Taller de Grabado, conocer la historia para preservar el legado

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López y Kevin Manuel Noya

Un amplio abordaje por la historia del grabado en la provincia –que en buena medida es la historia del Taller de Grabado– realizó el historiador del arte Ernesto Galbán en una conferencia en la Sala Electa Arenal del Centro Provincial de Arte como parte de Taller 50, evento dedicado a las cinco décadas de la fundación del mítico Taller de holguinero.

Creado el 12 de noviembre de 1969, bajo el empeño fundador de los artistas Nelson García, Julio Méndez, Jorge Hidalgo y Roger Salas, el Taller “ha sido un lugar donde ha trascurrido parte de la vida cultural del municipio, pues ha proyectado una importante labor dentro y fuera de la localidad a través de la práctica artística, la promoción y la colaboración en la docencia (…) Durante años el Taller ha sido para muchos, lugar imprescindible de reunión, de intercambio entre profesores y alumnos de la Escuela de Arte, así como sitio de confluencias de artistas y de promotores culturales”, escribe Galbán en las palabras del catálogo de la exposición Bajo presión, inaugurada en el Centro.

Galbán subraya la existencia de un antecedente concreto del grabado en Holguín: la pieza La bailarina, xilografía realizada por Rafael Meláneo Aguilera en los años 50 del pasado siglo, a partir de cuyo taco se realizó una obra que se exhibe en Bajo presión, así como Quijote, pieza de Jorge Hidalgo, el primer grabado realizado en el Taller y que ilustró la revista Jigüe, mito cultural que posibilitó la unión de la literatura y las artes visuales.

Aunque se conservan pocas piezas de la década del 70, destaca Galbán en sus palabras, la concreción de exposiciones en el decenio siguiente como Taller 84 y Taller 85, que mostraban la pujanza de las máquinas y los artistas holguineros, permitió un florecimiento del grabado en la provincia y que artistas de otras regiones del país vinieran a Holguín a trabajar en el Taller. “Este intercambio fue muy provechoso –añade en el catálogo–, pues los grabadores holguineros formados sobre la marcha tuvieron la oportunidad de incorporar técnicas que antes no conocían con profundidad y de esta forma también se evidenció que los estudiantes de la Escuela Profesional de Artes Plásticas formaban en aquel entonces una simbiosis interesante con los talleristas”.

Asimismo, Galbán destacó el auge de la colografía en años 90, “un hecho dentro del grabado holguinero y no podemos soslayar su existencia pues la misma fue encontrando importantes espacios, sumó a nuevos creadores así como despertó inquietudes”.

“La situación del Taller ya en el siglo XXI se ha tornado compleja y desventajosa, pues ha habido una especie de sostenida involución de las estrategias creativas que se daban en años anteriores y que ahora lleva a los artistas a replantearse otros modos y maneras para poder rescatar el espíritu y el ánimo de colectividad. Si se salvara el Taller como centro de creación gráfica, el mismo puede abrir un nuevo camino como natural reacción contra la situación de esterilidad en la que se ha visto inmerso en los últimos años”.

El espacio –y las intervenciones por parte de protagonistas y participantes– sirvió para recalcar la necesidad del rescate urgente y necesario “para la cultura cubana, no solo holguinera”, como aseguró Jorge Hidalgo, del Taller y su vínculo con la Academia El Alba.

Si el Taller fue punto de partida para el inicio de lo que Nelson García llamó “la gran cultura holguinera” y nunca ha muerto del todo, como evidencia la obra de los jóvenes artistas, entre ellos los estudiantes de El Alba, e insiste en recalcar el propio Nelson, su preservación natural como epicentro de la creación colectiva, como hervidero del arte, sería un hermoso homenaje a la ciudad en el 300 aniversario que celebraremos en 2020.

El arte de Nelson García en las páginas de Diéresis

Como parte de Taller 50 fue presentada además en la Uneac el número 29 de la revista de arte y literatura Diéresis, ilustrada con la obra del pintor y grabador Nelson García Miranda.

En sus palabras de presentación, la escritora y editora de Ediciones Holguín, Lourdes González Herrero calificó al Taller de Grabado como una “zona irradiante en el mapa ya histórico de las sucesivas fundaciones espontáneamente forjadas en la década del ochenta. Un sitio de labores creativas donde se mezclaron las artes plásticas, la trova, la literatura, y se dialogaba a cualquier hora sobre el acontecer universal de la cultura”.

Justamente Nelson, nacido en Holguín en 1947, fue artífice de la fundación del Taller en 1969. Diéresis rememora el Taller, pues “nuestra Casa Editora –sostiene Lourdes– se benefició plenamente con los grabados que surgían de esas piedras litográficas, ya que pasaron a anunciar nuestros libros desde sus cubiertas, utilizando a menudo gamas de colores que en esos años significaron un alcance mayor para nuestras letras”.

Las obras de Nelson –“Ángeles en el tejado” y “Mascotas”, en la portada y contraportada, respectivamente, además de otras piezas en el interior– acompañan los textos de Diéresis. Nelson, quien reside en Estados Unidos desde 1999, es graduado de la Escuela Nacional de Instructores de Arte, La Habana, en 1965; y durante años se desempeñó como profesor de grabado de la Escuela Profesional de Arte de Holguín. Ha realizado múltiples exposiciones colectivas y personales en Cuba y el extranjero, recibiendo premios y una crítica favorable. “Lo frondoso de una naturaleza tan seductora en sus formas como tan cautivante en sus colores, deslinda un diálogo de policromías que se erige cual perspectiva extrema de la naturaleza del trópico y sus más recónditos parajes; allí la avidez y el capricho de las vegetaciones podían encontrarse con el aliento y la exacerbación de los sentidos, en una dilatación que bien podría refrendarse con el mismísimo Alejo Carpentier en Los pasos perdidos”, escribe Eugenio Marrón en “Nelson García en los fulgores de su obra”, texto con que inicia la revista.

El número 29 de Diéresis (en su nueva época) contiene un acercamiento a la obra del recientemente fallecido poeta, ensayista y profesor Roberto Fernández Retamar, por el historiador y ensayista Félix Julio Alfonso López, texto que sirviera de prólogo a la edición holguinera del necesario libro de Fernández Retamar Caliban y otros ensayos, de 2016; poesía de la holguinera Dorca Ramírez y el importante escritor chileno Jorge Teillier, miembro de la llamada generación literaria de 1950 y fallecido en Viña del Mar, en 1996; y una entrevista de Lourdes González al dramaturgo y narrador holguinero José Luis García a propósito de su novela en proceso editorial “Ambiente de saxofón”, que obtuviera el Premio de la Ciudad este año y de la cual se reproduce un fragmento.

Incluye además el ensayo “La literatura y sus fantasmas más cercanos”, del Premio Cervantes nicaragüense Sergio Ramírez; un Dossier dedicado a los 20 años de Papeles de un naufragio, de Lourdes González, con textos de Mireya Piñeiro, Zaida Capote, Arístides Vega Chapú, Eugenio Marrón, Enrique Pineda Barnet, Atilio Caballero, Moisés Mayán, Kenia Leyva, entre otros; y la acostumbrada sección de crítica y reseñas literarias.

“Es fácil reconocer las obras que perduran, pero este casi es aún más intenso, ya que como todos sabemos, el imprescindible Taller de Grabado de Holguín ha quedado constreñido a nuestro amparo imaginativo y experiencial. Una obra fundada que necesita con urgencia ser rescatada y devuelta a su fulgor primero. De modo que esta celebración conduce al pasado y al futuro, doble vía para entender lo mucho que debemos a su desarrollo y lo mucho que necesitamos volver a escuchar el sonido de las máquinas y las conversaciones apoyadas en las curiosidades intelectuales. Y, claro, tocar con nuestras manos las piezas en las que nuestros creadores trazarán símbolos y signos de este tiempo”, añade Lourdes en la presentación de Diéresis en la Uneac holguinera, a la que asistió, entre otros, Rachel García Heredia, directora provincial de Cultura, momento propicio, además, para la remembranza por los protagonistas de los años de esplendor del Taller, como Nelson García y Julio Méndez, presidente de la Uneac.

 

 

Bajo presión se graba mejor

Por Erian Peña Pupo

Fotos Kevin Manuel Noya

“La fundación del Taller de Grabado de Holguín, un 12 de noviembre de 1969, marcó el inicio de una tradición de arte que no existía en nuestro contexto hasta esa fecha. Con él, se abría una senda de trabajo que conocería sus mejores momentos en la década de 1980, con la realización del Taller ´84 y el Taller ´86, que convertirían a Holguín en una plaza fuerte del grabado a nivel nacional”, asegura el crítico y curador Martín Garrido.

Precisamente un recorrido por la obra gestada en las prensas del Taller de Grabado de Holguín–variado en técnicas, desde la génesis hasta piezas de estudiantes de la Academia de Arles Plásticas El Alba– compone la exposición Bajo presión, inaugurada en el Centro Provincial de Arte como parte de la jornada por el aniversario 50 del Taller.

“Junto a sus fundadores –Nelson García, Julio Méndez, Roger Salas, Jorge Hidalgo, Alejandro Querejeta– y sobre sus huellas, se desarrollarían varias promociones de jóvenes creadores que ganarían, para orgullo del arte local, premios y reconocimientos dentro y fuera del país. Hoy, a medio siglo de su fundación, el Taller de Grabado de Holguín es ya una leyenda que palidece en el tiempo. El presente proyecto es, desde la institución, la expresión consiente de una voluntad encaminada a restaurar una memoria que merece perdurar”, añade Martín en un texto que integra la muestra expositiva.

Nelson García es homenajeado como fundador del Taller de Grabado de Holguín en 1969. Bárbara Yarruhs, subdirectora provincial de Cultura, entrega el reconocimiento al artista.

Encontramos diferentes técnicas del grabado, como la litografía (en piedra), la xilografía(en madera) y la linografía (en linóleo)en piezas de reconocidos creadores como Jorge Hidalgo, Nelson García Miranda, Daniel Santos, Eduardo Leyva, Ernesto Blanco Sanciprián, Freddy García Azze, Ramiro Ricardo, Leticia Leyva Azze, Ronald Guillén Campos… así como en jóvenes creadores y en artistas que, desde otras provincias del país, incluso naciones, encontraban en el Taller, un sitio seguro para la creación.

De Hidalgo se expone una pieza de colección: el primer grabado realizado en el Taller para ilustrar la revista Jigüe, otro mito cultural de esos años que posibilitó la unión de la literatura y las artes visuales. Así como un antecedente del grabado en Holguín –la pieza La bailarina–, xilografía realizada por Rafael Meláneo Aguilera en los años 50 del pasado siglo.

Además, encontramos la obra de artistas como Alexis Proenza, Arsenio Labrada, Alberto Lezcay, Cristina Escalona, Isidro Ricardo, Julio Alarcón, Joaquín Jorge Tornés, Juan José Ricardo Peña, Javier Erid Díaz Zaldívar, María de los Ángeles Vidal, Manuel Arenal…

“No es menos cierto que el Taller de Grabado de Holguín ha sido un lugar donde ha trascurrido parte de la vida cultural del municipio, pues ha proyectado una importante labor dentro y fuera de la localidad a través de la práctica artística, la promoción y la colaboración en la docencia (…) Durante años el Taller ha sido para muchos, lugar imprescindible de reunión, de intercambio entre profesores y alumnos de la Escuela de Arte, así como sitio de confluencias de artistas y de promotores culturales”, escribe en las palabras del catálogo de la exposición el historiador del Arte, Ernesto Galbán Peramo.

En el propio Centro de Arte, como parte de la jornada 50 Taller, quedaron inauguradas además dos exposiciones de artistas relacionados al Taller: Ambos lados, del fundador Nelson García Miranda, y Que no le toquen la puerta que el chino está cocinando, homenaje póstumo a Emilio Chiang Fernández, quien fuera maestro impresor del Taller.

García Miranda es pintor y grabador, graduado de la Escuela Nacional de Instructores de Arte, en La Habana, en 1965. Durante años se desempeñó como profesor de grabado en la Escuela Profesional de Arte de Holguín. Por su parte,Chiang Fernández, recientemente fallecido, graduado también en 1965 como instructor de arte, realizó estudios especializados sobre técnicas litográficas en el habanero Taller Experimental de Gráfica.

“El hecho de que esta noche concluyan en un mismo lugar del universo varias exposiciones, representa una suerte de entrecruzamiento de técnicas, conceptos y hasta emociones. El poder hacer coincidir estas sugerentes muestras precisamente a los 50 años de la fundación del Taller de Grabado y en vísperas del 300 aniversario del pueblo de Holguín, resulta un júbilo colectivo”, añade Ernesto Galván en las palabras al catálogo.

 

La mirada gibareña de Bob Michaels

Por Erian Peña Pupo

Conocí a Bob Michaels en el Festival Internacional de Cine de Gibara. Tiempo antes había escuchado de una exposición suya en el municipio Cueto y su imagen nos era conocida a muchos, de verlo, cámara en manos, capturando imágenes en varios eventos culturales holguineros. En Gibara yo traía un pullovers que a él le llamó la atención. “El bloqueo no existir, no existir…”, me dijo entonces, subrayando las capacidades del cubano para defender lo que cree y, crecer continuamente, mediante el arte.

Fotos: Wilker López

Ahora, en días de Fiesta Ibero, Bob expone en la Sala Transitoria del Centro Provincial de Arte una serie de fotografías realizadas, precisamente, en la cita cinematográfica de Gibara.

“He participado en el Festival por muchos años, incluso más allá del evento en sí. Gibara se convierte en un gran escenario donde vemos muchos espectáculos. En todas las esquinas disfrutamos diferentes manifestaciones de arte, representadas en todo el Festival. Incluso sitios como la fábrica de tabaco se convierte en un espacio cultural también, y en las calles se puede uno encontrar con grandes famosos del mundo”, dice.

La mirada de Bob –entrenada desde hace décadas– se acerca a escenas cotidianas, esas protagonizadas por los propios gibareños, más que a los grandes momentos, aquellos de carácter mediático, del Festival de Cine. No los obvia, claro, pues dedica más de una foto a los conciertos y presentaciones teatrales presentadas en la Casa de Cultura, o las proyecciones cinematográficas que se realizan en el cine Giba; pero Bob prefiere observar a la gente, su fotografía es algo más antropológica que meramente periodística.

Así su lente captura imágenes cotidianas durante el Festival: vendedores de cerdo asado y otros productos, artistas callejeros, niños jugando, torcedores de tabaco en la fábrica, personas bebiendo o conversando, una filmación en plena calle, las fiestas populares, que también han copado al Festival, la belleza natural de una ciudad costera…

Bob Michaels es graduado de la Universidad de Georgia y adquirió su formación artística en la Escuela de Arte Crealde, en Florida. Desde que se retiró de su empleo en el mundo de las finanzas de empresas, divide su tiempo entre Florida, donde nació en 1943, y Cueto, aquí en Holguín. Durante 20 años, Bob Michaels ha investigado y fotografiado diferentes culturas, con particular interés en la Cuba de la última década. Ha participado en 24 exposiciones en los Estados Unidos y nuestro país, a lo que se suma la publicación de su libro Viñetas cubanas, con fotografías de sus recorridos por la isla.

Nelson Domínguez: Mi amiga Alicia, siempre

Por Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo

Un homenaje póstumo del pueblo y la cultura holguinera a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso un día después de su partida, constituyó la inauguración de la exposición Mi amiga Alicia, del reconocido artista Nelson Domínguez, en la sala principal del Centro Provincial de Arte.

Lejos estaba de suponer Nelson Domínguez (Baire, Santiago de Cuba, 1947) que, mientras montaba las piezas de su exposición lo llamarían para confirmarle la fatídica noticia. “Muchos no disfrutamos el tiempo vivido en la contemporaneidad con grandes figuras y confundimos en ello su fama social con su verdadera naturaleza. Siento orgullo de haber sentido la proximidad que nos tocó vivir a mi generación; conocer a los grandes pintores, a los que guardo en sagrado recinto. Así también apareció Alicia en mi camino. La he pintado y la pintaré, porque de su grandeza se nutre la cultura de la nación cubana y universal”, asegura.

En la inauguración, una de las más concurridas de los últimos años en el Centro Provincial de Arte, alumnos de danza de la Escuela Vocacional de Arte “Raúl Gómez García” interpretaron fragmentos de obras que marcaron la carrera de Alicia: Giselle, Carmen, Coppélia, El lago de los cisnes… como un homenaje de las instituciones culturales a la fundadora, en 1948, de la compañía con su nombre, base del Ballet Nacional de Cuba y de la famosa Escuela Cubana de Ballet.

Nelson Domínguez, Premio Nacional de Artes Plásticas 2019 y una de las firmas más reconocidas de las artes visuales contemporáneas en nuestro país, se acerca a la Alicia bailarina: “Esta es una muestra un poco monográfica, que está hecha para un público que debe relacionar todo con Alicia. Hay una dosis figurativa muy fuerte, que no es exactamente la forma. Yo la veo como lo que es ella, como una bailarina. Una gran bailarina vista por un pintor”.

La exposición está compuesta por 60 piezas, la mayoría realizadas con su impronta expresionista en técnica mixta sobre tela, pero también en papel manufacturado, serigrafía, resina, madera… Entre ellas “Alicia, ave nacional”, firmada en 1998: Primero fue el nacimiento de una amistad”, rememora Nelson. “Un día fui a verla de bien cerca para proponerle la idea del retrato. Lo hice y al final de aquel encuentro, después que yo había partido de su oficina en el Ballet Nacional de Cuba, ella le preguntó a Miguel Cabrera, cómo era yo, pues había sentido el peso de mi mirada escudriñando detalles. Entonces supe que ella para ver no necesitaba de sus ojos. Alicia me bautizó, un día, como “El Amigo”, para orgullo mío”.

Mi amiga Alicia llega a Holguín desde Santiago de Cuba, como parte del espacio Lote, dedicado a las artes visuales en la Feria Iberoamericana de Artesanía Iberoarte 2019, de la Jornada por la Cultura Cubana y de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, que iniciará el próximo 24.La muestra, que estará un mes en Holguín, luego será exhibida en las provincias de Granma, Las Tunas, Matanzas, Pinar del Río y el Municipio Especial Isla de la Juventud, lugares dondedebe contar con nuevas obras, como ha sido habitual en las muestras anteriores.

“Pareciera que fue concebida especialmente por el suceso, pero no es así, pues ya se ha presentado en ocho provincias desde el pasado año. No es un día de tristeza, sino de alegría; somos afortunados de haber tenido entre nosotros a este fenómeno de la danza mundial”, añade Nelson sobre la muestra, realizada con curaduría de la Galería Los Oficios, el Centro Provincial de Arte, el FCBC, el propio artista y la especialista Anette Rodríguez Reyes.

Nelson Domínguez, además del Premio Nacional de Artes Plásticas 2019 por su trayectoria y aportes a las artes visuales, es miembro de la Uneac y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP) y posee las órdenes por la Cultura Nacional y Alejo Carpentier.Cursó estudios en la Escuela Nacional de Arte entre 1965 y 1970 y ejerció allí como profesor hasta 1985. Ha sido, además, profesor y jefe de Departamento de Pintura del Instituto Superior de Arte (Isa).

Miradas plásticas a Holguín en su 300 aniversario

Por Erian Peña Pupo

Diversas maneras de aproximarse a la ciudad –la urbe como constructo físico, arquitectónico, pero también espacio simbólico, mental– integran la exposición colectiva Holguín cumple 300, inaugurada recientemente en la galería Fausto Cristo de la Uneac provincial.

Fotos: Wilker López

En buena medida, viene a ser el naif Rolando Pavón el más urbano de los artistas holguineros. Pintor autodidacta, su obra –como coloridas estampas holguineras que recalcan cuestiones identitarias– refleja los temas populares de la cotidianidad precisamente en el entorno urbano: edificaciones, actos políticos, oficios citadinos, fiestas populares, como los carnavales, las Romerías de Mayo… están presentes en sus piezas, dos de las cuales se exponen en Holguín cumple 300: “Llegó el habanero” y “Hacia el futuro”.

Por otra parte, encontramos a Eduardo Leyva Cabrera, uno de los artistas en que lo citadino –esta vez desde las posibilidades “constructivas” de la abstracción geométrica– ocupa una dimensión casi palpable. Andamiajes, estructuras metálicas, arquitectónicas… caracterizan piezas como “Ciudad perdida” y “Barrio gris”, ambas de 2012. En esta muestra, con curaduría y museografía de la MsC. Anette María Rodríguez Reyes, Eduardo Leyva expone un cuadro, algo más “cálido” que las anteriores obras, con el título “Interacción”.

Por demás hay cierta “urbanidad” holguinera en las piezas de Ernesto Blanco Sanciprián; en las “provocaciones” de Yovani Caisé Almaguer; en Javier Erid Díaz Zaldívar; en las obras instalativas y el trabajo en metal de Dagoberto Driggs Dumois, que remiten al batey azucarero, al central, y que en la exposición de marras está presente con “Un paseo por la isla”; en las estilizadas mujeres, digamos que citadinas, de Ernesto Ferriol; en las “animaciones urbanas” de Armando Gómez Peña; en piezas de Ronald Guillén Campos; en los lienzos y las intervenciones, performances, happening, de Rubén Tomás Hechavarría Salvia; en la obra de Ramiro Ricardo, Wellis Peña, Miguel Ángel Salvó, Víctor Manuel Velázquez… Pero no me refiero a una urbanidad holguinera per se, prácticamente irreconocible en el quehacer de estos artistas, sino a una mirada urbana al hecho creativo en esencia. Hay urbanidad en sus piezas, está claro, pero no es una mirada a la ciudad de Holguín.

En Holguín cumple 300 –más personal o más explícita la motivación y el homenaje–, destacan varias piezas, entre ellas: “Paisaje urbano” y “Cronopio”, acuarelas sobre lienzo de Víctor Manuel Velázquez, donde esa urbanidad prefijada desde el título en la primera obra, queda estrechamente marcada, asociada, por los elementos naturales (aves, plantas) que la condicionan y que identifica la mirada poética y surrealista de Víctor Manuel; una hermosa pieza, “S/T”, de Wellis Peña, donde la citadino se da más bien por algunas figuraciones: mecanismos, engranajes, piezas mecánicas; “Visión caribe”, obra mixta del maestro Jorge Hidalgo Pimentel; “Bajo un volcán dormido”, atractiva pieza de María del Pilar Reyes, pastel sobre cartulina con la Loma de la Cruz, símbolo urbano de Holguín, de fondo; una pieza de la serie Telos, en ocres y dorados, donde Hennyer Delgado Chacón se acerca a la ciudad, anclada en el valle, desde cierta altura, al parecer desde uno de los edificios más altos de la urbe, que no supera los 12 pisos; y Juan Carlos Anzardo, en una pieza mixta sobre masonite, “S/T”, que distingue la creación de este artista holguinero.

Integran además la muestra: Pady Hill Pupo, con “300”, grafito y lápiz blanco sobre cartulina; Ernesto Ceballos Hernández, con “S/T”, grafito sobre lienzo; Asiris Riverón, con “Alas al tiempo”; y Yolanda Rodríguez Hernández, con “Homenaje a Naná”, acrílico sobre lienzo. Todos ellos de una manera u otra, tributan a la ciudad de Holguín en su 300 aniversario.

28 Salón Provincial: Manual de usuarios para comprender los componentes del sistema

Por Erian Peña Pupo

El 28 Salón Provincial, inaugurado en la Sala Principal del Centro de Arte, confirmó una hipótesis que ya poco tenía de conjetura, si añadimos que se estaba haciendo reiterada desde hace varias ediciones, y además, sucedía de igual manera en el Salón de la Ciudad, realizado en enero: la creación joven está posicionándose y legitimándose con fuerza en las galerías de Holguín.

Fotos: Wilker López

Manual de usuarios, como se titula el Salón, lo reafirma de manera encomiable. Incluso representa un salto cualitativo respecto a ediciones anteriores, pues emergen nuevas e interesantes voces, que son incluso premiadas; y las que ya conocíamos de muestras anteriores han sido capaces de mantener una poética que los hace distinguibles, estables, visibles.

Con una amplia tradición dentro de las artes visuales en el territorio, el Salón Provincial, que alterna su realización con la Jornada de Teoría y Crítica, no deja de estar ajeno a las problemáticas que asolan a los salones a nivel nacional: la ausencia de importantes artistas en su catálogo, aparejado al propio nivel de convocatoria; la práctica curatorial más allá de la lógica colocación de las piezas en el espacio galérico… Esto a nivel nacional, pues en Holguín, el joven equipo del Centro Provincial de Arte, liderado por Yuricel Moreno Zaldívar, se empeña año tras año en mostrar una curaduría sostenible e inteligente, que ha puesto en tela de juicio cuestiones tan vigentes como el mercado, la propia institucionalización y circulación del arte…

En Holguín, ambos salones no representan, grosso modo, el estado de las artes visuales en la provincia. A falta de los principales exponentes, los nombres reconocidos en el ámbito local y nacional, estos salones se han convertido en una especie de vitrina/plataforma legitimadora de los jóvenes artistas, principalmente los estudiantes de la Academia Profesional de Artes Plásticas El Alba, subrayado en ocasiones el desinterés de muchos creadores en participar en esa suerte de aquelarre multigeneracional, otrora principales escenarios visibilizadores en Holguín.

¿Apatía? ¿Falta de estímulo? ¿Poca visibilidad y promoción? De todo hay en la variopinta viña del Señor. Aun así el Salón Provincial es un escenario privilegiado para cualquier artista, sea más o menos conocido, incluso bastante joven, a falta, en cambio, de otras tantas posibles plataformas.

Esta vez el hecho curatorial, sin dudas meritorio, realizado, junto con lamuseografía, por los jóvenes Josvel Vázquez Prat y Lissett Creagh Frometa, esta última, además,a cargo de la dirección general del Salón, estuvo articulado sobre la base de un “sistema” (la exposición) y sus “componentes” (las piezas que lo integran). Así –escribe el profesor y crítico Ramón Legón– “la institución, la galería, la exposición, el salón, son una suerte de manuales, de guías de usuario: el mapa que intenta organizar el accidente y el episodio. Organizar y presentar el salón (la exposición), implica, de cualquier manera, manualizar y mediar cada cierto tiempo. Espejo, manual, mapa o guía de usuario que también se convierte en accidente y episodio reiterado”.

En este “sistema” confluyeron –la galería como Aleph borgeano, donde todo confluye y es posible–diferentes poéticas, estilos, técnicas y maneras de acercarse a la creación artística, protagonizadas por jóvenes, estudiantes o recién graduados de los talleres y las aulas de El Alba.

Salvo el caso de naif Salvador Pavón, con Carnaval holguinero 2017, y la sugerente propuesta de Bertha Beltrán Ordóñez, con Proceso mutante I y II, en mixta sobre lienzo, la mayoría de las piezas pertenecen a artistas jóvenes, cuyas obras las hemos visto en muestras colectivas, entre ellas las realizadas en la Casa del Joven Creador de la AHS holguinera. Si bien es preocupante, como hemos apuntado, la ausencia de reconocidos nombres de las artes visuales holguineras, in crescendo en cada edición de estos salones, el hecho tiene el lado positivo –alguno hay que verle– de que la atrevida y fresca visualidad del “arte joven” se apodera de ellos; aunque, subrayemos, que la juventud no siempre es sinónimo de ruptura o vanguardia; la situación, dada a anfibologías y ambigüedades, es mucho más amplia, sugerente.

Me detendré en algunas de las piezas que más llamaron mi atención –por diversos motivos, incluso algunos puramente subjetivos– en Manual de usuarios. Entre ellas, la obra de la premiada Liz Maily González Hernández, premio único, por la propuesta integradora de las piezas.

Liz Maily, estudiante de cuarto año de El Alba, construye, reconstruye y decontruye los cimientos de su obra, en un constante rejuego de aproximaciones visuales, de cercanía interactiva. Le interesa lo lúdico, pero también el aprendizaje, la conceptualización, la evolución misma de un trabajo en proceso. No por gusto incluye la pieza Receta para construir una obra de arte, donde subraya la necesidad de un cuerpo teórico, con referentes y antecedentes, antes de iniciar la construcción de la obra (aspectos formales y conceptuales de esta).

Las demás piezas de este proyecto curatorial –el arte como un sistema– presentado por Liz Maily se nombran: Piensa y construye, interesante calografía de dimensiones variables, a manera de un puzle que nos tienta a ensamblar; y la atractiva linografía El que busca, donde observamos, al parecer, alumnos y profesores trabajando en un taller de grabado, entre prensas y piezas colgando. Pero lo que la hace sugerente es la suerte de fragmentación y work in progres que la conforman, pues son cuatro grabados, tres de ellos realizados junto a otras personas, incluidos profesores, lo que la componen, cada uno segmentado y seccionado del resto. Así la pieza final de su autoría es el resultado –o tal vez el inicio mismo– de las otras obras.

Quiero destacar otras piezas dentro de la amplia muestra: Happy Birthday!, impresión digital de Claudia Velázquez Carmenate, donde diversos objetos (maracas, un machete, un auto de juguete, un mortero para especies) aparecen envueltos de la misma forma en que se prepara el tamal en la cocina cubana, cociendo la masa de maíz tierno en las mismas hojas que guardan la mazorca; Yo me muero como viví (clara apropiación del verso de Silvio Rodríguez) y Toda convicción es una cárcel, técnica mixta (a partir del ensamblaje de tornillos y piezas similares) de dimensiones variables, de Armando Batista Rodríguez; obras de la serie ¿Quién le pone el cascabel al gato?, de Juan José Ricardo Peña; una talla en madera, metal y pasta moldeable, de la serie El silencio de las cucharas, de Vladimir Sánchez Pérez; Alter ego, díptico de Annaliet Escalona Esquivel, y Fisuras de luz, grafito sobre madera de Hennyer Delgado Chacón.

Otras piezas llamaron mi atención: Hecho en casa, instalación duchampiana de Marlin Licea Hervas: dos latas de conserva cuyas coloridas y sui generis etiquetas nos aseguran que estos productos son elaborados en casa a partir del ingenio popular y la inventiva; el óleo sobre lienzo con matices expresionista de Ernesto Luiz Bruzón Hernández titulado (…), y Escudo, técnica mixta, a partir del ensamblaje de diversos materiales, de Alexander Hernández Dalmau.

Encontramos, además, en Manual de usuarios, obras de Annia Leyva Ramírez, Artemio Viguera Velázquez, Dariel Bertot Rojas, Héctor Eduardo Rodríguez, Luis Carlos Márquez, Liuba María González Linares, Pady Hill Pupo, Reidy Céspedes de la Cruz, Yohan Tamayo Salgado, Aníbal de la Torre, Antonio Cruz Bermúdez, Anelí Pupo Rodríguez, Daniela Marrero, Heidy Gómez, Julio César Cisneros, Lidisbelis Carmenate, Marcos Suárez, Mariannis Mirabal Ripol, Natalie Francies Infante, Ramón Jesús Pérez, Vladimir Sánchez, Yoel Torres Montero y Yiki González.

Un riesgo de los salones –aun sabiendo que hay detrás un riguroso equipo que recepciona y evalúa cada pieza– es el visible agotamiento. Muchas veces–y no digo que este sea el caso– funcionan más como vitrina del agotamiento creativo, que como espejo de una creación fructífera. Y eso denota, no solo el estado de los salones, sino de la plástica en la provincia o ciudad.

El Salón holguinero ha sabido salir adelante, como espacio legitimador; el más importante en la provincia. Y como trampolín –por esto mismo de legitimar y visibilizar– para los jóvenes creadores. Hacer que relevantes nombres en la plástica local y nacional integren cada edición lograría un escenario más variopinto, y que funcione, al mismo tiempo, como espacio de confluencias, de interacción entre creadores de amplia obra y otros más jóvenes, hoy reinantes.

Vivir en las montañas

Texto y Fotos  Jorge Suñol


Dicen que es mejor vivir el cuento. Por eso subimos y bajamos lomas con el corazón desabrochado, desfiando los caminos inquietos, el calor de agosto, los largos kilómetros. Llevamos la cultura en las mochilas, apretadita, para regalarla por gran parte del Plan Turquino holguinero.
Cinco días en los que aprendimos unos de otros, cinco días en los que soñamos más de lo acostumbrado, incluso, hay quien en plena madrugada se desperto sonámbulo, agitado, descuidado ¡Qué locura! Cinco días de travesía, trepando y trepando por el monte verde, humilde y puro.
No los propusimos y lo logramos, con el alma y la pasión de creer en aquellos que habitan estos espacios necesitados de arte, a los que el silencio penetra cada hora, y entonces, solo permanecen fantasmas, el tiempo se detiene.
Los niños, unos con su mejor ropa, otros demasiados descalzos, eran quizá los que más disfrutaban el espectáculo. En cada sitio, por iniciativa del Inder, se celebraban juegos deportivos y recreativos, y ellos, se batían por ser ganadores, sobre todo en el de halar la soga. Tremenda energía.
Esta historia comenzó un jueves, en Birán, el 1ro de agosto. Atravesamos por una geografía difícil, pero fue hermoso llegar, respirar y conocer a gente de montaña, aferrada a su casita de madera y guano, a su café mañanero, a su siembra, aferrada a tan poco.
Contarlo cronológicamente sería una de las opciones para este reportero, la más fácil diría yo. Pero decidí mejor, alterar los tiempos, y comenzar con lo que, al menos a mí, más me conmovió.
Aquel viernes, justo cuando necesitamos un luna dispuesta y enorme, el cielo se volvió tímido. La noche llegó más rápido que de costumbre. Se acumulaba en cansancio del día, el segundo de la Trepada Cultural, pero estábamos allí, en Cajimaya, perteneciente a Mayarí, haciendo lo posible.
Aquello no era más que un monte oscuro, encerrado en su lejanía, en su aburrida costumbre. El pueblo se había quedado sin luz, por alguna reparación momentánea, pero poco a poco fuimos encendiendo nuestras linternas, captando rostros y sonrisas, nos agrupamos todos, y así, con ese aliento, los músicos de Décima, Punto y Son regalaron sus controversias, el dúo homorístico Zapia hizo de las suyas con sus chistes y el proyecto de Narración Oral Palabras al Viento, vendió, mágicamente, sus buñuelos. Sí, no me pude contener, y mis pupilas tampoco. La gente no paraba de aplaudir. Corría a chorros la esperanza.
Romper el silencio
La Trepada Cultural cumple de 17 años. Ha sido un largo camino de retos, de mucho esfuerzo. Cuando llega el verano, se ha vuelto tradición que el Plan Tuquino se “mueva”, al menos por pocos días. Como iniciativa del Gobierno Provincial, la Dirección Provincial de Cultura y el Inder, apoyados por unidades de Comercio y Gastronomía, este espacio es vital en comunidades intrincadas, que viajó por Cueto, Mayarí, Frank País, Sagua y Moa.
La Granja fue el primer sitio que visitamos. Se localiza en Birán. Nos reunimos en un viejo taller de mecánica. Allí nos levantábamos, entre el correteo de los pequeños, los guajiros de sombrero, las muchachas coquetas, la venta de libros, la cerveza Mayabe, las ruinas de un almacén. Regalábamos la magia del Mago Ayala, y el resto del equipo que ya mencionaba, a pleno sol.
En Marcané dormimos la primera noche. Viejos albergues, viejas literas. Clásica estructura de un Pre en el Campo. Mosquitos por doquier. Pero aún así, sabíamos que nuestra causa superaba estas condiciones. Los de Palabras al Viento, contaban de su experiencia en la Cruzada Teatral Guantánamo- Baracoa, con sus caminos, precipicios, mares, y sustos. Lo imaginaba todo, incluso recordé mi histórico viaje al PicoTuquino, del que salieron romances, heridas y miles de fotos.
Crear ilusiones
Aún no amanece. El ruido del central alarma, despierta a los que todavía tenemos las marcas de las sábanas. Nos vamos a Mayarí, pero adentro, a La Ayúa, donde no hay más de 80 casas ni 350 personas, donde todo el mundo se conoce, y cada familia se abraza en la noche, se reinventa para llegar hasta la carretera, porque casi nada entra ahí. Y solo queda a 7 kilómetros (km) de la carretera, a 20 km del centro del municipio. Ya no es como antes, que pasaba algún transporte. Hay que caminar por el pedraplén, no queda otra opción.
No hago otra cosa que mirar fijamente lo fotográfico de este sitio, metido entre lomas majestuosas, palmas, trillos, piedras. Y capto par de imágenes para recordarlo. A lo lejos, está Emerio, y llegan luego dos jóvenes, uno es su hijo, y lo otro lo es casi, de crianza.
Pocos sabían que allí llegaríamos aquel mañana. Pero el guajiro lo supo, porque el día antes llovió, esa era la señal de cumbancha, de la fiesta. Y así fue. Apareció un palo (poco encebado) y los niños, los jóvenes se trepaban. De fondo un canción pegajosa. Más arriba, en la tienda,un señor de unos 80 años fumaba su tabaco, le quise preguntar su nombre, pero decidí solo fotografiarlo. Su cara, su mirada, sus arrugas, me anunciaron que llevaba toda un vida en este punto de nuestra geografía.
En La Ayúa aprovechamos y entrevistamos a varios de la Brigada. Todos habían experimentado momentos similares. Carlos Ayala, esta vez sin trucos bajo la manga comentó que esta idea “es algo fenómenal, llevas al arte donde nadie se atreve a ir, está bien concebida, desde el momento en que cada uno sabe lo que tiene que hacer. La magia le encanta a todo el mundo y la gente se pregunta será verdad, será falso”. Allí, he de aclarar, muchos se sorprendieron.
Por su parte, Yordani Sera Rodríguez, actor narrador de Palabras al viento,
comentó: “Es un compromiso traer a esas personas un momento de felicidad, de belleza, de que salgan de su cotidianidad, del silencio que reina muchas veces. No solo es venir a divertirte, a ganar un dinero, tienes que saber que hay códigos estéticos que van a quedar en esa población, tiene que ser un producto, que eduque, transforme, motive, cree ilusiones. No es hacer muchas cosas a la vez, sino que aunque sea una, tenga un efecto muy positivo y marque a esos públicos muy necesitados de la acción cultural y artística”.
Y Yensi Cruz Ricardo, también actriz narradora de este grupo, reflejó: “El acercamiento con los públicos es hermoso, pero a la vez es complicado, y sobre todo cuando tú le vas a llevar una muestra de algo que quizá no tiene la facilidad de verla comúnmente. Llegar con esos espectáculos a estas comunidades es fabuloso, es un acercamiento que tienes con la realidad, que no es la realidad de un teatro”.
Sobre los retos que tiene por delante la Trepada Cultural, Fermín López Hernández, director del proyecto teatral, afirmó: “Se impone un trabajo de sistematización de algo tan maravilloso que surgió hace tantos años, que sea no solamente los artistas, los funcionarios, sino que vengan investigadores, especialistas del Centro Provincial de Casas de Cultura y analicen qué funciona y qué no. La Trepada no puede ser la misma de hace 10 años, porque todo cambia, el mundo cambia. Me parece que es un público que hay que empezar a formar, esa personas tienen que vivirlo, sentirlo, es un trabajo de mucha paciencia”.
Y fuimos sumando más lugares a nuestra lista: Cabonico, El Sitio, La Caridad del Sitio, Barbarú, Magueyal, La Melba. Recoriendo las montañas, con la mochila a cuestas, con el arte y las historias grabadas en nuestros recuerdos, usando la cultura como pretexto, y su poder de conquistar, unir, soñar esta aventura que se vive y disfruta cada verano.

Artistas Ingenuos en Holguín

Por Rosana Rivero Ricardo

Holguín sigue acaparando titulares, más aún después de la confesión ante cámaras, micrófonos. Luis Joaquín Rodríguez Ricardo, El Estudiante, creó junto Artistas ingenuos en Holguín a su padre, Luis Rodríguez Arias el Grupo Bayate hace 25 años, para impulsar y promover el arte naif en Cuba. El proyecto nació, gateó y corrió en el municipio de Mella, en Santiago de Cuba. Más El Estudiante asegura que la idea primigenia se fecundó en Holguín, cuando él se insertó en el entramado cultural de esta tierra entre los años ‘80 y ‘90 del pasado siglo.

Kevin Manuel Noya

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Presentan catálogo sobre Electa Arenal en Holguín

Por Rosana Rivero Ricardo

El catálogo monográfico sobre la vida y obra de la pintora, escultora y muralista mexicana Electa Arenal Huerta fue presentado este 13 de junio en el Centro de Arte de la Provincia de Holguín, como parte de la Jornada Buscando a Electa, que en el aniversario 50 de su fallecimiento pretende revitalizar su legado y promover la conservación de su obra.

Catálogo monográfico sobre la vida y obra de la pintora, escultora y muralista mexicana Electa Arenal Huerta

El libro, idea del artista de la plástica Ramiro Ricardo, compila toda la obra de la creadora y recoge la amplia labor investigativa de su autor, a partir de la bibliografía existente y testimonios de personas que conocieron a Electa en Cuba y México.

Fotos: Kevin Manuel Noya

Josvel Vázquez Prat, especialista del Centro de Arte y quien colaboró con el volumen, comentó que su confección requirió de una ardua labor documental que se extendió por ocho meses, a partir del rescate del archivo familiar del cual lograron recuperarse alrededor de 250 fotografías sometidas a un exquisito proceso de limpieza y restauración.

El resultado del esfuerzo es apreciable en el catálogo donde aparecen más de 150 imágenes, incluidas las que perpetúan su obra, buena parte de la cual forma parte de la colección del Museo Provincial de Historia La Periquera.

Al cierre de la presentación la artista de la plástica mexicana Mercedes Murguia, alumna de Elena Huerta, madre de Electa; el creador holguinero Luis Catalá, quien laborara junto a ella en el Taller Experimental a inicios de los ’60; y el historiador Abel Sastre, quien se ha dedicado a investigar su vida y obra compartieron sus experiencias relacionadas con ella.

A estas tres personalidades, agasajadas con la Distinción Electa Arenal Huerta en la noche anterior, se sumó el creador holguinero Carlos Parra, al cual le fue concedido el lauro al concluir el conversatorio.

La Jornada Buscando a Electa, que tuvo su edición en la ciudad de Saltillo México, entre el 5 y 6 de junio, se desarrolla en Holguín del 12 al 14 de este mes, periodo en el que se inauguraron tres exposiciones en homenaje a la artista, entre ellas “Por siempre Electa”, con obras originales de la creadora.

Electa Arenal Huerta, atraída por los aires renovadores de la Revolución Cubana, llegó a Holguín a finales de la del añ0 1960 y se mantuvo hasta 1965, periodo en que impulsó la vida cultural del territorio y formó en su Taller Experimental de Artes Libres y Artesaníasa jóvenes artistas que hoy gozan de renombre.

En este periodo realizó más de una decena de piezas diseminadas por los territorios de Velasco, Chaparra, Puerto Padre y Holguín, entre ellas, los murales escultóricos “Canto a la Revolución”, “Átomos y niños” y “Revolución Cubana”.

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Comienza en Holguín homenaje a artista mexicana Electa Arenal

Por Darianna Mendoza Lobaina

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Electa Arenal Huerta vivió parte de su vida en territorio holguinero donde comenzó las labores artísticas con la creación de talleres de artes libres.
El Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín y la Dirección de Cultura en la provincia de Holguín desarrolla la jornada especial Buscando a Electa, con motivo del aniversario 50 del fallecimiento de la reconocida pintora, escultora y grabadora mexicana, quien dejó una impronta en este territorio oriental cubano.
Electa Arenal Huerta vivió parte de su vida, a partir de 1961, en territorio holguinero donde comenzó las labores artísticas con la creación de talleres de artes libres, en los cuales impartía clases de dibujo, modelado, escultura, artesanía y cerámica.
Yuricel Moreno, directora del Centro Provincial de Artes Plásticas, destacó que las actividades de homenaje se extenderán hasta el 14 de junio, cuyo programa abarca conversatorios y recorridos por los sitios donde están emplazadas las obras de la fallecida artista, así como la entrega de una distinción con el nombre de la creadora para personalidades representativas de esta manifestación del arte en la Ciudad Cubana de los Parques.
Buscando a Electa, explicó Moreno, pretende revitalizar el legado de quien brindó un notable impulso al movimiento cultural de la localidad luego del Triunfo de la Revolución Cubana y contará con la presencia de la maestra Mercedes Murgía, destacada autora proveniente de Saltillo, estado de Coahuila en México, lugar donde residió la familia materna de Electa Arenal Huerta.
También se inaugurarán, al unísono, las exposiciones Ecos de tu risa, perteneciente al taller de creación infantil Antes del Alba, la muestra colectiva Acompasando tus pasos y Por siempre Electa, la cual exhibirá obras originales de la mexicana, presentes en la colección del Museo Provincial La Periquera, ubicado en el centro histórico de Holguín, significó.
Como parte del programa, agregó, la Secretaría de Cultura y del Centro Vito Alessio Robles de Saltillo, conmemorarán la efeméride mediante la presentación de un catálogo monográfico realizado por el pedagogo holguinero Ramiro Ricardo Feria como tributo a Arenal.
Conocida como Electa la mexicana, esta notoria artista nació el 16 de mayo de 1935 en Ciudad de México, Distrito Federal y existen obras de su autoría emplazadas en la cabecera provincial de la urbe oriental, en el poblado de Velasco del municipio de Gibara y en Puerto Padre, provincia de Las Tunas.
Electa Arenal. Pintora y escultora mexicana que a su paso por el oriente de Cuba desarrolló una obra fecunda, la cual continuó en su país hasta que la vida se le escapó en plena faena.
Tomado de www.ahora.cu