XXVII Fiesta de la Cultura Iberoamericana: Los pueblos y el arte de resistir


Por Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo
Fotos cortesía de la Casa de Iberoamérica
La XXVII Fiesta de la Cultura Iberoamericana fue convocada desde Holguín para realizarse desde las plataformas digitales del 24 al 30 de octubre próximos, en consonancia con las disposiciones sanitarias implementadas en el país para prevenir la propagación de la Covid-19.
Liset Baster, especialista en Comunicación de la Casa de Iberoamérica, comentó que este año la Fiesta unirá a especialistas, intelectuales y artistas a partir de la temática “Los pueblos y el arte de resistir”. Especialmente esta edición se dedicará a los centenarios del escritor cubano Cintio Vitier y del Instituto Latino de la Música, además al 60 aniversario de “Palabras a los intelectuales”, el 30 de la brigada puertorriqueña de solidaridad con Cuba Juan Rius Ribera, y los 40 años de la creación de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA).
Rafael Ávila Rumayor, director de la Casa, de conjunto con Liliana Avilés, especialista en Relaciones Internacionales de la institución, procesarán las inscripciones al certamen, cuya cuota incluye el programa digital, las promociones y el certificado de participación. Durante una semana confluirán en las redes espacios teóricos, artísticos, comunitarios y de animación sociocultural, como las actividades desde las Brigadas Internacionales de Solidaridad, el Coloquio Iberoamericano de Letras, muestras de artes plásticas y de audiovisual, así como el Congreso Iberoamericano de Pensamiento, columna teórica de la Fiesta.
El Congreso, que llega a su 16 edición, centrará sus debates en la capacidad de resiliencia del ser humano desde arte, por la esperanza y la vida, así como desarrollará temas de género y sobre las repercusiones de la Covid-19, a través de conferencias, foros y otras dinámicas de intercambio, explicó Bárbara Martínez, miembro del Comité Organizador del Congreso.
Los participantes que concursarán por el Premio Nacional de Investigación José Manuel Guarch Delmonte este año poseen nuevas oportunidades de inscripción y pago, efectuando sus gestiones a través de las plataformas EnZona y Transfermóvil. Además, las investigaciones seleccionadas integrarán las memorias del evento como publicación con su respectivo ISBN, y las de mayor rigor e importancia se incluirán en el plan editorial de la revista Guayza, publicación de crítica social e investigación que organiza la Casa, añadió Bárbara.
Surgida en el año 1993 en Holguín por iniciativa del entonces Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos, la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, en su proyección cultural, se dedica a subrayar las raíces histórico-culturales que unen a las naciones integrantes de esta comunidad, caracterizadas por un mosaico cultural de amplios matices y resonancias culturales.

Ediciones Holguín celebra su 35 aniversario

Por Erian Peña Pupo y Vanessa Pernía Arias

Fotos Bernardo Cabrera

Con una lectura de poesía y el reconocimiento al sostenido quehacer de Ediciones Holguín, celebraron hoy en esta provincia el 35 aniversario de este importante sello, distinguido en el ámbito cultural cubano por la amplitud y calidad de sus propuestas literarias.

Desde el patio del Museo Provincial La Periquera, y cumpliendo con las medidas sanitarias para evitar la propagación de la Covid-19, varios poetas homenajearon desde su obra esta importante fecha, entre ellos Delfín Prats Pupo, Lourdes González, Manuel García Verdecia, Luis Yuseff, Gilberto González Seik, Kenia Leyva, José Luis Serrano y José Poveda. 

Los autores rememoraron sus vínculos, literarios y laborales, con Ediciones Holguín. Para González Seik, la creación de la editorial fue un antecedente importante para el surgimiento de la filial de la Uneac en la provincia; mientras García Verdecia elogió el papel del sello en el rescate de “la memoria y la permanencia” de nuestro desarrollo cultural. 

El Centro Provincial del Libro y la Literatura y la Dirección de Cultura en el territorio reconocieron de manera especial la labor desplegada por la editorial y su directora, la escritora Lourdes González, durante más de tres décadas en la publicación y promoción de autores cubanos y universales. 

Asistió, entre otros, Náyade Proenza, subdirectora provincial de Cultura, y Nilser Batista, funcionario de la esfera cultural del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba, quien destacó la calidad de nuestros libros y la necesidad de comercialización de los mismos en el mundo. En la actividad, el intérprete Nadiel Mejías compartió varios temas.

Desde el mes de junio Ediciones Holguín desplegó una amplia programación digital que incluye la presentación de novedades editoriales, lecturas y paneles, con motivo del 35 aniversario de este sello. 

Estas acciones forman parte de la campaña “Al pie de la letra”, que conmemora esta celebración y tiene entre sus finalidades las presentaciones promocionales de escritores y obras del más reciente catálogo, de otros publicados en años anteriores, así como las peñas y espacios fijos online, comentó a la ACN la escritora y editora Kenia Leyva.

Bajo el lema “Lecturas para combatir el calor en familia”, se comparten recitales, lanzamientos, paneles, conversatorios, entre otras actividades, a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. 

Desde la página de Facebook de la editorial, en streaming o mediante cápsulas promocionales, el lector puede acercarse a las novedades de un sello que posee en su catálogo más de 700 títulos, muchos de ellos de autores importantes de la literatura universal y cubana, explicó Kenia.

Entre las primicias destaca “Separados del mundo. Selección de poesía de amor latinoamericana”, compilada por el poeta y editor José Luis Serrano, la cual, precisó Kenia Leyva, será de agrado no solamente de adolescentes y jóvenes, sino también del gusto de todos los grupos etarios, porque este es un país que agradece la buena poesía de amor.

Además destaca “El detective de la Continental”, de Dashiell Hammett, con traducción de Aida Bahr; “Los papeles del poeta”, novela corta de Henry James, llevada al español por Manuel García Verdecia; “Ella escribía poscrítica”, de Margarita Mateo, Premio Nacional de Literatura; “Cuentos destornillados”, de la camagüeyana Niurki Pérez García, y “El mundo kenoseve,” de Ronel González, ambos para los niños. 

En uno de los textos promocionales a propósito de la fecha, el escritor José Luis García expuso que Ediciones Holguín desde sus inicios contribuyó de forma incuestionable a que la ciudad que le da nombre se convirtiera en punto de referencia dentro del quehacer literario de la isla. 

Su historia comenzó ligada a la publicación de los mejores textos de autores holguineros, entre ellos los Premios de la Ciudad y otros certámenes organizados en la provincia, para paulatinamente ampliar sus miras hacia lo mejor que se produce a nivel nacional e internacional en todos los géneros, destacó el también Premio Alejo Carpentier.

Entre los autores publicados por este sello holguinero destacan Paul Celan, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Eugenio Montale, Harold Hart Crane, Virginia Woolf, Fina García Marruz, Roberto Fernández Retamar, Antón Arrufat, Reynaldo González, Miguel Barnet, entre otros. 

 

Julio García-Espinosa por un cine imperfecto y rebelde

Por Erian Peña Pupo

Dos aniversarios relacionados con el cineasta, teórico y profesor Julio García-Espinosa se conmemoran este año: el 95 de su natalicio, el 5 de septiembre de 1926 en La Habana, y los 60 años de El joven rebelde, una de las primeras obras de ficción posterior a la creación del Icaic, específicamente el cuarto largometraje producido por este, estrenado en mayo de 1961 como ejemplo de un cine que “entonces apenas estaba naciendo”, entre tanteos, búsquedas y reafirmaciones, como diría José Massip, uno de los guionistas del equipo liderado por el italiano Cesare Zavattini y que contó, además, con José Hernández y el propio director García-Espinosa en la escritura del guion. 

El italiano, quien había visitado Cuba más de una vez en la década anterior y conocía a los jóvenes miembros de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, a la cual pertenecía Julio, y desde cuya Sección de Cine que había realizado el corto El Mégano, junto con Alfredo Guevara y Tomás Gutiérrez Alea (Titón), sería, para el cine cubano de esa década, “además de un mentor, un portavoz enérgico”, afirma Juan Antonio García Borrero. Zavattini era uno de los grandes guionistas del cine y uno de los principales teóricos y defensores del neorrealismo –bajo cuya influencia se formaron, en las aulas del Centro Sperimentale di Cinematographia en Roma, realizadores cubanos como el propio Julio, su hermano Pedro, y Titón– había escrito los textos de clásicos de Vittorio De Sica como Ladrón de bicicletas (1948), Milagro en Milán (1951) y Umberto D. (1952). 

“Ningún intelectual de Europa expresó antes que él, de manera pública y con tanta vehemencia, el tremendo entusiasmo que le provocaba la derrota de Batista. Era apenas el 2 de enero de 1959, y ya Cesare Zavattini le enviaba desde Roma a Alfredo Guevara, futuro presidente del Icaic, una carta” desbordada de optimismo: “Ustedes están en la situación ideal, así como estuvimos nosotros, inmediatamente después de la caía del fascismo, para desvincular el cine de las rémoras industriales y hacerlo devenir el medio de expresión político y a la vez poético de la gran aventura democrática hacia la que se están encaminando”, escribía el guionista de El oro de Nápoles

Poco después Zavattini no dudó en aceptar la invitación cursada por el Gobierno Revolucionario para colaborar en la construcción del Icaic o, como subraya García Borrero, “en la construcción de una cinematografía nacional”. Arribó a finales de 1959 a La Habana, asesoró varios proyectos de guiones y supervisó Cuba baila, de García-Espinosa, el primer filme producido por el Icaic; y comenzó a trabajar en el guion de El joven rebelde, a partir de un argumento suyo: “Se trata de un muchacho de 14 o 15 años que se alza en la Sierra. Es un argumento increíble para el extranjero. Y trabajamos para convertir esto en un espectáculo interesante”, aseguró a inicios de 1960

En carta a Alfredo Guevara desde Roma, Zavattini le comenta sobre el proceso de escritura del guion del filme: “Se trata ante todo de no querer y no deber considerar El joven rebelde como un filme de propaganda en el sentido estrecho y directo. Esto no le quita cierta imprescindible exigencia informativa, pero al mismo tiempo permite un tono, un modo, de mayor alusividad respecto por ejemplo, a los cuentos de la revolución”

García-Espinosa, quien entonces se encontraba en México en la postproducción de Cuba baila, fue el director de la película. Aunque el proyecto no le interesaba, contó el director de Aventuras de Juan Quinquín (1967) y Reina y Rey (1994), “Titón y yo éramos los únicos que teníamos cierta experiencia para atrevernos a hacer un largometraje. Yo quería hacer entonces Bertillón, de Soler Puig, pero Titón se enamoró de la novela (que nunca hizo) y el otro argumento disponible era El joven rebelde, que yo asumí. Trabajé el guion, tuve muchas conversaciones con Zavattini, de modo que fue una experiencia muy enriquecedora (…) Tengo muchísimas anécdotas con el gran neorrealista, pero puedo decirte algo que lo resume todo: entre las muchas gentes por las que uno está influenciado, él ocupa un lugar muy importante en mi vida y en mi generación”

La historia de Pedro, el joven campesino que se incorpora al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, cuya impetuosidad y espíritu rebelde le trae enfrentamientos con sus superiores y que alcanza su madurez como combatiente en la decisiva batalla de Guisa, se estrenó el 2 de marzo de 1962 y fue seleccionado entre los filmes más destacados del año. El Festival de Karlovy Vary, en Checoslovaquia, le entregó el Premio al Joven Creador al filme protagonizado por Blas Mora, Wember Bros, Lionel Alleguez, José Yedra, Miguel Piedra, Carlos Sessano, Cuqui Ponce de León, Amanda López, Reinaldo Miravalles y Ángel Espasande, con fotografía de Juan Mariné y edición de Mario González. La producción fue de José Fraga, el sonido de Eugenio Vesa y la música del joven Leo Brouwer (quien había trabajado con el Icaic desde Historias de la Revolución). 

A pesar de los reconocimientos y de la influencia del neorrealismo y sus maestros en el cine cubano de los primeros años del Icaic, el propio García-Espinosa estaba consciente, como asegura García Borrero, de que aquel modo de representación de la realidad que proponía el primer neorrealismo comenzaba a ceder terreno ante los nuevos movimientos (Free Cinema, Nueva Ola Francesa, Cinema Verité, Cine directo, entre otros). “…cuando leí el guion, la historia no me resultó interesante, o más bien no me interesó la forma en que estaba narrada. La sentía totalmente ajena a mi sensibilidad. Pero, ¿cómo desdeñar un guion de Zavattini? Por disciplina profesional, por lo que podía representar para el Cine Cubano, realicé el filme. Me costó separarme de Zavattini y del Neorrealismo italiano por más de treinta años”, rememoró quien fuera director del Icaic entre 1983 y 1990, y director de la EICTV entre el 2004 y el 2007. 

Si bien el filme es un ejemplo de la evidente huella neorrealista en la producción cubana de estos años, El joven rebelde “también resulta el punto de ruptura entre el maestro neorrealista y los cubanos”, asegura Anastasia Valecce, pues desde este momento, los directores cubanos, particularmente Julio García-Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea, “tomaron consciencia de la necesidad de producir un cine que no tuviera influencias extranjeras, y por lo tanto, declararon su voluntad de tomar distancia del neorrealismo. Las circunstancias que determinaron el final de las relaciones entre Zavattini y los cubanos están muy conectadas con la producción de El joven…

A partir de ahí, añade la investigadora, los cineastas de la isla “encuentran estrategias para crear lo que ellos definen como un cine propiamente cubano. Este nuevo lenguaje cinematográfico no habría podido existir sin los contactos, las pausas, las distancias y finalmente la ruptura que implicó la relación con el neorrealismo”. Volver a El joven rebelde, a sesenta años de su filmación, resulta una buena oportunidad no solo para analizar la influencia de Zavattini y el neorrealismo en la filmografía de esa década, y conocer la obra del autor de Por un cine imperfecto (1969) y otros textos necesarios, sino para comprender un cine que, a partir del aprendizaje, insistía en construirse desde sí. 

 

Potencian en Holguín las visitas virtuales a museos y galerías

Por Vanessa Pernía Arias

Foto tomada de Internet

A disposición del público cubano y extranjero se encuentran las visitas virtuales a varias instituciones culturales de Holguín, como parte de las acciones que fomentan el desarrollo de la informatización en la provincia y una opción interesante ante la imposibilidad de los recorridos presenciales a causa de la Covid-19. 

Estas propuestas se encuentran en la plataforma Ciudad Nuestra, Portal del ciudadano del municipio de Holguín, que se localiza en la dirección www.ciudadholguin.gob.cu, y entre las propuestas destaca el Museo Casa Natal de Calixto García y el Centro Provincial de Artes Plásticas. 

Concebido como proyecto de desarrollo local, iniciativa del Gobierno de cara al proceso de informatización de la sociedad, esta propuesta conecta a los usuarios de la plataforma con otras ofertas de contenidos de la propia ciudad, precisó Eduardo Ávila Rumayor, director de la Casa de Iberoamérica y coordinador del mismo.

Pone a disposición de los internautas, materiales audiovisuales realizados exclusivamente para el sitio, series dramatizadas, spots que refuerzan la identidad del holguinero, exposiciones, entre otros, articulando un sistema de conocimientos novedoso y atractivo. 

En este sentido los usuarios pueden acceder a las habitaciones que sirvieron de hogar a la familia Íñiguez Landín, así como visualizar los distintos objetos que allí se atesoran del Mayor General Calixto García.

Otro de los atractivos resultan las visitas a las salas que componen el Centro de Arte holguinero, donde se puede disfrutar en tiempo real de las exposiciones exhibidas, además de obtener información relacionada con la actividad plástica en el territorio y de la cultura en general.

El Portal hipervincula a otros contenidos relacionando a páginas que hoy se desarrollan en el país, como Picta, plataforma cubana de contenidos audiovisuales, y otras que proveen nuevas aplicaciones nacionales, bibliotecas virtuales, la red de ciencias de Cuba y al entramado de instituciones del país y sus servicios, explicó Ávila Rumayor. 

Ciudad Nuestra, promovido por el Centro para el Estudio y Desarrollo Sociocultural (CEDES) y subordinado a la Casa de Iberoamérica, está diseñado desde la gestión colaborativa y participativa de la ciudadanía, donde coexisten los sectores estatal y privado, para colocar los datos que necesiten sobre sus emprendimientos, o acompañar a estos a escala local en lo relativo al diseño de imagen y la incorporación de valor a sus productos, añadió (con información de la ACN). 

Avanza el Fondo de Bienes Culturales de Holguín en acciones importación para las formas de gestión no estatal

Por Vanessa Pernía Arias

Foto tomada de Internet

La filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) de Holguín, a través del Grupo de Nuevos Negocios, ha logrado hasta la fecha la efectividad de más de 50 solicitudes de importación de mercancías para el trabajo artesanal. 

Roberto Leyva, jefe de este Grupo, comentó al portal web del semanario ¡ahora! que desde noviembre del pasado año, fecha en que se creó esta entidad para el asesoramiento y gestión de dichas prestaciones, se han agilizado los procesos de importación y exportación de bienes y servicios para las formas de gestión no estatal.

De esta manera ha llegado al territorio, materiales como cristalería, espejos de gran formato, cemento, productos textiles, de soldadura, carpintería y otros para la confección de muebles y zapatos.

El directivo declaró que estas acciones representan el ingreso de un millón 224 mil dólares a la cuenta en Moneda Libremente Convertible (MLC) del Fondo en la provincia.

Destacó que entre las premisas fundamentales que caracterizan el trabajo del Grupo se encuentra la consolidación de líneas de productos capaces de sustituir compras para realizar exportaciones.

En este sentido, Roberto Leyva ejemplificó que actualmente se tienen solicitados una cantidad importante de felpa, tejido que se utilizará en la confección de toallas, logrando de este modo la sustituir la importación de este necesario artículo (con información de la ACN).

Entre los logros de esta actividad se encuentra la concreción de los ciclos productivos, pues tres de los artesanos del FCBC, luego de realizar exitosamente la importación de materiales de trabajo, comercializan sus producciones en MLC en la red de tiendas Cimex, lo que permite reinvertir la ganancia en nuevas operaciones, añadió.

Esta nueva estrategia, que parte del diseño económico-social implementado en el país para impulsar nuevas formas de gestión en la economía, posibilitó el surgimiento del Grupo de Nuevos Negocios, encargado de organizar, orientar y desarrollar esta actividad.

El FCBC holguinero es una de las entidades más importantes en el desarrollo artístico y comercial de la provincia, lo que le posibilita prevalecer con éxito dentro del movimiento creativo y socioeconómico en el país; asimismo organiza cada año la Feria Internacional de Artesanía Iberoarte, con importantes resultados e ingresos.

 

Pablo Guerra y su rapsodia para un animal de carga

Por Erian Peña Pupo 

Foto cubierta cortesía de Ediciones La Luz y Vanessa Pernía 

Pablo Guerra Martí sabe –como su admirado José Lezama Lima– que “paso es el paso del mulo en el abismo” y que “ese seguro paso del mulo en el abismo suele confundirse con los pintados guantes de lo estéril” y además, suele hacerlo “con los comienzos de la oscura cabeza negadora”. Pero Pablo Guerra, poeta aguzado en los complejos entresijos del idioma, conoce que el “final no siempre es la vertical de dos abismos”. 

A estos abismos se ha asomado, al punto de declarase “animal en extinción”, pero un animal capaz de tomar palabras “del día a día para construir el lecho, la cama y el fogón”. Palabras que terminan siendo proscritas, tiernas, sucias… materia de los versos de Animal de carga, publicado en 2018 por Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín, con edición de Luis Yuseff, diseño de Frank A. Cuesta, a partir de una foto de Ramón Legón, y corrección de Mariela Varona y Yailén Campaña. 

La profunda hinchazón del plomo dilata los carrillos del mulo de Lezama Lima; mientras que el buey de Pablo está “herido por la vara, hendido por la vara, guiado por la vara” y “no recuerda para que sirven sus bríos, ¿hollar en el fango? ¿jalar la carreta, acaso?”. Este buey –insiste en decirnos el poeta, narrador y realizador audiovisual– “ya no es el que determina la pauta, el orden natural de las cosas que han de ser arrastradas”. Sigue el paso lento, el cabeceo… “Entre él y el límite solo está el palmo de húmeda lengua”. Otros, algo más lentos, le clavan al buey la orden en el lomo endurecido… 

El poeta, miembro de la UNEAC y merecedor de varios premios literarios, acarrea “cántaros que se han de vaciar para sucesivas vueltas”, “cuentas que han acumulado saldos deudores, intereses multiplicados ante el ojo del publicano y en los bolsillos”, y como el mítico Sísifo de Corinto –aquel reinterpretado por Camus como metáfora de la vida moderna– sube cuesta arriba la empinada ladera cargando la pesada roca. Muchas veces, también como Sísifo, cree que está condenado a una inútil e incesante tarea, una “bancarrota declarada, a cuestas, en el lomo de los días”. Otras veces, apenas cree distinguir entre la naturaleza del hombre y su agobiante carga. Es entonces cuando “el tigre de las horas” –¿acaso el tigre de Blake?– arroja su gélido aliento y el poeta deja a un lado el temor a la garra, a la certeza del colmillo, y asegura que el miedo es su arma, el ojo alerta su naturaleza. Aun así, existe, permanece, incluso llega a asegurarnos que “la luz persiste como un perro fiel en seguir guiando nuestros pasos”. 

Esa luz –atizada por las circunstancias del alma, “vasto territorio donde nos perdemos desacostumbrados al oficio de los encuentros”– arremete “la muerte inmemorial que padecemos”, y en la poesía de Pablo Guerra Martí encuentra asideros en los seres que ama y necesita, “la pesada bola del recuerdo que inevitablemente volverá para golpearnos”. Sus hijas, su madre, los amigos como “islas golpeadas por el viento” –y con ellos la impotencia ante la imposibilidad de “alumbrar la soledad”– viven en poemas que poseen algo de esa electrizante y lírica estructura lezamiana evidente en sus libros. 

Pablo Guerra Martí no se encuentra, como Lezama, “entre los toros de Guisando”, pero sí está “entre los que preguntan cómo y cuándo”. Y ese cómo y cuándo desbordan su poesía. Él sabe que al pasar la página –después de leer sus versos– algo queda, y que ese algo –cercano, vital, palpable, nuestro– nos impulsa a creer que antes de rodar nuevamente, Sísifo tuvo la certeza de que la piedra había avanzado un poco más (tomado de la web de la Uneac). 

 

Entrar al aula inmensa de la vida de la mano de Eduardo Heras León

Por Erian Peña Pupo 

Foto cortesía de Ediciones La Luz 

“Yo soy un escritor de mi tiempo. Escribo el presente, y una de mis funciones como escritor es tratar en lo que pueda de enriquecer la vida espiritual de mi pueblo e incidir en la problemática de donde yo vivo. No me interesa la posteridad, quiero dejar mi huella ahora”, respondió Eduardo Heras León a la crítica y editora uruguaya Ana Inés Larre Borges en una entrevista publicada en el semanario Brecha, de Montevideo, en 1987, incluida en el libro Eduardo Heras León en el aula inmensa de la vida, compilación y selección de Yunier Riquenes García publicada en 2018 por Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín. 

Precisamente las huellas de Heras León –el Chino Heras, el autor de libros clásicos en la cuentística cubana, el editor, el periodista, el profesor de generaciones de narradores jóvenes, el fundador, el hombre leal a sus principios a toda costa, el amigo admirado y querido–, pueden rastrearse en las páginas de este libro homenaje en el que se destila, como resumen, como vía crucis y fe de vida, su amor por Cuba, pues “para nosotros, afortunadamente, a pesar […] de los años terribles que dejaron esas huellas imperecederas […], las utopías siguen vivas y la historia no terminó, sino que está a punto de comenzar”, asegura. 

Este libro compila más de veinte entrevistas concedidas por Heras León a medios cubanos y extranjeros en diferentes momentos de su vida, desde los años 80 hasta nuestros días, y en las que transita –muchas veces manteniendo idénticas líneas de pensamiento– por sus grandes pasiones, y por los momentos que han marcado su vida como escritor y ser humano: el triunfo revolucionario de 1959, las milicias, Girón, la literatura, el periodismo, el ballet, el ostracismo producto a un complejo momento de la política cultural en los años del Quinquenio Gris, el ajedrez, la fábrica Vanguardia Socialista, la literatura fabril y la honestidad del obrero, el magisterio, Universidad para Todos, el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso… Todo ello, y mucho más, han hecho de Heras León el hombre que es hoy. A todo ello –en dependencia de las peculiaridades de cada entrevista, de los enfoques de las preguntas– podrá acercarse el lector interesado en la vida y la obra, que en este caso se cruzan y complementan, del Premio Nacional de Edición 2001 y Premio Nacional de Literatura 2015. 

“Los entrevistadores son de distintas formaciones y generaciones, pero el entrevistado cree lo que dice, ha sido consecuente con lo que ha vivido, con la gente que ha conocido y con su país. He podido leer y saber cómo ha sido, lo que ha perdido, lo que ha ganado, lo que ha fundado para los demás; los espacios culturales y políticos en los que ha participado; los debates en los que ha puesto su verbo y acción”, asegura el narrador y poeta Yunier Riquenes en las palabras del prólogo “Cuando la vida de un hombre no es un cuento”, y añade: “Este es un libro que conmueve. Repasa palmo a palmo la vida de un hombre querido por muchos. He disfrutado encontrar, releer, transcribir esta selección de entrevistas […] Cuando uno lee estas conversaciones con el paso del tiempo, aunque uno no haya vivido prohibiciones, sueños, guerras, uno vuelve a la caminata, se incorpora. Vence los kilómetros que sean necesarios”.

Periodistas y escritores como Odette Alonso Yodú, Fernando Butazzoni, José Antonio Michelena, Magda Resik, Dean Luis Reyes, Manuel García Verdecia, Marilyn Bobes, Yoe Suárez, Antonio Herrada y Rafael José Rodríguez Pérez, escudriñan diferentes momentos de la vida del autor de La guerra tuvo seis nombres (Premio David 1968) y Los pasos en la hierba (mención única del Premio Casa de las Américas 1970), libros iniciadores –junto con la obra de esos años de Norberto Fuentes y Jesús Díaz, “una generación frustrada en lo literario” y “atrapada en el vórtice de los años duros […] con todas sus contradicciones, complejidades, victorias y derrotas, aciertos y errores– de la llamada literatura de la violencia, en la que “la Revolución entraba a la narrativa con gente humana, creíble, con aciertos y errores, con vicios y miserias”, escribe Fernando Beramendi en su entrevista, y en los que se abordan –junto con A fuego limpio, Acero y Cuestión de principio, La dolce vita, entre otros de sus libros– “temas como la guerra revolucionaria, la construcción de la sociedad –en todos sus matices–, la lucha contra las resistencias del pasado, el mundo de las fábricas y también, el amor y el desamor” (con un lirismo que sorprendió a Cortázar). “Tenemos que quitarnos el fardo de la historia para lanzarnos a la aventura de la imaginación”, respondería en esta misma entrevista Heras León. 

Momentos especiales en este amplio diálogo que es Eduardo Heras León en el aula inmensa de la vida resultan los sostenidos sobre el proyecto Universidad para Todos, cuyo primer curso, dedicado justamente a las técnicas literarias, otra de sus pasiones, impartió por televisión. Y además, a ese sitio único, que ha ayudado a la formación a centenares de jovenes escritores, y promotores y lectores, como bien afirma, que es el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. “Desde allí renovó la literatura cubana desde 1998. Incentivó a la escritura del cuento en el país. Cuba dejó de ser tierra de poetas. Y luego, con el Curso Universidad para Todos de Técnicas Narrativas por la Televisión, dio inicio a muchos otros cursos. Por aquellos años se comentaba incluso por los pequeños pueblos, el minicuento El dinosaurio, de Augusto Monterroso que Eduardo analizó en la pantalla chica. Con sus clases Eduardo entró en muchas casas de cubanos de todas las latitudes, entró en el imaginario de personas que jamás habían escrito una línea”, resume Yunier Riquenes y añade otras derivaciones del Centro Onelio como el Premio César Galeano, la Beca Caballo de Coral, la revista El Cuentero, la editorial Caja China, el Encuentro Internacional de Jóvenes Narradores en 2008, el voluminoso libro Los desafíos de la ficción, el concurso de minicuentos El dinosaurio…

Amigos, la universidad, la edición, la pasión por el ajedrez y el ballet, la literatura y las nuevas generaciones, a las cuales conoce muy bien, desde su papel de profesor y cómplice, los escritores que admira, a muchos de los cuales llegó a conocer y compartir, una novela inconclusa, las memorias que muchos esperamos, ese amor llamado Ivonne Galeano, eje de su vida y alma del Centro Onelio… discurren en las páginas de este libro, con edición de Luis Yuseff, diseño de Frank A. Cuesta, imagen de cubierta de Linet Sánchez, y corrección de Mariela Varona (curiosamente casi todos salidos también de las aulas del Centro Onelio J. Cardoso). 

A manera de anexos, Riquenes tuvo la acertada idea de añadir materiales complementarios, que hubieran quedado sin recogerse en las páginas de un libro, como las palabras al recibir el Premio Nacional de Edición 2001, el Maestro de Juventudes que entrega la AHS, la réplica del Machete de Máximo Gómez, la Medalla Alejo Carpentier al Centro Onelio y el Premio Nacional de Literatura 2015, además del necesario texto –por abarcador y por exponer el tema como en ninguna de las entrevistas– “El Quinquenio Gris: testimonio de una lealtad”, conferencia leída en 2007 en el Instituto Superior de Arte como parte del ciclo “La política cultural del período revolucionario: Memoria y reflexión”, organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios. 

Somos tantos los que le agradecemos a Eduardo Heras León sino nuestros primeros pasos en la literatura, sí el hecho se enfrentarnos a ella con seriedad, con sacrificio y también con amor. Somos muchos sus lectores, y los graduados del Centro Onelio –sitio que le cambió la vida, no hay duda de ello, a varios jóvenes en toda la geografía insular, y hoy esparcidos en varias partes del mundo– que lo admiramos como ese padre espiritual que nos incita a escribir, a leer. Sirve este libro, además, como homenaje agradecido de todos al Chino Eduardo Heras León. 

 Tomado de La Jiribilla: http://www.lajiribilla.cu/entrar-al-aula-inmensa-de-la-vida-de-la-mano-de-eduardo-heras-leon/

Anibal De la Torre, orgulloso de llevar la isla dentro

Anibal De la Torre Cruz (1985) es uno de los más persistentes artistas visuales holguineros. A fuerza de trabajo y talento –nunca está tranquilo, sino en la búsqueda constante, asegura–, su firma aparece en la mayoría de las exposiciones colectivas realizadas en Holguín en los últimos años. Estas, junto a las personales que ha inaugurado, como la reciente Rostros en la sede provincial de la Uneac, nos reafirman que la poética de Anibal, la cosmovisión que permea sus cuadros, mezcla de elementos identitarios locales y nacionales, con otros de la tradición yoruba, es reconocible a simple vista. Ha logrado con ello lo que muchos artistas buscan: un sello de identidad, una marca visible –que ha evolucionado, pero ha mantenido, como un vía crucis, los mismos sentidos, búsquedas, dudas y preocupaciones, sueños y signos a los que aferrarse como señales de la vida– en el panorama de la plástica holguinera y cubana. 

Por un lado, reconocemos en su obra los retratos y la autorepresentación –como un análisis de las “preocupaciones, cuestionamientos, interrogantes, estados anímicos y un modo de representar el yo interior”–; y por otro, la representación de la cultura y el panteón afrocubano, específicamente el yoruba y sus símbolos, como “el resultado de algunas interrogantes sobre la fe en las personas, su influencia sobre ellas”, y como un “camino de conexión entre lo terrenal y lo espiritual, una manera de caracterizar una idea, un concepto”. Su obra, insiste, es un retrato de su vida. Un reflejo del mundo interno que siempre lo acompaña. Raíces, creencias e identidad podrían resumirla, pero dejemos que sea el propio Anibal De la Torre quien nos cuente sobre las formas en las que el mundo se le transfigura en arte. 

Vayamos a los primeros pasos… De niños casi todos dibujamos y casi todos queremos ser artistas… Pero, ¿cómo te inclinas a las artes plásticas ya más seriamente? ¿Algún antecedente familiar, o en tu caso sucedió eso que muchos llaman, sencillamente, vocación? 

Mi inclinación por las artes plásticas comenzó desde muy temprana edad. Desde pequeño mi familia y amigos de mis padres que frecuentaban la casa, decían que tenía vocación para la pintura. Recuerdo que en la primaria mis compañeros me hacían cola para que les dibujara personajes de dibujos animados que daban en la televisión; mis favoritos a dibujar eran las tortugas ninja y los gatos samurái. Cada vez se hacía más fuerte la necesidad de dibujar y pintar. 

Me presentaba a concursos de plástica infantil que se convocaban en la escuela, de los que fui premiado en diferentes niveles. En esa época la Academia de Artes Plásticas abrió un curso para niños (estaba en 6to grado) y me presenté. Allí estuve recibiendo clases de dibujo tres o cuatro meses y aprendí mucho gracias a mi primer profesor y amigo en la actualidad Ernesto Sanciprián. 

Luego de concluido este curso, conocí a otro artista que me acogería en su casa para continuar ofreciéndome conocimientos de las artes plásticas, las gracias a Octavio Torres. En mi familia tengo la suerte de tener antecedentes en el mundo de las artes plásticas: mi abuelo, que ya no nos acompaña, recibió estudios de pintura en su juventud y su hijo, mi tío, se graduó de escultura en la Escuela Profesional de Artes Plásticas de Holguín. Como dicen por ahí, eso va en la sangre. Mi abuelo fue la principal persona que me apoyó y me inculcó desde pequeño mi amor por las artes plásticas. Siempre me llamó la atención un cuadro suyo, unas palomas en su palomar en tonos ocres y sienas, creo que ese cuadro fue el detonante de mi pasión por la pintura. 

Te gradúas de la Escuela de Instructores de Arte en Holguín en su primera graduación –luego haces la Licenciatura en Estudios Socioculturales en la Universidad de Holguín–, y al poco tiempo comienzas a participar en muestras colectivas y realizas tus primeras exposiciones personales. Ha sido un camino largo hasta hoy y al mismo tiempo de crecimiento… Comúnmente la docencia en Instructores de Arte está más enfocada a la enseñanza artística y sus metodologías, y no son muchos los jovenes instructores que, a la par de trabajar en esto, han sostenido una obra personal sólida. ¿Cuánto crees que influyó en tu trabajo, y en tu formación como joven creador, estos años cursados en Instructores de Arte?

Entrar a la Escuela de Instructores de Arte fue un paso para perfeccionar mis conocimientos sobre las artes plásticas. Mis cuatro años en la escuela marcaron una etapa de mucho estudio y dedicación. Debo agradecer muchísimo a mis profesores Luis Santiago, Julio César Rodríguez, Michel Cruz, Carlos Céspedes, Eduardo Padilla, Bertha Beltrán, entre otros. Excelentes artistas que les debo los conocimientos que me inculcaron y lo que he logrado hasta ahora. 

Creo y no quisiera ser absoluto, pero mi año tuvo la dicha y la suerte de tener a estos excelentes artistas como profesores. Me gradué en el 2004, en la primera promoción de esta escuela creada por Fidel Castro. Me incorporé en una escuela primaria para cumplir con mi servicio social de cinco años. Durante este tiempo llevé al unísono la pedagogía y mi carrera como artista. Traté de superarme cada día más, investigando mucho y presentándome a los diferentes certámenes que se convocan en la provincia. Fue una etapa en la que comencé a despuntar y a proponerme metas a alcanzar. Así apareció mi primera muestra personal, aquella que rompería el hielo, en 2007 en la Galería Holguín. Fue un reto que trajo críticas constructivas, pero marcaba el inicio de lo que realmente quería en mi vida, pintar, y lo primero que me salía era elementos distintivos de Holguín, como la Loma de la Cruz, el reloj del Cine Martí, mezclados con palmas, helechos, girasoles, en una paleta de tonos ocres y sienas. 

¿Cuánto sigue influyendo la experiencia docente en el Anibal artista? Coméntame un poco sobre tu participación, en dos ocasiones, en la misión “Cultura Corazón Adentro” en Venezuela. 

Venezuela llegó de manera sorpresiva. No me imaginaba ir a un país con una cultura totalmente diferente a la nuestra; fue un peldaño nuevo que subir en mi vida. A penas tenía 24 años, muy joven, para asumir una responsabilidad pedagógica con personas de diferentes grupos etarios; realmente fue una tarea que me exigía superarme cada día más. Llegar a un cerro, realizar un diagnóstico profundo de su población para emprender una labor docente artística fue un reto difícil, pero gracias a cultores venezolanos del área, el trabajo se facilitó un poco. 

Es válido destacar que esta hermosa experiencia aportó mucho para mis conocimientos y como persona. Fue una etapa en mi vida que aproveché mucho, pues visité galerías y museos donde disfruté originales de grandes artistas de talla internacional, con solo mencionar a Duchamp, Warhol, Christo, Kandinsky, Botero, Carlos Cruz-Diez, Jesús Soto, Mondrian, Picasso, entre otros. También compartí con artistas destacados del país, y aprendí mucho de sus experiencias. Tuve la suerte de realizar una exposición bipersonal de fotografía junto a mi esposa en la Galería Elsa Morales, de la Casa del Artista de Caracas. Esa fue mi primera experiencia internacional, que disfruté mucho, y tuvo muy buena acogida por el público venezolano. 

Hablábamos de un crecimiento, una evolución… Al revisar tu obra notamos que, sin importar las diferentes etapas por las que ella ha ido transitando, desde las palmas, relojes, los símbolos arquitectónicos de la ciudad de Holguín, de tus primeras series, hasta los recientes Rostros, se reconoce la poética de Anibal De la Torre. ¿Qué rasgos crees que han identificado tu pintura; no ahora, sino en esa especie de recorrido plástico con el sello de tu trabajo? 

Mi recorrido, desde mi primera exposición personal, es un retrato de mi vida. De dónde vengo, mis raíces, mis creencias, mi identidad. Este recorrido yo lo vería como un diario en el que cada exposición es una nueva etapa, donde plasmo sentimientos e interrogantes que son constantes en el día a día. Trato de analizar el mundo que me rodea y cómo influye en el paso de mi vida. La obra de Anibal ha sido eso, un reflejo de ese mundo interno que lo acompaña siempre. 

¿Qué es la identidad para ti?

La identidad es el conjunto de elementos que hacemos propios, como la forma de hablar, caminar, vestir, pintar; el sello que caracteriza a cada persona. Una persona sin identidad es un alma errante caminando sin presente y futuro. Las personas deben tener bien claro esto para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. 

Hablemos de dos cosas: la autorepresentación (el autorretrato, que sabemos es uno de los ejercicios de análisis más complejos para un artista) y la representación de la cultura y el panteón afrocubano, específicamente el yoruba y sus símbolos (caracoles, herraduras, girasoles, clavos, helechos, incluso en el uso de elementos no convencionales como el saco de yute y los caracoles) en tu cosmovisión. ¿Por qué te interesa el retrato y específicamente el autorretrato, incluso en las fotografías de la muestra “Silencio roto”? ¿Podríamos hablar de asumir la fe también desde las posibilidades de la creación plástica? ¿Y acaso también de una crítica de la religión con fines mercantilistas, a mucha doble moralidad que abunda hoy? 

Desde mi tercera exposición personal, Revelaciones, comencé a representarme a mí mismo en las obras. Más bien ha sido un análisis de etapas de mi vida: preocupaciones, cuestionamientos, interrogantes, estados anímicos y un modo de representar el yo interior. En la historia del arte el autorretrato ha sido una herramienta para representar estados y etapas de su vida. Es una herramienta que continúo aplicando, todavía queda mucho por expresar. 

La muestra fotográfica Silencio roto, fue el resultado de algunas interrogantes sobre la fe en las personas, su influencia sobre ellas y como ha llegado a la doble moralidad y por qué no, de llevar este ritual sagrado a fines mercantilistas. La utilización de diferentes elementos como clavos, las herraduras, los propios caracoles (Diloggun), entre otros, han sido un camino de conexión entre lo terrenal y lo espiritual, una manera de caracterizar una idea, un concepto. 

Hablemos un poco de los maestros. Cubanos y extranjeros, creadores conocidos o no. Artistas a los que admiras y sigues. ¿Quiénes, de una manera y otra, te han influido como artista?

Desde que comencé mis estudios en la Escuela de Instructores de Arte, no paré de buscar, leer e investigar sobre las artes plásticas en el devenir de la historia. A cada artista siempre lo marca alguna tendencia o un pintor en específico; en mi carrera he tenido muchas influencias de varios artistas, siempre experimentando, tratando de buscar un sello propio, o más bien algo que te identifique y que cuando vean tu trabajo, digan: ese es un Anibal. Creo que ese es el anhelo que todo artista desea. Admiro mucho la obra de los artistas cubanos Roberto Diago, José Bedia, Mendive, Ernesto Rancaño, Kcho, los holguineros Yovani Caises, José Emilio Leyva, Ernesto Sanciprián, Jorge Hidalgo Pimentel y Miguel Ángel Salvó, de cuya creación artística he bebido. 

La exposición Persistencia del uso (2014) se caracterizó por la “acogida de la oscuridad, un tratamiento escabroso, poco colorido, abrupto…”. Coméntame, Anibal, un poco sobre esta muestra. 

Esta fue una exposición diferente a las demás, en cuanto a la tonalidad. Traté de representarla en general con los negros y sienas. Plasmé de manera simple, o sea, sin mucho tratamiento pictórico, ciertas prácticas de la religión yoruba, por ejemplo, el empleo de hierbas, velas, cascarillas, miel, ron y condimentos colocados dentro de un estante con tapa de cristal, simulando un botiquín médico, estableciendo la función paralela de útiles para la curación. Esta obra fue instalativa y en las demás planimétricas usé fondo negro y por lo general de manera lineal, simbolicé los caracoles y ojos como estrellas en la noche o como lluvia en el mar. 

Incorporé a las obras el título como parte de la composición. Me gustó mucho “Yo, tú, él, nosotros, ustedes, ellos”, donde expongo la silueta de la dueña del mundo y de los mares, que guarda bajo su falda el ánfora; que guarda secretos místicos, empleando los colores negro, azul y gris. 

Más de 15 exposiciones personales y 80 colectivas… Obras tuyas en portadas de libros. Trabajo con diferentes técnicas, materiales… Incursiones también en la fotografía. Veo ahora que el diseño escenográfico y de vestuario de una obra de teatro, que es totalmente diferente a lo anterior. Más tu trabajo en el Centro Provincial de Casas de Cultura. Creo que siempre estás haciendo algo, inmenso en algún proyecto… ¿Dime cómo lo haces? Y además, en esta etapa de claustro por la Covid-19 –momento en que inauguraste Rostros en la sede de la Uneac de Holguín–, ¿cómo ha sido el trabajo y la creación artística para Anibal De la Torre? 

Nunca estoy tranquilo, o sea, me mantengo creando e incursionando en otras ramas dentro de las artes visuales. Gracias a la tecnología me he enamorado del diseño gráfico. He realizado varios carteles para cortometrajes de trabajos de tesis de estudiantes del ISA; así como diseños escenográficos para una obra de Rosa María Rodríguez, ganadora de una beca de creación de la AHS. He incursionado en la fotografía, que es un soporte con el que me gusta experimentar. 

Durante la etapa de cuarentena, al aparecer la Covid-19, fue un momento que casi todos los artistas se dieron a la tarea de desempolvar proyectos. Yo no estaba exento de eso; fue el momento preciso para poner manos a la obra de la serie Rostros, donde uso como modelos a los amigos que tengo a la mano, mis compañeros de trabajo y mi familia. De ellos capto expresiones faciales en diferentes estados de ánimo dando mayor tratamiento al rostro y representando con trazos abstractos el cinturón escapular, mientras que el fondo es plano con tonalidades pastel en la gama de los rosas y ocres, estampándoles elementos recurrentes en mi obra, como los herraduras, caracoles, girasoles, clavos y garabatos. 

Creo que hasta yo mismo me sorprendo que en tan poco tiempo haya logrado esto. Mi esposa, Annia Leyva, también artista de la plástica, dice que soy una máquina pintando, que salto de un cuadro hacia otro y de una cosa a la otra, que siempre estoy haciendo algo. Es el resultado de siempre estar creando, ser perseverante y tener fe en uno mismo. Eso es lo fundamental, nunca cansarse y seguir batallando, en un camino que puede tener espinas y pétalos. 

Hablemos de la familia, ese eslabón básico para la creación. De tu esposa Ania Leyva (y del trabajo juntos) y de los niños… ¿Cómo trabajas? Alguna rutina, algún método, algo en particular…

Me siento una persona afortunada por compartir mi vida junto a mi esposa Annia y de tener a mis dos hijos, Kevin, de 14 años, y la pequeña Anabella, de cuatro añitos. La vida me ha regalado lo más grande que pueda tener un ser humano, los hijos. Ellos son mi inspiración cada día. Soy de los que digo que detrás de un hombre hay una gran mujer. Trato de llevarlo todo a la par: trabajo, casa, creación artística, ser un buen padre y esposo. Nuestra casa es pequeña, lo mismo pinto en la cocina que en el cuarto, y cuando las obras son muy grandes, las hago en mi trabajo. He acompañado a Annia en varias exposiciones de fotografía; ella es una excelente artista a la que admiro mucho. Tengo mucho que aprender de ella. Me siento bendecido. 

Jugando con el nombre de una exposición tuya, Anibal, ¿cómo es llevar la isla dentro? 

La patria, o sea este pedacito de tierra en el que vivimos, es lo más grande que pueda tener un cubano, donde confluye tu identidad, tus raíces, tu forma de ser. Anibal De la Torre se siente orgulloso de llevar siempre esa Isla dentro.  

(Publicado en la web de la AHS).

María Dolores Rodríguez, gran artista y maestra

María Dolores Rodríguez, gran artista y maestra 

Por Erian Peña Pupo

Fotos tomadas de Internet

La cultura holguinera y cubana, especialmente la escena lírica, despidió este 21 de agosto, víctima de la Covid-19, a una de sus artistas más reconocidas y necesarias: la soprano María Dolores Rodríguez Cabrera, primera figura y Directora General del Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín, colectivo que dirigió con dedicación y contra los muchos inconvenientes que significa llevar las riendas de una compañía con su historia y prestigio. Por más de treinta años dejó allí su impronta, primero bajo la tutela de sus maestros Raúl Camayd y Náyade Proenza, y de otras valiosas figuras del Lírico de Holguín. 

Licenciada en Pedagogía y Música, perfil Canto, por el Instituto Superior de Arte (ISA), a María Dolores Rodríguez más de una generación la tiene como una maestra cercana. Muchos de sus alumnos –de los que se sentía orgullosa– demuestran hoy sus conocimientos en varias partes del mundo, en reconocidas academias y compañías. Desarrolló una amplia labor pedagógica: fue Profesora Auxiliar de la Filial de la Universidad de las Artes, filial de Holguín, institución docente donde contribuyó a formar los nuevos relevos, por las que tanto se preocupó, del propio Teatro Lírico Rodrigo Prats; integró la Comisión Nacional de Evaluación y la Comisión Nacional de Carrera en el ISA, e impartió clases en otros países. Era miembro de la Uneac en Holguín.

Se presentó en disímiles escenarios, con el Lírico y como solista, en más de veinte países de Asia, Europa y América. En Pionyang, Corea del Norte, en el Festival de la Primavera, la recibieron y la despidieron como lo que era ella, una figura de primer nivel capaz de emocionar, sin importar idiomas, al más exigente melómano. Le asombraba como todo podía estar yermo, y el día de la celebración, los árboles florecían, y Pionyang era un jardín. Tuvo más de 40 obras en repertorio, entre óperas, operetas, zarzuelas y obras de concierto. Grabó para televisoras como CBS, ABC, TVE, CCTV, y fue laureada e invitada como jurado en diversos concursos nacionales y foráneos. 

Su último caballo de batalla fue “La viuda alegre”, opereta en tres actos con música del compositor austrohúngaro Franz Lehár (1870-1948) y libreto en alemán de Victor Léon y Leo Stein, basado en la comedia “L’attaché d’ambassade” (1861) de Henri Meilhac. Fue estrenada en Viena, Austria, el 30 de diciembre de 1905, y desde entonces es considerada una de las obras más importantes del género. El Lírico de Holguín, después de un avant premiére, la estrenó en noviembre de 2019, y a inicios del próximo año, la compañía presentó la obra en Matanzas y en el Gran Teatro de La Habana.

“La cruel enfermedad de turno que nos acecha implacable se lleva a otra figura grande de nuestra cultura. Este es un deceso muy fuerte. Holguín y Cuba, la Lírica nacional, pierde a una exquisita, culta y conocedora intérprete”, comentó el director Raúl de la Rosa. 

María Dolores Rodríguez, considerada en los años 90 la cantante lírica cubana más laureada, no solo fue una de sus voces más hermosas de nuestra escena y la directora de una gran compañía, sino además, la maestra de varias generaciones de artistas líricos, formados, con su dedicación, en las aulas de la Universidad de las Artes en Holguín, que hoy, consternada, se suma a las múltiples condolencias por su triste deceso. 

 

 

Adiós a Gustavo Márquez, músico y maestro

Por Erian Peña Pupo

Foto tomada de Internet

La cultura holguinera despidió este 17 de agosto a uno de sus creadores más reconocidos: el músico Gustavo Márquez Bermúdez, trompetista, compositor, arreglista, director de orquesta y profesor de varias generaciones de artistas en Holguín.

Nieto del maestro Juan Márquez Gómez, director por más de 30 años la Banda de Conciertos Municipal, y sobrino del maestro Juanito Márquez, creador del ritmo pacá, Gustavo dirigió las orquestas Los Chicos de Cuba, Hermanos Avilés y fue fundador de Gran Salsa, estuvo al frente de la Danzonera Holguín, y creó Gustavo Márquez y su Grupo. 

Fue alumno del maestro Armando Romeu y de Juanito, conocimientos que entregó a cientos de jovenes como profesor del Conservatorio José María Ochoa y del Centro Provincial de Superación para la Cultura. Era miembro de la UNEAC y poseía de la Medalla Raúl Gómez García, condecoración del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura. 

Exponente de la música popular cubana, comenta Richard Ronda, productor del grupo Los Guayaberos, como instrumentista Márquez “realizó giras internacionales por Japón acompañando a la gran Omara Portuondo en el espectáculo Noche tropical; y por las Islas Canarias donde compartió escena junto a su hermano Ernesto… Fue un constante impulsor de los Festivales del Creador Musical y los festivales infantiles Cantándole al Sol”.

En su obra destacan títulos como “Hasta el sol de hoy”, “Mi media naranja” y “A corazón abierto”, interpretadas por músicos como Héctor Tricochea, Edgar Joel y Alex de Castro. “Sin dudas, Gustavo Márquez será un portento de la música holguinera y cubana. Hoy su fallecimiento nos conmueve y a la vez, cuando hurgamos en su historia, legado y obra, sabemos que por derecho propio entrará, desde hoy, en el parnaso de los inmortales, de los que serán ejemplo de entrega y constancia para lograr el éxito de una compleja carrera que él prestigió y prestigiará siempre”, añade Ronda.