Las cosas del Almacén

(El presente texto forma parte de las memorias de la edición 15 del Festival Internacional de Cine de Gibara, como quiera que este año la cita no se realizó de la manera tradicional, el colectivo encuentra pertinente revivir momentos del importante evento nororiental)

Qué puedo decirte, si con el primer soplo de brisa extrañé tu mano acariciándome como lo hizo ella, si en la primera canción se fueron abajo todas mis alegrías maquilladas y se convirtieron en nostalgia por ti, y me di cuenta cuánto te añoro, y que no pasa un segundo sin que te extrañe.

Para enamorarse, para extrañar, pero sobre todo para sentir, surge esta peña que cada año ocupa un pequeño especio en Gibara durante el Festival Internacional de Cine, su anfitriona, la histriónica Coralia Veloz, con su linda sonrisa le regala al visitante una grata sensación que solo incrementa con el placer de la estancia.

Gibara para enamorarse, para extrañar, pero sobre todo para sentir. Foto: Cartel del Evento

El sol se entristece y con sus últimas fuerzas alumbra el extenso sitio, exquisito por demás, pero sin aires rimbombantes, sino con una belleza que emana de su simplicidad y sencillez, no hablo de otro lugar que el recién inaugurado Almacén de la imagen, proyecto cultural que viene a coronar los esfuerzos gubernamentales por revitalizar la Villa Blanca, y el cual estoy seguro que se convertirá en epicentro de la vida de esta ciudad.

No es necesario que diga mucho cuando sus ojos chispean emocionados, su sonrisa tampoco la dejaría mentir, Coralita, como cariñosamente la conocemos todos sus alumnos de la actuación, pues en definitiva eso somos delante de la pantalla o frente a las tablas cuando esta gran maestra ofrece sus conferencias magistrales de interpretación.

“Besos, ternura, qué derroche de amor, cuánta locura”, son los versos que de vez en cuando se dejan escuchar: a orillas del Atlántico, bañado por su brisa y acompañado de una buena canción, qué más podría pedir sino tenerte aquí a mi lado.

Por primera vez en este recién inaugurado sitio y durante todos los días de Festival, la Peña se erige no solo como un rato agradable, sino uno de esos fugaces, sutiles, sublimes, qué se yo, únicos. Esta descarga es para enamorarse, extrañar al amor ausente, con notas que llegan al alma, sacuden el cuerpo y provocan los pies.

15 Edición del Festival es propicia para todo esto, la brisa te refresca, te eriza la piel en ese retozo musical, sentimental, mientras se declama un poema por creadores enamorados de la vida, autodidactas de formación, pero duchos en el sentir, en vivir. Tahimí Alvariño, primerísima actriz hija de la anfitriona, es una de esas poetas de corazón que expresan su gusto enorme por compartir otro año más mientras nos regalan uno de sus textos.

Por primera vez en este recién inaugurado sitio se realizó durante 2019 la peña de Coralita. Foto: ahora.cu

El violín que desgrana las pasiones, los sentimientos, mientras las letras sacuden el ser en un frenesí que asalta al oído, y yo no hago más que amarte en la distancia, contando los segundos para estar contigo otra vez: ¡Ay Almacén, cómo me trastocas! ¡Qué cosas tienes!

Insumisa

Ante un océano embravecido una monja rememora parte de su estrepitosa vida: suma de pecados en su existencia detrás de la que lastra la historia de una de una heroína quizás desconocida. De principios del siglo XIX hasta nuestros días nos hace transitar una historia que, a pesar de no realizarse en las mismas condiciones sociopolíticas y culturales, cuenta con una resonancia contemporánea indiscutible.

La primera mujer médico de Cuba, Enriqueta Faber, es la protagonista del film. Foto: Internet

Insumisas (2018), de la mano de ese prodigio de nuestra filmografía, Fernando Pérez, se nutre de la ficción para reflejar la Baracoa de 1820, donde una joven deberá vestirse de hombre para ejercer como médico, ya que en ese tiempo era prohibido para las mujeres desempeñarse en dicha profesión.

La primera mujer médico de Cuba, Enriqueta Faber, es protagonizada por la actriz suiza Sylvie Testud, quien no es casualidad que asuma el rol protagónico, cuando, hablando de instancias iniciales, esta es la primera película que se realiza en coproducción Suiza-Cuba.

Luego de una vida acomodada en su natal Escandinavia, al casarse con un hombre noble y de relativa riqueza, Enriqueta viaja a Paris para estudiar Medicina, para posteriormente trasladarse a la isla caribeña como Enrique y así trabajar como doctor, haciéndose pasar por hombre.

A partir de Por andar vestida de hombre, investigación del Dr. Julio César González Pagés, y los esfuerzos de la guionista, Laura Cazador, se construye esta conmovedora e impresionante historia que es incluso poco conocida en su país de origen; sin embargo, en Cuba, alcanza tal fama que ha sido incluso asumida en cierto modo como icono de la lucha LGBT [lesbianas, gais, bisexuales y transexuales], así como por los derechos de las mujeres.

En medio del paso del Huracán Irma por La Habana se rodaron parte de las escenas de la película, ya que una semana después de concluido su rodaje, ocurrió el desastre atmosférico en la Isla, el cual, al decir de Fernando Pérez, fue lamentable para los cubanos, pero positivo para el rodaje: “las imágenes del inicio y el final del film nos las regaló Enriqueta, porque no teníamos presupuesto para crear digitalmente un mar en estas condiciones, y ella propició que el clima se trastocara a nuestro favor”, todo esto parte de una superstición asumida por el propio biógrafo de Enriqueta, el Doctor Pagés, quien asevera que cuando en Cuba se hacen grandes eventos en nombre de la heroína suiza, siempre llueve.

La excelente pieza de este reconocido realizador resume el coraje y determinación de Enriqueta. Foto: Cartel del largometraje

Sylvie Testud, como Enrique y Enriqueta Faber, Yenisse Soria, Mario-Mayito- Guerra, Héctor Noas, Giselle González y Corina Mestre, completan el elenco principal del largometraje que evidencia simbiosis de talento y experiencia actora,l junto con el ascenso de nuevas figuras de la escena cubana.

La excelente pieza de este reconocido realizador resume el coraje y determinación de Enriqueta-Enrique-, a través de la figura de una mujer que luchó por sus ideas, sobrepasando cualquier estigma social o tradicional impuesto por la coyuntura en que vivió. Insumisas es, no solo por la dureza y crueldad del tema que trata, sino por su alcance y pertinencia actual, sin dudas una bandera para la lucha por los derechos de género.

Los días cubanos de Agnés Varda

Por Erian Peña Pupo

Agnés Varda (1928-2019) es llamada por muchos la abuela de la nouvelle vague (nueva ola) francesa, movimiento ligado a cineastas tan importantes como Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Alain Resnais, Éric Rohmer, Jacques Rivette y François Truffaut, entre otros, y a filmes como Los 400 golpes, Hiroshima mon amour, Jules et Jim, Cleo de 5 a 7, Mi noche con Maud y Besos robados.

Fotos tomadas de internet

Su primera película, La Pointe Courte (1954), es considerada entre las precursoras estilísticas de la nouvelle vague, grupounido al nouveau roman (nueva novela) y a escritores como Margarite Duras y Alain Robbe-Grillet. Antes de adentrarse en el cine, Agnés había estudiado Historia del Arte en la École du Louvre y trabajado como fotógrafa del Théâtre National Populaire (TNP) de París.

Como muchos otros cineastas en los 60, Agnés fue cautivada por la Revolución Cubana. En París, Gérard Philipe y Jean Paul Sarte –quien había calificado “sin ideología” al proceso cubano, aunque poco después se inclinó en la balanza de la geopolítica mundial del lado del socialismo soviético– no paraban de entusiasmar a los jóvenes intelectuales y artistas sobre los sucesos de la isla. Ambos habían visitado Cuba a inicios del triunfo para palpar la concreción de la “utopía de izquierdas”.

Una tarde de 1960, en algún café cercano a los Campos Elíseos, un cubano, Saúl Yelín, el hombre que mejor logró insertar el recién nacido cine del Icaic en los predios europeos, según Juan Antonio García Borrero en Intrusos en el paraíso, se reunió con cuatro jóvenes cineastas franceses. Querían saber un poco más de la Revolución, un proceso que asociaban al huracán y el azúcar. Todos escuchaban exhortos al cubano: Jacques Demy, Anna Karina, Lean-Luc Godard y Agnés Varda.

Querían venir, conocer, filmar… como lo había hecho el documentalista Chris Marker con ¡Cuba sí! (1961) y como lo harían otros tantos en la década de los sesenta. Hasta Godard, ese gran maestro del cine de todos los tiempos, sobreviviente, con casi 90 años, de la nouvelle vague, dijo que le “interesaría mucho hacer una película en Cuba”, pues la situación le parecíamuy interesante”.

Aquel dialogo parisino fue el impulso para que la cineasta belga visitara Cuba y filmara en 1964 Salut les Cubains, undocumental donde registra sus experiencias sobre los primeros años de la Revolución. Articulado casi completamente desde la foto animación, deviene una especie de álbum y crónica de viajes, de apuntes antropológicos de tipos, costumbres, peculiaridades y observaciones. Como es característico de lanouvelle vague, refleja claras referencias personales, mientras muestra una panorámica social, cultural y política de la naciónen efervescencia. El cine como una especie de autoconocimiento personal desde la curiosidad del visitante que (se) interroga.

En Cuba, entrevistada para Cine Cubano, la directora de Sin techo ni ley y Jacquot de Nantes aseguró: Creo que en Europa están fascinados por lo que está sucediendo en Cuba. Primero, hay un sentimiento romántico, un cierto desconocimiento, de manera que la gente sabe pero no sabe exactamente lo que está sucediendo. […] Hay algo exagerado en todo esto, pero es fascinador para nosotros.

La proyección en la televisión nacional de Visages Villages(Rostros y lugares) de 2017, una de sus últimas producciones, codirigida con el fotógrafo francés JR, reconoce la importa mundial de Agnés Varda, fallecida el año pasado, y cuya obra ha merecido importantes premios, como el León de Oro del Festival de Venecia, y los galardones César honorífico, Palma de Honor y el Oscar honorífico. Este último documental, especie de road-movie donde Agnés y JR recorren villas de la campiña francesa en busca de historias y personajes que JR interpreta en piezas gigantográficas posteriormente pegadas en diferentes superficies arquitectónicas, mereció El Ojo de Oro en el Festival de Cannes en 2017, entre otros importantes lauros en los festivales de Toronto y Vancouver. Su obra, de estudio obligado en cualquier escuela de cine del mundo, queda como el principal testimonio de esta mujer que quiso atrapar la realidad de las personas desde una aparente sencillez (artículo publicado inicialmente en la web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).