Leer nos acerca y nos sana

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Ediciones La Luz, reconocido sello holguinero de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), comparte su catálogo reciente en las diferentes redes sociales como parte de su campaña de promoción de la lectura y como una invitación a quedarnos en casa acompañados de la joven literatura cubano y los clásicos universales ante la situación epidemiológica que vuelve a atravesar el país y Holguín con la propagación de la Covid-19.

Con las etiquetas #LeerNosAcerca y #leerSana, entre otras, La Luz divulga en sus perfiles en Facebook, Intagram, Twitter y YouTube materiales relacionados con las letras, entre ellos carteles promocionales, con diseño de Robert Ráez, a propósito de aniversarios de nacimiento o fallecimiento de importantes autores como James Joyce, Eduard Encina, J. D. Salinger, Virginia Woolf, Eduardo Galeano, George Orwell, Rubén Martínez Villena, John Dos Passos, José Martí, Gabriela Mistral, Juan Rulfo y Albert Camus.

 

Además recuerda la obra de Augusto Monterroso, a cuyo centenario se decida la edición XXII del Premio Celestino de Cuento; así como la del poeta, autor teatral y guionista Jacques Prévert en el 101 aniversario de su nacimiento, cuyo poemario Está de nuevo el bosque prepara este sello, con traducción de Elizabeth Soto e Iricha Chaveco.

En las redes, La Luz también promociona sus novedades editoriales, de próxima adquisición en librerías, entre ellas la Celestino, de la propia editorial, como: Bordes, poemario del joven guantanamero Reineris Betancourt; Planeta rojo, del holguinero Eliécer Almaguer; El libro de la extraña felicidad, de la tunera Liliana Rodríguez; Primavera en vano. Trilogía del amor difícil, obra de teatro de Abel González Melo; Sexo chatarra. Los crímenes perfectos del corazón, cuentos de María Liliana Celorrio, de Las Tunas; Fatamorgana de amor con banda sonora, novela del escritor chileno Hernán Rivera Letelier, y Las piedras clamarán. Poesía cubana contemporánea de tema LGBT+, selección de los poetas e investigadores de Jesús J. Barquet y Virgilio López Lemus.

La Luz es uno de los principales sellos editoriales del país, ha recibido múltiples reconocimientos y publicado parte de lo más importante de la joven literatura cubana y clásicos del país y del mundo, como Delfín Prats, Eduardo Galeano, Emily Dickinson, Saint-John Perse, Allen Ginsberg, Lina de Feria, Gastón Baquero y John Robinson Jeffers.

Convoca Ediciones La Luz al XXII Premio Celestino de Cuento

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

El Premio Celestino de Cuento, uno de los concursos más cotizados entre los jóvenes narradores, abrió la convocatoria de su XXII edición, organizada por Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín y la Sección de Literatura de la AHS.

Este año, teniendo en cuenta las disposiciones sanitarias para prevenir la Covid-19 en el país, el Premio Celestino se desarrollará desde las plataformas digitales del 15 al 18 de junio, y dedicará sus espacios al centenario del escritor guatemalteco Augusto Monterroso (1921-2003) y al 35 aniversario de la AHS, comenta Luis Yuseff, editor jefe del sello.

Monterroso, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000, es conocido, sobre todo, por sus relatos breves donde maneja el humor negro y el sarcasmo, en libros como La oveja negra y demás fábulas, Obras completas (y otros cuentos) y La vaca.

En el XXII Premio Celestino de Cuento pueden participar todos los escritores cubanos residentes en el país, menores de 36 años, sean miembros o no de la AHS, explicó Yuseff, con un cuaderno inédito entre 45 y 70 cuartillas, presentado bajo el sistema de seudónimo y en una sola copia. En plica aparte deben consta los datos personales del autor, incluidos número de carnet de identidad, dirección particular y vías de localización.

Las obras se recibirán al correo 22premiocelestinodecuento@gmail.com hasta el 1 de junio, en dos archivos independientes, uno con el libro en concurso, y el otro con la plica.

El premio consistirá en la entrega de un diploma acreditativo, el pago de 1000 pesos cubanos (CUP), una obra de arte y la publicación del cuaderno por dicho sello editorial, con el pago del respectivo derecho de autor. El fallo del jurado, integrado por prestigiosas figuras de las letras, se dará a conocer el 18 de junio en la peña Abrirse las Constelaciones, como parte del programa del XXI Premio Celestino de Cuento, que incluye, además, una jornada online de presentaciones, lecturas y conferencias, añade Yuseff.

El Premio Celestino, auspiciado además por la UNEAC en Holguín y el Centro Provincial del Libro y la Literatura, surgió en 1999 por iniciativa del narrador y poeta Ghabriel Pérez, y su primera edición lo recibió, entonces, el narrador y periodista Rubén Rodríguez con el cuento “Flora y el ángel”, autor que mereció recientemente el Premio Alejo Carpentier 2018. Entre los escritores que lo han obtenido se encuentran también Rafael A. Inza, Marvelys Marrero, Alcides Pereda, Serguei Martínez, José Alberto Velázquez, Yordis Monteserín, Liany Vento, Rafael de Jesús Ramírez, Abel Fernández-Larrea, Ariel Fonseca y Martha Acosta. Por su parte, importantes jurados lo han integrado, entre ellos Eduardo Heras León, Guillermo Vidal, Ana Lidia Vega Cerova, Nelton Pérez, Jorge A. Pérez, Lourdes González, Manuel García Verdecia y Eugenio Marrón.

Martí, huellas holguineras de su devenir en la historia

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Internet

A lo largo del tiempo y por causas del azar o el destino, varios objetos relacionados con distintas facetas de la vida del Héroe Nacional cubano José Martí (1853-1895), encontraron lugar en la ciudad de Holguín, y hoy se conservan como huellas tangibles de su devenir en la historia patria.

Después de la vida y la obra misma de Martí, casi ningún suceso se concibe prodigioso, apuntó el escritor y ensayista Cintio Vitier en el prólogo del libro “Martí a flor de labios”; sin embargo aún resulta curioso y extraordinario que lleguen a nuestros días vestigios palpables del paso del Apóstol por la vida, peregrino a su vez como las huellas de su “Diario de campaña”.

Uno de los objetos que orgullosamente exhibe la Casa Natal de Calixto García resulta la bandera cubana, de costuras manuales de mediano tamaño, que Martí regalara a Rosa Torres, hija del general holguinero Mariano Torres, en 1893, por su participación en un acto patriótico en Kingston, Jamaica, mientras la familia sufría el exilio del padre en esta isla del Caribe.

Consta en los documentos museables que la muchacha guardó la insignia nacional hasta los últimos tiempos de su vejez, cuando la regaló a la holguinera Carmen Mayo Zaldívar, quien la cuidó con celo y orgullo, hasta que en 2003 la donó a este Museo.

La existencia de esta pieza, que también abrazó los restos de un joven revolucionario caído durante la dictadura de Batista, se conoció a través de una exhausta investigación realizada por las historiadoras holguineras María Julia Guerra y Ángela Peña Obregón.

Por otra parte, en La Periquera se reafirma una vez más la amistad y las continuas visitas de José Martí a la casa de los Torres en Jamaica mientras preparaba las acciones para la Guerra del 95, al exponer una pequeña mesa donde firmó documentos relacionados con la gesta en una de sus estadías en 1984.

También se conserva en este lugar el velo utilizado para cubrir el rostro del Héroe Nacional desde el Cementerio de Remanganagua hasta su inhumación en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba; justo al lado de esta pieza se encuentra un libro de firmas donde los veteranos que entregaron el pequeño pedazo de tela blanca, dan fe de la veracidad del manto que acompaño a Martí hasta su sepulcro final.

Salvaguardar estos objetos es cuidar el alma de la nación, conservarla intacta para revelarla a las generaciones futuras como patrimonio tangible de una historia donde Martí es faro y guía.

Como dice Cintio en uno de sus textos: “Nosotros concurrimos a desparecer, pero Martí, no. Mientras haya cubanos Martí va a existir”.

Jairo Cruz y Codanza: ¿De qué estamos exentos?

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor

Jairo Cruz González llegó a la holguinera Compañía de Danza Contemporánea Codanza en 2004, recién egresado de nivel medio de danza en Santiago de Cuba. “Una semana después ya estaba aquí, trabajando en Codanza con Maricel Godoy”, recuerda. Ahora regresa, desde México, donde vive hace once años, para montar su coreografía Exe (Exento).

De la llegada a Codanza hasta su trabajo en Exe sucedieron varias cosas en la vida de Jairo Cruz. Su llegada a la compañía –con un elenco predominantemente masculino– coincidió con una especie de reavivamiento: Hombres de blanco y negro, de la propia Maricel, fue estrenada en abril de 204 en el IX Encuentro Internacional de Danza en Paisajes Urbanos, en la Habana Vieja, y obtuvo el Premio de Coreografía en ese evento. Esta fue su primera obra en Codanza, le seguirían corografías emblemáticas en la trayectoria del colectivo: Espacio gnóstico americano (Esteban Peña Villagrán, 2004); La carrera del siglo (Maricel, 2005); Imagen en el lente (Gilberto Cruz, 2005); Las formas del fuego (Maricel, 2006); Memoria fragmentada (Aldo Siles, 2006), que le diera el Premio de la Ciudad de Holguín en Interpretación Masculina a Jairo ese año; y Yényere Gumá, buena noche (Maricel, 2008), con el Premio de Interpretación Masculina nuevamente para Jairo, que repetiría al año siguiente con Superficie insular (Aldo Siles).

“En Codanza me evalué como primer bailarín, y decidí comenzar a trabajar en México por la invitación de una compañía en 2009. Desde entonces hasta ahora han sido once años”.

En México, Jairo –nacido en 1985 en Nicaragua, Banes– trabajó con varias compañías, con coreógrafos mexicanos y extranjeros, y recién concluyó un contrato con el Centro de Producción de Danza Contemporánea, en la capital azteca. “Hice coreografía en la escuela, pero los años en Codanza fueron más bien para crecer como intérprete, pues me interesaba mucho aprender de sus excelentes bailarines (Vianki González, Wilber Pérez, Gilberto Pérez). Aunque seguía la inquietud de crear obras, lo que desarrollé en México”.

“Coreografiar para Codanza es un deseo que viene desde la nostalgia. Ya había impartido un curso aquí, cuando era otro elenco, y había planeado con Maricel montar algo. La Covid-19 vino a retardar todos los proyectos. En México, junto con Paulina del Carmen, mi novia, trabajé en el proceso de montaje de la pieza. Regresé a finales de año a Holguín por cuestiones familiares y el universo conspiró un poco para quedarme más y trabajar con la compañía que me forjó, que me vio nacer como profesional”, cuenta.

Exe lleva a escena a 16 bailarines de Codanza y piensa estrenarse en Holguín cuando las condiciones epidemiológicas lo permitan. “Exe es exento, pero en inglés es la abreviatura de ejecutar. La obra va sobre lo que estamos exentos de ejecutar: de qué estamos exentos en la vida, si estamos exentos de una enfermedad, de atender a las reglas de un sistema social o no, de eso se trata un poco… Les hablé a los bailarines un poco de mi etapa de emigración, que pasado un tiempo a lo mejor hubiese hecho lo mismo pero de una forma diferente que en ese momento no fui capaz. Uno piensa que estar exento de algo te va a llevar a otra cosa, luego de vas dando cuenta de lo que sucede y que las acciones tienen consecuencias, y es justo eso lo que quiero ver y plasmar en esta pieza. Qué puede suceder si tomamos la decisión de estar libres de algo, alguna regla quizá o de algo con lo que no queremos cargar pero llevamos ahí con nosotros. Más que nada sentimientos o cuestiones humanas que es lo que me llama la atención”.

“Busco que las personas decidan estar exentos de algo. Quiero provocar en los bailarines que ellos digan de que han querido estar libres y que esa provocación les haga llevar una interpretación al escenario que el público se identifique con ella”, añade.

Para Jairo, Codanza es una institución de la danza contemporánea en Cuba: “La compañía está en una etapa de ansiedad y de necesidad artística en los intérpretes. Aquí hay artistas bastante maduros, pero hay etapas en las que el artista quiere y cree que toda la información que pueda tener y sacar de tu cuerpo va a ser mejor para su crecimiento, cuando a veces ninguna de esa información en realidad la procesas. Creo que esa etapa está sucediendo con los bailarines de Codanza, pero no es mala, para nada, eso es el previo a madurar una compañía. Cuando llegué yo estaba igual, quería aprender, bailar, pero tienes que ir moldeando lo que vas aprendiendo. Para un coreógrafo como yo eso quiere decir que tienes toda la materia prima disponible para trabajar con ella. Ellos necesitan de información, de trabajo, presentarse, estar frente al público. Seguimos haciendo, ahora desde Codanza, arte de la forma que sea posible”.

 

 

 

 

 

La geometría de Lobachevski según José Luis Serrano

Por Erian Peña Pupo

Foto cortesía de Ediciones Holguín

¿Qué obsesiona a un escritor contemporáneo? ¿Qué ideas pueblan su psiquis y cuáles convierte luego en imágenes, metáforas, y finalmente en literatura? ¿Acaso pueden ser cognoscibles sus pensamientos, miedos, pasiones, mediante la lectura y posible interpretación de sus libros? Y más si añadimos que este creador, digámoslo así, es un escritor que se arriesga doblemente (ser escritor ya es de por sí un riesgo con cierto mérito) con el arte de la versificación clásica: el soneto como género que exige ciertos rigores y pertrechos idiomáticos y técnicos no siempre fáciles de dominar y usar en su justa medida.

Eso pienso cuando leo Geometría de Lobachevski, poemario publicado por Ediciones Holguín en 2016, con el cual el poeta holguinero José Luis Serrano (Estancia Lejos, 1971) obtuvo el Premio Adelaida del Mármol en 2015, con un jurado integrado por Daniel Díaz Mantilla, Lourdes González Herrero y Luis Yuseff, y además, el valorado Premio de la Crítica 2016.

Instrumentos de explotan en redondo. / Incursiones al centro de la Tierra. / El edredón que el moribundo aferra. / La soledad del corredor de fondo. / Lo mismo da Comala que Macondo. / Valles de Irlanda. Costas de Inglaterra. / Cae el telón. El círculo se cierra. / Acaban de ajustar el tirafondo. / El criminal ha revelado el móvil. / Los átomos colapsan en Chernóbil. / Hay mil vacas paridas en Holguín. / ¿Campos de fresas? ¿Campos de exterminio/ donde la muerte no tendrá dominio? / Led Zeppelin or Yellow Submarine? (“Átomos”).

¿Qué pasa por la cabeza de J. L. Serrano cuando escribe sus poemas? Poemas estiletes, podríamos decir. Poemas revólveres (para jugar a la ruleta rusa). Poemas AK–47, bazucas, T–34. Amnésico. Poemas botellas de ron, varias cervezas largas. Alcohol en sangre. Poemas tragos ríspidos, cortantes. Aritmética. Matemática. Poemas insurgentes y peliagudos. Indóciles. Pero también gentiles, delirantes. Eso difícilmente lo sabremos, pues quizá ni el mismo poeta haya llegado a conjeturar (a pensar seriamente en ello) la cantidad de flashazos poéticos que visitan/atraviesan/surcan cada segundo su mente. Flashazos inevitables como los que surcaban la cabeza –la cabeza de un creador es cosa compleja sin dudas– de aquel saxofonista de jazz llamado Johnny Carter, inspirado en Charlie Parker, adicto a la marihuana y con una percepción del mundo y del espacio–tiempo muy particular, aquel saxofonista que Julio Cortázar nos entregó magistralmente en su conocido cuento “El perseguidor”.

Al poeta de la Estancia Lejos: ¡muchas felicidades en tu día! Foto: Archivo

Como Johnny Carter, J. L. Serrano escribe él mismo su biografía, que sin dudas está en su obra, como si escribiera variando las estructuras y los acordes del jazz más experimental, rompiendo las improvisaciones, insolventes, eléctricas, furiosas, del bebop tradicional.

Blanco país de la anestesia. Limbo/ de los pacientes operables. Aspa/ vertiginosa (helicoidal) que raspa/ los cirros, los estratos y los nimbos. / Nervios de acero. Músculos de mármol. / Imperio epidural de la raquídea. / El tumor se transforma en una orquídea/ que con cuidado se le extirpa al árbol. / ¿Labrar bisontes en la piedra pómez?/ Acaba de morir Máximo Gómez. / Harta la Toga del veneno tirio. / Hacia país inaccesible. Blanco/ país de la anestesia. Hay un barranco: / ¿saltar o proseguir en el martirio? (“Cirros”).

Este es un libro diferente, han dicho muchos, en el panorama de la mecánica clásica en Cuba y probablemente en el ámbito hispanoamericano. Y no es menos cierto, pero es al mismo tiempo un “cuaderno total” que viene a resumir (aunar en su medida si es posible usar el término) el trabajo de J. L. Serrano como versificador en un género que domina como pocos desde que publicara en 1997 Bufón de Dios, libro prístino de la naciente Ediciones La Luz. “José Luis Serrano es un arquitecto que conoce a la perfección de las reglas para construir edificios a partir de un dominio técnico, razón por la cual suele jugar desde la provocación. (…) Geometría de Lobachevski es un libro estremecedor. Su esencia está en aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen las lecturas acumuladas a lo largo de su carrera por un campo minado y con sus poemas como brújula para asumir tamaña empresa. Su extraordinaria capacidad para convertir frustraciones, caídas y raros silencios en sonetos demoledores le permite estar fuera de toda clasificación en Cuba”, escribe a propósito el poeta tunero Frank Castell.

Serrano incorpora en su poesía temas, contextos y situaciones que afectan (centrífugamente, podríamos decir) al hombre contemporáneo, donde se inscribe el ser cubano de hoy. En ocasiones es como si delante de nosotros, de nuestros asombrados ojos, pasaran múltiples titulares periodísticos o breves leads de agencias de prensa (actuales y antiguos) que terminan siendo pura poesía a quemarropa, sin contención. Es, apoyándome en Frank Castell, como si nos encontrarnos ante un vertiginoso y violento zapping donde “mientras más avanzan los textos es mayor la velocidad de imágenes ofrecida a través de múltiples canales”.

Publicado en la colección Ítaca de Ediciones Holguín, con edición de Lourdes González Herrero y un atractivo diseño a cargo de Roddier Mouso Bahr, a partir de la obra Nido (Land Art, 2015) de Rubén Tomás Hechavarría Salvia, Geometría de Lobachevski es parte de un proyecto mayor llamado “Trilogía acéfala”, que cuenta con el poemario Más allá de Nietzsche y de Marx, editado por la santiaguera Editorial Oriente, en 2016, además del inédito “Los perros de Amundsen”.

En Geometría… J. L. Serrano apoya sus “conjeturas poéticas”, sus “carreteras, cadalsos, calabozos”, en la figura y la obra del matemático ruso Nikolái I. Lobachevski (1792–1856) para articular un “libro de alguien que sin artificios ni figuras planas establece un diálogo muy atractivo con(tra) el lector. Ha contaminado ritmos, recupera contornos culteranos saludables; voces que no entenderíamos propias de la mecánica clásica germinan aquí. La poesía hay que entenderla de modo imperfecto, como creía Coleridge; por tanto, el pervertido y ardiente deseo de imperfección que asoma en los textos de J. L. Serrano, concierne a una manera de asumir un nuevo territorio: la apuesta radical a creer que no existen tradiciones porque todas se convocan en el espectáculo de la ruptura, o tal vez, esa misma ruptura, esa experimentación, no sean otra cosa que la más importante tradición creada”, añade el tunero Carlos Esquivel en el prólogo del libro.

¿Cuerpos astrales? ¿Cuerpos cavernosos? / ¿Desproporción? ¿Arritmia? ¿Desmesura? / ¿Contrarrevolución? ¿Contracultura? / ¿Alcanzar el nirvana o el reposo? / Perdona, Lobachevski, es tan morboso/ confiar en tus precarias herramientas. / Hiperbólicas bestias fraudulentas/ vendrán a cercenarnos los testículos. / Ya están muy cerca. A dos o tres cubículos. / ¿En qué oprobios sumirnos? ¿En qué afrentas/ desvanecernos, Nikolái? Ridículos/ axiomas y sofismas argumentas. / En la bandeja están los adminículos. / Las manos entran en el látex, lentas (“Látex”).

Quizá con ese diálogo lírico y trasgresor, acumulativo, logrado también consigo mismo, diálogo perturbador y contaminante en los terrenos expansibles de la mecánica clásica, como si pensáramos en la expansión del universo y sus contornos a través del propio verso y sus múltiples posibilidades, el holguinero J. L. Serrano nos entrega en Geometría de Lobachevski sin dudas uno de sus mejores poemarios. Poemas que vienen a ser estiletes. Poemas revólveres (cargados) para jugar a la ruleta rusa. Amnésico. Poemas AK–47, bazucas, T–34. Poemas botellas de ron para empatar los días y las noches. Poemas acordes de jazz. Poemas alcohol en sangre. “Otra cerveza, por favor”, amigo Lobachevski. Pero antes dime qué debo hacer: “¿Cortar el cable azul o el cable rojo?».

 

 

 

 

 

Exhibe Ediciones La Luz muestra de carteles dedicada a escritores universales

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Con el nombre La Luz nos convoca, Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, exhibe en el salón Abrirse las constelaciones una exposición de 20 carteles como muestra de su campaña de promoción del libro y lectura desde las redes sociales.

Los diferentes carteles que integran la exhibición componen la imagen visual del trabajo de la editorial en las plataformas digitales, impulsados por la pandemia generada por la Covid-19 en el país durante varios meses.

Con la intención de recordar a varios autores, especialmente poetas, en la fecha de su nacimiento o muerte, surgió la idea de los carteles, comenzando en julio, con el centenario del escritor cubano Eliseo Diego.

Al inicio se trataba de promocionar a escritores cubanos, pero luego se extendió también a los universales, comentó el diseñador y escritor Robert Ráez, autor de las obras donde se pueden apreciar sus diseños a partir de imágenes de autores como Charles Baudelaire, Paul Celan, Julio Cortázar, Emily Dickinson, Virgilio Piñera, Arthur Rimbaud y Oscar Wilde.

El escritor y periodista holguinero Eugenio Marrón precisó en las palabras de presentación de la muestra que el hecho de ilustrar la literatura y sus protagonistas a la hora del cartel resulta una aventura apasionante, logrando que las posibilidades de la fotografía y las letras se conjuguen en una puesta sensorial dirigida a promover y celebrar la lectura.

Las influencias que intervienen en el proceso creativo del diseño de esta colección son muchas, precisó Robert Ráez, entre ellas el estilo de periódicos y revistas como Lunes de Revolución y La Gaceta de Cuba, portadas de discos, y todo lo que en materia de diseño parezca bien concebido.

Con esta propuesta Ediciones La Luz deja entrever el ingenio y la avidez de su equipo creativo, con una elevada elaboración en el plano conceptual, mostrando los rostros de veinte poetas universales y al mismo tiempo influyendo en la promoción de la lectura a través del arte (Con información de la ACN).

 

Holguín, a 269 años del título de ciudad 

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos Carlos Rafael 

Este 18 de enero se celebra el 269 aniversario del otorgamiento del título de Ciudad y Tenencia de Gobierno a Holguín. Ese día de 1752 el mariscal don Alonso de Arcos y Moreno hizo constar que, obedeciendo las órdenes del rey español Fernando VI y luego de varios intentos de los holguineros solicitando ese derecho a la Corona española, San Isidoro de Holguín dejaba de ser un pueblo para convertirse en una ciudad.

Fue la cuarta ciudad en obtener tal condición. Para esa época y según Merced de Santa Cruz, contaba con 1291 personas blancas y 135 esclavos y existían 211 casas de rústica y sencilla construcción, donde solo había una escuela pública a cargo de Don Luis González de Rivera. En 1863 ya existían 76 ingenios, 753 vegas de tabacos y cientos de fincas rústicas y atendidas por esclavos, lo que muestra el crecimiento progresivo de la urbe. 

Ese mismo año, 1752, a los originales San Isidoro y la Virgen del Rosario, se agregaron los paternos San Idelfonso y San Miguel, que dieron nombre a las actuales calles Aricochea y Luz Caballero. La ciudad contaba a partir de ese momento los vecinos pudieron gozar de todos los privilegios, honores y franquicias propias que este título poseía. 

Con motivo a esta fecha, la ciudad de Holguín celebra cada año su Semana de la Cultura.

La primera fonda o mesón

Se instaló en 1820, en una vieja casa que ocupaba parte del espacio donde está enclavado hoy el Teatro Eddy Suñol. Llevaba por rótulo La Viajera, y fue propietario Don José Canciell. Los escasos viajeros que a ella llegaban, disfrutaban, por poco dinero, de buena comida y cama. Era obligatorio despertar a los viajeros, sin importar el rango, los domingos a las 6 de la mañana. Así los huéspedes podrían cumplir con la obligación de oír misa, que se rezaba a esa hora en las iglesias de San José y San Isidoro. 

La primera iglesia fundada en el Hato de Holguín

Durante la primera centuria de la colonización española, los oficios religiosos se celebraban bajo las palmas reales o a la acogedora sombra de otros árboles. Eso fue así hasta el 5 de octubre de 1692, cuando se inauguró la primera iglesia en Managuaco. El presbítero Don Gonzalo de Lagose se encargó de oficiar la primera misa. 

El primer teatro

Surgió en 1833, en un sitio que ocupa hoy el Museo de Historia Natural en la calle Maceo. Se le bautizó pomposamente con el nombre de El Coliseo. En las temporadas entre funciones, servía también como depósito de granos y frutos. Los actores eran aficionados. Duró varios años hasta que se construyó otro en la calle Arias, con igual nombre. 

La Plaza del Mercado

Se levantó en 1829, y era conocido como La Marqueta. Para construirla hubo que desecar un enorme lagunato que abarcaba el tramo de las actuales calles Máximo Gómez, entre Martí y Luz Caballero. El sitio estaba rodeado de tupidos árboles y era lugar de cita de las comadres y amas de casa de la ciudad. Allí se comentaban las noticias de la época a falta de otros medios. En la Plaza se vendía carne, café criollo, viandas, frutas, empanadillas, churros y otros artículos de consumo popular. Hoy, luego de un proceso de restauración, ocupa el sitio el Complejo Cultural Plaza de La Marqueta.

Fuentes: Internet (Ecured y Wikipedia). 

 

El auriga y su premio: conversación con José Luis García

Por Eugenio Marrón

Fotos Amauris Betancourt (Radio Angulo)

Muchas lunas antes –como decían los antiguos– de que los Piratas del Caribe y Juego de tronos inundaran las grandes y pequeñas pantallas, el cine italiano tuvo en las salas de exhibición cubanas toda una época de lujo: me refiero a los años que van desde los 60 hasta los 80 del siglo pasado. En Holguín, por ejemplo, las carteleras del Martí y el Baría eran pródigas con títulos de esa cinematografía.

Y esto no lo apunto por casualidad, sino porque el recuerdo más lejano y puntual que me visita, a propósito del amigo afectuoso que desata estas líneas, tiene que ver con ello: unas noches remotas de tertulias impagables en el parque frente a La Periquera, José Luis García reconstruye paso a paso los diálogos ferozmente hilarantes de la película Los monstruos (I Mostri), del director Dino Risi, una joya que reúne varios relatos fílmicos; en ellos, los grandísimos e inolvidables actores Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi encarnan una galería de pícaros y vividores, que hacen de las suyas en inagotables andanzas romanas.

Tal es así que mi remembranza de esas narraciones a la hora del cine italiano, está entrelazada con la relectura propiciada por José Luis gracias a su memoria fabuladora, a la altura de los mejores escenarios teatrales y, por supuesto, a una ilimitada y seductiva locuacidad, asentada en innumerables lecturas y esplendor imaginativo, sostén de la disciplina y el talento que le han permitido llevar adelante su obra narrativa y dramática.

Para coronar tal desempeño, ahora ha conquistado uno de los lauros más significativos de la cultura cubana y en especial de su literatura: el Premio Alejo Carpentier de Novela 2020, justo al cerrar el fatídico año bisiesto de la pandemia global, para mostrarnos una vez más que la literatura es imbatible, perenne y venturosa. Es así como conversamos al calor de tan alto galardón.

El auriga del carro alado es la novela con la que has ganado el premio Alejo Carpentier. ¿Qué trama se establece tras ese título?

“El título emana de una alegoría de Platón: Tú eres el auriga de tu vida (el carro alado), tirado por dos briosos caballos. Uno representa los instintos más elementales, el otro los más elevados. Uno tira para acá y el otro para allá. Y tu tarea consiste en lograr que esos corceles avancen convenientemente hacia tu destino. El título vertebra toda la novela, que es la historia de una complicada amistad entre dos hombres maduros. Pero es mucho más: la historia fabulada de una isla, mucha filosofía, algo de novela policial en la segunda mitad…”.

Desde tus comienzos como escritor está el cuento, género que has frecuentado, con publicaciones en antologías y revistas, así como tus libros Los silencios del ruiseñor y Apuntes de un cazador, galardonados con el Premio de la Ciudad de Holguín en 1991 y 1998, respectivamente. ¿Qué ha representado esa modalidad literaria para ti como aprendizaje y plenitud?

“Escribir cuentos es una gran cosa, así como contar cuentos (te digo esto último porque aprecio mucho a los que saben hacerlo, no sabes la envidia que siempre le tuve a Álvarez Guedes). Pero, para mí, los cuentos constituyen una etapa que debe coronarse con la producción de novelas, que es sin duda el género mayor. Se ha hablado muchísimo de que escribir un cuento es más difícil que escribir una novela.

Pero yo creo que esto es solo válido cuando una mala novela se coloca al lado de un buen cuento. Por supuesto que Los asesinos, de Hemingway, debe haber sido más difícil de escribir que cualquier novela mediocre, pero la novela El viejo y el mar, del mismo autor, debe haber sido una faena mayúscula, incomparable a la de cualquier cuento que se te ocurra.

En suma: Aprendí mucho escribiendo cuentos, un arte lleno de normas, de barreras que, de incumplirlas, fracasas. Pero no creo que prescindiendo de la novela puedas alcanzar una expresión, digamos, más cabal de tu pensamiento”.

Y el teatro, igualmente, ha sido otra de tus validaciones a la hora de la creación verbal: un ejemplo es El hombre de los guantes amarillos, Premio de la Ciudad de Holguín en 1993. ¿Cómo valoras el mundo escénico en tu experiencia literaria? ¿Cómo se entrecruzan las posibilidades del cuentista y el dramaturgo?

“Escribir teatro es algo maravilloso. Por cierto: está a la venta mi última obra: El amor es una cosa esplendorosa. Cuando escribo teatro me parece que estoy haciéndolo sentado entre el público, observando paso a paso sus reacciones. Técnicamente esto te ayuda a escribir cualquier otro género de ficción, pues aprendes a seleccionar y valorar el resultado de una frase, de una situación específica. Te adiestra en el arte de manejar efectos, te vuelve más preciso, más contundente. Hay muchos elementos del teatro que son utilísimos en la labor cuentística o novelesca, pero son géneros más bien excluyentes”.

Con la novela Últimos días junto al mar, Premio de la Ciudad de Holguín en 2013, inicias tu andar como novelista. ¿Cómo explicarías el salto del cuento a la novela?

“En mí ha sido una transición netamente dialéctica. Pasé de una cosa a otra de forma tan natural que no tengo la menor percepción del salto”.

 

 

 

Eres un lector persistente y voraz. ¿Qué autores consideras entre los más entrañables para ti a la hora de pasar vista a tus años de labor en la literatura? ¿Qué libros te llevarías para una isla desierta si tuvieras que asumir una estancia a lo Robinson Crusoe?

“Es increíble, pero con los años dejas atrás a muchos escritores que en el pasado fueron los santos de tu devoción. Para mí, el único que se mantiene firme en su pedestal hasta hoy es Faulkner, que me sigue pareciendo una síntesis de las virtudes que debe poseer todo buen escritor, incluyendo las profusas locuras que caracterizaron su juventud. En lo segundo me parezco a él, en lo primero ni pensarlo.

En cuanto a los libros que me llevaría a esa estancia Crusoniana serían (sin orden de relevancia y para releerlos una y otra vez): El hombre sin atributos, de Musil; En la colonia penitenciaria, de Kafka; La importancia de vivir, de Lin Yutang; La sala número 6 y otros cuentos, de Chéjov; El bebedor de vino de palma y Mi vida en el bosque de los fantasmas, de Tutuola; Cien años de soledad, de García Márquez; Mientras agonizo, de Faulkner; La casa verde, de Vargas Llosa;1984, de Orwell; El reino de este mundo, de Carpentier; Un día en la vida de Iván Denísovich, de Solzhenitsin; El elogio de la sombra, de Tanizaki; El sabueso de los Baskerville, de Conan Doyle; y Esperando a los bárbaros, de Coetzee”.

Siempre has residido en Holguín. ¿Cuánto debes a la ciudad y a quienes te han acompañado en el fiel de la amistad? ¿Qué nombres holguineros recordarías a la hora de un recuento?

“A la ciudad le debo todo, a pesar de que su actual comunidad artística debe tratar de alcanzar un mayor espíritu de cuerpo, en fraternal emulación con, por ejemplo, la policía, además de que las autoridades gubernamentales deben reconocer más a sus artistas e intelectuales. Pero insisto: a Holguín le debo y me debo.

De los nombres, ¿qué decir?, estoy endeudado con todos ustedes, los que forjaron aquí un ambiente único, irrepetible (hablo de los años 70-80 del pasado siglo), cuando en el parque aquellos jóvenes hablaban armónicamente de los amores y de las artes, tras las últimas muchachas o muchachos, y tras las últimas novedades literarias, cinematográficas, teatrales y pictóricas. Tú mismo jugaste tu rol, y Lourdes González –que era la muchacha más linda del mundo-, Carlín (Carlos Jesús García), Alex Fonseca, Pedrito Ortiz, Alejandro Querejeta, Paquito García Benítez, Madrigal…

Todos ustedes formaron un croché benefactor, estimulante. Los iniciados en aquel grupo aprendían rápidamente a mirar el mundo de otro color, a respetar y amar la creación. Quienes a posteriori no se dedicaron a crear, se convirtieron al menos en mejores personas. Para mí en particular fue determinante la existencia de aquella atmósfera, sin la cual creo que me habría convertido en asaltante de caminos”.

Y claro, por último, algo que no puede obviarse: ¿Qué papel ha jugado la radio para ti, donde has trabajado durante años como realizador, guionista, locutor y promotor cultural?

“Tributando para Radio Angulo llevo unos cuarenta años. Mi primer programa se llamaba Juventud Técnica (1980), luego me involucré en espacios culturales y desde hace más de veinte años cubro dos espacios largos dedicados a la música: uno a los boleros (la primera gran síntesis vocal de la música cubana), y otro a la mejor música de todas partes y de todos los tiempos.

Para mí la radio ha sido como una Alma Máter. Conversar ampliamente con el público como si estuviéramos en la sala de una casa es algo incomparable. Por otra parte me ha obligado a superarme, a conocer, a desentrañar, a mantener viva mi memoria y espolear la memoria de los llamados oyentes. Agradezco a la radio holguinera la confianza, la posibilidad de haberme hecho poco a poco de un oficio que no cambiaría por nada”.

Tomado de la web de Radio Angulo (http://www.radioangulo.cu/la-palabra-compartida/244520-el-auriga-y-su-premio-conversacion-con-jose-luis-garcia).

 

Apuesta Artex en Holguín por eficiencia de sus servicios y productos en 2021

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Alexis del Toro (!ahora!)

Acercar más el producto cultural a la población, incorporar nuevas formas de producción, lograr el crecimiento monetario a través de las exportaciones y garantizar una variada oferta artística y gastronómica en sus espacios constituyen proyecciones de la Sucursal de la Empresa de Promociones Artísticas y Literarias (Artex) en Holguín para el presente año.

Eduardo Tomé Consuegra, vicepresidente ejecutivo de Artex en el país, precisó en la Asamblea de Balance de esta entidad, que para alcanzar las metas propuestas para el 2021 se debe lograr producciones encaminadas a ofrecer servicios de calidad al pueblo, a partir de la adquisición de materias primas con empresas nacionales y mixtas, así como los encadenamientos productivos.

Enfatizó, además, en los avances de las contrataciones con otros sectores, como el campesino, proveedores de gran parte de los productos comestibles que se ofertan en los centros comerciales y polos turísticos; del mismo modo hay que buscar alternativas comerciales con Frutas Selectas, Bucanero y otras empresas mayoristas.

Por otra parte, Jorge Félix Otero, gerente general de Artex en la provincia, precisó varios de los renglones en los que sobresale el colectivo y su aporte a la economía del país, como el cumplimiento en las categorías de negocios más importantes, que resultan las tiendas, los centros culturales y la Agencia de Turismo Cultural Paradiso.

Además destacó el directivo la necesidad de aumentar la producción de los bienes exportables, a partir de la fuerza laboral que proporcionan las Formas de Gestión no Estatal, entre ellos artesanos y artistas vinculados al Fondo Cubano de Bienes Culturales.

También se analizó la programación cultural que se ofrece en cada centro perteneciente a esta cadena, donde se priorizan los artistas locales, principalmente aquellos que tienen peñas y espacios fijos, es el caso de los trovadores y los solistas, siempre teniendo en cuenta la situación sanitaria por la que atraviesa el país con la Covid-19.

En este espacio, donde también estuvieron presentes Rachel García Heredia, directora del sectorial provincial de Cultura, y Raúl González García, miembro del Gobierno en Holguín, se exhortó al trabajar para el logro del sobrecumplimiento del plan de venta en la red de tiendas de la empresa en materia de literatura, artesanías, postales, la colección Arte en Casa, discografía, entre otros artículos, garantizando así mayores ingresos y la visibilización de los bienes y servicios artísticos cubanos en diferentes espacios.

A su vez, se reconocieron muchas de las adversidades que enfrentó el colectivo laboral durante el 2020, relacionadas con los bajos ingresos provocados, principalmente, por los efectos de la crisis sanitaria por la Covid-19, superadas gracias al empeño de los trabajadores junto al consejo de dirección, por lo que se proponen mantener la misma calidad hasta lograr la condición de Vanguardia Nacional.

Con 26 años de creada, la Sucursal de Artex en Holguín difunde y comercializa la creación y la identidad holguinera y nacional, desde diversas manifestaciones y estilos como la plástica, las artesanías, la literatura y la moda, con una visión renovada de hacer arte de lo cubano (Con información de la Agencia Cubana de Noticias, ACN).

Viaje literario y periodístico alrededor de Rubén Rodríguez

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos tomadas de Internet

Rubén Rodríguez González, reconocido periodista y narrador holguinero, en ese orden porque asegura que debe al periodismo su literatura, se encuentra entre los escritores cubanos más publicados y leídos en el país, con una veintena de textos que oscilan con éxito entre la literatura infantil y la cuentística para adultos.

En su obra creativa destaca la novela El Garrancho de Garabulla, que descubre de algún modo el entorno infantil en que creció el autor, el antiguo poblado de Auras, actualmente Floro Pérez, que se encuentra a pocos kilómetros de la cabecera provincial, y donde surgieron sus primeras necesidades literarias, pues Rubén afirma que la fantasía fue la tabla de salvación y alternativa lúdica en su niñez.

Dicho título lo ha convertido en unos de esos relatores del campo cubano, utilizando las múltiples posibilidades que ofrecen lo bucólico y lo auténticamente nacional.

El maravilloso viaje del mundo alrededor de Leidi Jámilton, es otra de sus sagas infantiles más reconocidas, que narra las peripecias de la ingeniosa bruja y su visión de mejoramiento humano a través de una mirada sensible y humorística.

A esta lista se suman otros textos dedicados a los pequeños, como Rebeca Remedio y los niños más insoportables del mundo, Peligrosos prados verdes con vaquitas blanquinegras, Paca Chacón y la educación moderna y Mimundo.

Su más reciente título infantil es La retataranieta del vikingo, bajo el sello de la Editorial Oriente, que le mereció el Premio de los Lectores otorgado cada año por el Instituto Cubano del Libro (ICL) a los diez textos más vendidos en la red de librerías o de mayor circulación comercial en el país, y entregado en la recién concluida Feria Internacional del Libro de La Habana, amplia cita cultural en la que ha participado frecuentemente con sus obras.

Rubén precisó que se siente satisfecho y feliz con el galardón, pues es señal de que el texto como obra de arte ha cumplido con su ciclo creativo, que lógicamente finaliza cuando el lector interactúa con ella convirtiendo en suyas las vivencias literarias e identificándose con la historia de los personajes.

Además este autor destaca dentro del amplio movimiento literario cubano y latinoamericano a partir de una obra consolidada para adultos, con títulos que aparecen en varias editoriales nacionales y extranjeras; entre ellos Eros del espejo, su primer cuaderno publicado y que le mereció el Premio de la Ciudad de Holguín 2001; Majá no pare caballo, Unplugged y Los amores eternos duran solo el verano.

Dichos textos muestran una narrativa potente, sincera, a ratos descarnada, sobre la pérdida, el dolor, la soledad, la necesidad de querer y ser querido, y fundamentalmente, sobre el amor.

Aunque numerosos premios avalan su creación literaria, como La Gaceta de Cuba, César Galeano, Oriente, La Edad de Oro, Ismaelillo, Abril, Crítica Literaria y su más reciente galardón, el Alejo Carpentier 2019, importante reconocimiento que concede el ICL, la Editorial Letras Cubanas y la Fundación homónima, disfrutar una clase junto al profe Rubén es un lujo que todo estudiante de periodismo no debería perderse en su paso por la academia.

Sus lecciones sobre el estilo, el ensayo y las herramientas literarias de las que se vale hoy la profesión periodística para lograr un acertado texto, atrapan hasta el más escéptico en cuestiones de escritura, sobre todo porque logra una intimidad que sobrepasa los pupitres y te convierte en cómplice de numerosos autores de la literatura universal.

Igual que al gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, el periodismo en Rubén Rodríguez González más que una herramienta para ficcionar sus historias, se ha convertido en su cotidianidad, en su razón de ser y existir, por eso aún hoy desde el semanario holguinero ¡ahora!, donde es editor, cautiva con fresco estilo a los lectores con su columna habitual, dejando entrever las historias de esos picarescos personajes que habitan su amplio mundo literario (Artículo publicado inicialmente en la web de la ACN).