Salvador Pavón, cronista naif de la ciudad de Holguín

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor

Al recorrer la exposición personal 300 años y más, del artista Rolando Salvador Pavón Gómez en la galería El Zaguán, del Fondo Cubano de Bienes Culturales de Holguín, notamos que Pavón es un creador nada ingenuo, aunque asuma el naif –caracterizado por la espontaneidad, el autodidactismo de sus exponentes, los colores brillantes y contrastados y la perspectiva acientífica captada por intuición, que en muchos aspectos recuerda (o se inspira) en el arte infantil, incluso ajeno al aprendizaje académico– como la corriente artística con que se vale para expresar sus inquietudes diarias.

En Holguín donde el naif no es tendencia –aunque con la notable excepción de Julio Breff en Mayarí–, como sí lo es, por ejemplo, en ciertas zonas de Santiago de Cuba, Pavón, quien está al frente de la asociación de artistas plásticos de la UNEAC en la provincia, ha sabido armar una cosmogonía distinguible a simple vista en el contexto plástico local. Ha defendido su estética: sus cuadros no se parecen a otros, sus ciudades –siempre Holguín como inquietud primera– le pertenecen en todos sus matices.

Esta pertenencia habita en toda su extensión en 300 y más, una selección de piezas donde, como apuntábamos, la ciudad de Holguín es el eje del relato pictórico, y que viene a ser compendio de su amplio bregar para intentar captar –cosa que sin dudas Rolando Salvador ha logrado en estas obras– la idiosincrasia del holguinero en su ciudad, aquello que, aunque llevado a la figuración del naif, por momentos exagerada, por momentos ingenua, lo caracteriza sin dudas en la plástica local, y por tanto, en la nacional.

300 y más es una invitación para descubrir la ciudad desde varios ángulos: lo social, lo político, lo religioso, lo cultural… como parte de su raigambre identitaria. “Alejados de calificativos técnicos que impiden apreciar esencias, compartimos con el cronista del pincel, su regalo. La labor del orfebre del tejido intrincado de figuras icónicas, escenas y tradiciones culturales arraigadas en el pueblo. Entonces sentimos el musical fluido de las aguas dulces por las calles en la estación de las lluvias, el pitazo estremecedor del tren habanero que concita el bullicio de la gente que se dispersa a los campos cercanos o asistimos a una boda en familia o al cumpleaños del fuego que calienta más que el sol del trópico”, escribió el antropólogo José Millet en las palabras de catálogo de la muestra.

La Loma de la Cruz, epicentro de buena parte de los cuadros, los carnavales que peculiarizan los festejos estivales, el béisbol como pasión e identidad, eventos culturales como las Romerías de Mayo, el transporte público… son algunos de los elementos para asimilar y recorrer la muestra personal de Salvador Pavón, con curaduría y museografía de Danilo López, quien realizó la dirección general. Elementos identitarios de la urbe –el parque Calixto García, el estadio con igual nombre, el Gabinete Caligari, el propio Centro Provincial de Arte, el parque El Quijote, la Catedral San Isidoro, entre muchos otros– y sus habitantes, peculiarizan una poética para nada ingenua, sino al contrario: llena de guiños e acercamientos sociales y culturales: “Héroes anónimos”, “Sueños de cachorros”, “Homenaje al Rey”, “La boda”, “Cervantes en Holguín”, “Cumpleaños de abuela” y “Llegó la energía”, se encuentran entre las obras.

El artista, “con su fiesta de vivos colores y los dibujos de finos puntillismos” con los que celebra los 300 años y más de Holguín, “ha captado mejor que los historiadores el color local de la Ciudad de los Parques y nos permite viajar a su lado a una Romería de Mayo donde percibimos mejor las tonadas humorísticas del juglar El Guayabero, añade Millet.

La mirada de Salvador Pavón, cargada de los rasgos típicos del naif, pero no dependiente de ellos, viene a adentrarse en los entresijos de la ciudad de Holguín, siguiendo la mejor tradición insular que se ha apropiado de las urbes. Así revisita sus elementos identitarios, los hace suyos y nos lo muestra con la sugerente línea de su pincel (web Uneac).

Premio Celestino de Cuentos, con Virgilio Piñera en su 110 aniversario 

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía de Ediciones La Luz 

Cuando se conmemoró el centenario de Virgilio Piñera en 2012, Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín, publicó La Isla en versos. Cien poetas cubanos, como homenaje, desde la creación lírica, a uno de los autores fundamentales de la literatura cubana. Hoy, diez años después, La Luz vuelve a rendir tributo al autor de La carne de René y Aire frío, en el aniversario 110 de su natalicio, dedicándole las jornadas del XXIII Premio Celestino de Cuento, que del 15 al 18 de junio se realiza en Holguín. 

El certamen –que recuerda, además, al Premio Nobel de Literatura José Saramago en su centenario, y al novelista francés Marcel Proust, a un siglo de su muerte– inició el martes 14 con la apertura de la exposición personal Nadando en seco, del diseñador Robert Raez, con palabras de Rubén Rodríguez; una colección gráfica con doce piezas que aluden a cuentos breves de Virgilio, preámbulo de la grabación de un audiolibro que contendrá estos relatos en las voces de los miembros de la Sección de Literatura de la AHS.

Este año –comentó Luis Yuseff, director de La Luz y al frente del Comité Organizador del Celestino– se recibieron 29 cuadernos inéditos, de autores de casi todo el país, que muestran un panorama variopinto de modos particulares de abordar la narrativa. Serán evaluados por un jurado compuesto por Alberto Garrandés, Elaine Vilar y Adalberto Santos. 

Destaca en el programa los paneles “Todas las cabezas se unen”, dedicado al aniversario 110 del natalicio de Virgilio, con Mariela Varona, Rubén Rodríguez y Erian Peña; “El tiempo recobrado”, a propósito de los cien años de la muerte de Marcel Proust, con Delfín Prats, Eugenio Marrón y Hugo González; y “Diálogo sobre la lucidez”, por el centenario de Saramago, con Lourdes González, Erian Peña y Eugenio Marrón Casanova. Todos se realizarán en la peña “Abrirse las constelaciones”, en la sede de este sello editorial. 

Se presentarán novedades editoriales de narrativa de La Luz, como Ya no creo en Lars von Trier, de Marvelys Marrero; Zapping, de Ragnar Wilfredo Robas; y Como se escriben los clásicos, de Idiel García. Mientras que en la peña “Punto de Fuga” se realizarán conversatorios con diferentes autores: con Rubén Rodríguez por su libro de cuentos El año que nieve (Premio Alejo Carpentier, Letras cubanas, 2020); Mariela Varona por la novela Las puertas de la perversión (Ediciones Matanzas, 2019) y Lourdes González, por los cuentos de Alas (Letras Cubanas, 2019). Por su parte, en el espacio “Todas las cabezas se unen” se realizarán lecturas de narrativa de autores de diferentes generaciones, como Andrés Cabrera, Mandy Ochoa, Idania Salazar, Ghabriel Pérez, Erian Peña, Elizabeth Soto, Rafael A. Inza, Maribel Feliú, Alex Jorge, Robert Raez y José Alberto Pérez. 

El Celestino llagará –como es costumbre desde los días fundacionales de este evento que recuerda la obra del holguinero Reinaldo Arenas desde su primera novela Celestino antes del alba– a la ciudad costera de Gibara, donde se presentarán títulos de La Luz: Sexo chatarra. Los perfectos crímenes del corazón, de María Liliana Celorrio; Fatamorgana de amor con banda de música, de Hernán Rivera Letelier; Cuando no huyen los lirios, de Diana Castaños; Como se escriben los clásicos, de Idiel García; El planeta rojo, de Eliécer Almaguer; Una brizna de tiempo, de Rafael de Águila; Mar de invierno y otros delirios, de Alberto Garrandés; Ojos para no ver las cosas simples, de Martha Acosta; además de Las puertas de la perversión, de Mariela Varona, de Ediciones Matanzas.

En la última jornada se realizará una lectura de la obra narrativa de Virgilio Piñera en las voces de jóvenes escritores cubanos, como antesala al audiolibro que realiza La Luz: Liset Prego, Andrés Cabrera, Erian Peña, Miguel Montero, Armando Ochoa, Luis Lofforte, Ana G. Ramos, Reinaldo Zaldívar, Robert Raez y José Alberto Pérez leerán relatos breves del autor de Cuentos fríos y Presiones y diamantes. Además se presentará la colección Premio Celestino de Cuento, con los títulos Las fauces, de la camagüeyana Lourdes Mazorra, ganador del XX Premio; y Boustrophilia, del holguinero Robert Raez, quien obtuvo el XXI Celestino. Esta edición culminará con la entrega del XXIII Premio Celestino de Cuento, luego de las deliberaciones del jurado, y el lanzamiento de la próxima edición que a reunirá en Holguín, en similares fechas del año, a autores de todo el país que apuestan por las posibilidades del cuento, con la seguridad de llevar la isla en peso (tomado de La Jiribilla).

Imaginario popular en las artes visuales holguineras

Por Erian Peña Pupo

Fotos Eliecer Peña

Artes visuales holguineras. Imaginario popular en la década de los 90 del siglo XX, de Yuricel Moreno Zaldívar, publicado por Conciencia Ediciones, sello de la Universidad de Holguín, “nos ilumina, con un profundo estudio de nuestros imaginarios a través de obras de arte que han trascendido por su alcance ideoestético y que la autora las convierte, mediante códigos hermenéuticos, en ventanas para asomarnos a la complejidad de lo que somos, lo que nos define, en fin, el espíritu de una época codificado en símbolos artísticos y los semas esenciales de nuestra identidad territorial”, escribe el Dr.C. Alejandro Torres Gómez de Cádiz Hernández en las palabras de contracubierta de un título necesario en el fondo bibliográfico sobre el tema.

El libro, con edición de Niurka Sánchez Valle y corrección de Xiomara Garzón Montes de Oca, se divide en los capítulos: “Imaginario popular en la cultura cubana” y “Artes visuales contemporáneas en Holguín”, donde Yuricel explora las expresiones del imaginario popular en el arte cubano, las artes visuales ¿complejo simbólico del imaginario popular?, este imaginario en las artes visuales en la provincia en los años 90 del pasado siglo, y como se evidencian los mitos y leyendas, los códigos de la religiosidad popular y los discursos urbanos en este. En la portada posee un detalle de la obra “La condición humana”, de Leticia Leyva Azze.

Yuricel estudió esta etapa de las artes visuales holguineras porque “estos años arrojan una dinámica que, pese al impacto de la crisis, aportó experiencias irrepetibles y evocadoras. Los profundos cambios contextuales ocurridos entonces afectaron resonancias en diferentes promocionas del gremio plástico con diversidad de motivos y filiación estética”, escribe en el libro.

Esta investigación –destaca el Dr.C. José Rojas Bez, quien fuera tutor de la tesis que dio cuerpo a esta publicación, en su prólogo– “vale mucho más por las agudas incisiones y aciertos en el campo y objeto propuestos para la investigación: las artes visuales y Holguín (…) pero sin menoscabo dialéctico del sentido inverso que ayuda a ver mejor desde Holguín a Cuba y desde Cuba a América Latina y otros ámbitos geográficos; así como de similar dialéctica entre los planos y perspectivas del arte, dígase temáticos (religiosidad, la mujer, el consumo…), dígase la construcción de las imágenes (variedad de estilos que no escatiman lo naif ni la manipulación del kitsch), dígase los promocionales”. Y añade que su autora con este libro ha alcanzado innegables conocimientos nuevos, bien sustentados y sistematizados, con aportes significativos a su campo de saber, al alcance hoy del lector interesado en este necesario tema.

Artes visuales holguineras. Imaginario popular en la década de los 90 del siglo XX, de Yuricel Moreno Zaldívar, al que se puede acceder en bibliotecas y centros especializados, sirve para acercarse, desde otra mirada, a las poéticas escogidas de esta etapa, así como para promover criterios acerca de sus proyecciones en el ámbito cultural regional y de la isla, subraya su autora.

Celebran 83 años del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos de Internet

Una amplia jornada de celebraciones que incluye presentaciones escénicas, infantiles y musicales, desarrolla el Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol de Holguín, con motivo de celebrarse hoy su aniversario 83 de fundado.

Las actividades, que se extenderán hasta inicios del mes de julio, pretenden resaltar lo mejor del talento artístico holguinero con diferentes propuestas para un público variado, comentó a Roger Rodríguez Ramírez, director del Complejo.

Por la importante fecha, el próximo día nueve se realizará una gala homenaje, abierta al público, bajo la dirección artística de las maestras Isabel García Granados y Maricel Godoy, explicó.

Asimismo, se presentará el grupo humorístico Etcétera, con Esto es en serio, el Teatro Lírico Rodrigo Prats, agrupaciones infantiles y la compañía de danza contemporánea Codanza, con el estreno de una pieza del joven maestro George Céspedes.

Además, se otorgará de manera especial la Distinción Teatro Eddy Suñol, instituida en 2019 por el Complejo con motivo del 80 aniversario, a personalidades de la cultura cubana que han aportado con su obra al desarrollo de esta institución.

Como primicia se lanzará el sistema de reservaciones online, que se viene implementando desde hace algún tiempo, como parte del proceso de informatización de la sociedad, de conjunto con la Empresa de Tecnologías de la Información para la Defensa (Xetid).

Entre otras acciones, desde las redes sociales de este coloso del arte holguinero se comparte contenido sobre su fundación y restauración, que relaciona las experiencias de grandes figuras de la cultura cubana que han pasado por sus escenarios, como los maestros Regina Balaguer, Ivette Cepeda, Maricel Godoy, Frank Fernández, Cosme Proenza y Liudmila Pérez, así como las vivencias de directivos y trabajadores.

Fundado el 2 de junio de 1939, el Teatro Eddy Suñol, es considerado como una de las instituciones culturales más importantes del territorio, por la trascendencia de los acontecimientos y las grandes figuras que se han presentado en sus espacios en estas más de ocho décadas.

 

Porque solo somos alma, 50 años del Teatro Guiñol de Holguín

Por Erian Peña Pupo 

Fotos del autor 

El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey, en voz taína “luz del día”, creando así la primera compañía teatral que se gesta después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual Guiñol de Holguín. Pero sería en igual fecha de 1972, en su paso a la categoría profesional con la dirección de Felipe Betancourt del Río, el momento que marca el aniversario del Guiñol holguinero. 

Hoy, cincuenta años después y 63 de la génesis, el Teatro Guiñol de Holguín, dirigido por Karelia Fernández, celebró con una jornada de actividades que incluyó un conversatorio en la sede de la compañía, el lanzamiento de un concurso de confección de títeres para los más pequeños, y una gala que contó con la participación de los colectivos del Consejo Provincial de las Artes Escénicas (CPAE), su medio siglo de apuesta por la magia de los muñecos.

La sede de la compañía, en la calle Martí, justo en uno de los laterales del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, acogió a partir del tema “Porque solo somos alma”, un conversatorio con integrantes del colectivo, entre ellos el propio Arturo Ricardo, quien rememoró los días fundacionales de Yarabey en el torbellino social, político y cultural de 1959. “El Guiñol se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave de Peralta. Después del triunfo inician las primeras actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos, animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado. Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo… Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras más de entonces”, comenta Arturo. Además contaron sus experiencias del paso por la compañía, entre otros, las actrices Marta Proenza y Nelis Rojas, la teatróloga María de los Ángeles Rodríguez, Luisa González, al frente del CPAE por varios años, y la propia directora Karelia, además actriz del Guiñol.

Frente a su sede y con bastante asistencia de público, el Guiñol celebró su 50 aniversario. Compañías como el Teatro Lírico Rodrigo Prats, Palabras al Viento, Codanza, Alasbuenas y La Campana, se sumaron al agasajo en una gala que recorrió parte de su trayectoria a través de fragmentos de importantes obras como La cucarachita Martina, Galápagos, Ruandy y su más reciente estreno, El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres

El momento fue oportuno –además de los reconocimientos del CPAE y la Dirección Provincial de Cultura– para entregar el Premio Alberto Dávalos, instituido por el CPAE por una vida consagrada a las artes escénicas en la provincia, de manera especial a los hermanos Arturo y Carlos Ricardo, iniciadores de una compañía que es hoy considerada, por el público y la crítica, entre los principales colectivos de teatro de títeres en todo el país. 

Además se reconocieron a creadores esenciales en el desarrollo del colectivo durante este tiempo: el realizador de efectos sonoros Armando Vielza; la compositora Maricela Miranda; las actrices Marta Proenza, Nelis Rojas y Elvis Pérez; el sonidista William Giralda; el asesor musical Yunior Rodríguez, y el diseñador Karel Maldonado, creador de la estética que, desde su incorporación a finales de la década del 90, ha marcado visualmente a este colectivo.

Como colofón de la gala –que contó, además, con la actuación de la cantautora Edelis Loyola y los payasos Pirulete y Biribí– se premió el concurso “Creando un títere”, ideado por la compañía. El jurado, compuesto por Karel Maldonado, Onelio Escalona, artista visual y miembro del dúo Caricare, y Armando Vielza, premió en primer lugar al niño Daniel Tamayo; y respectivamente en segundo y tercer lugar, a Lester Maikel Almaguer y Verónica Hechavarría.

Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales con una importancia medular en el escenario teatral holguinero: sus 50 años en escena y la realización de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el hermoso y útil arte del Guiñol que celebra sus cinco décadas entregado al títere (web Uneac).

 

Falleció el destacado realizador de la radio Abel López de la Nuez

Por Osvaldo Pérez Díaz
Con profundo pesar recibimos hoy la infausta noticia del fallecimiento de nuestro compañero Abel López de la Nuez, desde hace algunos meses aquejado de una enfermedad oncológica.
Abel, con una extensa y destacada trayectoria como trabajador bancario, fue también un sobresaliente colaborador de nuestra emisora en la que durante muchos años produjo, condujo y dirigió el programa “Cascada Musical” por donde transitaron cantantes y agrupaciones de los más diversos géneros, estilos y procedencias. Entre otros reconocimientos recibió el sello Aniversario 95 de la Radio Cubana.
Su pasión por la música lo llevó a crear un envidiable archivo fonográfico musical y siempre se mostró dispuesto a compartirlo con los realizadores de la radio que solicitaran su apoyo. Fue un permanente colaborador del reconocido programa de la radio holguinera “El Especial del Sábado”.
El cadáver de Abel López de la Nuez, quien también fuera combatiente de la Lucha contra Bandidos (LCB) en el Escambray, se encuentra expuesto en la capilla de ceremonia de la Funeraria Los Álamos y su sepelio será a las 5.30 de esta tarde en el cementerio de Mayabe. En nombre de los trabajadores de la CMKO Radio Angulo enviamos a su familia nuestras más sentidas condolencias.

Lo indocubano en la síntesis de nuestra identidad 

Por Erian Peña Pupo

Foto del autor y Ernesto Herrera

La jornada inicial del I Taller de Indigeneidad en el Oriente Cubano, que dedicado a la presencia del legado indocubano en la cultura nacional realizan en Holguín la Casa de Iberoamérica y la Oficina del Conservador de la Ciudad de Baracoa, en Guantánamo, incluyó las sesiones teóricas desarrolladas en el Salón Solemne del Museo Provincial La Periquera.

Desde la Oficina del Historiador de la ciudad de Santiago de Cuba, Juan Manuel Cordero abordó en su texto “La supervivencia indocubana en el oriente”, las diferentes investigaciones y enfoques que, desde la historia y otras ramas, se han realizado en los últimos años en las diferentes provincias que componen la geografía oriental de nuestro país. 

Mientras que Juan Carlos abordó la revitalización de tradiciones taínas en el Centro Cultural Comunitario Huellas del Batey, sede del Proyecto Sociocultural Comunitario Ángel Augier, en el municipio holguinero de Rafael Freyre. “Cuando en 2002 dejó de moler el central Santa Lucía sobrevino un vacío en las costumbres y tradiciones de este pueblo. Después se impuso un nuevo renglón económico, el turismo, y con él una fuerte penetración de culturas foráneas que desplazan muchas de las tradiciones autóctonas de este pueblo de origen campesino, con fuerte representación de los componentes taínos, africanos y españoles”, comenta Juan Carlos. Por eso nace el proyecto, el 11 de enero del 2017, para revitalizar las tradiciones y costumbres culturales del freyrense y rescatar elementos importantes del patrimonio cultural de la localidad desde el trabajo social y cultural.

Huellas del Batey –que recibió el Premio Memoria Nuestra en la categoría de proyectos en la XXIV Romerías de Mayo, entre otros reconocimientos provinciales y nacionales– potencia tres elementos de la cultura de nuestros primeros habitantes, recalca Juan Carlos: el ajiaco taíno, que se sirve acompañado de casabe, el tabaco silvestre que crece en la zona de Carenero, y la exposición y conservación de elementos de la arqueología aborigen de la zona. 

Hacemos el ajiaco taíno, nos dice Juan Carlos, utilizando los ingredientes de nuestros aborígenes que menciona Fray Bartolomé de las Casas en sus Crónicas de Indias y como aparece en el libro Léxico de la cultura popular tradicional: aves como la paloma y la torcaza, el pescado, las viandas criollas, ají… conforman un plato que después se unió con el cocido y la olla podrida y dio nacimiento al ajiaco criollo y a nuestra tradicional caldosa. Aquí se confirma la escencia “transculturizada” de nuestra cultura y aquel “ajiaco” identitario que Don Fernando Ortiz preconizara como síntesis metafórica de nuestra nacionalidad.

A debate la indigeneidad en el oriente cubano

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López 

“Este Taller es un ejemplo de nuestro compromiso con lo que deseamos construir en el futuro como gestores culturales, y con las tradiciones que, como pueblo, debemos preservar”, aseguró Eduardo Ávila Rumayor, director de la Casa de Iberoamérica y presidente del Comité Organizador de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, en las palabras inaugurales del I Taller de Indigeneidad en el Oriente Cubano, que dedicado a la presencia del legado indocubano en la cultura nacional, realizan en Holguín la propia Casa y la Oficina del Conservador de la Ciudad de Baracoa, en Guantánamo, hasta el próximo día 19. 

“Partimos del reto de ir construyendo una historia distinta para cuando se conmemore el 600 aniversario del arribo a tierras cubanas, por Bariay, del Almirante Cristóbal Colón, momento que no veremos nosotros, pero sí es nuestro saber llegar con una mirada más amplia sobre esta parte de nuestra identidad, que a veces ocultamos o sumergimos en el marasmo de las falsas interpretaciones o de la escases de información”, añadió Ávila Rumayor. 

En la primera jornada del Taller se presentó el número 4 de Guayza, revista de investigación y crítica sociales que edita la Casa de Iberoamérica, correspondiente a julio-diciembre de 2020, una publicación “fresca desde el abordaje de los temas y que intenta mostrar qué somos, cómo pensamos y qué decimos”, sostiene Eduardo. La revista, oportuna en torno a los debates del Taller, fue presentada por José Barreiro, activista de los movimientos indígenas de América y director de la Oficina para Latinoamérica del Museo Smithsonian del Indio Americano, en Estados Unidos, país donde reside desde 1960.

La edición incluye en la sección Mortero un texto del propio Barreiro, “La Matria taína. Conciencia de la indigeneidad cubana”, que abre el debate, como es intensión de la publicación, con el artículo “Consideraciones sobre los descendientes de aborígenes en Cuba”, de Armando Rangel Rivero, director del Museo Montané, de la Universidad de La Habana, al ser “textos que se encuentran en muchas partes del camino y toman distancia en otras”.

La revista –con obra del maestro holguinero Cosme Proenza en la portada– incluye también “La identidad del cubano y el sustrato tragicómico de la existencia colectiva”, de Alejandro Torres Gómez de Cádiz Hernández; “Gutenberg, la educación por el arte y otras paradojas”, de Ronald Guillén; “José Martí: una lectura desocultante”, de Ariel Zaldívar Batista; y “La ventaja de llamarse «Usebio» Leal”, de Mario Cremata Ferrán, entre otros textos.

José Barreiro presentó, además, en el Salón Solemne del Museo Provincial La Periquera, donde se realizan las sesiones teóricas, el libro Panchito, cacique de montaña. Testimonio guajiro-taíno de Francisco Ramírez Rojas, publicado por Casa de las Américas y la editorial Campana.

Barreiro “recoge pensamientos, ideas y recuerdos de un hombre que desciende de los primeros que habitaron nuestro archipiélago, de los araucos, que ya llamaban Cuba a esta tierra que habitaban, y constituyen la simiente originaria de nuestra identidad, un hecho que lamentablemente se suele pasar por alto”, sostiene Antonio J. Martínez Fuentes en el prólogo. Y añade sobre este necesario libro para comprender nuestros orígenes, que “a la altura del siglo veintiuno, la voz de Panchito representa para los cubanos la continuidad de aquellas culturas milenarias secuestradas, escamoteadas a nuestra identidad. Él es indio, se siente indio, y el indio habla por su boca aquí y ahora. Por eso, a la pregunta sobre cómo es posible que después de tantos años aun existieran descendientes de los aborígenes en Cuba, él responde, haciendo uso de una filosofía tan antigua como su linaje: «Tú siembras una mata, esa mata se seca, pero deja semillas que germinan, por eso el indio no se acaba»”. 

En el I Taller de Indigeneidad en el Oriente Cubano participan estudiosos y académicos de Cuba, Canadá, Puerto Rico y Estados Unidos, con el objetivo de promover identidad, valores y saberes respecto al tema. Destacan las conferencias de los investigadores Ángel Graña González, José Barreiro y Alejandro Hartman, este último historiador de la ciudad de Baracoa. 

Intervienen, asimismo, descendientes de indocubanos de la zona holguinera de Fray Benito, municipio de Rafael Freyre, así como de Yateras, en Guantánamo, y El Caney, en Santiago, quienes expondrán cómo se ha mantenido el legado de sus raíces en nuestra identidad. Como parte de las actividades se incluye una visita a la familia Rojas y Zaldívar, en Fray Benito, para presenciar el proceso de elaboración del casabe; y al parque Monumento Nacional Bariay, sitio por donde arribó Cristóbal Colón a Cuba en 1492. La Fundación Plenty Canadá, organización no gubernamental indígena para la preservación cultural y desarrollo sostenible, constituye otra de las instituciones que colabora con la realización de este primer Taller. Se prevé el próximo año realizar una segunda edición que abarque todo el país, con la posibilidad de presentar ponencias que luego serán recogidas en una publicación desde la gestión editorial que realiza la Casa de Iberoamérica en Holguín.

 

Entre muñecos y títeres… A 50 años del Teatro Guiñol de Holguín 

Por Erian Peña Pupo 

Fotos Carlos Rafael Archivos del CCCLaLuz

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022 su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y sus expresiones en la provincia y el país. 

Antecedentes… 

Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras, pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas, operetas, vodevil, danza… 

Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno (1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después, una de las figuras tutelares de esta manifestación artística en Cuba, Pepe Carril nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930 crea en el propio poblado holguinero, el Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el propio Morales).

No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como protagonista.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey 

El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos, animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado. Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo… Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras más de entonces”, comenta Ricardo. 

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además, refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos, cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.

Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón

En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando Vielza, Rubén Mulet, Fernando Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina, El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013. 

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban 

En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993, año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz. Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol. En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.

En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el 21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín, imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina, Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros, El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996). Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa, 2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza, además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio. 

Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle y al público todo que lo potencia”.

Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorpora a trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”. 

De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”. Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza, continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del colectivo”. 

Al respecto nos contó el maestro Armando Morales, Premio Nacional de Teatro, cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por el Guiñol holguinero: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel. Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban, que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol, con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el títere”. 

El extraño caso… 

Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la creación artística teatral.

Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro Joven. Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus cinco décadas entregado al arte del títere. 

 

 

Acogerá Holguín el I Taller de Indigeneidad en el Oriente Cubano

Por Erian Peña Pupo

Fotos Facebook de la Casa de Iberoamérica

Auspiciado por la Casa de Iberoamérica y la Oficina del Conservador de la Ciudad de Baracoa, en Guantánamo, del 16 al 19 de mayo Holguín realizará el I Taller de Indigeneidad en el Oriente Cubano, dedicado a la presencia del legado indocubano en la cultura nacional.

El investigador holguinero Cosme Casals Corella, miembro del Comité Organizador del evento, comentó que el programa de este certamen abarca importantes momentos para la socialización de investigaciones sobre la indigeneidad cubana, con sede principal en el Museo Provincial La Periquera, aunque además se compartirán experiencias de forma virtual.

Además, participarán destacados estudiosos y académicos de Cuba, Canadá, Puerto Rico y Estados Unidos, con el objetivo de promover identidad, valores y saberes respecto al tema. Destacan –subrayó Casals Corella– las conferencias impartidas por los investigadores Ángel Graña González, José Barreiro y Alejandro Hartman, el fotógrafo Julio Larramendi, y Gladys Collazo, al frente del Centro Nacional de Patrimonio Cultural, quienes, además, protagonizarán paneles como “La indigeneidad actual en Cuba” y “La gran familia Rojas Ramírez”.

Intervendrán, asimismo, descendientes de indocubanos de la zona holguinera de Fray Benito, municipio de Rafael Freyre; así como de Yateras, en Guantánamo; y El Caney, en Santiago, quienes expondrán cómo se ha mantenido el legado de sus raíces en nuestra identidad.

El evento acogerá presentaciones literarias: Panchito, Cacique de la Montaña, por José Barreiros, antropólogo de Nación Mohawk, en Nueva York, Estados Unidos; e Indios en Holguín, por José Novoa Betancourt, así como la presentación de documentales sobre el tema.

Como parte de las actividades se incluye una visita a la familia Rojas y Zaldívar, en Fray Benito, para presenciar el proceso de elaboración del casabe; además al parque Monumento Nacional Bariay, sitio por donde arribó Cristóbal Colón a Cuba en 1492, añadió Casals.

La Fundación Plenty Canadá, organización no gubernamental indígena para la preservación cultural y desarrollo sostenible constituye otra de las instituciones que colabora con la realización de este primer Taller. Explicó, además, que se prevé una segunda edición que abarque todo el país, con la posibilidad de presentar ponencias que luego serán recogidas en una publicación desde la gestión editorial que lleva a cabo la Casa de Iberoamérica en Holguín.