, dos, tres… la cuenta se repite de forma cíclica y constante. David aguanta la respiración. En cuestión de minutos se adapta al dolor, el cual por momentos se atenúa. La aguja choca contra su piel mientras la tinta se inserta bajo su epidermis. El proceso se extiende. El dibujo ya no es efímero, deja de ser solo trazos para convertirse en la compañía de sus lunares y cicatrices, en la estampa electa para el resto de su vida.
Lisbeth Almaguer, profesora de Psicología de la Universidad de Holguín señala que los tatuajes responden a una percepción a veces real o simbólica. “Hay quienes utilizan su cuerpo como un canal de información, a veces como expresión de ira, de rebeldía, de cultura, de conflictos pasionales. Su vínculo está relacionado con la condición única e irrepetible de la personalidad, a veces revelada de manera consciente o no”.
El tatuaje tiende a convertirse en un código de la naturaleza de quien lo posee. La historia le ha deparado múltiples funciones desde la cura a un dolor y la protección espiritual, hasta el extremo del deshonor.
Decisión personal que trasciende en el tiempo, reflector del alma o aditamento distintivo. Arte, cultura, creación. Dibujos, tintas, agujas. Jóvenes y no tan jóvenes. Gusto y necesidad de expresión. Así en breves palabras, podemos sintetizar un fenómeno complejo que palpita en cualquier parte. Tal vez ahora esté en ti o bien cerca. Mira a tu alrededor y de seguro encontrarás su huella.
Por Ana Álvarez Guerrero
Tomado de www.ahora.cu

“Sin título S/T”, trabajo en ¿progreso? XXXII Salón de la Ciudad

 

Veinte artistas. Veinte ideas. Proyectos “Sin título S/T, trabajo en progreso”, que nombran la XXXII edición del Salón de la Ciudad y sorprenden a los espectadores con una propuesta, sino arriesgada, por lo menos distintiva. Con la presencia de autoridades del Partido y el Gobierno ocurrió la apertura del espacio dedicado a las artes visuales en esta Semana de la Cultura Holguinera.

Altas cotas de creatividad e imaginación se expresan  en cada una de las fichas. Reflejos de la mente ilimitada y la inquietud artística. Lo que muchos anticipaban como una oferta cultural polémica y novedosa se traduce en una triple mirada al arte (artista- curador- público). Ellos entrelazados en una alianza que, al decir del profesor Ramón Legón en sus palabras inaugurales:

“Esta vez, curador y artista proponen el proyecto de esa obra, objeto ambivalente y ficcional.  Y lo sitúan en un terreno para todos. El artista propone, el curador exhibe y los públicos recepcionan un significado en curso y cada uno lo completa.”

¿Prima la imaginación? Quizá la utopía… Una verdadera  “ecología” de proyectos que incluye la instalación, el muralismo, el performance, la escultura monumental. Para los jóvenes curadores- Yanna Velázquez, Josvel Vázquez, Dailé Escalona- , este nuevo enfoque sitúa a nuestro Salón en el centro de la contemporaneidad marcada por los grandes espacios galéricos.

“Acá se presenta las concepciones de obras que no se han materializado por diversas causas, algunas por el amplio inventario recursivo que implican, otras incluso irrealizables.”

Y si la pauta la marca el mundo, nosotros, desde esta “provincia del universo”, también optamos por trazar una raya oblicua, distintiva, que impone no pocos desafíos  a los jueces que tienen a su cargo el otorgamiento de lauros durante la esperada noche de los Premios de la Ciudad. Prometedor ha sido descubrir la confluencia de varias generaciones de artistas, desde  iniciados aprendices de El Alba, academia profesional de la ciudad,  concomitando con otros ya establecidos, de la talla de Lauro Hechavarría, Argelio Cobiellas, Dagoberto Driggs, etc.

Desde la incitación a cuidar el medioambiente, con una serie de esculturas de animales en peligro de extinción, a escala natural, diseminadas por espacios públicos de la ciudad; metáforas escultóricas a la leyenda de Sísifo desde un homenaje al escarabajo pelotero; instalaciones comestibles que aluden al constructos y estereotipos de la mujer cubana; pueden encontrarse en “Sin título S/T “. Todas apelando a la interacción directa con el público.

Dinamizan el Salón, el proyecto expositivo “El juego es un derecho” que comprende cinco acciones colectivas a cargo del artista Dagoberto Driggs, cuya esencia ubica en una misma línea temática el rescate de elementos lúdicos presentes en la formación de varias generaciones de cubanos junto al cuidado de los niños. Otra loable proposición se registra en el mural “Camino del hierro”, del reconocido artista Lauro Hechavarría. Con el uso de la técnica de esmalte sobre pared, se ha diseñado un verdadero recorrido por la historia y desarrollo del ferrocarril que, desplegado en las inmediaciones de nuestra antigua estación, pretende contribuir a la cultura y ambientación de Holguín.

Así conforman un novedoso panorama visual que impacta directamente en el espectador, quien puede obrar, cual primer magistrado y discernir dentro de esta llamada “ecología visual” notables contrastes, los que obligan a ejercer una lectura crítica aún al ojo más inexperto.

No se aboga acá por enjuiciar lo que a claras luces se concibió como proyectos. O sea, no se está evaluando la obra en sí. Transgresora apuesta esa de mostrar, únicamente, una concepción ideo estética. Palabras más, palabras menos. Pequeños bosquejos, esquemas y anteproyectos no equivalen a la magnitud de una obra, al hecho de apreciarla en toda su dimensión, desplegando su capacidad de provocar sensaciones, reflexiones y no pocos cuestionamientos en el espectador.

Quizá este nuevo enfoque sea síntoma de lo que, en cuestiones artísticas, aún nos queda por aprehender. Quizá todavía nuestros públicos aun no asimilen, reconstruyan y se apropien de los códigos que maneja el arte a través de una mínima ficha.  Lo que acá se muestra no responde a futuros anteproyectos, cuya materialización en el tiempo será posible. Hablamos de agujeros negros en plena ciudad, o intervenciones que implican mutilaciones. Del otro lado de la balanza se exhiben proyectos nimios, supuestos “tótem” y “juegos crípticos” que buscan abrirse paso entre sus competidores pero no dan, como bien se expresa , en el “clavo” visual.

En conclusión, se advierte la intención por repensar nuestro Salón; romper con las pautas tradicionales de las artes visuales y proporcionarle una dinámica otra, airear este espacio de la creación artística en la Isla urgido por concertar nuevos públicos, nuevos cuestionamientos, nuevas búsquedas.

 

 

 

Teatro “A dos manos” en 36 Semana de la Cultura Holguinera

 Nuevamente el arte teatral se presentó en esta 36 Semana de la Cultura Holguinera, esta vez, desde la agudeza teatral que logra componerse “A dos manos,” elenco santiaguero invitado con una obra distintiva, “Mujer con flores… e ideas en la cabeza.” Vuelven a la carga sobre una temática actual, llena de múltiples matices por explotar: el entronizado mal del burocratismo y sus artífices. O, en su defecto, ¿cómo ser un sobrepeso en Cuba? Acudimos a la historia concebida por Nancy Campos y Dagoberto Gaínza, dos experimentados creadores de las tablas santiagueras, cuya impronta  impronta ha calado fuerte durante casi medio siglo.

Hablamos de verdaderos entregados, para quienes el teatro ha sido vida, alimento. Lo afirma toda una trayectoria desplegada en el Conjunto Dramático de Oriente, que luego de la división político administrativa adopta el nombre de Cabildo Teatral Santiago. Le seguirían los años fundacionales del Grupo Calibán teatro devendido en A Dos Manos, en 2002.

Privilegiada por ser una de las dos propuestas reservadas para el Teatro Suñol,  podemos afirmar que la pieza constituía un momento único para el arte teatral. Lástima que la pequeña sala Alberto Dávalos contara con un reducido, pero selecto grupo de espectadores, entre ellos, Frank Padrón, Félix Beatón, Renecito de la Cruz, René Bruzón.

Protagonizada por la joven actriz Arisleidis Reyes, quien encarna a una mujer honesta, trabajadora  disciplinada, “un simple bacalao aspirante a sobrepeso”, que roza las fronteras de la alucinación transformada por el oportunismo y los muchos beneficios aparejados a ese frecuente suceso de ascender, por obra y gracia, de ser jefe. (O congraciarse con él, lo mismo da).

Poco andamiaje, vestuario a tono, gestualidad acentuada caracterizan la pieza que ha sido representada en un supuesto basural. Lo que bien pude denominarse como una función divertida, considerando los avatares de la entonces humilde trabajadora, hoy una “sobrepeso” consagrada, transcurre a un nivel de lectura más profundo; evidenciando males como el favoritismo, la actitud condescendiente y las prebendas.

Enunciando el programa de mano, presenciamos cómo “un acto de confesión nos lleva de la mano por su historia de vida, como ciudadana ejemplar y portadora de paradigmas o arquetipos, que le dan cuerpo y energía para vivir.”

Una realidad queda constatada: no resulta fácil salir del laberinto y las trampas que suponen la burocracia. Autora de un libro inexistente, construye su propio universo en torno a la frustración y extravagancia, respaldada por una dulce locura.  Inopia y grandeza. Alucinación y miedo. Crisis y pensamientos profundos lideran esta puesta que revisita un texto de Carlos Leyva Bonaga, asumiendo con reto y mejorables destrezas, para incitar la reflexión, y de paso, rememorar no pocas vivencias del día a día.

Los reversos fotográficos de Oscar Gordillo

Inauguración de la exposición Reverso de Oscar Gordillo (foto Carlos Rafael).

Por Erian Peña Pupo

La exposición Reverso, del joven fotógrafo y diseñador holguinero Oscar Gordillo Gómez –inaugurada en la pasada edición de la Feria de Trovadores en el bar Rino del Callejón de los Milagros– me hizo repasar una vez más algunos de los ensayos más conocidos de la reconocida escritora, novelista y ensayista estadounidense Susan Sontag (Nueva York, 1933–2004).

No es que la obra de Susan Sontag se relacione directamente con el trabajo fotográfico de Oscar Gordillo, las obsesiones de uno parecen estar alejadas de las del otro, al menos a simple vista, pero Susan nos da útiles herramientas conceptuales para la observación e interpretación –y esa es la palabra que presupone el acercamiento con la sugestiva y en ocasiones surrealista obra de Oscar– de la fotografía y de las artes en sentido general.

“La interpretación presupone una discrepancia entre el significado evidente del texto y las exigencias de (posteriores) lectores” y al mismo tiempo “pretende resolver esa discrepancia”, sabiendo que “comprender es interpretar” e “interpretar es volver a exponer el fenómeno con la intención de encontrar su equivalente”, nos dice Susan Sontag en su conocido ensayo Contra la interpretación (1964). En la ambivalencia de esta comprensión de la que habla Susan, ambigua como toda obra de arte y amplia en horizontes y visiones desde los recursos de la fotografía y en ocasiones, su posterior intervención, se mueven las doce piezas que componen la exposición personal Reverso.

Obra Discurso – Oscar Gordillo

Desde el mismo nombre –y la utilización del prefijo re en el título– las piezas de Reverso nos muestran la otra parte de una realidad medianamente cognoscible y también, por eso mismo, poética. Aunque no siempre veamos el fragmento opuesto al visible, ese otro lado de la moneda que apostamos más de una vez a la obra de artistas jóvenes en el panorama nacional, observar piezas como “Dos de ciudad”, “Conexión”, “Las aguas del mar” y “Colgado en el cielo”, nos demuestra que Oscar es un poeta de la cámara: un artífice de fotografías como estas debe estar poseído, necesariamente, por una sensibilidad poética –lírica en su esencia y en su amplitud– detrás del hecho aparentemente sencillo de obturar y atrapar una imagen cualquiera.

Inanimadas sí, pero no inamovibles, sin la presencia humana como protagonista fundamental –aunque su paso perdurable hasta cierto punto es presencia constante y lo que vemos es precisamente resultado de ese transitar humano–, las obras de Oscar Gordillo, muestran una sensibilidad urbana, minimal, detallista, como si en eso, en ese instante dúctilmente atrapado, y en ocasiones trabajado, superpuesto, mezclado, en el detalle mismo, en esa fuga apresada en su cámara fotográfica, en el ojo y en la mente del artista, le fuera la existencia.

Nos dice Sontag que los contextos, las intenciones y los resultados articulan la esencia de la fotografía, al menos en los grandes fotógrafos del siglo XX que estudia la ensayista norteamericana: Arbus, Cartier–Bresson, Evans, Avedon, Warhol… y añadiría, además, a Robert Mapplethorpe. En las fotos de Oscar Gordillo, en blanco y negro, muchas veces intervenidas, y ahí subrayo su trabajo como diseñador y además, como estudiante de dirección de fotografía en la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del ISA en Holguín, los contextos son variables, como deben serlo en una muestra pequeña pero abarcadora como esta: el mar, las costas de Gibara, el Cristo de La Habana, la ciudad en su amplitud, vista en ocasiones desde arriba en su amplia dimensión, algunos instrumentos musicales: la guitarra –las manos sobre las cuerdas–, el piano, la percusión, estos en piezas como “Alejandro”, “Dentro del foco”, “Caricia”, “Escudo”, “En partes”, “Te veo claramente” y “Touch”. Las intenciones, y claro que las tiene Oscar, tendríamos que preguntárselas al propio autor y seguro distaran un poco –como debe ser también en estos casos– de lo que podríamos nosotros interpretar, las necesarias “discrepancias” de las que hablaba Susan Sontag en su mencionado ensayo. Los resultados, en cambio, son apresables y distinguibles por todos los que visiten la muestra fotográfica Reverso y se adentren en un universo interrogativo y soñador y no por ello menos abierto a la multiplicidad de respuestas e interacciones.

 

Varias de las piezas funcionan como resortes semióticos abiertos a múltiples significados e interpretaciones –sí, en ninguna de ellas hay nada de ingenuidad–, entre ellas “Discurso”, una de las fotografías más interesantes de la muestra, al menos para mí y que recuerda, por momentos, aquella obra enigmática y cuestionadora de Antonia Eiriz (1929–1995) donde presenciamos/estamos frente a una tribuna: al Cristo de La Habana –sí, es el Cristo– el joven artista ha superpuesto un micrófono o la sombra de un micrófono cerca de una cabeza ausente pero no por ello menos interrogativa, inquietante. El Cristo, desde su prédica y su pedestal que funciona como tribuna y rodeado por verjas aislantes y levemente cortantes, aunque no lo parezcan, parece guiarnos en su discurso hacia una salvación distante y no por ello menos apreciable y necesaria.

“El verdadero arte tiene el poder de ponernos nerviosos”, nos recuerda la autora de Sobre la fotografía, Bajo el signo de Saturno y El amante del volcán, y estas fotografías –ajenas a sentimentalismos, destellos innecesarios y redundancias poéticas– nos inquietan, sí, y seguramente nos seguirán inquietando desde la belleza de las sencillas cosas, esas cuyas esencias con más difíciles de atrapar con el lente, mientras desentrañamos/interpretamos los reversos fotográficos que nos ofrece Oscar Gordillo Gómez.

 

 

Rehabilitación de la memoria histórica: Lunes de Revolución en el campo intelectual cubano

lunes-revolucion-grethel-domenech

Hace poco un amigo, ahora residente en Argentina, la tierra de Jorge Luis Borges y Mercedes Sosa, me dijo vía Internet: “Pasa por esta dirección y recoge el libro que te dejé la última vez que estuve en Holguín y no nos encontramos”. Pero aquel no era “un libro” cualquiera, sino “el libro” que publicó en 2015 y del que habíamos intercambiado comentarios, correos, mensajes… El libro al cual dedicó varios años de investigación exhaustiva y que obtuviera mención en el cotizado Premio Casa de las Américas en 2011.

Hoy todavía no he buscado el libro y lo lamento: Leandro Estupiñán me hubiera dado otras buenas pistas con su texto Lunes: un día de la Revolución Cubana para comprender mejor los vericuetos de la verdad en otro libro necesario para cartografiar los avatares de la historiografía cubana, un texto con el que la joven profesora de Historia Grethel Domenech obtuvo el Premio Calendario de ensayo en 2016: Rehabilitación de la memoria histórica: Lunes de Revolución en el campo intelectual cubano (1959–1961).

A varios no les dirá mucho este nombre: Lunes de Revolución… pues el magazine, suplemento cultural del periódico Revolución, que entonces era el órgano oficial del M–26–J en los inicios del triunfo revolucionario cubano, se ubica en lo que podríamos llamar “historia no oficial” o al menos aquella que no aparece en los libros canónicos, mucho menos en los manuales docentes de Historia en cualquier nivel de enseñanza en Cuba.

Las razones del silencio podrían ser varias. Quizá todas ellas juntas. Una de ellas: quizá Lunes… fue una de las publicaciones más democráticas y atrevidas de la historia del periodismo y la literatura nacional. Una R invertida sería el identificativo de la publicación. Dos: varios de sus creadores, Carlos Franqui, director de Revolución, y el temido Guillermo Cabrera Infante, han pasado a ser personas non grata en muchos ámbitos y escenarios. Muchos de sus colaboradores han corrido similar suerte, aunque quizá en menor medida: Virgilio Piñera fue uno de ellos. También Antón Arrufat, Rine Leal, Calvert Casey, César López, Heberto Padilla, Pablo Armando Fernández… Tres: las pugnas por el poder y el dominio de la cultura en los tambaleantes años 60 pusieron a Lunes… en el centro de mira de los decisores políticos y también bajo la vigilancia del ICAIC y su director, Alfredo Guevara. Cuatro: Los de Lunes… no simpatizaban con el comunismo soviético en ninguna de sus extensiones, entre ellas el estalinismo Cinco: Esta no era solo una publicación. Estaba ampliando su diapasón para convertirse en un complejo proyecto sociocultural y también sociopolítico.

Del magazine Lunes de Revolución nos habla Grethel Domenech en un libro bien documentado que compendia para el lector cubano la historia de una de las publicaciones míticas en la Cuba revolucionaria. Grethel se enfoca en su influencia en el campo intelectual cubano a manera de rehabilitación histórica… Pero partamos de algo: los años 60 eran inciertos y por extensión tambaleantes en todo su sentido. La Revolución misma –que nacionalizaba propiedades, entregaba tierras, llamaba a las aulas– sorprendió a muchos metidos de lleno en la perplejidad de la noticia. Sarte llegaba a Cuba y decía que esta era una Revolución sin ideología y eso asombraba al mundo: una Revolución sin ideología que convocaba en la euforia de esos días a miles de personas a las calles. Un huracán sobre el azúcar, diría el famoso filósofo francés. La cuestión sería fácilmente resuelta: poco después se decretaría el carácter socialista de la Revolución Cubana y así su inclinación en el mapa geopolítico mundial hacia la Unión Soviética y sus derroteros.

La pugna de poderes –cosa que tampoco aparece explícita en los libros de docencia– era intensa y Lunes… reflejaba esto: las polémicas entre diferentes bandos sobre cómo encaminar la cultura naciente en un país también naciente entonces… Además, el magazine estaba hecho por jóvenes con inclinaciones literarias que no habían participado en la Sierra y tenían sobre sí ese estigma: jóvenes que desde la cultura y sus inflexiones pensaban acompañar a la Revolución siempre que no se asomara la mano peluda del estalinismo cultural.

Grethel Domenech aborda con profundidad y a través de ejemplares de la misma revista, diferentes temas en relación con Lunes: sus inicios, el innovador diseño a cargo del francés Jacques Brouté y la participación de diversos artistas cubanos, las disputas ideológicas, el compromiso intelectual, las licencias en el arte, la creación artística y literaria en sus páginas, los ataques al grupo Orígenes, las disputas con El Puente, los enfoques por una plástica, una literatura, un teatro, un cine revolucionarios y comprometidos…

El final de Lunes de Revolución de acercaba, la mesa estaba ampliamente servida: la inicial censura del corto PM; la reunión de los intelectuales con Fidel en la Biblioteca Nacional y la famosa (y tergiversada) frase de que “con la Revolución todo, contra la Revolución nada”; la creación de la Uneac como acuerdo de su primer Congreso y el nacimiento de La Gaceta de Cuba como una revista en la que se mirarían todas las estéticas e inquietudes del momento.

Si algo le reprocho al libro de Grethel Domenech –minúsculo el hecho si lo comparamos con las virtudes que aporta la investigación, sobre todo para el lector neófito que desee adentrarse en los vericuetos de los años 60 en Cuba–, además de pequeños errores en edición, es la nula utilización de entrevistas a fuentes vivas que hubiesen equilibrado las intenciones primarias, en contraste con su profusa documentación bibliográfica.

Rehabilitación de la memoria histórica: Lunes de Revolución en el campo intelectual cubano (1959–1961) muestra una R en rojo que nos inquieta desde la cubierta. Pero es una R inhiesta, no invertida. Aun me queda leer el otro libro sobre Lunes… pero, sin dudas, el de Grethel Domenech constituye uno de los acercamientos más inteligentes, y de por sí necesarios, a una de las publicaciones más importantes, polémicas e ineludibles en las casi seis décadas de la Revolución Cubana.

Por Erian Peña Pupo

Tomado de www.ahs.cu

Cosme Proenza y sus aproximaciones pictóricas a Henri Matisse

El artista holguinero Cosme Proenza se aproxima a la obra de Henri Matisse en su más reciente exposición (foto Erian Peña Pupo)

Cuando a finales de 2015 visité la casa del pintor Cosme Proenza Almaguer, con el objetivo de realizarle una entrevista al creador de las conocidas series Los dioses escuchan, Boscomanías y Manipulaciones, en compañía de mi amigo, el periodista y crítico Rubén Ricardo Infante, el artista holguinero nos mostró algunos de los cuadros en los que trabajaba entonces.

Recién había concluido una serie donde incursionaba en la obra del francés Henri Matisse (1869–1954) y varios de aquellos cuadros colgaban, aun frescos, elegantes y coloridos, en las paredes de su casa, contrastando con el resto de las piezas, también formando parte de la decoración del hogar, en donde Cosme evoca la pintura del Renacimiento y la obra, entre otros, de Jheronimus Bosch, El Bosco, y Pieter Brueghel, el Viejo. En su taller, aun sobre el caballete y sin terminar, descansaba “Otoño”, un cuadro trabajado desde la óptica de Pieter Brueghel, que mostró recientemente en la sede provincial de la UNEAC.

Estos cuadros aún no han sido expuestos, nos dijo Cosme. Notamos que teníamos entonces el exquisito privilegio de estar entre los pocos que observábamos aquellas nuevas figuraciones casi recién nacidas de la mano y la mente del reconocido artista holguinero. Además, nos comentó que había finalizado unos cuadros abstractos titulados Tetris, precisamente como el videojuego de puzzle creado en la Unión Soviética por el ingeniero informático Alekséi Pázhitnov. A simple vista aquellos cuadros que recordaban la obra de Matisse –los de Tetris no formaban parte de decoración del lugar– parecían estar ajenos e integrarse al mismo tiempo a la cosmovisión amplia, profunda, investigativa, que ha caracterizado la obra de Cosme Proenza Almaguer (Holguín, 1948).

Actualmente estas piezas –las relacionadas al famoso pintor francés, los cuadros abstractos que desarrollan las posibilidades geométricas del juego Tetris y varias obras análogas a esta última, tituladas Pintura– se exponen bajo el título Variaciones sobre temas de Matisse en el Centro Provincial de Arte de Holguín, con curaduría de Ángel San Juan, Josvel Vázquez y Daile Escalona.

La Sala principal de la institución holguinera expone las piezas relacionadas con Matisse, 31 obras en total, en óleo sobre tela, además de “Ventana azul” y “Estudio rojo”, copias que Cosme realizara en 1976 y 1978, respectivamente, a los conocidos cuadros del artista francés. Entonces el pintor (aunque también ha trabajado el grabado, los murales y la cerámica) trababa de democratizar sus conocimientos del arte occidental y según nos contó en aquella entrevista: “Cuando regresé de Ucrania hice una exposición en la biblioteca provincial de Holguín, Alex Urquiola. Se hicieron unos paneles y ahí hice mi exposición del regreso. Esa fue una etapa importante porque hice dos exposiciones de copias de grandes pintores. A ese tamaño, como podía hacerlas, ese fue el primer paso hacia una estructura de análisis de lo que iba a trabajar en el futuro. Ya estaba trabajando, democratizando esas cosas, las estaba exhibiendo y dando conferencias de qué se trataba, quién era este pintor, quién era el otro; esa es una manera muy pública de aportarle a la gente”.

Los coloridos paisajes de Matisse, caracterizados por el uso original y fluido del dibujo –cercano en los inicios al fauvismo hasta que desarrolló un lenguaje propio a comienzos de la década del 20 del pasado siglo, poética de una impronta innegable por demás dentro del arte moderno– se mezclan con otras apropiaciones del arte occidental, entre ellas los desnudos de “La gran odalisca” y “La bañista de Valpinçon”, conocida también como “La gran bañista”, ambas de Dominique Ingres, y “El nacimiento de Venus”, de Sandro Botticelli. Aquí esas obras, clásicas dentro de la Historia del Arte occidental, como otras de las que se apropia Cosme, se “corporizan” dentro de las figuraciones planas y distorsionadas respecto a la perspectiva, de Henri Matisse, y se integran, por tanto, a un paisaje alucinante, hermoso, colorido y por extensión, posible.

“Yo tenía una cuenta pendiente con la obra de Henri Matisse. Había hecho unas copias de su obra, lo dejé y luego lo retomé. En 2014 pinté uno detrás del otro, porque me divertí como si estuviera en la mejor fiesta del mundo, fui feliz, sin presión, sin momentos tortuosos, cada cuadro era una fiesta. Estudié lo que me faltaba de Matisse, luego empecé a aplicarlo de una manera más abstracta y después, retorné al concepto de mi trabajo, es decir, la representación de los grandes íconos de la Historia del Arte, como el Renacimiento y el Barroco”, explicó Cosme a los medios a propósito de Variaciones sobre temas de Matisse.

“Lo más interesante fue la batalla entre contrarios. Por un lado, la representación con luces y sombras, y volúmenes, y por otro, llevar eso a la obra plana de Matisse, donde él rompía con la perspectiva y las posibilidades de representación que no fuera la superficie del cuadro. Entonces, me vi en la disyuntiva de cómo hacerlo sin que perdiera su belleza primigenia, y el resultado en conjunto es muy feliz”, expresó al artista holguinero.

Otra de las salas del Centro de Arte acoge las piezas de la serie Tetris, óleo y acrílico sobre tela, basada, como refería anteriormente, en el juego de igual nombre que, al decir del artista, representan las relaciones espaciales entre una forma y el resto del cuadro. Y además, las firmadas con el nombre Pintura, entre ellas “Natividad”, “Pietá” y “Resurrección”, donde el artista explora los mitos cristianos, temas recurrentes en la trayectoria artística del autor. “Hay cuatro piezas relacionadas con la historia de la religión cristiana, que tiene una raíz tradicional, pero en estas obras no hay nada de ello, pues es un espacio donde se adivina el personaje y puedes ver, poco a poco, lo que abordan. Son obras de alto cálculo, que requieren de mucha exactitud, pero la observación humana necesita de tiempo y cierto conocimiento. La pintura si la ves y te hace feliz el color, ya cumplió su objetivo”, subrayó al respecto el reconocido artista que ostenta, entre otros, la Medalla Alejo Carpentier, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Maestro de Juventudes, entregado por la Asociación Hermanos Saíz.

Estas obras, sobre todo para quien “encasille” el trabajo de Cosme dentro del “preciosismo visual” y el “detallismo” de sus anteriores series, por las que es conocido, y donde el artista holguinero ha forjado reconocibles “mitologías individuales”, y donde lo simbólico y lo mítico, mediante el uso de diferentes signos e intertextualidades, acompañan al ser humano en un vía crucis artístico a través del estudio de los códigos del arte europeo, pueden parecer alejadas de su poética, aunque no del amplio proceso investigativo que corona su quehacer creativo. Él lo ha dicho en más de una ocasión: “Yo más que un pintor soy un investigador, y eso es lo que quiero que el público interprete”. Aquella tarde de inicios de diciembre en que conversamos en su casa y ante la última pregunta del cuestionario: “Cosme, puedo decir entonces que su pintura es investigación”, no vaciló en responder: “Es eso, es pura investigación”. Y así me parece después de recorrer más de una vez Variaciones sobre temas de Matisse.

Escrito por Erian Peña Pupo. Fotos: Cortesía del autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Es esta María la O

 

Momentos finales de Es esta María La O, por el Teatro Lírico de Holguín (foto Carlos Rafael)

A 87 años de estrenada María la O en el habanero Teatro Payret, una de las obras fundamentales del género lírico en Cuba, específicamente de la zarzuela, el Teatro Lírico de Holguín Rodrigo Prats realizó una versión operática de la misma bajo el nombre Es esta María la O.

 

Con música original del maestro Ernesto Lecuona (1895–1963) y libreto de Gustavo Sánchez Galarraga, María la O tuvo su primera puesta en marzo de 1930: entonces subieron a escena, entre otros reconocidos intérpretes, Conchita Bañuls, Miguel de Grandy, Julio Gallo y Natalia Gentil, para representar una historia de amor, celos, traición y muerte, ambientada en La Habana de 1830 y que, en sus inicios, tuvo como referente fundamental la clásica novela Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, de Cirilo Villaverde, obra que un año más tarde el maestro Gonzalo Roig (1890–1970) convirtió en otra conocida zarzuela.

Desde el inicio, y además, desde el propio nombre de la obra, sabemos que no estamos en presencia de una versión clásica del también sainete lírico María La O, sino de una recreación a partir de la música de Lecuona y los textos de Galarraga –más de la música que de los textos, pues muchos de estos fueron sustituidos por canciones del propio Lecuona– de una de las más importantes obras de la escena lírica cubana. El argumento es bastante conocido y podría resumirse en algunas líneas: María la O es una bella mulata con varios pretendientes, entre ellos el aristócrata español Fernando de Alcázar, el Niño Fernando, y el mulato José Inocente, un curro del Manglar que ama intensamente a María sin ser correspondido y que ha jurado quitarle la vida a aquel que dañe a su amada. María la O se enamora de Fernando sin saber que está prometido con la Niña Tula, hija del Marqués del Palmar. María, traicionada, se propone vengarse, pero José Inocencio mata a Fernando en mismo día de su boda, cumpliendo así su promesa de proteger el honor de María La O.

El Teatro Lírico de Holguín Rodrigo Prats presentó la versión operática Es esta María la O (foto Carlos Rafael)

Reponer María La O –después de añadirle cambios en su estructura, entre ellos llevarla a dos actos y sustituir varios parlamentos originales por canciones de Lecuona y temas afines que mantienen cierta asociación con la obra, entre ellas: “Aquí va”, “La conga se va”, “Faisán”, “El Jardinero y la rosa”, “Recordar”, “Te vas juventud”, “Al fin”, “Dónde está el amor”, “Canto Karabalí”, además de las “Danzas para piano”, varias de ellas con versión en los textos de Alfredo Mas y versión orquestal del maestro Oreste Saavedra– es bastante arriesgado en cualquier circunstancia: esta es una obra conocida y representada en el escenario cubano, y es además, la zarzuela más representativa, junto a Rosa la China, del amplio quehacer musical de Ernesto Lecuona. Aun así, el Lírico holguinero llevó a escena una puesta dinámica, atractiva, cubana y de una calidad distinguible, armónica, dentro del repertorio del conjunto dirigido por María Dolores Rodríguez: demostró con creces que podía asumir una obra de este tipo.

En la puesta, con versión y dirección artística de Dulce María Rodríguez, uno de los principales atractivos es la interpretación de los cantantes que asumen los papeles protagónicos. Más allá de las cualidades actorales de los mismos, el desempeño vocal de los cantantes convierte al Lírico holguinero en una de las compañías mejor formadas de la escena cubana. El elenco fue variable en las diferentes noches del programa: Liudmila Pérez, Yulianni Sánchez, Betsy Remedios y Maylin Cruz, como María La O; Yuri Hernández y Camilo Hijuelos, como el Niño Fernando; Alfredo Mas, Abel Carballosa y Jorge Nelson Martínez, como José Inocencio, y Dianelis Torres, Loreta Rodríguez y Dania López, como la Niña Tula.

El Teatro Lírico de Holguín Rodrigo Prats presentó la versión operática Es esta María la O en el Teatro Eddy Suñol (foto Carlos Rafael)

Quiero, asimismo, subrayar las interpretaciones en sus respectivos roles protagónicos –pertenecientes a la noche en que presencié la puesta– de Betsy Remedios, quien entregó una de las bellas apropiaciones de la célebre romanza de María La O; el experimentado Yuri Hernández; Jorge Nelson Martínez y Dianelis Torres, además de Isabel Torres y Alfredo Calzadilla, como la Condesa Gertrudis y Marques del Palmar, respectivamente. Además, es necesario subrayar la calidad, en buena medida, del resto de los intérpretes, el coro y el ballet. También el diseño de escenografía de Alejandro de la Torre y el de vestuario, del reconocido Sergio Ochoa, quienes nos trasladaron a La Habana variada y criolla de inicios del siglo XIX; la coreografía de Alejandro Millán; el diseño de luces de Dulce María Rodríguez y la dirección coral de Damaris Hernández.

Otro de los valores imprescindibles de Es esta María la O es la presencia en vivo, desde el foso del teatro, de la Orquesta Sinfónica de Holguín, con arreglo orquestal del maestro Felix Guerrero y dirección orquestal y arreglos de la música adicionada del reconocido Oreste Saavedra. La Orquesta, como pocas veces sucede en la presentación de una zarzuela y obras similares, le aportó el aire primigenio, señorial y cubano, engrandecido por la calidad del colectivo holguinero, de la puesta creada por Lecuona y Sánchez Galarraga en 1930.

La Orquesta Sinfónica dirigida por el Maestro Oreste Saavedra junto al Teatro Lírico Rodrigo Pats de Holguín (foto Carlos Rafael)

Asimismo, en el intermedio de la obra –auspiciada, además, por la Dirección Provincial de Cultura, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y el Complejo Cultural Eddy Suñol– fueron reconocidos varios miembros y artistas relacionados al Teatro Lírico de Holguín Rodrigo Prats, entre ellos Bertha Hernández, Julio Proenza, Alejandro Millán, Jorge Luis Velázquez, Eduardo Vidal, Andrés Rubio, Yuri Hernández, Liudmila López, María Elena Rodríguez, Yunio Gallano, Rosario Aguilera, Martín Arranz, Sergio Ochoa, María Luisa Clark, Alejandro de la Torre, Oreste Saavedra, Marcos Fuentes y Ernesto Infante.

Además, en nombre del Sectorial Provincial de Cultura y el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, Rachel Heredia y Yanet Pérez, respectivamente, reconocieron al colectivo holguinero que este año celebra su 55 aniversario de fundado por el barítono Raúl Camayd, el 16 de noviembre de 1962, momento que marcó ineludiblemente un antes y un después en la vida cultural holguinera.

 

El Charles Chaplin de Cuba y la dignidad del hombre

Un hombre con un bigote entintado, que viste traje negro de largas costuras y una corbata enlazada al descuido y que, bastón en mano, siempre regala una sonrisa es un personaje singular que por años años ha caracterizado las Romerías de Mayo.
Su caminar de pasos abiertos y su sombrero lo distinguen como El Chaplin de Cuba, incluso a tal extremo que Eduardo Almirante Caula prácticamente ha “perdido” su nombre, pues el personaje de Charlot es más que una simple interpretación: lo asume como un estilo de vida en toda su dimensión, desde la sátira, lo absurdo hasta la dignidad y compromiso ético con el arte.
Y es así que a Eddy, como cariñosamente le llaman algunos, se le sale por los poros su amor por la pantomima y su vocación de mago cuando encarna a ese genio del cine y deambula “de aquí para allá”.
Quienes creen que el tiempo no significa nada, sépase que lleva más de 30 años “metido” en el personaje y para él no es asombro pasarse unas 20 horas diarias trabajando, caminando por toda La Habana o simplemente de un extremo a otro del país para provocar felicidad.
Tal vez algunos lo tilden de loco o ingenuo, y entre ese ir y venir por toda la Isla, Eddy confesó a la ACN que es difícil encontrar a algunas personas que no se hayan reído con un gesto suyo, porque aquellos de cara compungidas terminan “enseñando los dientes y no hay nada más aliciente para mí que haber logrado una sonrisa”, afirmó.
Al difunto Luis Manuel Menéndez, director del curso de Payasadas del Circo Nacional de Cuba, se le ocurrió la idea de Chaplin, porque según él, yo llevaba el personaje dentro y sólo necesitaba un empujón, declaró Almirante durante las Romerías de Mayo, que acontece por estos días en Holguín y que lo incluye como figura principal en su póster de presentación.
Varios actores han llevado a escena al personaje de Chaplin, pero cada quien lo hace de manera peculiar porque Charlot sigue siendo un ícono de la historia del arte y quien intenta parecerse no lo logra por mucho que se esfuerce; no por gusto es el genial cómico de todos los tiempos, señaló.
Sin embargo, lo que ha hecho a Eddy un Chaplin cubano es su manera de hacer el proceso de actuación y habría que ver dónde se separan la vida real y la ficticia, porque como afirmó, “el personaje tiene una gran significación social, representa la dignidad del hombre con o sin dinero, pero, sobre todo, sin dinero; y esa es la connotación que tiene Charlot para mí.”
Si se le tiene amor al trabajo es difícil separar a Eddy y al actor, y es que el personaje de Charles Chaplin critica con vistas a la reflexión profunda, y somos actores de Cuba y socialistas; por tanto, creemos, y luchamos, para que no exista explotación del hombre por el hombre y ni bloqueo, apuntó.
Para asumir a Chaplin se debe ser un guerrerista natural contra lo mal hecho, hay que ser un eterno joven rebelde como los que protagonizan las Romerías… y conservar siempre los ideales puros de la esencia humana, señaló Almirante, quien actualmente se desempeña en el proyecto Laboratorio Teatral Tabarín, de La Habana.
Eduardo puntualizó que desde niño comenzó a hacer teatro, cine y televisión y como su pasión por las artes escénicas era tan fuerte, dejó la universidad para hacerse actor y se mantuvo ocho años trabajando en el Instituto Cubano de Radio y Televisión mientras estudiaba en la escuela de circo.
Múltiples son sus méritos y lo cierto es que no hay un evento cultural al que no lo inviten, porque “cuando guardo el personaje, me dicen que lo saque de nuevo”, refirió.
Este hombre que transpira amor, magia, sencillez y humildad, aseveró que “él se sacrifica para que otras personas sonrían, porque como dijera Chaplin Sonríe que la vida es corta, la sonrisa solo dura un instante y perdura para toda la vida, es la señal eterna de la amistad profunda, no hay quien no la merezca ni quien no la reciba con agrado”.